Tag Archive for: Guerra Mundial

El niño que consiguió escapar de un tren de Auschwitz

11 abr
11 abril 2014

El cuartel de infantería Dossin en Malinas (Bélgica) se convirtió en un centro de detención de judíos y gitanos durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial. Más de 25.000 judíos y 352 gitanos fueron enviados en trenes a Auschwitz… uno de ellos fue nuestro protagonista.

Dossin

Dossin

En febrero de 1943, Channa Gronowski y sus hijos Ita (18 años) y Simon (11 años) fueron detenidos en plena calle en Bruselas y traslados al centro de detención. Sabiendo la suerte que correría su marido, Channa dijo que era viuda. “Mis padres habían cometido un error, sólo uno… haber nacido judíos“, diría Simon años más tarde. El 19 de abril de 1943, entre gritos y lágrimas, Ita era apartada de su familia… nunca más la volvieron a ver. A Channa y a Simon -ahora convertidos en los números 1233 y 1234, respectivamente-, junto a 1629 judíos más, los sacaron de Dossin y los metieron en un tren camino de Auschwitz, era el convoy 20

Nos llevaban como ganado. No había comida, ni agua. No había asientos por lo que todos estaban sentados o tumbamos en el suelo. Estaba muy oscuro. Había una luz pálida que entraba por un orificio de ventilación en el techo, pero el aire era sofocante.

Simon, Channa y León

Simon, Channa y León

El tren nº 20 iba a tener una particularidad, fue la primera y única vez durante la Segunda Guerra Mundial que se conseguía detener un transporte nazi con judíos deportados. Youra Livschitz, Robert Maistriau y Jean Frankelmon, tres jóvenes estudiantes de la resistencia, iban a conseguirlo con una pistola, unas cizallas y un farol. A menos de 20 Km. de Malinas y aprovechando que todavía no había amanecido, Robert Maistriau se hizo pasar por un empleado de los ferrocarriles y se situó en la vía con el farol cubierto con un paño de seda rojo indicando un peligro. Cuando el tren se detuvo, los tres se lanzaron a los vagones para cortar los cables que aseguraban las puertas correderas. Aunque pudieron abrir algunos vagones, tuvieron que desistir cuando los alemanes que custodiaban el tren comenzaron a disparar. Uno de los que consiguió escapar fue Simón Gronowski, pero no en el momento del asalto. Cuando el tren reanudó la marcha, Simon y su madre permanecía acurrucados en una esquina de su vagón, hasta que dos hombres se dieron cuenta de que el cable que sujetaba su puerta estaba casi roto. Forzaron la puerta y consiguieron abrirla. Algunos saltaron con el tren en marcha y Channa decidió que era su oportunidad. Cogió de la mano a Simon y lo llevó hasta al puerta, sujetándolo por los brazos lo bajó hasta el estribo…

No, ahora el tren va demasiado rápido. Dijo Channa

Cuando el tren perdió velocidad, Channa soltó a Simon y cayó rodando hasta unos arbustos. Simon levantó la cabeza esperando que saltase su madre pero lo único que vio fue a los alemanes disparando de nuevo. Simon salió corriendo y atravesó bosques y campos hasta llegar a una pequeña aldea, Berlingen. Llamó a una puerta y contó que había estado jugando con sus amigos y se había perdido. Los aldeanos no querían tener problemas y lo llevaron ante las autoridades locales. Cuando Simon estuvo frente a Jean Aerts, un policía local, pensó que todo había terminado… pero no fue así. Jean Aerts le dijo…

Lo sé todo, sé que estabas en ese tren. Somos buenos belgas y no te vamos a traicionar.

