Tag Archive for: nazis

Eva y Kitty, las niñas judías que con sus pinturas ganaron unos meses a la muerte

16 abr
16 abril 2013

Son muchos los testimonios que nos han llegado de la barbarie nazi durante la Segunda Guerra Mundial, pero cuando los protagonistas son niños, como las hermanas Eva y Kitty, las historias se recrudecen y nos hacen dudar de la condición humana de sus verdugos.

En la conferencia de Munich de 1938, Alemania recuperaba los Sudetes (zona fronteriza con Checoslovaquia) con el consentimiento de Francia y Gran Bretaña. La incorporación de los territorios limítrofes checoslovacos a la Alemania nazi, dejaría al resto del país incapaz de resistir a la posterior ocupación. En la ciudad de Brno (Checoslovaquia), vivía el matrimonio Brunner con sus hijas Kitty y Eva, de 7 y 5 años respectivamente. La persecución de los judíos -los Brunner lo eran- les obligó a huir. Lamentablemente, y yo diría que incomprensiblemente, sólo consiguieron dos visados y los utilizaron los padres para huir a Palestina, bajo mandato británico en aquel momento. Las niñas quedaron al cuidado de un familiar… que las tuvo que dejar en un orfanato en Brno cuando le tocó huir a él.

Eva

Eva

Kitty

Kitty

El 19 de marzo de 1942, Kitty y Eva fueron llevadas al campo-ghetto de Theresienstadt (Checoslovaquia), hoy Terezín. Este campo se utilizó por la propaganda nazi para venderlo al exterior como una colonia donde los judíos eran reasentados (incluso se rodó en Theresienstadt una película/documental con el título de Der Führer schenkt den Juden eine Stadt, “El Führer regala una ciudad a los judíos”). En junio de 1944 se permitió que una delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja visitase el campo… previamente adecentado y sus ocupantes aleccionados de lo que debían decir y hacer. El único consuelo de las niñas durante sus días en el campo fueron los lápices de color de los que nunca se separaban. Durante meses, estuvieron adornando los rincones del campo con sus pinturas llenas de color: flores, mariposas, árboles, nubes… En un principio, aquellas pinturas hicieron gracia a los responsables del campo y permitieron que Kitty y Eva evitasen su deportación a los campos de exterminio, hasta que el 18 de mayo de 1944 (un mes antes de la visita de la Cruz Roja) las niñas fueron enviadas a Auschwitz. Entraron en las cámaras de gas cogidas de la mano. Siempre he dicho que es un error juzgar la historia pero hay casos, como este, que es difícil no hacerlo.

Fragmento de la película Der Führer schenkt den Juden eine Stadt

Fuentes e imágenes: Enciclopedia del Holocausto, Ghetto Fighters House Archives – 1, 2, Anécdotas de la Historia – Pancracio Celdrán.

Share

Cartas de amor escritas en los campos nazis que llegaron a su destino 70 años después

11 nov
11 noviembre 2012

Le service du travail obligatoire (Servicio de Trabajo Obligatorio) fue el reclutamiento forzoso y la deportación de trabajadores franceses – entre 600.000 y 650.000 entre junio 1942 y julio 1944 – a la Alemania nazi con el fin de trabajar como mano de obra forzada durante la Segunda Guerra Mundial. Alemania obligó a la Francia de Vichy a crear este servicio para compensar la pérdida de mano de obra en sus fábricas debido al masivo reclutamiento de soldados alemanes. Además, por cada tres trabajadores franceses enviados, se devolvía a Francia un prisionero de guerra.

Marcel y su esposa René

Uno de estos trabajadores fue el tornero Marcel Heuzé. Entre 1942 y 1944, Marcel estuvo trabajando en la fábrica de Daimler-Benz donde se producían tanques, motores aeronáuticos y vehículos blindados. Durante todo este tiempo, envió decenas de cartas a su esposa René y sus tres hijas desde el campo de trabajo de Marienfelde, al suroeste de Berlín. Lamentablemente, sólo unas pocas llegaron a su destino, del resto se ocupó la censura alemana… pero no fueron destruidas.

