The British War Propaganda Bureau fue la agencia de propaganda creada por el gobierno británico cuando estalló la Primera Guerra Mundial. Operaba bajo la supervisión de la Oficina de Relaciones Exteriores y dirigió su labor propagandística a los países aliados y, sobre todo, a los neutrales —especialmente EEUU y China— para vender la maldad de las Potencias Centrales y, de esta forma, ofrecerles argumentos para posicionarse. Una de las campañas que más éxito tuvo fue The German Corpse Factory o Kadaververwertungsanstalt (fábrica de tratamiento de cadáveres).

El 17 de abril 1917 los periódicos británicos The Times y The Daily Mail, propiedad del reconocido germanófobo Lord Northcliffepublicaban una noticia bajo el titular “Los alemanes y sus muertos”. La fuente de la noticia era una publicación en un periódico belga que referenciaba uno holandés que se hacía eco de uno alemán, el Berliner Lokalanzeiger. Según los diarios británicos, en estas factorías se procesaban los cadáveres para extraer la grasa y fabricar nitroglicerina, velas, aceites lubricantes… Además, el hueso se molía hasta convertirlo en polvo y utilizarlo como fertilizante en los campos y comida para cerdos. Lo atroz y espantoso de esta historia es que se publicó que los cadáveres utilizados no eran de animales, sino cuerpos humanos. Las autoridades alemanas protestaron antes aquellas “repugnantes y ridículas afirmaciones” y trataron de explicar que la noticia del periódico alemán, firmada por Karl Rosner, hacía referencia al mal olor que provenía de una fábrica y utilizaba la palabra kadaver (cadáveres de animales en alemán) que, intencionadamente, se había traducido por cadáveres humanos. Daba igual, el mal ya estaba hecho.

A los pocos días, la revista satírica británica Punch siguió haciendo leña del árbol caído y añadía ilustraciones a la noticia, como esta en la que el Kaiser Guillermo II de Alemania, señalando una de estas fábricas, le decía a un joven recluta “… y no olvides que servirás a tu Kaiser, vivo o muerto“.

Incluso llegó a saltar el charco y The New York Times también se hizo eco de la noticia. La oficina de propaganda había conseguido su objetivo. El caso llegó a discutirse en la Cámara de los Comunes concluyendo que, aunque no existían pruebas de ello y que no era un asunto en el que el Gobierno británico tuviese que inmiscuirse ya que no tenía ningún control sobre los diarios británicos, conociendo cómo actuaban los alemanes cualquier cosa era posible.

Entonces, ¿quién fue el responsable de convertir este bulo en noticia? En 1925 el diputado conservador John Charteris , que había servido como Jefe de Inteligencia durante la guerra, durante una cena privada en un gira por los EEUU admitió que él había sido el ideólogo. Mientras leía un artículo de un periódico durante la guerra se fijó en las dos fotografías que lo acompañaban: una de caballos muertos transportados en un tren para ser tratados en las fábricas, con la palabra kadaver al pie de foto, y otra de soldados muertos en el frente llevados en un vagón a casa para ser enterrados. Fue suficiente con poner el pie de la fotografía de los caballos al de los soldados y hacerla llegar a la mesa apropiada. Con esta fotografía y el artículo del alemán Karl Rosner fue coser y cantar. Alguien presente en aquella cena filtró la noticia al New York Times y Charteris, a su regreso a Gran Bretaña, negó haber hecho tales declaraciones. A finales de ese mismo año, Austen Chamberlain, Ministro de Asuntos Exteriores, admitió en la Cámara de los Comunes que “nunca hubo pruebas que confirmasen la existencia de fábricas de tratamiento de cadáveres humanos en Alemania“.

Para aquellos que difundieron noticias falsas en 1917, los alemanes eran tan malvados que cualquier cosa podía ser usada como arma contra ellos, incluyendo rumores y mentiras.  Pero aquellas fake news iban a tener consecuencias. Cuando en la década de los años 30 comenzaron a llegar noticias de las atrocidades que los nazis estaban cometiendo con los judíos (campos de exterminio, cámaras de gas…), muchos no las creyeron pensando que se trataba de otro bulo como el de las fábricas de tratamiento de cadáveres de la Primera Guerra Mundial, y esta duda contribuyó a la tardanza en responder a las solicitudes de asilo de los refugiados judíos.

Fuentes: The horror of german corpse factories, Propaganda corpse factory