Simon regresó al lugar donde saltó

Simon regresó al lugar donde saltó

Jean Aerts le llevó a la estación en Ordingen y tomó el tren a Bruselas. Allí pudo reunirse con León Gronowski, su padre. Hasta el final de la guerra, padre e hijo estuvieron huyendo y escondiéndose entre familias católicas. León no pudo soportar la perdida de su hija y de su mujer -Channa fue gaseada en Auschwitz- y a los pocos meses de terminar la guerra murió. Hoy Simon vive en Bruselas y da charlas en las escuelas…

Doy testimonio de lo ocurrido, lucho contra el antisemitismo y toda forma de discriminación y la negación del Holocausto, honro a los muertos y a los héroes que salvaron mi vida.

¿Qué fue del resto de protagonistas del tren nº 20? Unos 233 judíos consiguieron salir de los vagones: 118 lograron escapar, 26 murieron en el intento y 89 volvieron a ser capturados. En cuanto a los tres miembros de la resistencia, Youra Livschitz fue capturado y ejecutado en febrero de 1944 y Jean Frankelmon fue detenido poco después y enviado al campo de concentración de Sachsenhausen, donde fue liberado en mayo de 1945. Murió en 1977. Robert Maistriau fue detenido en marzo de 1944. Liberado de Bergen-Belsen en 1945, murió en 2008.

Fuentes: BBC, Simon Gronowski, History Today

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Los dos británicos que sobrevivieron a la masacre de Le Paradis

31 mar
31 marzo 2014

Ante el avance de las fuerzas alemanas, el 26 de mayo de 1940 el mariscal británico John Gort, comandante en jefe de la Fuerza Expedicionaria Británica (BEF), ordenó la evacuación de las tropas aliadas en terreno francés… Francia había caído. Desde varios puertos a lo largo de la costa norte de Francia, sobre todo Dunkerque, consiguieron ser evacuados más de 200.000 soldados británicos y unos 100.000 franceses y belgas. Pero no todas las unidades lo consiguieron…

Una de las unidades que debía cubrir la retirada de la BEF era el 2º Batallón del Regimiento Real de Norfolk. Cuando el 27 de mayo de 1940 comunicaron su posición, el Alto Mando les advirtió que se habían quedado aislados y que no podrían enviarles apoyo. El oficial al mando, el Mayor Lisle Ryder, decidió hacerse fuerte en una casa de campo en el pueblo de Le Paradis (Francia) y resistir. Bien armados y con abundante munición, consiguieron aguantar los ataques de la Wehrmacht durante 6 horas… hasta que llegó la artillería. El bombardeo comenzó a destrozar el edificio, los heridos y muertos aumentaban y la munición se agotaba… Ryder y los 98 supervivientes no podían aguantar más. Con una bandera blanca en la mano, salieron del edificio y se rindieron… pero no ante las fuerzas contras las que habían estado luchando sino ante la División Totenkopf  (Calavera) de las SS que acababa de llegar -un terrible error-. Al frente estaba Fritz Knoechlein, un fanático nazi… al que no le gustaba hacer prisioneros. Los 99 británicos, entre los que había muchos heridos, fueron sacados del pueblo y llevados hasta una granja cercana. Allí les esperaban dos ametralladoras… durante segundos el sonido de los disparos se mezclaba con los gritos de los soldados ejecutados. Con los cuerpos caídos en el suelo, Fritz Knoechlein ordenó rematar con las bayonetas a los que todavía no habían muerto. Cuando creyeron haber terminado su trabajo, el pelotón de ejecución regresó con el resto de la división y abandonaron el lugar. La noticia de la masacre corrió como la pólvora entre las filas alemanas y el general Erich Hoepner, comandante de las fuerzas alemanas en Francia, ordenó investigar el suceso. Muy a su pesar, ya que no era nada amigo de las métodos utilizados por las SS, tuvo que cerrar el caso en extrañas circunstancias y “aceptar” la versión de Knoechlein: “los británicos habían utilizado balas expansivas (dum dum) prohibidas por la Convención de La Haya de 1899“.

