Hollywood nos planta a un lagarto radiactivo de 130 metros (o algo así) frente a un mono gigante con mala uva, y nosotros, pobres ignorantes, pagamos la entrada esperando ver cómo se demuelen ciudades. Pues vamos a entrar al juego y ver quién ganaría en un duelo entre estos titanes. Eso sí, sin especulaciones ni ciencia ficción. Ciencia pura y dura: la ley del Cuadrado-Cubo, formulada originalmente por el físico Galileo Galilei en su obra Discursos y demostraciones matemáticas en torno a dos nuevas ciencias (1638), que establece una barrera física insuperable que impide la existencia de criaturas colosales. Este principio matemático explica que, mientras la superficie de un objeto crece según el cuadrado de su tamaño, su volumen lo hace según el cubo del mismo. En cristiano: si haces a un bicho diez veces más grande, su fuerza se multiplica por cien, pero su peso… ¡ay, amigo!, su peso se multiplica por mil.
1.- El Lagarto Atómico
Godzilla es el primero en la lista de «imposibles». Con sus 100.000 toneladas, este bicho no podría ni salir del agua. De hecho, para soportar ese peso sus fémures tendrían que aguantar un estrés 92 veces superior al de un reptil normal. Antes de que pudiera soltar su famoso «aliento atómico», sus patas estallarían como palillos de dientes. ¿Y qué hay de su corazón? Pues que para bombear sangre hasta una cabeza situada a la altura de un rascacielos, la presión necesaria reventaría cualquier arteria biológica. Godzilla no moriría por un misil, moriría de un ictus fulminante al primer latido.
2.- El Simio Rey
Si Godzilla lo tiene difícil, Kong lo tiene peor por ser un primate. Los mamíferos no estamos diseñados para estas escalas de ciencia ficción. Kong es una mole de músculo y pelo. Los animales generamos calor por volumen, pero lo soltamos por la piel. Al ser tan grande, Kong tiene muchísimo volumen y «poca» piel. ¿El resultado? El pobre simio se cocinaría vivo por dentro solo por estar vivo. Un par de saltos por Nueva York y entraría en combustión espontánea. Vamos a ser generosos y pensar que «aguanta» uno de esos saltos de película. Pues tampoco iría muy lejos, porque la energía del impacto al caer desintegraría sus rodillas. No habría cartílago en el universo capaz de absorber ese golpe.
Presentados los participantes en este particular combate, ¿quién ganaría? Para empezar (y terminar), la lucha duraría exactamente tres segundos:
- Segundo 1: Ambos intentan ponerse en pie.
- Segundo 2: Se oye un crujido de huesos que se escucha hasta en Marte.
- Segundo 3: Los dos colapsan sobre sí mismos, convertidos en dos montañas de carne y pelo incapaces de mover un dedo.
Por tanto, podemos concluir que la victoria es para la Gravedad, que es la única que nunca pierde.
Así que, disfruten de las películas y piensen en lo sabia que es la naturaleza que no permite que los matones crezcan por encima de sus posibilidades.

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