Abran paso, que aquí huele a naftalina recién ventilada y a traición de la buena. El pasado día 25, el Estado ha decidido que ya somos mayorcitos para saber que el 23-F no fue solo un guardia civil con bigote (ironías de la vida, fallecido el mismo día que se hicieron públicos los papeles) pegando tiros al techo, sino una cena de gala donde los cuchillos volaban por debajo del mantel. Con la liberación de los 153 legajos oficiales y los 89 legajos del Sumario 2/81, ya no hay espacio para la ciencia ficción, ahora tenemos un thriller de cloacas donde muchos se pusieron de perfil esperando a ver quién ganaba para ir a besar la mano correcta.
El «Muro» de Zarzuela: Las órdenes directas
Los papeles de Defensa confirman que el Rey no se limitó a esperar. Los cables muestran una actividad frenética desde el minuto uno para desactivar las capitanías.
El mensaje a Milans del Bosch: Existe una transcripción de un télex enviado a Valencia donde el Rey es tajante: «Cualquier golpe no podrá escudarse en el Rey; es contra el Rey. Juro que ni abdicaré ni abandonaré España. Quien se subleve está dispuesto a provocar una nueva guerra civil».
El veto a Armada: Se ha desclasificado el informe que detalla cómo el Rey dio la orden explícita de que el general Alfonso Armada no pusiera un pie en Zarzuela esa noche. El famoso «Armada no está ni se le espera» se confirma en espíritu: el Rey cortó el puente con su antiguo preceptor en cuanto olió que el «gobierno de concentración» era una trampa.
En los documentos que planificaban «golpes futuros» tras el fallo del 23-F, los conspiradores dejan por escrito su mayor arrepentimiento:
«Fue un error dejar al Borbón libre y tratar con él como si fuera un caballero. Es un objetivo a batir y anular».
Para los golpistas, el Rey no fue un cómplice que se echó atrás, sino el obstáculo que los traicionó. Lo veían como el enemigo número uno de su «salvación nacional».
¿Por qué tanta gente creía que el Rey estaba detrás? Los papeles de Interior y las escuchas a la familia de Tejero dan la respuesta:
Las transcripciones de las llamadas de la hija y la mujer de Tejero muestran que ellas estaban convencidas de que el Rey apoyaba la acción. ¿Por qué? Porque los cerebros del golpe (Armada y Milans) usaron el nombre del Rey como cebo para arrastrar a los oficiales indecisos.
Existe una nota donde Zarzuela contacta directamente con el Congreso para exigir a Tejero que deje de invocar el nombre de Su Majestad. La respuesta de Tejero fue de una obediencia ciega a Milans, ignorando la autoridad real.
El Gobierno que nunca fue: La «Lista de Armada»
La pieza más controvertida fue el papel del general Alfonso Armada, antiguo hombre de confianza del Rey, que intentó presentarse en el Congreso como posible solución política: un gobierno de concentración nacional que incluyera a partidos democráticos y militares (y que llevaba mecanografiado). No era una sugerencia; era un diseño listo para ser impuesto. Lo más fuerte es ver nombres que iban a estar allí (lo supieran ellos o no):
- Presidente: General Alfonso Armada.
- Vicepresidente Político: Felipe González (PSOE).
- Vicepresidente Económico: José Luis Álvarez (UCD).
- Ministros destacados: Manuel Fraga (Defensa), Gregorio Peces-Barba (Justicia), Javier Solana (Transportes), Ramón Tamames (Economía) y Enrique Múgica (Cultura).
El legajo 42 revela además los decretos que pensaban aprobar en la primera semana: suspensión inmediata de “eso” de las autonomías (recogidas en la Constitución de 1978: «el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones) y una «limpieza» ideológica de los medios de comunicación públicos.
Transcripciones del Surrealismo: Tejero en el Teléfono
Las escuchas desclasificadas de la centralita del Congreso y de los servicios de inteligencia captaron momentos de puro delirio que hoy podemos leer textualmente:
La logística del frío (02:45 AM): Cuando el golpe ya era un barco hundiéndose, Tejero le soltó a García Carrés una de esas frases que definen un país:«¿Pero cómo que aguante? ¿Tú te crees que aquí no aguantamos? ¡Leche! ¿Cómo vamos a salir con lo mal que se está fuera ahora de noche con el frío que hace?». Básicamente, el asalto al Congreso se prolongó porque fuera refrescaba.
