Aunque ya escribí­ un post referente a esta novela de mi paisano Sebastián Roa, fue una entrevista con el autor y sus comentarios de la novela. Ahora, después de leerla, voy a escribir mi reseña.

Esta reseña puede que no sea muy objetiva, ya que se mezclan los sentimientos con lo puramente literario, pero trataré de escribirla razonando por qué os aconsejo su lectura.

El hilo conductor de la novela no tiene nada oculto y es de sobras conocido, está basado en la leyenda (o historia) de los Amantes de Teruel (mi tierra). Diego de Marcilla tiene que partir para buscar fortuna y poder casarse con su amada Isabel de Segura. ésta le corresponde con su amor, pero su padre no cree que un segundón sea el mejor pretendiente para su hija, y menos cuando la pretende Pedro de Azagra, hermanastro del Señor de Albarrací­n. D. Pedro Segura le da un plazo de 5 años (1217) para amasar fortuna y entregarle a su hija. Diego de Marcilla parte en 1212 a cumplir su juramento.

Hasta aquí­ nada nuevo, por lo menos para mi.

La novela está contada en primera persona por Diego Marcilla y relata todas sus aventuras, durante el plazo de los cinco años, para conseguir la suficiente riqueza que le permitan desposar a Isabel. Acompañamos al turolense a las Navas de Tolosa, donde se une a la cruzada cristiana contra los almohades. Esta primera batalla no le dará la suficiente como para volver a casa, pero en ella demostrará su valor y tendrá sus primeros encontronazos con los sanguinarios ultramontanos. Seguirá con un grupo de paisanos y su amigo Esteban (leonés) por tierras de frontera luchando contra los almohades, hasta que tiene noticias de la partida de su rey, Pedro II de Aragón, hacia el Languedoc, donde perderá todo (y casi la vida). La última intentona la hace en Tierra Santa, donde se une a los fieros almogávares y amasa una gran fortuna dando escolta a las caravanas. Hay un punto en la novela donde nuestro héroe, con la fortuna suficiente, pone fecha de vuelta a Teruel, pero…

Sebastián me va a matar, estoy destripando la novela.

Seremos testigos directos de los acontecimientos de las Navas de Tolosa, de Muret, de San Juan de Acre, “conoceremos” a los crueles ultramontanos, al Papa “genocida” Inocencio, a los “salvajes” almogávares, al rey Pedro II de Aragón, a los musulmanes de la pení­nsula y de Jerusalén, a los piratas berberiscos, a los cátaros, etc.

Sebastián caracteriza a Diego como un héroe medieval, inteligente, noble y honesto con su amada – y su juramento-. Los caprichos del destino (o de la pluma de Sebas) harán que durante toda la novela haya un personaje responsable de todas sus desdichas (y de los que le rodean). Las alegrí­as son mí­nimas comparadas con las desgracias. Hay pasajes desgarradores en los que mientras lees crees que, en la siguiente página, Diego va a tirar la toalla, “hasta aquí­ hemos llegado”; pero no, sigue adelante incluso dejando algún corazón roto por el camino (otro motivo más de sufrimiento para Diego). Es un hombre de honor y de palabra, algo con tan poco valor ahora que si no está refrendado por una firma no vale. La Edad Media es un periodo de valores humanos y no de miserias humanas como actualmente.

Sabiendo el final, habí­a momentos, cuando faltaban pocas páginas, que pensaba que Sebas en un ataque de locura (u olvido) cambiarí­a el final y serí­a un “fueron felices y comieron perdices”. No hubo suerte, Sebas fue fiel a la leyenda hasta el final, tanto como Diego.

He sufrido con Diego, he golpeado la mesa (es verdad) en el único momento que la ira se apodera de él (justificadamente), en el libro la amistad se escribe con mayúsculas, he comprendido lo que es el honor, me he lanzado al galope junto a Diego sin temor a la muerte y casi muero por amor.

Seguramente todas las aventuras (o mejor dicho desventuras) de Diego durante esos cinco años están sólo en la cabeza del autor, pero para mi la historia de los Amantes de Teruel es la la historia del Caballero del Alba. Cuando dices que eres de Teruel, todo el mundo te pregunta por los Amantes del Teruel (y el jamón, Dinópolis, Albarrací­n, el mudéjar… y todaví­a hay mucho más) y yo les relato, a grandes rasgos, la leyenda pasando por alto el intervalo de esos cinco años. Puesto que las leyendas se nutren de la tradición oral y la costumbre, yo contaré la leyenda de los Amantes de Teruel incluyendo una maravillosa crónica de cinco años que un ermitaño (un tal Lacedemonia) le contó a mi tatatatatatarabuelo, y que relata la historia del Caballero del Alba.

Sebas, me quito el sombrero y sólo puedo decirte GRACIAS.

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