Archive for month: enero, 2011

El matrimonio según Oscar Wilde

30 ene
30 enero 2011

Oscar Wilde (1854 – 1900) fue un escritor irlandés, poeta, dramaturgo y un artista de los epigramas (composición poética breve que expresa un solo pensamiento satírico de forma ingeniosa).

Oscar Wilde

Oscar Wilde

Le tocó vivir en la Era Victoriana (reina Victoria I del Reino Unido) cuya sociedad se regía por los principios puritanos: vida discreta y ordenada, austeridad económica, metodismo religioso y conservadurismo político. Todo lo contrario que el bueno de Oscar Wilde: revolucionario, contestatario, subversivo y homosexual. Aunque se casó con Constance Lloyd, y tuvo dos hijos, mantuvo un romance, que le supuso la cárcel y su descenso a los infiernos, con Lord Alfred Douglas. La opinión de Oscar Wilde del matrimonio se puede resumir en esta serie de pensamientos:


“Los hombres se casan por cansancio y las mujeres por curiosidad. En lo único que coinciden es que, al cabo de los años, ambos se desilusionan”

“No hay nada como el amor de una mujer casada. Es una cosa de la que ningún marido tiene la menor idea”

“La única manera en que un hombre debe comportarse con su mujer es: haciendo el amor con ella, si es bonita, o con otra, si es fea”

“Las mujeres feas son celosas de sus maridos. Las bonitas no tiene tiempo, ¡están siempre tan ocupadas en estar celosas de los maridos de los demás…!”

“Cuando un hombre se casa por segunda vez, es porque adoraba a su primera mujer”

“Los solteros ricos deberían pagar más impuestos. No es justo que unos sean más felices que otros”

“Es curioso este juego del matrimonio. La mujer tiene siempre las mejores cartas y siempre pierde la partida”

“Se llama matrimonio de conveniencia a un matrimonio de personas que no se convienen en absoluto”

Fuente: Proverbia
Imagen: wikipedia

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Archienemigos de Roma. Arminio

28 ene
28 enero 2011

Decimotercera entrega de “Archienemigos de Roma“. Colaboración de Gabriel Castelló.

Nuestro personaje de hoy fue considerado uno de los más deleznables traidores de la antigua Roma. De origen germano y ciudadano romano al mismo tiempo, fue el artífice de una de las derrotas más denigrantes que sufrió el ejército romano en toda su historia. Conozcamos un poco más de su vida…
Arminio, o Hermann (que significaba hombre de guerra en su lengua germana), nació entre el 16 y 17 a.C. Fue hijo de Segimer (Segimero), caudillo de los queruscos, un pueblo germánico que poblaba los bosques de las riberas del río Weser en tierras de la actual Hannover. Poco nos ha llegado de esta tribu; según los arcaicos vocablos germanos y galos, Kern-Hirsch significaría cuerno de ciervo. Incorporados a la órbita romana en el 12 a.C., sabemos que en el 4 d.C. Arminio, contando sólo 20 años de edad, ya comandaba una unidad auxiliar junto a las legiones en Pannonia. Aquella campaña le proporcionó prestigio como guerrero y la ciudadanía romana como recompensa.

