Acusaciones, reparaciones, perdones, colgar el sambenito… son términos que se repiten cuando se juzga la historia. Es fácil hacerlo cuando hablamos de historia reciente, en la que incluso algunos de los protagonistas siguen vivos, pero es que nos atrevemos a juzgar cualquier hecho pasado independientemente del tiempo transcurrido. Para bien o para mal, la historia es la que es. Haríamos bien en pararnos un segundo y pensar en la máxima del escritor y dramaturgo Enrique Jardiel Poncela cuando escribió “Historia es, desde luego exactamente lo que se escribió, pero ignoramos si es lo que sucedió” y, sobre todo, atender las recomendaciones del alemán Paul H. Koch, escritor y doctor en Humanidades, Historia y Ciencias Sociales,  referente a los tres errores que debemos evitar cuando tratamos con la Historia:

  • Dar por sentadas y establecer como verdades absolutas las cosas tal y como nos las han contado o enseñado. Hay que mantener una postura abierta a nuevas interpretaciones o hallazgos que puedan poner en duda, o incluso cambiar, la Historia.

  • Intentar comprender o interpretar los hechos y personajes históricos desde el punto de vista actual.

  • Juzgar los comportamientos en función de los valores modernos.

Seguro que, a lo largo de estos años, yo mismo he cometido alguno de estos errores. Así que, por ello, os pido perdón.