Carolyn Porter, una diseñadora gráfica, descubrió por casualidad un lote de viejas cartas en francés en una tienda de antigüedades de Stillwater (Minnesota). Aunque apenas sabía francés, aquellas cartas le intrigaron y decidió comprarlas. Buscó alguien que le ayudase a traducirlas y descubrió el día a día de Marcel, el amor por su esposa y sus hijas, su miedo de no volver a verlas, su frustración al darse cuenta de que las cartas no llegarían… En palabras de Carolyn “Era hermoso y desgarrador. Cuando terminé, sólo quería saber si había vivido, si este hombre había regresado a casa con su esposa y sus hijas”.

Después de un año de labor detectivesca, y ayudada por un genealogista, descubrió que Marcel había logrado sobrevivir y regresar a casa con su familia. Aunque Marcel había fallecido en 1992 y René en 2005, consiguió contactar con su descendientes (hijos, nietos y biznietos) y hacerles llegar las cartas… 70 años después llegaron a su destino. A finales del mes pasado, Carolyn y la familia de Marcel se reunieron en París.

Marcel Heuzé, hijo, nacido después de la guerra

Fuentes: Daily Mail, The Telegraph

Share

¿Cómo consiguieron evitar las deportaciones nazis dos pequeños pueblos de Polonia?

04 oct
4 octubre 2012

En la conferencia de Munich de 1938, Alemania recupera los Sudetes (zona fronteriza con Checoslovaquia) con el consentimiento de Francia y Gran Bretaña. La debilidad de los occidentales hizo crecerse a Hitler y dudar a Stalin. Las ideologí­as marxistas y nazi, diametralmente opuestas, convergí­an en intereses comunes y llegaron a un acuerdo. Los planes de Hitler pasaban por  la invasión de Polonia, pero tení­a que buscar pretextos que la justificasen; pues dicho y hecho, recuperar el corredor de Pomerania (en Prusia) y el puerto báltico de Danzig (antiguos territorios alemanes, ahora controlados por Polonia). Las pretensiones anexionistas de Alemania por el Oeste y de la Unión Soviética por el Este (parte de Polonia estuvo bajo control ruso), colocan a Varsovia en el centro del huracán. Ante la pasividad de Francia y Gran Bretaña, el 25 de agosto de 1939 los ministros de exteriores ruso, Molotov, y alemán, Ribbentrop, firma un pacto de no agresión… La sentencia de Polonia estaba firmada.

Soldados alemanes “rompen” la frontera polaca

Además, en Polonia se establecieron 5 campos de exterminio: Chelmno, Belzec, Sobibor, Treblinka y Auschwitz-Birkenau. De las deportaciones masivas a los campos se libraron dos pequeños pueblos de Polonia (Rozvadow y Zbydniowie) gracias al ingenio de los médicos Lazowski y Watulewicz. Uno de sus paisanos, que iba a ser deportado a uno de los campos, les suplicó que hiciesen algo para evitarlo… ¿Qué podían hacer dos médicos de pueblo? Una guerra biológica defensiva.

Lazowski y Watulewicz habían comprobado que la prueba de Weil–Felix – utilizada para diagnosticar las infecciones por Rickettsias responsables del mortal tifus – daban falsos positivos con la bacteria Proteus OX19 que, aunque con efectos secundarios, no es mortal. Así que, decidieron inyectarle la bacteria Proteus OX19 y luego se envió una muestra de sangre a los alemanes para su análisis. La prueba de Weil-Felix dio positivo por tifus y el joven se salvó. Visto el éxito de este ensayo, decidieron propagar la infección a escala masiva en los pueblos de Rozvadow y Zbydniowie. Los alemanes, temiendo una epidemia de tifus, decidieron poner los pueblos en cuarentena y enviaron a su propio equipo médico a la zona.

