Como su obvio nombre ordinal indica, desde tiempos de Rómulo así se conocía al séptimo mes del calendario romano.

Mes poco prolífico en actividades, estaba consagrado a Vulcano, dios del inframundo, el fuego y los metales. Se le representaba con su fragua y correspondía al Hefesto griego.

En las Kalendas del mes se rendía culto a Júpiter en su templo del Capitolio, solicitándole un invierno benigno y su intervención en el correcto germinar de las cosechas.

El día 3 se celebraba la Epidaura, una festividad en honor a Esculapio, Asclepio en griego, dios de la medicina. Era un rito importado del Mediterráneo oriental, básicamente desde la incorporación del mundo Egeo a la órbita romana. Los enfermos eran llevados al santuario de Esculapio, donde pernoctaban. Muchos de ellos veían en sueños al dios Esculapio afanado en sus curas. Algunos despertaban curados de sus males, quizá por la adormidera con leche que les daban los sacerdotes antes de acostarse o por simple y pura superstición. El símbolo del dios era la serpiente enroscada en la vara, nuestro actual símbolo farmacéutico.

La víspera de las nonas, el día 4, después de la vendimia y demás tareas agrícolas, comenzaban los Ludi Romani, las populares carreras de cuadrigas, uno de los grandes juegos del mundo romano en honor de Júpiter Óptimo Máximo. Pues que sea casualidad, pero la cantidad de festividades patronales que tienen lugar en estas mismas fechas aún hoy en día es notable en tierras valencianas.

En las nonas del mes comenzaban las Eleusinas, los misterios de Dionisos, el Baco romano; la noche del día 6 se realizaba el baño purificador y al día siguiente tenía lugar la ceremonia principal. Después de guardar ayuno todo el día, con la puesta de sol comenzaba el ritual místico. Los fieles acudían a la cámara sagrada del dios. Después de una copulación teatralizada entre la sacerdotisa y el hierofante, el sumo sacerdote, tras abandonar las tinieblas declamaban “La omnipotente ha parido al omnipotente”.

El ritual concluía con un brebaje sagrado, y probablemente psicotrópico, a base de cebada y poleo llamado ciceón. El compromiso de los iniciados exigía no revelar lo contemplado en el recinto sagrado. El día 10 se sacrificaba un toro y tenía lugar el pannychis, un gran banquete con música y danzas para concluir las celebraciones que se prolongaba hasta el amanecer. El emperador cristiano Teodosio I prohibió estas celebraciones en un decreto del año 392 durante su particular persecución del paganismo.

En los idus, el día 13, tenía lugar el gran banquete en honor a Júpiter enmarcado dentro de los Ludi Romani.

El 17 de Septiembre del 14 d.C. se le concedió a Augusto su divinidad… El princeps había nacido un día 23.

El día 20 se celebraba el nacimiento de Rómulo.

Con este mes concluye la revisión del calendario romano y su profusión de ceremonias religiosas. Hemos visto muchas curiosidades, ritos agrarios convertidos en festividades y adaptaciones cristianas de costumbres paganas muy arraigadas en el pueblo cuyo inicio se pierde en la noche de los tiempos. Espero que os haya gustado.

El próximo mes comenzaremos una nueva serie de artículos, ahondando más en la forma de vida de nuestros ancestros…

¿Cómo sería una visita a las termas?

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia

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