Pues aunque muchos creen que sí­, la respuesta correcta es NO.

La ley islámica permití­a que los moros se casasen con cristianas, pero las moras no podí­an casarse con cristianos, bajo pena de muerte. Esto significa que las mujeres cristianas contribuyeron a la mezcla de razas y de sangre, pero el proceso inverso no se produjo, de manera que los cristianos no recibieron sangre musulmana.

Por otra parte, hay que añadir que la Reconquista, por parte de los cristianos, vací­a de población musulmana los territorios ganados. Tras la toma de Granada en 1492 por los Reyes Católicos, se expulsa a los judí­os y en 1502 se proclama el decreto de conversión forzosa (obligando a los musulmanes a convertirse o a abandonar la pení­nsula). Se pretende la unificación religiosa. Pero la mayorí­a de los moriscos (musulmanes convertidos al cristianismo) siguen manteniendo sus costumbres, lengua e incluso religión.

En 1570 Felipe II enví­a a su hermanastro Juan de Austria a sofocar una rebelión de los moriscos en las Alpujarras.

Durante varios años los moriscos de la pení­nsula ayudan a los piratas berberiscos y a los turcos, por lo que en 1609, siendo rey Felipe III, decretó la expulsión de los moriscos. Fue una gran pérdida económica, sobre todo para Aragón y el Levante, ya que muchos de ellos estaban asentados en estas zonas y dedicados a la agricultura.

¿De dónde procede, entonces, la población actual de Andalucí­a?

Pues, sencillamente, de los cristianos que repoblaron el sur: leoneses, castellanos, gallegos y aragoneses.  Y para dejarlo más claro, en palabras de maestros:

  • “Podréis vosotros, amigos andaluces, gozar de la autonomí­a polí­tica que ahora deseáis. Porque sois nietos de los conquistadores cristianos podréis vivir autónomos dentro de España”. Claudio Sánchez Albornoz
  • “La ilusión de que los andaluces desciendan de los moros no se sostiene más que en la fantasí­a de algunos pseudohistoriadores y de ciertos conversos al Islam que repudian sus nombres de pila Sebastián, José, Paquita, por Abderramán, Mohamed o Aixa”. Juan Eslava Galán

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