Las niñas Eva y Kitty, Maximiliano Kolbe, los sefarditas e incluso las mujeres en general, han sido protagonistas de terribles historias, y todas ellas ocurrieron en el mismo lugar… el campo de exterminio de Auschwitz. En esta ocasión, y aún siendo una historia salpicada de crueldad y menosprecio, tiene un final feliz… es la historia de los Ovitz, la familia de enanos rumanos que sobrevivió a Auschwitz. Una frase que podría resumir esta historia la pronunció Perla Ovitz

Fuimos salvados por la gracia del diablo.

Porque, además, este “diablo” tiene nombre y apellidos… Josef Mengele, el Ángel de la Muerte.

Los enanos Auschwitz

Los Ovitz, de origen judío y originarios de Rozavlea en Transilvania (Rumanía), fueron, y son, la familia con mayor número de miembros afectados por acondroplasia, la causa más común de enanismo. El rabino Shimshon Ovitz, también enano, se casó dos veces con mujeres de talla normal y tuvo en total 10 hijos, 7 de ellos enanos: cinco mujeres (Rozika, Franzika, Frieda, Elizabeth y Perla, la menor nacida en 1921) y dos varones (Avram y Micki). Con pocas posibilidades de labrarse un futuro y porque también llevaban en la sangre aquello de ser artistas -su padre antes que rabino había sido badchen, una especie de comediante o animador de fiestas-, hicieron de la necesidad virtud y crearon la Troupe de Lilliput. Durante años la Troupe de Lillilput, compuesta por todos los miembros de la familia, recorrieron Europa con un espectáculo de música y humor en el que los enanos eran los artistas y los miembros de talla normal trabajaban detrás del escenario. A pesar de su condición de enanos y judíos -unos y otros fueron víctimas de las políticas nazis de higienización de la raza-, los primeros años de la guerra no fueron para los Ovitz más difíciles que para el resto de los europeos, incluso se amplió el número de miembros con matrimonios y algún nacimiento.

Troupe Lilliput

Troupe Lilliput

Todo cambiaría el 19 de mayo 1944 cuando toda la familia fue arrestada en Hungría y, como el resto de judíos, llevados al campo Auschwitz. Ya en el campo, y mientras bajaban del vagón, uno de los oficiales que los recibió se quedó impresionado al ver a siete enanos elegantemente vestidos -habían sido capturados mientras actuaban- que, además, eran miembros de la misma familia. Sabedor de la pasión obsesiva del doctor Josef Mengele -médico oficial del campo desde hacía un año- por experimentar con humanos, pensó que sería una buena idea avisarle… y lo fue. Cuando Meguele los vio, los separó del resto de prisioneros y ordenó habilitar unas dependencias especiales para sus nuevas “adquisiciones/cobayas” -“Ahora tengo trabajo para más de 20 años“, dijo el médico-. Aquel capricho del destino, les salvó la vida. Para Mengele aquella familia -siete miembros con el mismo trastorno genético- era como la piedra Rosetta en su experimentación para la reproducción selectiva de la raza aria. De hecho, hasta aquel momento, las víctimas favoritas para el Ángel de la Muerte habían sido los gemelos, por aquello de ser copias el uno del otro. Debió pensar que gemelos tenía muchos con los que experimentar -de hecho, muchos fallecieron en su experimentos-, pero sólo tenía una familia de enanos, así que se preocupó de que, mientras no estuviesen en el laboratorio, su estancia no fuese especialmente cruenta, e incluso en el trato con ellos era cordial y se hacía llamar “tío” por los miembros más jóvenes. Eso sí, en el laboratorio, volvían a su condición de cobayas humanas… (palabras de Elisabeth Ovitz)

Los experimentos más terribles de todos eran los ginecológicos. Nos ataban a la cama y comenzaba la tortura. Nos inyectaban cosas en el útero, nos extraían sangre, nos hurgaban, nos agujereaban y nos sacaban muestras. El dolor era insoportable. […] No sé si nuestro físico influyó en Mengele o si los experimentos ginecológicos sencillamente se completaron. En cualquier caso, los detuvieron y comenzaron otros. Nos extrajeron líquido de la médula espinal y nos enjuagaron los oídos con agua extremadamente fría o caliente, lo que nos hacía vomitar. Posteriormente comenzó la extracción de pelo, y cuando ya estábamos a punto de derrumbarnos, iniciaron dolorosas pruebas en las regiones del cerebro, la nariz, la boca y las manos.

Josef Mengele

Josef Mengele

El hecho de que alguien desapareciese del campo era señal inequívoca de haber sido gaseado, por eso en varias ocasiones se pensó que los enanos habían muerto. Pero no, era el propio Mengele el que los sacaba del campo, vestidos con su ropa de las actuaciones, para llevarlos a sus conferencias (“Ejemplos de los trabajos en Antropología y Biología hereditaria en los campos de concentración“) o incluso hacerlos actuar para amenizar su tiempo de ocio (porque no iba a ser todo torturar y asesinar, hasta el Angel de la Muerte tenía tiempo para divertirse). La vida de cobayas terminó el 27 de enero de 1945 cuando el Ejército Rojo liberó el campo. Eso sí, Josef Mengele había logrado huir.

Gracias al diablo, todos los miembros de la familia Ovitz que habían llegado al campo (12 en total) consiguieron sobrevivir a Auschwitz. EN 1949 emigraron a Israel y se instalaron en Haifa. Apenas unos meses después, volvió a actuar la Troupe de Lilliput con algunos números basados en sus vivencias en el campo. Después de 6 años de gira, decidieron poner punto y final y el grupo de disolvió. Perla Ovitz, la benjamina, fue la última en morir en 2001, siendo una familia especialmente longeva: Rozika, la primogénita, llegó a la edad de 98 y su hermana Franziska a los 91.

Fuentes e imágenes: The Guardian, War History, Sentado frente al mundo