Arminio

Arminio

La prolongada convivencia de Arminio con la soldadesca romana debió de desmitificarle la fama de imbatibilidad de las legiones. Cuando regresó a sus tierras tras servir en las Águilas entre el 7 ó el 8 d.C. comenzó a gestar un plan para deshacerse del yugo romano. En época de Augusto, casi todas las tierras comprendidas entre el Rin y el Elba estaban bajo la influencia romana, no constituidas en provincias como la Galia o Hispania, pero sí sometidas a los tributos y caprichos de los gobernadores de la Germania Superior e Inferior. El artífice de esta conquista fue el favorito y posible sucesor de Augusto, Claudio Druso, pero una caída de su caballo de vuelta a Roma le costó la vida en el 9 d.C. Sin duda, un mal presagio…
Germania era un territorio inhóspito para hombres de tierras meridionales como los romanos: total ausencia de grandes ciudades, bosques impenetrables y sombríos, pantanos, lluvias constantes y mucho, mucho frío en invierno. Sus moradores eran acordes a tan parco terreno, conflictivos e indómitos, más altos, más fuertes, ojos fieros de intenso color azul y cabellos tan blondos como el trigo en Agosto; así les describió Cátulo poco años antes de estos hechos.
Arminio sembró la discordia entre los suyos, alentando la revuelta y provocando que los queruscos se dividiesen en dos bandos, acaudillando él mismo a los levantiscos frente los agrupados alrededor de Segestes, rival político de Arminio y amigo de Roma. Éste último envió varios avisos de que se estaba fraguando algo muy gordo, pero Publio Quintilio Varo, gobernador de aquellos territorios, desoyó sus advertencias hasta que la rebelión estalló. Varo era un patricio codicioso y engreído que debía su posición a ser yerno del influyente Agrippa y cuya carrera hasta la fecha había sido poco más que discreta. Tras su penosa gestión como propretor en Siria le fue transferido el gobierno de Germania Magna (que es como llamaban a este vasto territorio) Su codicia desmesurada y sus métodos expeditivos para recaudar tributos fueron los mejores aliados de Arminio para sublevar a todas las tribus la zona. Pensó que podría someter la voluntad germana como había hecho en Siria. Craso error. Sirva de ejemplo esta frase que Dión Casio atribuye a un jefe germano años atrás:

“Vosotros los romanos os buscáis los problemas solos. No enviáis perros y pastores para vigilar vuestros rebaños, sino que colocáis lobos hambrientos”

A principios de Otoño del 9 d.C., Varo sacó tres legiones de su campamento estival en territorio querusco y las internó en tierras brúcteras en busca de su presunto amigo y aliado Arminio hasta que llegó a un espeso y estrecho bosque a la altura de la actual ciudad de Osnabrück, en la Baja Sajonia. Arminio, conspirando a sus espaldas, había congregado allí una coalición de tribus germanas dispuestas a preparar una emboscada letal a un iluso legado que movía a la XVII, XVIII y XIX más sus seis cohortes auxiliares con su caballería e impedimenta a través de aquellos sombríos bosques. El pretexto de aquel desplazamiento fue una rebelión inexistente que requería de su intervención. Varo fue avisado de nuevo en varias ocasiones por Segestes y otros caudillos afines a Roma, pero su arrogancia y presunción le hicieron desoír aquellos consejos. Arminio sabía perfectamente cuál era el talón de Aquiles del ejército romano. No tenía ninguna opción de victoria en batalla en campo abierto. Debía de ser una sorpresa en terreno abrupto y blando, como así fue.
Fue una auténtica matanza. Durante tres días los germanos aguijonearon la delgada línea romana, partiéndola y acabando poco a poco con cada legión, cohorte o manípulo que quedaba aislada de la fuerza principal. El comandante de la caballería, Numonio, fue el primero en intentar huir y el primero en morir; tras él cayeron otros muchos más, incluido el legado Lucio Egio, que en un alarde de ignorancia intentó rendirse y murió en el intento. El propio Varo resultó herido y, viéndose incapaz de contener aquel desastre y temeroso de acaban en manos germanas, se suicidó. Cerca de 15.000 legionarios más un indeterminado número de auxiliares y civiles (los magos, artesanos, meretrices y demás seguidores del ejército) dejaron su vida y miserias en el bosque de Teutoburgo.

