En agosto de 1945, el presidente de los EEUU, Harry Truman, ordenaba un ataque nuclear contra Japón: el día 6 lanzaron Little Boy sobre Hiroshima y el 9 Fat Man sobre Nagasaki. El 15 de agosto, Japón anunciaba su rendición incondicional frente a los Aliados… la Segunda Guerra Mundial había terminado. Pero hubo un militar estadounidense que salvó la vida gracias a la bomba que cayó en Nagasaki… el teniente Marcus McDilda.

Little Boy

Little Boy

Los bombas atómicas fueron determinantes para que Japón tomase esa decisión pero durante varios meses otras muchas ciudades habían sido pasto de los bombardeos de los B-29 incluso después del lanzamiento de Little Boy. El día 7 de agosto, el teniente McDilda, piloto de un caza P-51 Mustang que volaba como escolta de los bombarderos, fue derribado. Lo llevaron a un centro de la policía militar japonesa (Kempeitai) en Osaka para interrogarlo. Los japoneses tenían especial interés en saber todo lo referente a la nueva arma utilizada en Hiroshima, la bomba atómica. Lógicamente, McDilda la única información que tenía era la que circulaba por la base aérea pero nada que pudiera interesar a los japoneses. Así que, negó una y otra vez que supiese algo. De las buenas palabras se pasó a los golpes y el teniente pensó que no saldría vivo de allí. Por la noche, entró un oficial de la Kempeitai en su celda y le puso una katana en la cara, le hizo un pequeño corte y cuando la sangre comenzó a caer sobre su uniforme…

Si no hablas, te cortaré el cuello.

McDilda decidió darse una oportunidad y si querían que hablase, lo haría. Tirando de lo que había oído por los mentideros del cuartel, de lo que había leído sobre la fisión nuclear y echándole mucha imaginación, les explicó el funcionamiento de la bomba atómica y, además, añadió que los EEUU tenía decenas de bombas de este tipo y que el próximo objetivo sería Tokio. Aquello hizo saltar todas las alarmas, lo pusieron en conocimiento del gobierno y se les ordenó que lo trasladasen a Tokio. Allí, volvió a ser interrogado por un científico que se había formado en los EEUU… lógicamente, descubrió que McDilda no tenía ni idea de lo que decía. Ambos rieron y el teniente se quedó esperando qué decidían hacer con él tras descubrir su engaño. Al día siguiente, los EEUU lanzaban Fat Man sobre Nagasaki. Esto hizo suponer a los japoneses que aunque el prisionero no tenía ni idea sobre la bomba atómica, sí parecía cierto que tenían más bombas atómicas. El resto de los 50 aviadores que estaban prisioneros con el teniente en Osaka habían sido ejecutados el 7 de agosto por la noche… la mentira de Marcus McDilda y el lanzamiento de la bomba le salvaron la vida.

Fat Man

Fat Man

Imágenes: Atomic Archive

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