Los atropellos y abusos de la nobleza han sido una constante a lo largo de la historia, pero ninguno llegó al extremo de Carlos de Borbón, conde de Charolais.

Este individuo, por llamarlo de alguna forma, tenía entre sus aficiones la de practicar la puntería con el mosquete, nada raro si no fuese porque lo hacía con los trabajadores y campesinos. Su poderoso padre, el Príncipe de Condé, intercedía ante el rey, Luis XV de Francia, para que su hijo no fuese castigado.

Luis XV

Pero llegó un día en el que, incluso para este miserable, fue excesivo: emborrachó a una de sus amantes, Madame de Saint Sulpice, la rocío con alcohol, le prendió fuego y permaneció junto a ella para ver cómo agonizaba. El pueblo se echó a la calle y pedía su cabeza. Carlos pidió perdón y amparo ante el rey y éste le dijo:

Os lo concedo, pero os advierto que en caso de reincidencia queda de antemano concedido el indulto para aquel que acabe con vos.

Fue el primer indulto concedido antes de cometer el delito.

Fuentes e imagen: Cierzo, Wikipedia, Aprender del pasado – José Manuel Pina

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