Batalla de Teotoburgo

Batalla de Teotoburgo

Esta ignominiosa derrota se supo por el testimonio de un joven oficial, Casio Querea, que fue el único capaz de salvar el cerco germano con un destacamento amparado por la oscuridad nocturna. Quizá su destino le salvó la vida (años después sería quien apuñalara a Calígula) Cuando Augusto conoció tan triste suceso quedó profundamente apesadumbrado. Según Suetonio durmió mal desde que le dieron aquella fatal noticia, despertándose sudado por las noches y golpeándose la cabeza contra una puerta gritando “Quintili Vare, legiones redde!” (¡Varo, devuélveme mis legiones!) Arminio ordenó quemar la cabeza de Varo y enviarla a Roma como advertencia y muchos de los prisioneros fueron sacrificados a los dioses germanos, poblando sus testas cercenadas los bosques hasta que las alimañas limpiaron sus huesos…
Tamaña afrenta no quedó sin más. Augusto destituyó a todo germano o galo con cierto poder en las provincias y envió en el 14 d.C. a su sobrino, Julio César Germánico, al mando de ocho legiones con la misión de recuperar las Águilas y paliar la imagen de debilidad que semejante descalabro había dejado en unas zonas muy poco romanizadas. Tras una serie de pequeñas derrotas, como la de su legado Cecina, Germánico cumplió su misión. Llegó hasta Teutoburgo y recuperó las sagradas insignias de las legiones. Tácito describió así aquel momento:

No lejos estaba el bosque donde se decía que los restos de Varo y de sus legiones quedaron sin sepultura. A Germánico le vino el deseo de tributar los últimos honores a Varo y a sus soldados. Esta misma conmiseración se extendió a todo el ejército de Germánico, pensando en sus parientes y amigos, en los azares de la guerra y en el destino de los hombres… En medio del campo blanqueaban los huesos, separados o amontonados, según que hubieran huido o hecho frente. Junto a ellos yacían restos de armas, y miembros de caballos y cabezas humanas estaban clavadas en troncos de árboles. En los bosques cercanos había altares bárbaros, junto a los cuales habían sacrificado a los tribunos y a los primeros centuriones

Segestes solicitó la ayuda de Germánico, el cual no dudó en internarse en territorio querusco, llevándose consigo a Thusnelda, su hija y esposa de Arminio, entregada por su padre como acto de venganza contra su díscolo yerno y por su conducta inadmisible, pues habiendo estado prometida a otro hombre, se escapó para reunirse con su proscrito amado, algo inaceptable para un clan declaradamente amigo de Roma.

Arminio y Thusdenla

Arminio y Thusdenla

En el 16 a.C., Germánico se enfrentó con Arminio en el río Weser, cerca de Minden; se conoce como la Batalla de Idistaviso. El romano llegó a aquel recodo con cuatro legiones y veinte mil auxiliares galos y bátavos. Frente a él estaba Arminio con cerca de cincuenta mil germanos de a pie y mil jinetes. Aquella batalla, sin trampas ni tretas, se saldó como era habitual cuando una fuerza ingente de bárbaros se enfrentaba a las legiones romanas. El tío de Arminio, Inviomero, hizo caso omiso de las directrices marcadas por alguien que conocía bien el funcionamiento de las legiones y su imprudencia tuvo un alto precio. Arminio consiguió huir, pero quince mil de sus hombres quedaron extendidos en las rojas riberas del Weser. Germánico sólo perdió mil hombres.
Idistaviso supuso el fin de Arminio como caudillo germano. Ni pudo recuperar a su amada, ni mantener la fidelidad de los suyos. Con la victoria de Roma, las fugaces alianzas que había hilvanado se deshicieron con facilidad. El rey Marbod de los marcomanos (actual Bohemia) rompió relaciones con él y Thusnelda fue exhibida en el Triunfo de Germánico por las calles de Roma en el 18 d.C. El hijo que tuvo con Arminio, Tumélico, acabó sus días en la arena como gladiador. Nada más se supo de ella.
La estrella de Arminio fue apagándose gradualmente hasta que en el 21 d.C. una conspiración urdida por el clan de su suegro forzoso acabó con su vida. Tenía 37 años y, sin saberlo, había liberado Germania del poder de Roma. Tiberio desestimó emplear más recursos para dominar un territorio tan ingrato e improductivo. El romanticismo del siglo XIX rescató la figura de Arminio como uno de los grandes héroes del nacionalismo germánico.