Lazowski y Watulewicz pensaron que el equipo médico destaparía su engaño pero tuvieron suerte… El equipo estaba compuesto por un viejo médico y dos jóvenes enfermeros. Los polacos demostraron su hospitalidad ofreciendo en su honor un pantagruélico banquete e ingentes cantidades de vodka. El médico alemán, un poco afectado ya por el vodka, decidió que fuesen los bisoños enfermeros a inspeccionar el pueblo; éstos, con más miedo a la infección que ganas por hacer su trabajo, quedaron impresionados cuando los polacos les mostraron el último muerto por el tifus – era un anciano que había muerto por anemia -. El equipo médico quedó convencido y abandonaron el lugar.

Lazowski y Watulewicz salvaron a 8.000 personas de la deportación… y la muerte.

Fuentes: Podlsky.Typhus, Proteus 0X19, Polands Biological Defensive

Share

El mártir de Auschwitz

30 sep
30 septiembre 2012

Si no conseguían atrapar al prisionero fugado, todos sabíamos las consecuencias… matarían a diez de nuestro barracón.

Estas eran las palabras de Franciszek Gajowniczek, prisionero polaco nº 5659 del campo de exterminio de Auschwitz.

La noche del 30 de julio de 1941, en el último recuento del día, faltaba uno compañero del barracón de Franciszek. Sonaron todas las alarmas, los encerraron a todos y los alemanes comenzaron su búsqueda… Por un lado, nos alegrábamos de que alguien pudiese escapar de aquella condena pero, por otra lado, suponía la muerte de otros. A la mañana siguiente, sin haber conseguido capturar al huido, nos sacaron a los 2.000 recluidos en el barracón y nos tuvieron en posición de firmes durante todo el día bajo el sol abrasador. Por la noche, el coronel de las SS Kark Fritsch volvió a pasar lista para elegir a los 10 prisioneros que, como represalia, serían ajusticiados… Franciszek Gajowniczek estaba entre ellos. Cuando dijeron su nombre, dio un paso al frente y murmuró:

Pobre esposa mía; pobres hijos míos.

El compañero que tenía al lado, el prisionero nº 16.770 Maximiliano Kolbe, se adelantó y dijo:

Coronel, soy un sacerdote católico polaco, estoy ya viejo. Querría ocupar el lugar de este hombre que tiene esposa e hijos.

Al coronel no le hizo mucha gracia pero, al fin y al cabo, qué más daba matar a uno u otro. Para que la muerte fuese lenta y agónica, los encerraron para morir de hambre… Bruno Borgowiec, un polaco que fue asignado a prestar servicio en la celda donde fueron encerrados, contó antes de morir en 1947:

El hombre encargado de vaciar los cubos de orina siempre los encontraba vacíos. La sed les condujo a beber el contenido. El padre Kolbe nunca pidió nada y en lugar de quejarse animaba a los otros diciendo que el fugitivo podría aparecer y todos sería liberados – efectivamente, apareció muerto en una letrina pero el coronel ya no quiso dar marcha atrás -. Uno de los guardias de las SS comentó: este sacerdote es realmente un gran hombre. Nunca he visto a nadie como él…

Dos semanas pasaron de este modo. Uno tras otra morían, hasta que sólo quedó el padre Kolbe. Aquello se alargaba demasiado y decidieron ponerle fin: una inyección letal. Aquel sacerdote, hijo de alemán y polaca, fue, durante el tiempo que estuvo recluido, una pequeña luz de esperanza en un lugar de desesperación y muerte; igual que lo había sido para 3.000 refugiados polacos, entre los que se encontraban 2.000 judíos, cuando los escondió en un convento cerca de Varsovia tras regresar de Japón y la India donde fundó varios conventos.

Treinta años después, cuando Franciszek Gajowniczek asistió a la beatificación de Maximiliano Kolbe, pronunció estas palabras:

Sólo pude darle las gracias con la mirada. Yo estaba aturdido y no podía comprender lo que estaba pasando: Yo, el condenado, sigo viviendo y otra persona, voluntariamente, ofreció su vida por mí. ¿Es esto un sueño? [...] no tuve tiempo de decirle nada a Maximiliano Kolbe. Me salvé. Y se lo debo a él. La noticia se extendió rápidamente por todo el campamento. Fue la primera y la última vez que un incidente sucedido en toda la historia de Auschwitz.

