Entre 1611 y 1721, Suecia se convirtió en un gran imperio que se extendía por gran parte de Escandinavia y las costas del Báltico. El rey Carlos X implementó una exitosa reforma del ejército que en pocos años logró expandir considerablemente las fronteras del reino, pero aún tenía un gran punto débil: la caballería. Debido al riguroso clima escandinavo, los gastos de importación y manutención de los caballos suponían una pesada carga para las finanzas del reino. Su hijo y sucesor, Carlos XI, intentó una reforma cuanto menos original: crear un cuerpo de caballería constituido por alces, nativos de la región. Aparentemente habría tomado la idea de los rumores que circulaban sobre los mansi, un pueblo nativo de Siberia que, según la tradición oral, habían plantado cara a la expansión rusa montando alces en batalla; rumores de los que, por otra parte, no hay testimonio escrito.

Estos animales ya eran usados para tirar carros y trineos y ofrecían aparentemente grandes ventajas sobre los caballos: podían ser criados en los territorios suecos, eran robustos y resistentes al frío y sus imponentes cornamentas podían ser usadas como arma o disuasión contra el enemigo. En contrapartida, un caballo puede alcanzar mucha más velocidad, por lo que más que sustituirlos, la intención era crear un cuerpo de caballería pesada que los complementase y que contribuyera a aligerar las finanzas de guerra. Sin embargo, el resultado fue desastroso ya que los alces no eran para nada adecuados a la guerra: al primer ruido de un disparo entraban en pánico, huyendo o derribando a sus jinetes; cuando estaban asustados resultaba extremadamente peligroso acercarse a ellos; y aprendieron rápidamente a identificar el olor de los caballos como sinónimo de problemas, por lo que ni siquiera querían acercarse al campo de batalla. Además, su manutención resultó ser incluso más difícil que la de los caballos, ya que los alces necesitan grandes cantidades de pasto salvaje, en vez del heno que comen los primeros. Finalmente, aunque eran más resistentes al frío que los caballos, también eran más susceptibles a las enfermedades. El original experimento militar fue un completo fracaso.

En junio de 1941, Hitler iniciaba la ofensiva en el Frente Oriental para invadir la Unión Soviética (Operación Barbarroja)… un plan demasiado ambicioso. La brutal ofensiva alemana consiguió penetrar en las confiadas defensas del Ejército Rojo y ganar terreno rápidamente. No obstante, la llegada del invierno estabilizó el frente permitiendo que el Ejército Rojo se agrupase y desbarata los planes de Hitler. Pero los soviéticos no estaban solos, recibieron la ayuda de los Convoyes del Ártico. Desde Islandia y, sobre todo, desde el Reino Unido atravesaban el océano Ártico hasta los puertos de soviéticos de Murmansk y Arkhangelsk. Desde el mes de agosto de 1941, 78 convoyes consiguieron entregar cuatro millones de toneladas de armamento (7.000 aviones, 5.000 tanques y municiones), combustible, alimentos y medicinas. Los suministros y armas que llegaban a los puertos de Murmansk y Arkhangelsk había que distribuirlos por la frontera de la Unión Soviética para atajar la invasión alemana. Bajo temperaturas extremas y con el hielo como único compañero, los renos se convirtieron en los protagonistas del transporte.

Nenets

Hasta finales de 1939 las minorías del Ártico (nenets, saami, komi…) estaban exentas del servicio militar en el Ejército Rojo, pero cuando la Unión Soviética invadió Finlandia (Guerra de Invierno) fueron obligados a alistarse. Lamentablemente para ellos, sus renos y sus trineos se convirtieron en pieza clave para el transporte y en 1941, al comienzo de la Operación Barbarroja, volvieron a reclamarlos.

Reno Finlandia

Aproximadamente 6.000 renos y 600 pastores, principalmente nenets, fueron reclutados para transportar municiones, alimentos y servir como correo entre las distintas unidades. Los renos y sus pastores podían recorrer unos 50 kilómetros diarios con una carga de hasta 300 kg. Trabajaban durante ocho horas al día y debían descansar uno cada cuatro de trabajo. En medio de aquellos viajes, sometidos a un clima infernal y en muchas ocasiones al fuego de los alemanes, también rescataron y pusieron a salvo a pilotos soviéticos derribados, e incluso a sus propios aviones por piezas. Cuando terminó la guerra, sólo la mitad de los pastores y sus renos regresaron a casa.

Entre los nenets se cuentan historias de  sus habilidades con el lazo (arkan) para atrapar alemanes con vida y conseguir información del enemigo. También sobre el reno perdido tras un ataque aéreo alemán que consiguió regresar al hogar de los nenets a cientos de kilómetros.

reno

Su reconocimiento no llegaría hasta el 23 de febrero de 2012, cuando se inauguró un monumento en la ciudad de Narian-Mar en homenaje a los pastores de renos que murieron en la Segunda Guerra Mundial.

Reindeer Battalion Memorial

Reindeer Battalion Memorial

Fuentes e imágenes: The Atlantic, Barents Observer