«Juanillo, no me hagas propaganda»: En otra llamada, Tejero, agobiado porque veía que los tanques no llegaban, le pedía a García Carrés que dejara de calentarle la cabeza: «Juanillo, no me hagas propaganda, coño, dime la verdad de una vez». El cuñado que se huele que le están vendiendo la moto, pero ya tiene el dinero puesto en la mesa.
El portazo a Armada: El momento en que Tejero descubre que Armada quiere meter a socialistas en el gobierno es de chirigota pura: «¡A mí no me han traído aquí para hacerle la cama a los que nos están hundiendo! Si yo salgo de aquí, es para que manden los nuestros». El tipo se dio cuenta de que era el «tonto útil» del banquete.
Si lo de Tejero era de cuñado, lo de su mujer, Carmen Díez Pereira, es un festival de reproches y «verdades del barquero» que los audios desclasificados han sacado a la luz:
En las cintas se la oye clamar contra los altos mandos: «Me lo han dejao tirao como una colilla, al tonto desgraciao, lo han engañao esos generales de salón».
En una charla con una amiga, Carmen suelta la bilis: «¿Has visto qué asco de Ejército? Esto es para prender fuego al Ejército entero. Tanto amor a la Patria y mira cómo lo han dejao solo». La mujer que sabe que a su marido le va a caer la del pulpo mientras los «cerebros» se van de rositas.
La Trama Civil: El «Crowdfunding» y la Logística
El falangista Juan García Carrés, que fue dirigente del Sindicato Vertical franquista y único civil procesado pro el golpe, no fue un verso suelto. Los papeles de Interior revelan una red de financiación que nunca se sentó en el banquillo:
- El dinero de las «Damas»: Se confirma el uso de cuentas bancarias vinculadas a asociaciones de mujeres de militares para mover transferencias masivas de empresarios agrícolas andaluces y constructores madrileños. Era un fondo de resistencia para asegurar el futuro de las familias de los golpistas.
- Operación Enlace: Así se llamó a la colaboración con empresas de transporte privadas que facilitaron los autobuses de Valdemoro. No hubo requisa; fue una colaboración pactada con directivos que esperaban favores del nuevo régimen.
- La prensa ultra: Nombres como Antonio Izquierdo (director de El Alcázar) y Mariano Sánchez-Covisa (Guerrilleros de Cristo Rey) aparecen coordinando el clima de agitación previo.
La Inteligencia Traidora: SEA-2 y la Operación Diana
El Informe Jáudenes del CESID (ordenado el 31 de marzo de 1981 por el director interino, Narciso Carreras, al teniente coronel Juan Jáudenes sobre la conducta de algunos agentes del Cesid durante el golpe) es demoledor. Algunos espías no solo sabían que venía el golpe, sino que lo «tutelaron»:
- La Unidad SEA-2: El capitán Vicente Gómez Iglesias y sus hombres estaban en las puertas del Congreso con equipos de radio para asegurar que las comunicaciones de Tejero llegaran limpias a la División Acorazada Brunete.
- Operación Diana: El plan detallado del coronel San Martín para ocupar RTVE en Prado del Rey. Tenían preparadas marchas militares y una lista de periodistas «no afectos» para ser detenidos de inmediato.
Geopolítica del Cinismo: Cables de Exteriores
Mientras en el Congreso se mascaba la tragedia, en las cancillerías extranjeras se mascaba el cálculo frío. Los nuevos documentos revelan que el mundo no estaba conteniendo el aliento por nuestras libertades, sino echando cuentas.
- Washington y el «Tío Sam» mirando el reloj: En el cable 81MADRID01452 de la Embajada de EE. UU., Alexander Haig, entonces Secretario de Estado, soltó aquello de que era un «asunto interno». La orden fue no interferir mientras las bases de Rota, Morón, Torrejón y Zaragoza estuvieran seguras. Además, existe un informe de inteligencia adjunto al cable donde se analiza que la caída de Adolfo Suárez —a quien veían como un tipo errático y poco entusiasta con la OTAN— podría facilitar la integración plena de España en la Alianza Atlántica bajo un mando militar «más previsible».