Fotografía de la masacre

Fotografía de la masacre

Pero no todos habían muerto… Aunque heridos, los soldados Albert Pooley y William O’Callaghan consiguieron sobrevivir. Abandonaron aquel lugar de muerte y se refugiaron en una pocilga. Durante 3 días sobrevivieron comiendo patatas crudas y bebiendo agua de lluvia, hasta que fueron capturados por la Wehrmacht. O’Callaghan pasó el resto de la guerra en un campo de prisioneros y Pooley permaneció tres años en un hospital militar para recuperarse de las terribles heridas. Durante esos tres años, un idea ocupaba sus pensamientos las 24 horas: sobrevivir para contar al mundo aquella masacre y que el culpable pagase por sus 97 compañeros ejecutados después de rendirse. En 1943 fue repatriado y contó a sus superiores aquella masacre, pero nadie le hizo caso porque se pensaba que el ejército alemán no era capaz de tales atrocidades. Sólo cuando terminó la guerra y O’Callaghan corroboró su historia, las autoridades británicas comenzaron la búsqueda de Fritz Knoechlein. Cuando fue capturado, Albert Pooley y William O’Callaghan lo identificaron en ruedas de reconocimiento por separado. Fue juzgado por crímenes de guerra el 11 de octubre de 1948 y ahorcado en Hamburgo el 28 de enero del año siguiente.

Pooley y O'Callaghan el día del juicio

Pooley y O’Callaghan el día del juicio

Fuente: WWII in Color, War History Online

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El japonés que bombardeó EEUU y regresó para pedir perdón dispuesto a practicarse el harakiri

17 mar
17 marzo 2014

El 23 de febrero de 1942 el submarino I-17 de la Marina Imperial japonesa, que había participado en el ataque a Pearl Harbor, bombardeaba la costa americana causando daños en una refinería de petróleo en Santa Mónica (California). Antes de que el ejército pudiese reaccionar, el submarino se sumergió y desapareció. Los japoneses se habían atrevido a atacar la parte continental de EEUU, las muestras de pánico se sucedían y el temor a un ataque aéreo como Pearl Harbor se extendió entre la población. Pero nada más ocurrió… aquel día. El 9 de septiembre 1942, el submarino japonés I-25 emergía en aguas del Pacífico frente a la costa de Oregón… los EEUU iban a sufrir el primer y único bombardeo aéreo de la historia.

El I-25 era un submarino portaaviones que transportaba en su interior un hidroavión biplaza Yokosuka E14Y. La mañana del 9 de septiembre, el capitán del submarino ordenó sacar el hidroavión al exterior, se desplegaron las alas y la cola, se armó con bombas incendiarias y se colocó en la catapulta de lanzamiento. El piloto Nobuo Fujita y el tripulante Shoji Okuda tenían la misión de provocar devastadores incendios en los bosques para mantener el miedo entre la población civil y demostrar el poderío japonés -nadie se había atrevido a bombardear EEUU en suelo continental… hasta ahora-. La catapulta lanzó el hidroavión y Nobuo Fujita puso rumbo hacia los bosques de Oregón. Cuando llegaron a la zona elegida -los bosques alrededor del pueblo Brookings-, soltaron las bombas y tras comprobar que se había iniciado el fuego dieron un giro de 180° y regresaron. Amerizaron en el océano y llegaron hasta el submarino; tras volver a plegar las alas y la cola del avión, se sumergieron y desaparecieron. La ejecución de la misión había sido perfecta, pero no así el objetivo final: el bosque estaba muy húmedo por las últimas lluvias y, además, un forestal había divisado el hidroavión sobre los bosques y había podido dar la señal de aviso para extinguir el fuego a tiempo.

