Qué mejor inicio para esta nueva sección que uno de los rituales que mejor definen el antiguo mundo romano: Las Termas.

Origen: Hay mucho tópico en los baños públicos de la antigua Roma. Como muchos otros logros culturales, la idea no es propiamente romana, sino griega. Sí que es cierto que en la Grecia clásica no existieron termas al uso, pero sí espacios dedicados al culto del cuerpo y su correcto moldeo e higiene, como estadios, palestras para ejercicios y centros de culto asociados a las propiedades terapéuticas del agua. Los baños no toman su dimensión pública y popular hasta que una nación mucho más pragmática que los dispersos griegos asume la hegemonía en el Mare Nostrum.


Labra y Caldarium de las termas de Valentia (Museo de L’Almoina)

Las primeras termas: Fueron mucho más austeras y sencillas que las imágenes de las grandes termas imperiales que tenemos muchos de nosotros en mente. En principio constaban de un pequeño vestíbulo donde los esclavos encargados de la recaudación y el mantenimiento atendían a los clientes. Aquel pequeño recibidor daba paso a un vestuario (Apodyterium), una salita rectangular repleta de hornacinas en sus paredes y un banco corrido bajo ellas para que los clientes se desnudasen y dejasen sus pertenencias a buen recaudo. Un baño completo en tiempos de César podía costar entre un par de ases o un sestercio (dependiendo del lugar y de las atenciones)


Apodyterium de las termas de Bílbilis (Calatayud)

Del vestuario se pasaba a la sala caliente (Caldarium), donde una pequeña bañera rectangular con escalones de acceso en uno de sus lados largos servía para la primera inmersión (Labra). Cerca de dicha bañera se encontraba la pila (Patena) en la que un chorro de agua fresca servía para beber y refrescarse. El ambiente en esta sala era bastante sofocante al encontrarse cerca del horno que mantenía caliente el agua del recinto.
Este tipo de termas primitivas podemos verlas aún en Pompeya y Valentia. Las primeras termas de la colonia del Turius son de época fundacional (siglo II a.C.) y unas de las más antiguas de toda Hispania. En la foto adjunta puede verse la escalinata de acceso a la bañera (Labra) y la sala de baño templado para aplicar masajes (Tepidarium y Unctarium) contigua a la sala principal (Caldarium)


Hipocausto de las termas de la muralla de Lucentum (Alicante)

Las termas clásicas republicanas y alto-imperiales: Aportan un cambio sustancial al recinto anterior. El suelo no es de mosaico en escama como en las de Valentia, sino que es de barro cocido y se sustenta sobre pilares de ladrillo entre los cuales circula aire caliente procedente del cuartito del horno (praefurnium) Este sistema de distribución de aire caliente entre las paredes y suelos de las termas a través de tuberías diseñado por el brillante ingeniero Cayo Sergio Orata se hizo muy popular entre los arquitectos romanos y se conoce como hipocausto. El horno calienta por igual el agua de la bañera del Caldarium, la “sauna” llamada entonces Laconicum y actúa como calefacción central en todo el edificio. Funcionaba realmente bien, calentando tanto el suelo que se alquilaban sandalias de madera para evitar pisar descalzo y quemarse.
En las grandes ciudades se incluía una gran bañera (Natatio) en la sala fría (Frigidarium), el equivalente nuestras piscinas exteriores, donde se realizaba el último baño frío reconstituyente después de sudar, exfoliar la piel con un instrumento afilado en forma de hoz (raedora) y masajearla con aceites aromáticos.

Natatio de las termas occidentales de Ilici (L’Alcudia d’Elx)

Como no, ya en tiempos del Imperio, el grado de atención popular a estos recintos se multiplicó y los arquitectos y diseñadores de estos espacios públicos tan demandados comenzaron a explotar los recursos termales de la madre naturaleza y vestirlos de mármol y pórfido. Es el caso de las termas de Bath, donde el manantial termal es utilizado para suministrar agua caliente y medicinal a la natatio.
La gran crisis del mundo clásico también afectó a las termas. Cuando el erario imperial de provincias se vació a causa de los graves problemas económicos que sacudieron el Imperio a partir de la segunda mitad del siglo III d.C., muchos edificios públicos fueron abandonados. Es el caso de las termas de Caesaraugusta (Zaragoza), otras fueron arrasadas durante las invasiones germánicas y no reconstruidas (Valentia) o sencillamente se consumieron tras el abandono total de la ciudad (Lucentum)


Natatio y Labra de las termas de Bath (Inglaterra)

Con los grandes megalómanos llegaron los grandes recintos. Trajano, Caracalla o Diocleciano levantaron verdaderos monumentos. Las termas pasaron de ser un pequeño baño de barrio para lavarse y conversar plácidamente entre conciudadanos a palacios fastuosos de piedras nobles, repletos de lujos, estatuaria, pasillos, cientos de esclavos, diferentes salas con todo tipo de baños, además de negocios anexos y complementarios para satisfacer todos los apetitos de los clientes; bibliotecas, tabernas y lupanares confluían en armonía en estos “spas” de la antigua Roma.
Conclusión: Las termas recogen el sabor del mundo antiguo. Abiertas desde mediodía hasta el anochecer, establecían turnos femeninos y masculinos (sólo se conocen algunas termas mixtas en la propia Roma) Se hacía más política en la quietud de aquellas bañeras que en las sillas de la Curia, y las damas se enteraban de todo que ocurría en su ciudad sólo asistiendo frecuentemente a los baños. A la salida de las termas siempre había algún establecimiento de comidas rápidas con el que aplacar el apetito… pero esa es otra costumbre que veremos el próximo día…

Colaboración de Gabriel Castelló.

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