Con “Sartine y la guerra de los guaraníes“, Juan Granados nos trae una continuación o segunda parte de “Sartine y el caballero del punto fijo” (los ruegos y plegarias de sus lectores han dado su fruto).

Tras la firma del Tratado de Madrid (1750) entre Fernando VI de España y Juan V de Portugal se definían los nuevos límites entre sus respectivas colonias en América del Sur. Antes de la entrada en vigor del nuevo Tratado, Fernando VI ordena a su secretario principal, el Marqués de la Ensenada, el envío de un grupo armado para comprobar in situ las colonias españolas en Paraguay.

Nicolás Sartine, intendente del rey y bajo las órdenes directas del Marqués, y su grupo de comisarios son los elegidos para dicha tarea. El conflicto de intereses entre españoles y portugueses, con sus aliados los ingleses, los jesuitas que rebasan su labor evangelizadora para controlar, olvidando su sometimiento a la corona, a los guaraníes, y la enigmática figura del rey Nicolás (hijo de la orden de San Ignacio de Loyola) crean un clima de enfrentamientos y traiciones que le dan a la novela agilidad y viveza.

En momentos cruciales, y verídicos, de la Historia, Juan Granados se sirve de su personaje ficticio, Nicolás Sartine, para narrarnos la “otra Historia”. No es una novela de grandes conquistadores, ni grandes batallas sino de intendentes, de los trabajos menos brillantes pero, igualmente, necesarios, del “trabajo sucio” en resumidas cuentas de la Corona.

Además, Nicolás Sartine no muere, así que…

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