Edgar Allan Poe ha muerto. Murió anteayer en Baltimore. Esta noticia sorprenderá a muchos y unos pocos se apenarán

Este escueto epitafio que apareció en algunos periódicos americanos el 9 de octubre de 1847 para dar a conocer la muerte de Poe, el genio de los relatos cortos y misteriosos, ya daba que pensar entre todos aquellos que supieran y quisieran leer entre líneas.

Edgar Allan Poe (1809 – 1849) fue un niño abandonado por su padre, posteriormente huérfano y adoptado. Alistado en el ejército con identidad falsa y expulsado por no asistir a los oficios religiosos. Romántico y enamoradizo hasta la médula, lo mismo le daba la madre de un amigo, su prima de 13 años con la que llegó a casarse o la también poeta Frances Sargent Osgood. A pesar de la apariencia de que Poe rezumaba amor, no eran pocos los enemigos que se granjeó a lo largo de su vida. El peor y seguramente más dañino fue sin duda Rufus W. Griswold.

Griswold era un conocido crítico literario… famoso por sus mentiras y falsificaciones. Cuentan que entre su círculo de conocidos tenían el dicho ¿Es un Griswold o es verdad? En referencia a que mucho de lo suyo no era cierto. Este personaje congenió muy bien con Poe en un principio. Tanto es así que en una de sus antologías incluyó algunos de sus poemas. Edgar Allan Poe no hizo sino que enorgullecerse y agradecérselo, aunque cometió un gran error: echarle en cara el haberle añadido a la colección de poemas junto a otros escritores que a su juicio no lo merecían tanto. Fue a partir de aquí cuando entre ambos personajes surgió una rivalidad fratricida. Ambos se enamoraron de la ya citada poetisa Osgood, siendo la comidilla de la sociedad de la época. Además, eran constantes los dardos que se lanzaban en entrevistas y publicaciones.

Después de conseguir lo que Poe llevaba tanto tiempo persiguiendo, conseguir editar su propia revista llamada“Estilo”, el 27 de septiembre de 1847 se perdió su pista y no se volvió a saber nada de él hasta el 3 de octubre, cuando apareció en Baltimore en un estado deplorable: borracho, drogado, con ropa de otra talla, un sombrero de paja y sin su representativo bigote. Nada se sabe de la vida de Poe durante esa semana.

Tras cinco días ingresado en el Washington College Hospital de Baltimore, sufriendo los síntomas del delirium tremens y balbuceando nombres de personas ilocalizables, Poe fallece. ¿Causas? A primera vista rabia o un tumor cerebral fatídico. Ahondando un poco más, llegó a hablarse de un veneno proporcionado por unos sicarios que pudieron mezclárselo con el vino y provocarle la muerte. Y es que esta parte, tiene mucha enjundia.

Pervive en el imaginario popular un Poe tabernario, mendigando vasos de vino. Sin embargo, esto no forma parte sino de su leyenda negra alimentada por Griswold. Edgar Allan Poe tenía, al igual que una de sus hermanas, intolerancia al alcohol. Una sola copa podría dejarle en cama varios días. Por otro lado, era miembro de la organización conocida como “Hijos de la templanza”, precursores de la consiguiente Ley Seca en Estados Unidos.

Aunque Poe se sentía perseguido y amenazado durante los últimos meses de vida, al no tener pruebas nunca quiso decir de quién sospechaba. Eran muchos los enemigos que tenía y quizás alguno veía en su muerte una gran oportunidad.

Nada está claro en toda esta historia, pero un apunte final puede ayudarnos a sacar nuestras propias conclusiones. A partir del momento de su muerte, su archienemigo Ruffus W. Griswold se encargó, dejando totalmente al margen a los descendientes vivos de Poe, de publicar los epitafios en los periódicos, de escribir su biografía y manejar todas sus obras como albacea literario.

Colaboración de Marta Rodríguez Cuervo de Martonimos