Durante mucho tiempo sentí remordimiento al pensar en Maximiliano por permitir que me salvase firmando su sentencia de muerte. Pero ahora, al reflexionar, comprendí que un hombre como él no podía hacer otra cosa. Tal vez pensó que como sacerdote su lugar estaba al lado de los condenados para ayudarles a mantener la esperanza [...]

Franciszek Gajowniczek

El 10 de octubre de 1982, Juan Pablo II lo canonizó.

Fuentes: Auschwitz, Aciprensa, Antología de muertes apacibles – Javier López Facal

Share

El octogenario que derrotó a un batallón de nazis

11 dic
11 diciembre 2011

Matvey Kuzmin, al que todos llamaban “Biriuk” (lobo solitario), era un anciano de 83 años que vivía en una cabaña de madera en los bosques que rodeaban su pueblo natal, Kurakino (Rusia). En 1942, alejado del mundanal ruido y en plena ofensiva nazi sobre Rusia, sus únicas preocupaciones eran cazar, pescar, recoger leña… Hasta que un día se topó con un batallón de la 1ª División de Montaña del ejército alemán.

Matvey Kuzmin

El comandante alemán le ofreció comida, queroseno y un rifle de caza nuevo a cambio de guiarlos por el bosque y poder sorprender al ejército rojo por la retaguardia. Kuzmin aceptó el trato… o eso hizo creer a los nazis. Aunque Kuzmin no simpatizaba con el régimen stalinista, tampoco era un traidor. Mientras los alemanes planificaban la estrategia de ataque, Kuzmin consiguió avisar a Vasilij (hay versiones que dicen que era su hijo y otras que su nieto) de su plan: atravesarían el bosque, por la ruta más difícil para agotarlos, hasta las cercanías de Malkino donde había un lugar idóneo para que el ejército rojo, avisado por Vasilij, los emboscase.

Tras varias horas de marcha, con la nieve hasta las rodillas, agotados y temblando de frío llegaron al punto elegido para la emboscada. Si Vasilij no había llegado a tiempo o no había podido avisar a los rusos… estaba perdido. De repente, los rusos salieron de su escondite y comenzaron a disparar sus ametralladoras… los alemanes habían caído en la trampa. En medio de la refriega, y antes de caer abatido, el oficial alemán mató a Kuzmin. Sólo unos pocos alemanes pudieron huir de aquella encerrona.

La historia de Kuzmin pasó sin pena ni gloria hasta que el periodista de Pravda, Boris Polevoy, escribió el artículo “El último día de Matvey Kuzmin” que luego se convertiría en un cuento infantil.

En 1965 fue nombrado, a título póstumo, Héroe de la Unión Soviética, convirtiéndose en la persona de más edad que recibe esta condecoración.

Fuentes e imágenes: Vida y muerte de Kuzmin, Наша Победа, Matvey Kuzmin

Share

Las medallas de los premios Nobel que no pudieron encontrar los nazis

11 oct
11 octubre 2011

Los alemanes Max von Laue y James Franck recibieron el premio Nobel de Física en 1914 y 1925 respectivamente. Von Laue era un reconocido opositor del nazismo y Franck era judío; así que, ante la posibilidad de que las medallas de oro del premio Nobel llegasen a manos de los nazis, las enviaron al laboratorio de Niels Bohr (premio Nobel de Física en 1922) en Copenhague para que las guardase hasta que terminase la guerra. Llegados a este punto, hay que recordar que para el régimen nazi era delito exportar oro y los medallas eran de oro de 23 kilates.

Lamentablemente, en 1940 los nazis invadieron Dinamarca. Niels Bohr sabía que recibiría una “visita” de los nazis ya que su laboratorio se había convertido en un refugio para los físicos judíos. Además, si encontraban las medallas de Max von Laue y James Franck, al estar grabados sus nombres en ellas, serían acusados de sacar oro de Alemania. Debía esconderlas… ¿dónde? La primera opción fue enterrarlas pero la desechó. Al final, con la ayuda del químico húngaro George de Hevesy (premio Nobel de Química en 1943) decidieron disolverlas.

