A caballo entre dos grandes imperios, romano e islámico, ocuparon la península durante tres siglos (414-711). No fueron, en contra de lo pensado, un pueblo especialmente cruento o violento si lo comparamos con sus antecesores o sucesores, bueno… les distinguía “su pasión por los regicidios” fácilmente comprensible por ser, la goda, una monarquía electiva y no hereditaria; por tanto, las luchas de poder entre las distintas facciones eran encarnizadas y solían terminar con algún rey muerto o, en el mejor de los casos, tonsurados – práctica que les impedía reinar -.

Como muestra, algunos ejemplos:

  • Ataúlfo, primer rey hispánico, fue asesinado por un esclavo llamado Dubius. Existen dudas sobre si fue inducido o pagado por una facción visigótica rival o por el emperador Honorio, hermano de Gala Placidia (secuestrada por Ataúlfo).
  • Sigerico, asesinado a los 7 días de su reinado por los seguidores de Walia, hermano de Ataúlfo.
  • Turismundo, estrangulado por sus hermanos Teodorico y Frederico.
  • Teodosio II, murió a manos de su hermano Eurico.
  • Amalarico, fue asesinado en una iglesia de Barcelona por los partidarios de Teudis.
  • Teudis, fue acuchillado por un loco pero todavía tuvo tiempo de salvarle la vida a su asesino – quizá tuvo remordimientos al recordar que el mismo había ordenado la muerte de Amalarico -.
  • Teudiselo, era asesinado tras emborracharlo en un banquete por la facción de Ágila.
  • Ágila, murió tras la guerra civil contra Atanagildo auxiliado por los bizantinos.
  • Liuva II, fue ejecutado por Witerico.
  • Witerico, envenenado en un banquete en Toledo.
  • Tulga, tuvo suerte y fue destronado sin derramamiento de sangre. Fue tonsurado tras narcotizarlo en un banquete.
  • Wamba, corrió la misma suerte que Tulga y se retiró a un monasterio.

Aunque seguramente habrá más casos escondidos tras “causas extrañas”, también hay reyes que fallecieron por causas naturales, e incluso a edad muy avanzada: Teodorico, Chindasvinto… Así que, ya sabemos de dónde viene esa larga lista de los reyes godos cuyo aprendizaje acarreó a muchos estudiantes – cuando se enseñaba en el colegio – quebraderos de cabeza.

Fuente: La aventura de los godos – Juan Antonio Cebrián

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