Portaaviones_hidroavión

Aunque Nobuo Fujita lo único que hizo fue cumplir las órdenes recibidas en mitad de una guerra, aquel bombardeo le atormentó durante 20 años… hasta que en 1962, con motivo de una festividad local, las autoridades de Brookings le invitaron a visitar su pueblo como muestra de amistad entre el pueblo japonés y estadounidense. Nobuo Fujita iba a tener la oportunidad de pedir perdón y redimir su conciencia, pero también se sentía inquieto por no saber cómo lo iban a recibir. Siendo un hombre de honor y dispuesto a todo, se llevó la katana familiar de más de 400 años de antigüedad para, en caso de necesidad, apaciguar la furia de los estadounidenses practicándose el suicidio ritual -harakiri o seppuku-. Cuando llegó todas sus dudas se disiparon, fue recibido como una celebridad. Agradecido por las muestras de cariño, pidió perdón por lo ocurrido 20 años atrás, regaló su espada samurai al pueblo -hoy sigue expuesta en la biblioteca- y, además, donó un cheque de 1.000 dólares para comprar libros sobre Japón para que ambos pueblos se conociesen mejor y que nunca más hubiese otra guerra entre ellos. Entre las actividades que se programaron aquel día, Nobuo Fujita pudo volar sobre los bosques de Brookings e incluso pilotar él mismo el avión. El día de su marcha, prometió financiar un viaje de niños del pueblo para que visitasen Japón.

Nobuo Fujita presents his family's sword to the mayor of Brookin

Lamentablemente las cosas se torcieron y la empresa de Nobuo Fujita fue a la quiebra. Aún así, el era un hombre de honor e iba a cumplir su palabra… durante más de 20 años estuvo ahorrando yen a yen hasta conseguir el dinero suficiente. En 1985, tres jóvenes del pueblo (Robyn Soifeth, Lisa Phelps y Sarah Cortell) viajaron a Japón. En 1997, a la edad de 85 años, Nobuo Fujita fallecía y las autoridades de Brookings lo nombraron “ciudadano de honor“.

Oregon History

Fuentes: The New York Times, Chicago Tribune, Oregon History

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Trabajadores chinos del ejército Aliado, los olvidados de la Primera Guerra Mundial

09 ene
9 enero 2014

Dicen que la historia es la propaganda de los vencedores, pero ser olvidados formando parte del ejército vencedor es todavía más cruel. Esta es la historia de los 140.000 trabajadores chinos que fueron contratados por los Aliados en la Primera Guerra Mundial.

Los miles de bajas sufridas por franceses y británicos, especialmente en Somme y Verdún, durante los dos primeros años de la guerra, obligaron a los Aliados a retraer efectivos destinados en otros menesteres para cubrir las bajas en el frente de batalla. Esta solución dejó sin efectivos destinados a labores menos heroicas pero igualmente necesarias como la excavación de trincheras y letrinas, reparación de carreteras y vías férreas, carga y descarga de material… Así que, se contrataron trabajadores fuera de Francia e Inglaterra… concretamente en China. Como nación no beligerante, el gobierno chino no permitía contratar a sus ciudadanos para luchar pero sí como peones. Aunque los primeros en contratar a chinos fueron los franceses en 1916, el mayor número -unos 100.000- fue reclutado por el ejército británico creando los Chinese Labour Corps o CLC (Cuerpos de Trabajo Chinos).

CLC-Badge

Estos peones fueron reclutados de entre los campesinos de las zonas más pobres de China con la promesa de estar alejados de primera línea, de recibir un buen trato y un salario digno del que parte sería enviado a sus familias. Después de un largo y tortuoso viaje llegaban al frente occidental de Europa para trabajar durante 12 horas, los siete días de la semana, en condiciones penosas y sometidos a la estricta disciplina militar, sin ser militares. Sus condiciones de vida eran más parecidas a las de condenados a trabajos forzados que a trabajadores contratados: en sus horas de descanso debían permanecer recluidos en un campamento cercado, tenían prohibido confraternizar con el resto, eran identificados mediante un número, las cartas a sus familias debían entregarse abiertas para ser inspeccionadas… su única recompensa era un suministro abundante de cigarrillos.

