En diciembre de 1989 Nicolae Ceaucescu y su esposa y mano derecha, Elena, fueron ejecutados después de un juicio sumarísimo ante un tribunal militar. Nicolae Ceaucescu y su mujer gobernaron el país durante 24 años con mano de hierro, con un culto a la personalidad de ambos insólito en Europa y una represión de monstruosas proporciones.

Con la muerte de Gheorghiu-Dej en marzo de 1965, Ceaușescu se convirtió en líder del Partido Comunista Rumano (PCR) y en 1967 llegó a la presidencia del Consejo del Estado. Gracias a su política independiente, se convirtió en una figura popular, y se ganó la confianza de los líderes de Occidente cuando en 1968 se opuso a la entrada de las tropas soviéticas en Checoslovaquia y amenazó con el uso de la fuerza si la URSS se atrevía a invadir el país. Por ello, en 1984 su país fue el único que no respetó el boicot de la Unión Soviética y participó en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. Además, Rumanía fue el primer país del Bloque del Este en tener relaciones oficiales con la Comunidad Europea.

Los Ceaucescu en una visita a Inglaterra

Pero la realidad del país no era tan bonita, gobernó como un dictador implacable, manteniendo un estado policial, alimentando la corrupción y el nepotismo, monopolizando los cargos más importantes en torno a su familia y viviendo en la más absoluta opulencia mientras el pueblo se moría literalmente de hambre. Una de las medidas establecidas por el dictador, en favor del aumento de la natalidad, fue la prohibición del aborto:

El feto es propiedad de toda la sociedad. Cualquiera que evite tener hijos es un desertor que renuncia a las leyes de la continuidad nacional.

El control era tan estricto que funcionarios gubernamentales, la policía menstrual como la llamaban la mujeres rumanas, se presentaban sin previo aviso en las casas o en los lugares de trabajo para repartir pruebas de embarazo (algo así como los controles antidoping actuales, pero aquí no se castigaba el positivo). Si una mujer no se quedaba embarazada durante un cierto periodo de tiempo, debía pagar“el impuesto de celibato”. Había dos excepciones para el pago de este impuesto: las madres con más de cuatro hijos (por entenderse que ya habían cumplido con la patria) y las mujeres con cierta posición en la estructura del Partido Comunista Rumano. Lógicamente, la tasa de natalidad se duplicó en poco más de un año.

Fuente: Freakonomics  – Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner