Durante el reinado de Carlos III (1759-1788) se intentó modernizar la sociedad española al estilo europeo. Lo que se inició como “reformismo ilustrado” derivó en el “despotismo ilustrado“:

gobernar para el pueblo pero sin el pueblo.

Como ejemplo de imposición de las nuevas normas sociales, y rechazo de la sociedad, tenemos el empedrado de las calles de Madrid y la creación de unos pequeños conductos para canalizar las aguas menores y mayores que se vertí­an en las calles. Hasta este momento, en las calles se acumulaban excrementos animales y humanos, restos de comida… auténticas pocilgas. El frí­o invierno madrileño disimulaba el pestilente olor pero los dí­as de calor eran insoportables en una ciudad de unos 150.000 habitantes. La mugre de las calles se limpiaba un par de veces por semana, en el ritual llamado “la marea“. Consistí­a en unos tablones o maderos tirados por mulas que iban arrastrando la mierda hasta los vertederos distribuidos por la ciudad. Siendo una medida limpia e higiénica, la del empedradro y canalización, los madrileños no la recibieron con buen gusto y Carlos III acuñó la frase:

mis vasallos con como los niños: lloran cuando se les lava.