- El Vaticano y la «Cruzada» contra el Divorcio: Si en Washington preocupaban los misiles, en la Santa Sede preocupaban las familias. Los cables de la Nunciatura y de la Embajada de España ante la Santa Sede revelan un alivio por el posible freno a la ley del divorcio. La Ley del Divorcio de Fernández Ordóñez estaba a punto de ser aprobada y la Iglesia española estaba en pie de guerra. Los documentos muestran que ciertos sectores de la Curia veían el «golpe de timón» de Armada como una intervención providencial para frenar la «deriva laica» de España. Para Roma, un gobierno de «orden y unidad» era el mal menor frente a una democracia que empezaba a deshacer los nudos del nacionalcatolicismo.
- El contraste de Bonn: Los cables desclasificados de la Embajada en la República Federal Alemana muestran que el gobierno de Helmut Schmidt fue el único que entró en pánico democrático real. Mientras Washington callaba, desde Bonn se enviaron mensajes urgentes advirtiendo que, si el golpe triunfaba, pedirían el aislamiento económico total de España en la Comunidad Económica Europea. Los alemanes, que aún tenían fresca la memoria de lo que ocurre cuando los militares toman el mando, fueron los únicos que no sacaron la calculadora de intereses.
- La CIA y los «Amigos» de la Brunete: Entre los papeles de Exteriores aparece una nota de enlace sobre informes de la CIA que monitorizaban los movimientos en la División Acorazada Brunete semanas antes del golpe. El dato es demoledor: la inteligencia estadounidense sabía que algo se cocinaba y decidió «dejar hacer» para ver si el resultado final era un gobierno más dócil a sus intereses estratégicos.
En resumen: Para los grandes poderes de 1981, la democracia española era un experimento prescindible. Éramos el flanco sur de la OTAN, un portaaviones en el Mediterráneo y un país de moral católica; si para mantener eso hacía falta un general en la Moncloa, a casi todos les parecía un precio razonable.
Y terminamos con algo de casquería . Los audios del sumario revelan la verdadera cara de los protagonistas:
- Milans del Bosch y su «pachorra»: En una grabación inédita de la Capitanía de Valencia, se oye a Milans decir a un subordinado a las 20:00h: «Diles a los chavales que saquen los Centurión (tanques) a dar una vuelta. Que se note que hoy el aire de Valencia es nuestro. Si Madrid no despierta, nosotros ya hemos desayunado». Una soberbia que hoy, escuchada con su voz quebrada, suena a pura psicopatía militar.
- El «Salseo» del Bar del Congreso: Un informe policial de la mañana del 24 revela que, tras la rendición, se encontraron en el bar del Congreso botellas de whisky y ginebra vaciadas en tiempo récord. No solo bebían los guardias; algunos de los «secuestrados» de segunda fila parecen haber buscado consuelo en el mueble bar mientras los diputados estaban bajo los escaños.
- La «Zarpa» y el Elefante: En los audios de la cafetería del Congreso (sí, había micrófonos de ambiente), se oye a un oficial de la Guardia Civil preguntar: «¿Y el Elefante? ¿Dónde está el Elefante?». La respuesta de otro oficial es una carcajada: «El Elefante está esperando a que el Rey le limpie los colmillos». Una frase que hoy pone los pelos de punta por lo que implica sobre la percepción que tenían los golpistas del apoyo real.
- Los «Dudosos» de las Provincias: Los informes de Interior detallan que varios gobernadores civiles llamaron a Madrid… ¡para preguntar a qué hora debían ponerse el uniforme de la Falange! Hay nombres de gobernadores de provincias castellanas que, a las 22:00h, estaban buscando sus camisas azules en el trastero «por si acaso»
El Muro del Supremo: Lo que aún falta
Aunque hoy tenemos estos 153 documentos, hay que ser honestos: el Sumario 2/81 del Tribunal Supremo (13.000 folios) sigue blindado en sus partes más críticas. Tenemos la logística, tenemos los insultos de los audios, pero las declaraciones a puerta cerrada donde Armada menciona qué se habló exactamente en Zarzuela en los días previos siguen bajo llave.
El 23-F fue uno de los mayores «marronazos» de la historia de España. Un golpe diseñado por señores de traje y corbata, ejecutado por señores de bigote y fusil, y financiado por señores con cuentas en Suiza. Tejero fue el payaso de la bofetada en una función de circo donde el resto de los actores ya estaban repartiéndose los camerinos.


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