CLC

Con el Armisticio de 1918 parecía que todo había terminado… pero no fue así. Más de la mitad de los trabajadores chinos -unos 80.000- permanecieron en Europa y fueron empleados en reconstruir las infraestructuras destruidas, rellenar las trincheras excavadas por ellos mismos, recuperar y enterrar los cuerpos de los soldados muertos todavía desperdigados en el campo de batalla en ocasiones plagado de minas -lo que les convirtió en detectores de minas humanos- y otras penalidades de este tipo. Según las fuentes francesas e inglesas, 2.000 trabajadores chinos murieron durante su servicio en Europa ya fuese como resultado directo de la guerra y, sobre todo, por la pandemia de la llamada gripe española; las fuentes chinas elevan este número hasta los 20.000. Se han identificado 40 cementerios repartidos por Francia y Bélgica en los que fueron enterrados sus cuerpos, siendo el más numeroso el de Noyelles-sur-Mer (Francia) en el que se han identificado más de 800 tumbas chinas. Excepto unos 5.000 chinos que decidieron quedarse en París, en 1920 todos los supervivientes habían regresado a casa.

Tumba CLC

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Los protagonistas del cuento de Navidad de la II Guerra Mundial se reunieron 50 años más tarde

20 dic
20 diciembre 2013

Hasta en mitad de un sangrienta guerra se puede producir el milagro de la Navidad. Tras el desembarco de Normandía, Operación Overlord, la ofensiva aliada sufrió un importante revés cuando las fuerzas aerotransportadas británicas intentaron tomar el puente de Arnhem (Holanda) un mes más tarde. Hitler decidió lanzar una ofensiva en el Frente Occidental para estabilizarlo y poder centrarse en el Oriental, donde el Ejército Rojo empujaba con mucha fuerza.

El mes de diciembre de 1944, los alemanes lanzaron la ofensiva de las Árdenas (Bélgica). Los panzer sembraron el caos en las filas aliadas capturando a miles de prisioneros y dejando a muchas unidades aisladas en medio de los bosques. Tres soldados estadounidenses, uno de ellos herido, se encontraron perdidos en medio de un bosque que no conocían, con la nieve hasta las rodillas y sin apenas visibilidad por la niebla. Vagaron durante horas buscando a su Unidad pero lo único que encontraron fue una casita de cuento con la chimenea humeante… era la víspera de la Navidad. En la casa se encontraban un niño de 12 años, Fritz Vincken, y su madre preparando la cena. Les pidieron ayuda y la madre les dejó pasar ofreciéndoles comida y un fuego para calentarse, a sabiendas de que dar cobijo a los aliados estaba penado con el fusilamiento. Cuando la madre estaba curándole las heridas al soldado estadounidense, asaltaron la casa cuatro soldados alemanes. Todos cogieron las armas y comenzaron a gritar, durante unos instantes parecía que aquello sería una matanza a quemarropa…  hasta que la madre se interpuso entre los dos grupos y les pidió que bajasen las armas. Hubo unos momentos de silencio e indecisión pero al final todos accedieron. Los alemanes no estaban mucho mejor que los estadounidenses y buscaban un refugio para pasar la gélida noche. Al final, todos compartieron la cena y el calor del hogar. A la mañana siguiente, cuando el herido ya estaba mucho mejor, los soldados alemanes les llevaron hasta las líneas de los aliados y se despidieron.

Tras la publicación de la historia de Fritz Vincken en una revista americana y un documental en televisión, la familia de un soldado americano que había luchado en las Árdenas se puso en contacto con el canal de TV… su padre llevaba años contando esa historia. En enero de 1996, Fritz se trasladó hasta Maryland para conocer a Ralph Blank. El encuentro fue muy emotivo…

Tu madre me salvó la vida – dijo Ralph

Ralph Blank y Fritz Vincken

Con vuestro permiso, el blog se va a tomar unas vacaciones hasta el 30 de diciembre -más o menos-.

Reedición de artículo publicado anteriormente.

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La población civil, el último recurso para defender Alemania y Japón en IIWW

15 dic
15 diciembre 2013

En el verano del 1944 la situación era desesperada para Alemania: el frente del este se había roto y el Ejército Rojo avanzaba rápidamente; al oeste y al sur, tras tomar Italia, el resto de aliados llamaban a la puerta. Hitler debió pensar que ante situaciones desesperadas, medidas desesperadas… se creó el Volkssturm (Ejército del Pueblo).

Las numerosas pérdidas sufridas por el ejército alemán y los problemas de reclutar nuevos soldados, obligaron a modificar los anteriores parámetros mucho más restrictivos e iniciar un reclutamiento masivo y forzoso de todos los hombres con edad comprendida entre los 16 y los 60 años -un contingente de 5 millones- mediante un edicto emitido por el propio Führer…

El enemigo ha iniciado acciones para aplastar nuestro imperio, para destruir al pueblo alemán y su orden social; su último objetivo, es la exterminación de la raza alemana. [...] Como nuestros enemigos se creen capaces de acabar con nosotros, hemos decidido utilizar nuevamente el poder de nuestro pueblo. [...]

Por tanto, ordeno:

Se formarán los Volkssturms, fuerzas de defensa del pueblo alemán, en todos los distritos del Imperio de la Gran Alemania, en las que deberán servir todos los hombres de 16 a 60 años capaces de portar un arma. Defenderán el suelo patrio con todas las armas y los medios a su alcance que parezcan apropiados. [...]

Volkssturm

Todos estos nuevos reclutas integraron el Volkssturm que quedaría bajo las órdenes directas del Partido Nazi, ya que trataron de contrarrestar su escasas condiciones con el fanatismo ideológico. Miembros de las Juventudes Hitlerianas, veteranos de la Primera Guerra Mundial y otros alemanes sin ningún tipo de preparación tuvieron que recibir una rápida instrucción que, debido a las prisas, en muchas ocasiones consistió únicamente en aprender a disparar. La escasez de armas y munición obligó a volver a engrasar y desempolvar viejos rifles, armas de coleccionista e incluso las incautadas al enemigo. Los más afortunados, consiguieron un Panzerfaust (Puño blindado), una especie de bazooka pero de un sólo disparo. Lógicamente, tampoco estaban como para proporcionar uniformes a los nuevos reclutas, así que la mayoría de ellos vistieron ropas de civil y un brazalete distintivo en el brazo izquierdo de color rojo y negro; muchos optaron por utilizar el uniforme de sus trabajos. El Volkssturm se organizó en milicias compuestas por 642 hombres que, en teoría, debían defender las ciudades en las que se constituyeron ante la amenaza de una invasión alidada.

Todo cambió ante el empuje de los aliados, muchas milicias tuvieron que ser enviadas al frente para suplir las bajas de la Wehrmacht… fueron carne de cañón. Las únicas unidades del Volkssturm que tuvieron cierta importancia fueron las que lucharon defendiendo sus ciudades. En la batalla de Berlín, unos 40.000 milicianos (en su mayoría jóvenes y ancianos) se convirtieron en la última defensa de la ciudad frente al Ejército Rojo.

Berlin; Volkssturm, Ausbildung

Los alemanes no fueron los únicos en echar mano de la población civil en momentos de desesperación, también sus aliados japoneses lo hicieron… fueron los Kokumin Giyūtai.

En marzo de 1945, se crearon en Japón los Kokumin Giyūtai (Cuerpos de voluntarios) como unidades no combatientes con labores de asistencia civil. Los voluntarios (hombres entre los 12 y 65 años y mujeres entre 12 y 45 años) recibían formación en primeros auxilios, sofocar incendios, evacuación y rescate… algo similar a nuestra Protección Civil. En junio de 1945, se reformó el Cuerpo de voluntarios pasando a formar una milicia de combate (Kokumin Giyu Sentōtai). Este nuevo Cuerpo, ahora integrado por hombres de entre los 15 y 60 años y mujeres solteras de los 17 a los 40, se convirtió en un grupo de reserva preparado para la defensa urbana ante la inminente invasión de los estadounidenses. La rendición de Japón el 2 de septiembre, supuso que estas unidades apenas tuviesen oportunidad de combatir.

