Hoy día todos sabemos de alguna forma lo que son los drones, esos artilugios controlados remotamente y que sirven para múltiples funciones, desde para hacer fotos, grabar secuencias o planos de una película, trasladar pequeños objetos… hasta para el espionaje. El uso de los drones ha sido durante muchos años de carácter militar, si bien en los últimos años se han comenzado a vender algunos modelos que no van más allá de algunos metros de altura o de distancia y que sirven para tomar fotos y grabar vídeos, siendo los más sofisticados del tamaño de una libélula (M.A.V o Micro Air Vehicle) o que se pueden controlar hasta por un teléfono móvil. El término “dron” sirve para designar una amplia gama de robots, desde los Vehículos Aéreos No Tripulados (V.A.N.T.) o Unmanned Aerial Vehicle (U.A.V), hasta los robots artificieros como el español MIURA o los vehículos submarinos no tripulados (Unmanned Underwater Vehicles). Los drones y la robótica van de la mano y cada vez son más complejos y sofisticados. Hay drones que van más allá de donde ha llegado el hombre, como el Curiosity Rover, que busca distintas muestras en Marte y recientemente dio con lo que podía ser indicios de agua en el planeta rojo, y drones que se utilizan para la exploración de las fosas abisales, lugares tan oscuros y tan profundos que hacen imposible la exploración sin la ayuda de estas máquinas.

Siluro a lenta corsa

Siluro a lenta corsa

El uso de estos robots no ha comenzado a extenderse únicamente en el siglo XXI, más bien en el siglo pasado, concretamente en plena Segunda Guerra Mundial. Los alemanes fueron los primeros en crear uno de estos robots o, más bien, “drones primitivos“. Japón e Italia también se sumaron a la creación y desarrollo de extraños artilugios, como los globos de un proyecto secreto japonés, conocido como “Fu-Go” (que al final resultó ser un auténtico fiasco), o los torpedos humanos italianos Siluro a lenta corsa (torpedo de navegación lenta o, con un mote más coloquial, “maiale“), que llegaron a ser un auténtico dolor de cabeza para la Royal Navy.

Goliath

Goliath

Al dron o robot alemán se le llamó “Goliath“, y cualquiera que escuche ese nombre por primera vez se imaginará un supertanque alemán tipo King Tiger, con un tremendo cañón, grueso blindaje y de gran tonelaje… pero no, lo cierto es que el Goliath se utilizó en la Segunda Guerra Mundial y por el ruido del motor de gasolina y su tamaño, parece más bien un cortacésped. Se crearon diferentes modelos y versiones, pero con una misma función: sabotear y acabar con blindados y fortificaciones enemigas. El verdadero nombre de este aparato alemán era Sdkfz (acrónimo de Sonderkraftfahrzeug, “vehículo para usos especiales”) y de apellido Goliath acompañado de un número, siendo los más utilizados los Sdkft Goliath 303. Este dron pesaba entre 300 y 400 kilos, alcanzaba unos 10 km por hora, con apenas blindaje y una capacidad interior de entre 60 y 100 kilos de explosivos.

El Goliath estaba controlado por un panel de mandos que, a su vez, estaba unido a la parte trasera del dron mediante cables de teléfono. Los primeros modelos del Goliath, como el Sdkfz Goliath 302, tenían motores eléctricos, pero su elevado coste de producción llevó a crear el Sdkfz Goliath 303, ya con motor de gasolina. Estos drones tenían cables lo suficientemente largos para alcanzar sus objetivos y se detonaban desde el propio panel de mando. El mayor problema era su vulnerabilidad, pues cualquiera armado con tan solo una pala podía cortar los cables y dejarlo fuera de combate, para lo que debía tener cobertura de la infantería. El Goliath fue utilizado en numerosas ocasiones por los zapadores de las Panzerdivisionen, desde el levantamiento de Varsovia hasta el desembarco de Normandía. En algunas ocasiones, los Goliath también se utilizaron para desminar campos y zonas plagadas de minas. Pese a que el Goliath resultó innovador, los resultados fueron más bien anecdóticos, al igual que otras novedades bélicas como los cohetes V1 y V2 o las denominadas “armas limpias”, llamadas así por utilizar la energía del medio ambiente para funcionar (“cañón de viento”, “cañón solar”…)

Colaboración de Pedro Sanmartín