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LoH: Nikola Tesla

27 ene
27 enero 2011

Corría el el 10 de julio de 1856 en Croacia (realmente en más sitios) y veía los primeros rayos de luz solar Nikola Tesla.

Curiosamente, y tal vez como presagio de su destino como ingeniero eléctrico, nació tras dar su madre a luz.

Como comentamos, estudió ingeniería eléctrica en la universidad de Praga, logrando unas discretas notas, pues su principal ocupación en esos tiempos fue el conocimiento y manejo del juego del Mus, como buen universitario.

Tras trasladarse a París, Francia, Europa, comenzó a trabajar como ‘chispas’ en una de las franquicias de Thomas Edison, concretamente en McEddie, en la calle Sobona número 23.

Asqueado de sufrir las penalidades de un mileurista y harto  de hacer horas extras (aunque cobraba por ellas, mediante una ETT), decide trasladarse en autostop a New York. Desgraciadamente, al llegar a Finisterre se vió obligado a abandonar este método de transporte y buscar otras formas de cruzar ‘el charco’.

Llegado a New York, tras casi tres horas y media de viaje, parando para tomar un café, se instala en el que será el laboratorio donde Nikola hará historia.

Pese a ser un personaje realmente vilipendiado por los libros más ortodoxos, Nikola arrastra consigo un cargamento de inventos que, por su dejadez y poca amistad hacia el papeleo y la burocracia, en pocos patentó.

Nikola, en su laboratorio, logra el gran hito de construir el motor de inducción de corriente alterna (hoy masivamente utilizado) y a su vez logra la primera transmisión electromagnética sin cables, antes que el afamado Marconi. Estos dos adelantos sí son patentados y reconocidos (en el caso de la transmisión tras litigios con Marconi) como de su autoría, sin embargo, como comentábamos, Marconi se ha llevado los honores.

Con los avances de Nikola, en 1893 se construye en las catarátas del Niágara la primera central hidroélectrica del país, alimentando de electricidad a toda la ciudad de Búfalo. Este hecho hace de Nikola Tesla el padre de la industria eléctrica.

Sin ningún sentido, tras su muerte, el Gobierno de Estados Unidos incautó todos los documentos encontrados en el laboratorio de Nikola. Hoy en día esos documentos no han sido desclasificados. Las teorías más conspiranoicas hablan de extrañas máquinas eléctricas capaces de controlar la meteorología de una extensa zona. E incluso de una sandwichera eléctrica capaz de untar las tostadas por sí misma. Estas máquinas (salvo la sandwichera) estaban ideadas para utilizar las capacidades de la Ionosfera como transmisora de electricidad en forma de ondas a cualquier lugar.

Sus últimos años los vivió como una persona uraña, totalmente obsesionada con la existencia de vida extraterrestre. Una persona desolada. Una de las mentes más brillantes de la historia de la humanidad, castigada precisamente por esa historia.

Una mente que amaneció muerta en Central Park al lado de una bolsa de migas de pan y un montón de palomas.

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¿Qué tienen en común Stalin y Guzmán el Bueno?

25 ene
25 enero 2011

Siendo dos patrones o modelos de comportamientos totalmente opuestos: genocida, Stalin, y héroe abnegado, Alonso Pérez de Guzmán (Guzmán el Bueno).

Stalin

Guzmán ofrece su daga

En ambos casos, ante situaciones desesperadas por parte de sus hijos, actuaron igual.

De todos es conocida la leyenda de Guzmán el Bueno en la defensa de Tarifa (1294). Ante la dificultad en tomar la fortaleza por parte de los benimerines, éstos optaron por la vía rápida: capturando al hijo de don Alonso y amenazaron con matarle si no rendía la plaza. Ante la negativa de Guzmán, incluso cuenta la leyenda que ofreció su propia daga, su hijo fue asesinado pero la plaza resistió. De ahí el sobrenombre de “el Bueno“.

