Aquí en este rincón siempre he estado en mi casa, Javier Sanz hace años me abrió sus puertas y me dejó copia de la llave, por lo que hacer una parada como el peregrino de la blogosfera supone una jornada apasionante pues coincidimos con un amor común por la historia.
Toda la historia en cualquier país tiene grandes embustes históricos, que consiguen adornar en forma de leyenda lo realmente ocurrido con hechos fantásticos e imposibles, pero siguen formando parte de nuestra cultura y aún sabedores del gran embuste que narran y todas las descalificaciones que reciben por los grandes estudiosos de la historia, aún hoy se siguen narrando estas leyendas en los pequeños pueblos de cualquier país, que aún conserva esa tradición oral de contar los abuelos a sus nietos su pasado en forma de cuentos.
Y es que estos embustes forman las leyendas por las que muchos conocen la historia de su pueblo, basadas en hechos reales pero dotadas de una fantasía literaria que roza lo ridículo, para muchos es parte también de esos momentos en que cubrir un acontecimiento con documentación y datos fehacientes resulta imposible por lo que recurrir a estas leyendas no lo ven nada mal, pues forman parte del saber popular, aunque lleguen en forma de embuste.
Hoy recuerdo un viaje a Cuenca y una historia sobre la Reconquista que allí me contaron con esa mezcla de historia y leyenda, de hechos ocurridos y embustes literarios que te dejan ese buen sabor de boca, pues ambos se complementaban.
Corría el año 1.177 y el rey de Castilla Alfonso VIII llevado por las decisiones tomadas en Tarazona con los reyes Fernando II de León y Alfonso II de Aragón, tenía decidido recuperar Cuenca y arrebatar la ciudad al alcaide Abu Beka que no pudo defenderla ya que sus aliados almohades tenían frentes más importantes que defender en el norte de Africa en esos momentos.
El asedio fue duro contra la ciudad de Cuenca, una ciudad bien amurallada y casi inexpugnable ante el gran ejército que allí juntó a los tropas de los tres reyes cristianos tras esas decisiones tomadas en Tarazona, para paliar una posible futura guerra entre moros y cristianos, Cuenca, era un enclave fundamental para defender el Norte peninsular.
Abu Beka lo intentó todo para defender Cuenca, envió una galopada de jinetes expertos, para matar directamente a Alfonso VIII en su campamento, pero allí fue repelido el ataque y murió el tutor del rey, el Conde Nuño Pérez de Lara, en su defensa; después de este fracaso, la ciudad cayó rendida ante las tropas cristianas y Alfonso VIII entró triunfal en Cuenca.
¿Pero como se entró en aquella ciudad inexpugnable? Aquí llega la leyenda en forma de embuste pues se trata de una visión que un pastor llamado Martín Alhaja tuvo meses antes, y es que estando con su rebaño en el monte se le apareció la Virgen María para anunciarle que los cristianos salvarían la ciudad del mandato islámico y liberaría a los cristianos esclavos.
Durante el asedio a Cuenca, este pastor sacaba sus ovejas a pastar por un portón de la ciudad que lindaba con el monte, con la mala suerte de ser apresado por el ejército asediador, ante el cual y tras confesar que era un cristiano y no un moro, contó la historia de su visión y que estaba dispuesto a cumplir con lo que María, la Virgen, le había vaticinado.
Les dijo a los soldados que en ese portón había un ciego que lo único que hacía para controlar la entrada y salida del rebaño, era contar las ovejas que entraban y salían, palpando su pelaje, así que los soldados convencidos de que era un buen plan se prepararon raudos para llevarlo a cabo.
Efectivamente, al caer la tarde el famoso pastor Martín Alhaja entraba por el portón de la ciudad con su rebaño de ovejas de las que unas cuantas eran soldados con piel de cordero y que el guardián ciego no se percató del engaño y así caída la noche eliminaron a los soldados de las almenas y consiguieron abrir el portón para que entrase el ejercito cristiano.
Lo importante de estos embustes históricos es que forman una parte importante de transmitir la historia, y que mezclando fantasía con realidad, consiguen que las nuevas generaciones no olviden lo que pasó, pues como ven hoy, Cuenca fue de nuevo conquistada por los cristianos en septiembre del 1.177, el día de San Mateo, fuera real lo ocurrido con el pastor Martín Alhaja o una mera invención literaria.
Les dejo una pregunta para su reflexión ¿Sin estas leyendas y embustes, conoceríamos tan bien nuestra historia o existirían muchos huecos en el tiempo, de los que realmente no sabríamos nada?
Colaboración del peregrino de la Blogosfera (José Antonio Senovilla)
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