Medalla Nobel

Tampoco era fácil, pues uno de los pocos reactivos capaces de disolver el oro y el platino es el agua regia (es una solución altamente corrosiva, de color amarillo, formada por la mezcla de ácido nítrico concentrado y ácido clorhídrico concentrado generalmente en la proporción de una en tres partes). Así lo hicieron y cuando llegaron los nazis, para registrar el laboratorio, las medallas estaban disueltas en una probeta… las tuvieron en sus narices.

Hevesy se vio obligado a huir a Estocolmo en 1943; cuando la guerra terminó regresó a su laboratorio y encontró la probeta en la estantería donde la había dejado. Recuperó el oro y lo envió a la Academia Sueca. El Comité del Premio Nobel volvió a fundir nuevas medallas, con el oro original, y se las entregó a sus legítimos propietarios.

La medalla del Nobel de Niels Bohr se había subastado el 12 de marzo de 1940 para recaudar dinero para el Finnish Relief (Alivio Finés). La oferta ganadora fue anónima, pero más tarde, el Sr. Anónimo entregó la medalla de Bohr al Museo Histórico de Fredriksborg danés, donde se puede ver hoy en día.

Gracias por la idea a @JMNoticias

Fuentes e imágenes: Berlingske, Crescentok, NPR, Diario Vasco,

Share

Los suecos, un ejemplo para los nazis.

06 oct
6 octubre 2011

Una de las creencias de la ideología nazi era la superioridad de la raza aria, manteniendo la “higiene racial” mediante la eugenesia (la mejora de los rasgos hereditarios humanos mediante varias formas de intervención… como la eliminación o la esterilización).

Esta idea no fue original de los nazis… sino de los suecos (esa sociedad a la que tenemos como modélica pero que también tiene su historia).

En 1922 se aprobó en el Parlamento sueco, el primer país del mundo, la creación del Instituto Nacional de Biología de las Razas para examinar la antropología del pueblo sueco y establecer una clasificación de las distintas razas. Se recopilaron datos, estadísticas y fotografías de 100.000 suecos para dicho estudio. En 1926 se publicaron los resultados en el libro “Swedish racial studies” por el profesor Herman Lundborg, director del Instituto. Hasta aquí todo correcto.

Per Albin Hansson

El caso es que tras la aprobación en 1934 de la ley de esterilización por el gobierno de Per Albin Hansson, apoyado por todos los partidos políticos, el estudio se utilizó para “higienizar la raza”. Desde la aprobación de la ley hasta su derogación en 1975 más de 60.000 personas fueron esterilizadas por considerarlas “deficientes, imbéciles, desviados y una carga para la sociedad“, y 4.500 fueron lobotomizados por “indeseables“.

Y lo peor es que si seguimos rascando encontraremos prácticas de eugenesia en países como Noruega, Austria, Suiza… y Alemania.

Fuentes: Independent Living Institute, The Local, Lew Rockwell

Share

¿Por qué los nazis llevaban un tatuaje en la axila?

27 may
27 mayo 2011

Las Waffen-SS fueron el cuerpo de combate de las SS (Schutzstaffel). Dirigidas por Heinrich Himmler, las Waffen-SS se crearon como unidad de protección del Partido Nazi para, más tarde, convertirse en fuerzas de combate durante la Segunda Guerra Mundial.

WaffenSS

La mayoría de miembros de las Waffen-SS llevaban un pequeño tatuaje en la axila del brazo izquierdo con el tipo de sangre (A, B, AB y O). Así, se podría identificar rápidamente el tipo de sangre en caso de tener que hacer una transfusión a un soldado inconsciente o que no llevase su chapa identificativa (Erkennungsmarke).

Tatuaje-A

Lo que en la batalla era una ventaja, acabo siendo un inconveniente cuando terminó la guerra. Los aliados utilizaron los tatuajes para localizar, y juzgar, a los miembros de la Wafen-SS. Algunos intentaron “borrar las huellas del delito” quemándose el tatuaje pero, al final, resultaba ser más evidente que una “confesión jurada”.

Imagen: Bulletin

Share

Switch to our desktop site