José Stalin fue el líder de la URSS desde mediados de los 20 hasta su muerte en 1953. Dirigió la construcción del socialismo en la URSS, que pasó de ser un país rural a una potencia industrial. En contrapartida, dirigió un régimen represivo de la población, caracterizado por la presencia de campos de trabajo y represión (gulag) y las deportaciones a Siberia. Durante la batalla de Smolensko (1941) los nazis capturaron al hijo de Stalin, Yakov. Durante un tiempo pasó como un soldado más hasta que fue reconocido y las autoridades nazis propusieron un canje por el mariscal Friedrich Paulus. Stalin se negó al intercambio alegando que su hijo no había sido capturado. Yakov murió en un campo de concentración.

Yakov en el campo nazi

Yakov en el campo nazi


En honor a la verdad, y porque me fastidia meter en un mismo post a Stalin y don Alonso, he de decir que la negativa del genocida se debió a que él no consideraba que existiesen prisioneros rusos, “sólo traidores que se habían dejado capturar“.

Imágenes: wikipedia

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Si eres un sibarita, cuidado con la música

23 ene
23 enero 2011

Según el diccionario de la RAE, sibarita es: Natural de Síbaris. Ciudad fundada por los aqueos en 720 a.C. y situada en Italia. Los habitantes de esta ciudad, los sibaritas, eran famosos por su exquisitez y refinamiento. De ahí que este término haya quedado para designar a las personas amantes de placeres exquisitos.

Además del buen vivir, los sibaritas, también eran famosos por ser unos excelentes jinetes y, todavía mejores, domadores de caballos (no sé si susurrando sino con la música). Su caballería era digna de la mejor escuela de arte ecuestre y se desplazaban perfectamente conjuntados al son de una música – como si los caballos bailasen una danza que conocían a la perfección -

Doma de caballos

En el 510 a.C. atacaron la ciudad de Crotona, al sur de Síbaris. Su majestuosa caballería formada y presta para el ataque, pero los pobladores de Crotona, ¿crotonesi?, conocían las tácticas militares de los sibaritas. Cuando se ordenó cargar a la caballería, una melodía extraña y arrítmica comenzó a entremezclarse con la música interpretada por los sibaritas. La mezcla de “sintonías” confundió a los caballos y provocó un desbarajuste total entre la caballería sibarita. Momento que aprovechó Crotona para atacar y aniquilar la caballería. Derrotado lo mejor del ejército de Síbaris, entraron en la ciudad y la destruyeron completamente.

Imagen: Olja’s Team

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Memorias de un prisionero francés en la isla de Cabrera

21 ene
21 enero 2011

En la batalla de Bailén (1808) el general Castaños infligió la primera gran derrota al ejército napoléonico, al mando del general Dupont, lo que supuso una ingente cantidad de prisioneros que fueron llevados a Cádiz con la promesa de ser devueltos a Francia. Fueron recluidos en pontones (barcos que, amarrados a puerto, servían de cárcel) en condiciones lamentables pero con la esperanza de regresar a casa.

Bajo presión de los militares ingleses, se acordó no devolverlos a Francia y trasladarlos a la isla de Mallorca. Por el alto coste de su manutención (se calcula que unos 400.000 reales al mes), el descontento de los lugareños y la cercanía de la base inglesa en Menorca se decidió trasladarlos a un lugar donde no “molestasen”… un isla desierta, Cabrera.

Más de 7.000 soldados franceses fueron abandonados a su suerte en una islote rocoso sin rastro de presencia humana, sólo lagartijas, conejos y cabras, sin ningún edificio, a excepción de un fuerte abandonado, y los barcos españoles e ingleses haciendo guardia. Llegaba un barco de suministros cada cuatro días pero, pronto, dejaron de llegar de forma regular y tuvieron que dar buena cuenta de la fauna autóctona. Hambre, sed, miseria, desesperación… muerte. Muchos morían y ocupaban su lugar nuevas remesas de prisioneros. En 1814 terminaba la guerra y el balance era terrible, de los más de 12.000 prisioneros que pasaron por Cabrera sólo quedaron unos 3.000.

