Cada 25 de abril se celebra en Australia y Nueva Zelanda el ANZAC Day, una festividad nacional en honor de los soldados de ANZAC, Australian and New Zeland Army Corps (Ejército de Australia y Nueva Zelanda), que lucharon en la batalla de Galípoli de 1915 contra el Imperio otomano durante la Primera Guerra Mundial, y cuya conmemoración en la actualidad se hace extensiva a todos los australianos y neozelandeses “que sirvieron y murieron en todas las guerras, conflictos y misiones de paz“.

La batalla de Galípoli, o batalla de los Dardanelos, tuvo lugar en la península turca de Galípoli en abril de 1915, durante la Primera Guerra Mundial. Tras los intensos bombardeos en febrero de 1915, se decidió un desembarco de las tropas aliadas (británicos, franceses, australianos y neozelandeses) en la península y, de esta forma, poder controlar el estrecho de los Dardanelos. La ofensiva estuvo mal preparada y el único elemento a su favor, el ataque sorpresa, no dio ningún resultado. Desembarcaron en un playa al pie de un terreno elevado donde estaban fortificadas las tropas turcas. Durante varios meses los soldados de uno y otro bando iban cayendo,  pero ni los aliados ganaban un palmo de terreno ni los turcos los conseguían echar. Estabilizado el frente, la única forma de hacer llegar suministros y munición a los miembros de la ANZAC, así como evacuar a los heridos y muertos, era vía marítima. Debido a lo distancia que los barcos debían recorrer para el aprovisionamiento y a la escasez de transportes con refrigeradores, era imposible enviar alimentos frescos y hubo que centrarse en productos no perecederos: comida enlatada, arroz, café, té… y galletas. Lógicamente, no servía cualquier galleta, había que buscar una receta que aportase la mayor cantidad de nutrientes y no fuese perecedera -se descartaron las que contenían huevo-. Así que, las mujeres australianas comenzaron a buscar viejas recetas que cumpliesen con esos requisitos, y dieron con una a base de avena, azúcar, harina, coco, mantequilla y melaza. Aquellas galletas, llamadas inicialmente  Soldiers’ Biscuits,  se convirtieron en un elemento más del equipo de campaña de la ANZAC, por lo que pasaron a denominarse ANZAC Biscuits.  El único problema es que eran realmente duras. De hecho, los soldados no se atrevían a hincarles el diente por miedo a perderlos y las comían tras sumergirlas en algún líquido para que se ablandasen o deshaciéndolas para tomar como gachas.

Postal pintada en una galleta ANZAC

En aquella ratonera de playa, en la que era harto difícil hacer llegar los suministros, había que tirar de imaginación para buscar sustitutivos a los productos que escaseaban, y uno de ellos era el papel. Así que, los soldados australianos y neozelandeses decidieron utilizar aquellas galletas, duras como piedras, a modo de lienzos y papel para escribir las cartas a sus seres queridos -del mismo modo que los sumerios utilizaron tablillas de barro, pero en este caso sin escritura cuneiforme-. Prueba de la resistencia de estas galletas, un siglo después, son las cartas, postales pintadas y hasta marcos con fotografías expuestas en el Australian War Memorial.

Hoy en día las ANZAC Biscuits se venden en tiendas y supermercados, y los beneficios que se obtienen se destinan a financiar organizaciones de veteranos de guerra.

Fuente e imágenes: Australian War Memorial