La llamada crisis de los misiles en Cuba fue un conflicto entre los Estados Unidos, la Unión Soviética y Cuba en octubre de 1962, generado a raíz del descubrimiento por parte de Estados Unidos de bases de misiles nucleares soviéticos en territorio cubano. Durante 4 días Kennedy se reunió en secreto con sus asesores para tomar una decisión sobre las posibles alternativas para atajar el conflicto: una invasión o ataque aéreo, la mediación de la ONU o el bloqueo naval de Cuba. Al final, se optó por el bloqueo.

El 22 de octubre de 1962, en un mensaje televisado de 17 mituos, J.F. Kennedy anunciaba el bloqueo naval de Cuba para impedir que los soviéticos siguiesen instalando misiles nucleares en la isla.

El día 24 de octubre, Nikita Khrushchev contestaba por carta:

[…]El gobierno soviético considera que la violación de la libertad de usar las aguas internacionales es un acto de agresión que empuja a la humanidad hacia el abismo […] Por lo tanto, el Gobierno soviético no puede dar instrucciones a los capitanes de sus buques con destino a Cuba para acatar las órdenes de las fuerzas navales americanas que bloquean la isla. Nuestras instrucciones a los marinos soviéticos deben observar estrictamente las normas universalmente aceptadas de la navegación en aguas internacionales y no retrocederemos. Y si la parte estadounidense viola estas normas, la responsabilidad recaerá sobre los estadounidenses […] A continuación, nos veremos obligados a tomar las medidas que consideremos necesarias y adecuadas con el fin de proteger nuestros derechos. Tenemos todo lo necesario para hacerlo.

La tragedia parecía inminente pero… el 26 de octubre Khrushchev enviaba otra carta a J.F. Kennedy en la que aceptaba retirar los misiles de Cuba a cambio de poner fin al bloqueo de EE.UU. y garantías de que no invadiría Cuba. En base a esta propuesta – el órdago lanzado por J.F. Kennedy había triunfado – el 28 de octubre Khrushchev anunció que iba a desmantelar las instalaciones y retirar los misiles, y expresó su confianza de que Estados Unidos no invadiera Cuba. En este momento se creó el llamado teléfono rojo, la línea directa entre la Casa Blanca y el Kremlin.

Pero hubo otra carta más, de Khrushchev a J.F. Kennedy, que no se hizo pública hasta 30 años más tarde, en la que se exigía algo más a EEUU y que fue, realmente, la base del acuerdo:

Estamos de acuerdo en trasladar las armas desde Cuba que ustedes consideran como armas ofensivas. Estamos de acuerdo en hacer esto y comprometernos antes las Naciones Unidas. Sus representantes harán una declaración en el sentido de que Estados Unidos, por su parte, teniendo en cuenta la ansiedad y la preocupación del Estado soviético, retirará sus armas análogas de Turquía.[…] Después de esto, los representantes del Consejo de Seguridad de la ONU podría controlar sobre el terreno el cumplimiento de estos compromisos. Por supuesto, es necesario que los Gobiernos de Cuba y Turquía permitan a estos representantes entrar en sus países y verificar el cumplimiento de este compromiso.

Obviar esta carta, para firmar el acuerdo público sobre la primera, suponía quedar como ganador a J.F.Kennedy frente a Khrushchev.

Fuentes: American Experience, American History,

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