¿Qué os parecería leer las memorias de uno de los supervivientes? No, no tiene 200 años.

Laura García Gámiz ha publicado Cuando el padre nos olvida. Los prisioneros de Cabrera en la Guerra de Independencia (1808-1814), traducción de “Souvenirs de l’Empire. Les Cabrériens. Épisode de la Guerre d’Espagne” de Gabriel Froger, mediados del siglo XIX, en la que, como él mismo dice, actúa como simple copista de las memorias de Sebastien Boulerot (superviviente de Cabrera).

Cuando el padre nos olvida

El protagonista empieza narrando el paso de las tropas francesas por los Pirineos, cómo atravesaron la península; la batalla y capitulación de Bailén, la marcha de los prisioneros hasta Cádiz, su estancia en los pontones; sigue con el traslado de las tropas hasta Mallorca, su estancia en Palma y posterior embarque hacia Cabrera, en donde pasaron seis años de miseria y dolor. Por último, Sébastien Boulerot describe cómo vivió los últimos meses con los oficiales en Ibiza para terminar con su liberación y posterior llegada a Marsella, en donde acaba la obra.

Se describen escenas terribles: agresiones físicas, torturas, canibalismo, sadismo, hambruna, locura… que contrastan con aquellas otras en las que el ser humano se supera gracias a la generosidad, la amistad, la valentía, el esfuerzo, el amor, la perseverancia, el ingenio… Todas ellas dignas de ser mezcladas y agitadas en la coctelera de un buen guión cinematográfico, aunque por desgracia, basado en la más cruda realidad.

Fuente: The Napoleon Series, La Pepa hoy

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Vox in Excelso

19 ene
19 enero 2011

Con esta bula, el Papa Clemente V (uve), ordenaba el 22 de Marzo de 1312 la completa disolución de la poderosa Orden del Temple, pero… ¿quienes eran los caballeros templarios?.

Corría el año 1120 y en Jerusalem Hugo de Payens junto a varios de sus más cercanos amigos, fundaron la llamado Orden del Temple, con el objeto de proteger a los peregrinos que llegaban a Tierra Santa.

Esta orden religioso-militar logró, casi desde su fundación, aglutinar un gran poder de influencia, militar y administrativo, tanto es así que por toda Europa, villas y pueblos fueron levantados en torno a sus fortalezas. Sin lugar a dudas, los contactos de los fundadores con los funcionario públicos de la época, así como con varios ministerios y policías locales del protectorado de Alpedrete, facilitaron esta escalada social.

Bandera del Temple

De igual manera, el Temple logró ser custodio de innumerables reliquias cristianas, desde la mesa de Salomón (que de Payens alojaba en la salita de estudio de su castillo), hasta trozos de la mismísima cruz en la que Cristo sufrió su Pasión (de Mel Gibson), pasando por el Santo prepucio.

La prosperidad y el renombre de la Orden parecía no conocer límites, hasta que en 1244, los mamelucos, muy cabreados y envalentonados tras haber arrebatado a los cristianos la mismísima Jerusalem, masacraron a 267 templarios de 300 que acudieron a la batalla de La Forbie.

Ese año parecía ser el presagio del declive que le esperaba a la Orden. Tras varias derrotas de igual importancia en sendas batallas, la Orden se refugió en Chipre, su bastión, y el último gran maestre se estableció en París, ajeno totalmente a las conjuras que el monarca, Felipe IV (palote, uve) ‘El Hermosote‘ tenía preparadas para todo el Temple.

Sumido en una situación económica catastrófica, Felipe puso sus ojos en el Temple como solución a sus problemas. En ese momento, comenzó a ‘comerle la oreja’ a Clemente V, en un principio reacio a condenar al Temple, quizás, porque el muy avispado se olía que las pertenencias de la Orden irían para las arcas de Felipe y no para las del Vaticano.

