El pasado 11 de septiembre se celebró, como todos los años desde 1886, la fiesta oficial de Cataluña, la Diada. En esta ocasión, y como todos los medios reconocieron, miles de catalanes inundaron las calles de Barcelona en una manifestación inequívocamente soberanista, mas que para honrar la resistencia catalana. Desde 1888 se realizan ofrendas florales en la estatua de Rafael Casanova, conseller en cap, el héroe de la resistencia contra la ofensiva borbónica en 1714.

No seré yo quien critique una medida – la manifestación – contemplada en la democracia siempre que, como en este caso, sea pacífica, lo que si me atreveré es a cuestionar que se utilice la Diada para reivindicaciones independentistas y sólo porque, los que lo hacen, no sé si saben el origen de este celebración.

En 1700, tras la muerte de Carlos II sin descendencia, las potencias europeas se disputan el trono español. Por un lado, Felipe de Anjou (casa de los Borbones) – con el apoyo de Francia – y por otro, el archiduque Carlos (casa de los Austrias, a la que pertenecí­a el rey muerto) – con la coalición formada por Austria, Inglaterra, Holanda, Saboya, Prusia y Portugal – . Comenzaba la Guerra de Sucesión en 1701. El miedo a la pérdida de libertad (fueros propios) y a la instauración del absolutismo borbónico (recordemos que Felipe de Anjou era nieto de Luis XIV, el rey Sol) hacen que los territorios de la Corona de Aragón apoyen al archiduque Carlos – mejor malo conocido que bueno por conocer -. Tras varios años de guerra, y circunstancias que no vienen al caso, en 1713 se firma la Tratado de Utrech en el que se reconoce a Felipe de Anjou (Felipe V) como rey de España y de las Indias y renuncia al trono de Francia – además todas las potencias implicadas pillaron cacho -.

Este triunfo implantó el absolutismo y los territorios que apoyaron al archiduque Carlos sufrieron las peores consecuencias. En los territorios de la Corona de Aragón (Aragón, Valencia , Cataluña y Mallorca) se suprimieron los fueros, las Cortes… en resumen, la organización polí­tico-administrativa. Entonces, ¿qué pasó en Barcelona el 11 de septiembre de 1714?.

Tras el Tratado de Utrech, Cataluña no reconoce al nuevo monarca. Con la renuncia del archiduque Carlos al trono de España, la única ví­a que queda a Barcelona (sola contra el Borbón) es la negociación. Felipe V, como medida de presión, enví­a el ejército, encabezado por James Fitz-James, sobre Barcelona. Tras el bloqueo marí­timo, y dos meses de asedio, el 11 de septiembre se ordenó el asalto a la ciudad; al dí­a siguiente capitulaba. La resistencia más que militar fue popular, el propio James Fitz-James harí­a referencia a la valentí­a y obstinación de los habitantes de Barcelona.

Rafael Casanova

Rafael Casanova, conseller en cap, era partidario de la negociación, pero las cosas se complicaron y cayó herido en el asalto – pero no murió como se rumoreó -. Posteriormente fue amnistiado y ejerció la abogací­a. Desde 1888, fecha en la que se inauguró la estuatua en su honor, se utiliza su figura como icono representativo de la resistencia catalana. Sus palabras arengando a la defensa de Barcelona dejan claro que nada tenía de independentista:

Señores, hijos y hermanos: hoy es el dí­a en que se han de acordar del valor y gloriosas acciones que en todos tiempos ha ejecutado nuestra nación. No diga la malicia o la envidia que no somos dignos de ser catalanes e hijos legí­timos de nuestros mayores. Por nosotros y por la nación española peleamos. Hoy es el dí­a de morir o vencer. Y no será la primera vez que con gloria inmortal fuera poblada de nuevo esta ciudad defendiendo su rey, la fe de su religión y sus privilegios.

La celebración del 11 de septiembre, al principio, sólo era un homenaje a la resitencia, el coraje y la valentí­a de los que defendieron la ciudad y las instituciones catalanas. Fue tras la celebración de 1977, la primera en democracia y en la que se congregaron más de un millón de personas, cuando se empieza a reinvindicar la recuperación de las instituciones y la parte de autogobierno perdidas a manos de Felipe V. Tras el Estado de las Autonomí­as, estas reivindicaciones fueron atendidas. Mi crítica, por llamarlo de alguna forma, es por utilizar esta fecha – la Diada – y la figura de Rafael Casanova para pedir la independencia.

Yo creo, humildemente, que una fecha más representativa para reivindicar la independencia sería el 6 de julio de 985. Almanzor arrasó la ciudad de Barcelona. Se perdió todo: casas, haciendas, cultivos, propiedades… y, sobre todo, muchas vidas. Multitud de catalanes fueron hechos esclavos y enviados a Al-Andalus. Esta fecha es más exacta para pedir la independencia porque a finales del siglo X el Condado de Barcelona, con Borrell II, era totalmente independiente. Posteriormente, con la boda de Ramón Bereguer IV y Petronila de Aragón, pasarí­a a formar parte de la Corona de Aragón.

Y para terminar, ya que Artur Mas va a presentar al resto de fuerzas políticas del parlamento catalán un borrador de resolución en el que propone consultar al pueblo de Cataluña sobre su soberanía, os dejo el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra del 7 de octubre de 1934. Espero que sirva para no repetir errores pasados… y me refiero a la reacción del Gobierno de la República.

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