Kokumin_Giyutai

Fuentes e imágenes: Volkssturm, Kokumin Giyū Sentōtai

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¿Por qué los nazis prohibieron los clips en Noruega?

02 dic
2 diciembre 2013

Durante la Segunda Guerra Mundial, Noruega se declaró neutral pero la Alemania nazi consideró que su ocupación era una necesidad estratégica y económica. El 9 de abril de 1940 la Wehrmacht atacó las defensas costeras y las incursiones de la Luftwaffe consiguieron inutilizar las fuerzas aéreas noruegas en apenas 48 horas. Tropas del Reino Unido y Francia acudieron en apoyo de Noruega, pero nada pudieron hacer ante la superioridad alemana… el 10 de junio capituló el ejército noruego en Trondheim. El rey Haakon VII, que había llevado un gobierno itinerante durante la guerra, se negó a reconocer la capitulación y abandonó el país con rumbo a Londres. El gobierno fue asumido por el Reichskommissariat Norwegen (Comisionado del Reich en Noruega), con Josef Terbovenque al frente, actuando como un gobierno títere a las órdenes de Hitler.

Tropas alemanas entran en Oslo

Tropas alemanas entran en Oslo

Aparentemente, en Noruega -supongo que algo tendría que ver el hecho de que los noruegos cumpliesen los cánones establecidos por la raza aria- quisieron ganarse a la población con métodos más sutiles como tratando de aleccionar a clérigos, maestros de escuela y profesores universitarios para que fuesen ellos los que vendiesen las bonanzas de los ideales nazis… los que se negaron sufrieron las consecuencias. Paralelamente, se aprobaron leyes antisemitas cuyo resultado fue la deportación de 700 judíos noruegos a Auschwitz, además de otros crímenes soterrados en comparación con los brutales asesinatos masivos que se realizaban en otros países de Europa.

Como en todos los países ocupados, también aquí surgieron grupos de resistencia. El más importante nació entre los estudiantes de la Universidad de Oslo y como símbolo de su resistencia ante la ocupación eligieron un clip. ¿Por qué un clip? Era un objeto tan insignificante que no llamaría la atención, cualquiera podía conseguirlo, representaba la unión de los noruegos igual que mantiene unidos papeles sueltos y, además, era un invento noruego… o eso pensaron ellos.

Monumento Clip Oslo

Monumento Clip Oslo

Los noruegos pensaban que el inventor del clip había sido su paisano Johan Vaaler. En realidad, Vaaler patentó en 1901 algo parecido al clip en Estados Unidos y Alemania, al no existir legislación al respecto en Noruega, pero tenía algunos defectos que hicieron que no se vendiera y que sus patentes expiraran. El clip que utilizaron los universitarios era el llamado clip Gem que ya circulaba en Estados y Europa desde la década de 1870 fabricado por la empresa Gem Manufacturing.

Los alemanes no le dieron importancia -¿qué daño podía hacer un simple clip?- hasta que se enteraron de que representaba la resistencia del pueblo noruego contra el dominio de los nazis. Los clips se prohibieron bajo pena de muerte.

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Cuando EEUU planeó invadir Japón con perros en la II Guerra Mundial