Tras varias bulas ‘de aviso’, Clemente decide hacer desaparecer al Temple. Cede ante las acusaciones de blasfemos, sodomitas e idólatras que los esbirros (un tipo de pez muy viscoso) de Felipe se encargaron, y muy bien, de difamar. Sin embargo, estas primeras bulas no condenaban a los templarios.

En este momento, la Inquisición realiza su trabajo, como siempre supo hacerlo, bien. Remitieron al Papa un dossier de 219 folios (a una página y doble pauta ancha, en Comic Sans 12pto) con las supuestas pruebas de todos los cargos a los que se enfrentaba el Temple.

El gran maestre, Jacques de MolayGodofredo de Charny, exprefecto de Normandía, junto a otros pocos caballeros (los ya incinerados no pudieron asistir por indisposición), dieron con sus huesos en los calabozos.

Sin embargo, y como último acto para la Orden, Jacques y Gogofredo se retractan de sus declaraciones y gritan su inocencia cuando corría el año 1314. Desgraciadamente, en aquella época, el retractarse era considerado un delito, castigado con la hoguera. Así pues, se les condenó como relapsos y se comenzaron a encender las dos hogueras que despedirían a los dos representantes más importantes del Temple.

En un principio, las hogueras se iban a realizar el 19 de Marzo de 1314, en Valencia, hacíendo coincidir la ejecución con las Fallas, para no levantar revuelos. Por desgracia para los organizadores, el monarca de Aragón se opuso a ello y finalmente, fueron quemados vivos en París, a los pies de Nôtre-Dame.

Célebre es la última frase de Jacques de Molay antes de sus estertores de muerte: “Me quemooo, cojones!!

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Una servilleta demuestra que en 5 siglos apenas hemos cambiado

17 ene
17 enero 2011

Hoy en día, en la mayoría de las reuniones informales (entre amigos, familiares, vecinos, paisanos…) alrededor de una mesa y dedicadas al arte del buen comer, y del buen beber, se termina utilizando las servilletas como armas arrojadizas (en competencia con las migas de pan), como látigos, como “cubrecabezas” tipo albañil con cuatro nudos o tipo cachirulo, como improvisados tupperware donde esconder las sobras… Una simple servilleta nos va a demostrar que aunque cinco siglos han dado para cambiar el mundo de arriba abajo (“no lo conoce ni la madre que lo parió”) pero en lo referente a nosotros, nuestras pautas de comportamiento, nuestro carácter, nuestra forma de ser… apenas lo hemos hecho.

La servilleta es un invento de un genio universal, Leonardo da Vinci (14522 – 1519). El gran Leonardo da Vinci (pintor, científico, ingeniero, inventor, anatomista, escultor, arquitecto, urbanista, botánico, músico, poeta, filósofo…) también fue un apasionada de la gastronomía pero en este campo no llegó a destacar. Después de algún que otro fiasco, se centró en otros aspectos del buen comer: los modales en la mesa.

Leonardo da Vinci

Leonardo da Vinci

A finales del siglo XV, el embajador florentino en Milán, Pietro Alemanni, escribía en relación al uso de la servilleta:

Y en la víspera de hoy presentó en la mesa su solución a ello, que consistía en un paño individual dispuesto sobre la mesa frente a cada individuo destinado a ser manchado, en sustitución del mantel. Pero con gran inquietud del maestro Leonardo dispusieron sentarse sobre él. Otros se lo arrojaban como por juego. Otros, aun envolvían en él las viandas que ocultaban en sus bolsillos y faltriqueras. Y cuando hubo acabado la comida, y el mantel principal quedó ensuciado como en ocasiones anteriores, el maestro Leonardo me confió su desesperanza de que su invención lograra establecerse.

Pues, se estableció pero la servilleta demuestra que nosotros no hemos cambiado mucho.

Fuente: Historia del mundo sin los trozos aburridos – Fernando Garcés Blázquez

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