Antes de nada, me gustaría precisar un detalle de lo ocurrido en los campos nazis que, a menudo, damos por hecho y que nada tiene que ver con la realidad: la “supuesta” sumisión de los judíos durante el Holocausto (la Shoá, la catástrofe, para los judíos). Es lógico pensar que cuando todo está perdido y tus posibilidades de sobrevivir son escasas, uno sea capaz de cualquier cosa. De jugarse el todo por el todo sin pensar las consecuencias. Y así parece que tenía que haber sido en los campos de exterminio ante un destino tan probable como morir en una cámara de gas. De hecho, como decía al comienzo, parece que hay una opinión generalizada de que los judíos ante esa tesitura apenas se resistieron, incluso que adoptaron una actitud pasiva rayando la sumisión. Pues no fue así. Poniendo como ejemplo sólo el campo de Auschwitz, y sin contar los que huyeron en los trenes que los transportaban, se estima que desde que abrió sus puertas el 20 de mayo de 1940 hasta el 27 de enero de 1945, cuando fue liberado por los soviéticos, al menos 802 presos (757 hombres y 45 mujeres) intentaron escapar, lógicamente con resultados muy dispares. De hecho, un oficial de Auschwitz escribió en julio de 1940 una carta al comandante de las SS y de la policía en Wrocław quejándose de que “los prisioneros que logran escapar siempre pueden contar con toda la ayuda posible tan pronto como llegan a cualquier pueblo o granja polacos”. También habría que puntualizar que la mayoría de los judíos enviados a Auschwitz fueron asesinados inmediatamente después de su llegada, por lo que apenas tenían posibilidades de organizar la resistencia o elaborar planes de fuga masivos. Aún así, también hay casos de revueltas dentro de los campos, como el del Sonderkommando de Auschwitz en 1944.

¿Qué era el Sonderkommando?

Los Sonderkommandos (comandos especiales) eran unidades de trabajo formadas por hombres judíos seleccionados para trabajar en las cámaras de gas y en los crematorios en los campos de concentración nazis. Entre sus tareas estaba retirar los cadáveres de las cámaras, limpiarlas y prepararlas para el siguiente gaseamiento, llevar los cuerpos al crematorio y quemarlos. Asimismo, debían dispersar las cenizas en los lugares designados a este efecto. Se les mantenía separados del resto de los prisioneros, totalmente aislados, para que no pudieran dar detalles sobre lo que allí sucedía y no alertasen a los prisioneros que iban a ser exterminados. Gozaban del privilegio de una ración extra de comida y, ocasionalmente, bebidas alcohólicas. Estos hombres, desde el momento de su elección, estaban también condenados a muerte. Eran testigos directos y protagonistas involuntarios de lo que allí ocurría, por lo que los cambiaban a intervalos regulares, y el primer trabajo de los nuevos miembros del Sonderkommando generalmente era deshacerse de los cadáveres de los anteriores.

Ante las sospechas de que los miembros del Sonderkommando de Auschwitz iban a ser ejecutados, planificaron un levantamiento para fugarse. El plan contó con la colaboración de prisioneras que consiguieron sacar pólvora de contrabando de las fábricas cercanas. El 7 de octubre de 1944 los prisioneros del Sonderkommando se rebelaron, volaron el crematorio número IV y mataron a varios guardias de las SS. El levantamiento fue rápidamente reprimido por los guardias del campo y todos los miembros del Sonderkommando y las cuatro mujeres que habían colaborado fueron asesinados. Más de 450 personas murieron aquel día.  

¿Y quién fue Janina Nowak?

La primera mujer que consiguió escapar de Auschwitz.

Janina había nacido en Będów (Polonia) el 19 de agosto de 1917.  Como presa política fue enviada a Auschwitz el 12 de junio de 1942, donde sería registrada con el número #7615 y asignada a un kommando (grupos de trabajo formados por prisioneros). El kommando de Janina se encargaba de los campos de heno cercanos al río Sola.  El 24 de junio, mientras aventaba el heno para su secado, aprovechó la ocasión y se fugó.  Al conocerse la noticia de la evasión, los guardias registraron los alrededores del campo y del río, pero ni rastro. Las SS interrogaron a las 200 mujeres del kommando y tampoco nada. Incluso sabiendo que lo pagarían, todas callaron. Lógicamente, aquella fuga iba a tener consecuencias para el resto del kommando: les raparon el pelo, igual que hacía con las judías, y las enviaron al subcampo de Budy, a unos 6 km de Auschwitz, a trabajar en condiciones extremas y miserables.

Janina consiguió llegar a Lodz, muy cerca de su pueblo natal, donde permaneció escondida. A pesar de la ayuda de la población local, en marzo de 1943 fue capturada. El 8 de mayo de 1943 Janina era llevada de vuelta a Auschwitz y registrada con un nuevo número, el #31529. A los pocos meses la trasladaron a Ravensbrück y logró sobrevivir hasta la liberación del campo el 30 de abril de 1945. Desde aquel momento poco se sabe de ella. Tratando de olvidar el horror vivido y sufrido -si eso es posible-, nunca concedió entrevistas ni quiso participar en charlas con otros supervivientes del Holocausto. Falleció en 2007

Fuentes: Faces of Auschwitz, Sonderkommando, En el corazón del infierno
Con la colaboración de Edmundo Pérez.