18 nov
18 noviembre 2013

Tras la declaración de guerra de EEUU contra Japón en 1941, el gobierno de Franklin D. Roosevelt decretó el traslado e internamiento de los japoneses residentes en los EEUU – incluso de segunda y tercera generación, nisei y sansei respectivamente, con la ciudadanía estadounidense – en campos de reasentamiento. La sospecha de que el ataque a Pearl Harbor había recibido la ayuda de japoneses residentes en EEUU y el miedo a que los ciudadanos de origen japonés actuasen como quinta columna, justificó la creación de estos campos. En 1942, la War Relocation Authority, el organismo responsable de la detención y el traslado, había construido diez campos en siete estados y transferido a ellos más de 100.000 personas. Paralelamente a la ley de internamiento, el Departamento de Guerra emitió una orden para que se licenciase a todos los soldados de ascendencia japonesa del servicio activo. Como en Hawai los ciudadanos de origen japonés suponían más de un tercio de la población total, la medida de internamiento no tuvo la misma rigurosidad que en el continente y unos cientos quedaron en la Guardia Nacional de Hawai. Este pequeño grupo fue trasladado a un campamento del continente y allí tuvo que superar cientos de pruebas, demostrar su valía y jurar morir por los EEUU. Veinticinco de ellos fueron traslados a Cat Island (Isla del Gato), en el Golfo de México, para cumplir una misión secreta

Cat Island

En noviembre de 1942 se instaló en Cat Island un campo de entrenamiento para los perros del Corps K-9 (Cuerpo de perros de las Fuerzas Armadas estadounidenses creado en 1942). A diferencia de otros campos de entrenamiento donde se adiestraba a los perros para ser utilizados en labores de vigilancia, rastreo o como mensajeros, en Cat Island se entrenaron para ser perros de ataque contra los japoneses. Esta “brillante” idea la tuvo un refugiado suizo llamado William A. Prestre que aseguraba que podía adiestrar a los perros para que atacasen sólo a los japoneses -según el adiestrador los japoneses tenían un olor distinto que los perros podían reconocer- y parece ser que el Ejército le creyó. Además, la elección de Cat Island para establecer el campo de entrenamiento no fue una casualidad, en ella se recreaban las condiciones climatológicas y de vegetación de los cientos de islas japonesas del Pacífico.

El descabellado plan -la versión canina de Normandía- consistía en un desembarco en las playas japonesas en el que primero se lanzaría a los galgos que por su rapidez deberían acabar con los nidos de ametralladoras y morteros, después con perros tipo pastor alemán que provocarían el caos entre las filas niponas y, por último, una remesa de perros grandes como el gran danés o el alano que provocarían gran mortandad. Más tarde, los marines sólo tendrían que rematar la faena. Según William Preste, necesitaría entre 30.000 y 40.000 perros para poder completar su plan.

Perros Cat Island

Cuando se preparó el campo y se envió la primera remesa de perros, Preste, ayudado por varios soldados, comenzó la primera etapa de su plan: aumentar su agresividad. Completada la primera etapa, comenzaba el reto más difícil… que distinguiesen a los japoneses y sólo les atacasen a ellos. Y aquí es donde toman protagonismo los 25 nisei que habíamos dejado a un lado en el primer párrafo. Como se hacían poco prisioneros de guerra nipones, se decidió tirar de los que tenían en sus propias filas; así que, vistieron a estos 25 soldados/cobayas con el uniforme de Ejército japonés y durante tres meses fueron la carnaza para los perros. Ray Nosaka, uno de los 25 “voluntarios”cuenta que, aunque llevaban protecciones, muchas veces eran mordidos por los perros; en otras ocasiones, se escondían y los perros debían encontrarlos.

Cat Island, entrenamiento

Tras varios meses de entrenamiento, los oficiales le pidieron a Preste que preparase una demostración para ver el resultado de su entrenamiento. Lógicamente, los perros se mostraron incapaces de distinguir a los solados de origen japonés del resto. Le dieron una segunda oportunidad y, tras otros estrepitoso fracaso, el 2 de febrero de 1943 despidieron a aquel farsante y cancelaron el proyecto de invasión canina. La 828 th Signal Pigeon Replacement Company (de palomas mensajeras) se trasladó a la isla y los 400 perros que habían sufrido aquel brutal entrenamiento/castigo fueron reeducados para servir como perros portadores de arneses en los que transportar a las palomas.

Entrenadores Cat Island

Fuentes e imágenes: The secret dog Army of Cat Island, Cat Island History,

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