Los alemanes Max von Laue y James Franck recibieron el premio Nobel de Física en 1914 y 1925 respectivamente. Von Laue era un reconocido opositor del nazismo y Franck era judío; así que, ante la posibilidad de que las medallas de oro del premio Nobel llegasen a manos de los nazis, las enviaron al laboratorio de Niels Bohr (premio Nobel de Física en 1922) en Copenhague para que las guardase hasta que terminase la guerra. Llegados a este punto, hay que recordar que para el régimen nazi era delito exportar oro y los medallas eran de oro de 23 kilates.
Lamentablemente, en 1940 los nazis invadieron Dinamarca. Niels Bohr sabía que recibiría una “visita” de los nazis ya que su laboratorio se había convertido en un refugio para los físicos judíos. Además, si encontraban las medallas de Max von Laue y James Franck, al estar grabados sus nombres en ellas, serían acusados de sacar oro de Alemania. Debía esconderlas… ¿dónde? La primera opción fue enterrarlas pero la desechó. Al final, con la ayuda del químico húngaro George de Hevesy (premio Nobel de Química en 1943) decidieron disolverlas.
Tampoco era fácil, pues uno de los pocos reactivos capaces de disolver el oro y el platino es el agua regia (es una solución altamente corrosiva, de color amarillo, formada por la mezcla de ácido nítrico concentrado y ácido clorhídrico concentrado generalmente en la proporción de una en tres partes). Así lo hicieron y cuando llegaron los nazis, para registrar el laboratorio, las medallas estaban disueltas en una probeta… las tuvieron en sus narices.
Hevesy se vio obligado a huir a Estocolmo en 1943; cuando la guerra terminó regresó a su laboratorio y encontró la probeta en la estantería donde la había dejado. Recuperó el oro y lo envió a la Academia Sueca. El Comité del Premio Nobel volvió a fundir nuevas medallas, con el oro original, y se las entregó a sus legítimos propietarios.
La medalla del Nobel de Niels Bohr se había subastado el 12 de marzo de 1940 para recaudar dinero para el Finnish Relief (Alivio Finés). La oferta ganadora fue anónima, pero más tarde, el Sr. Anónimo entregó la medalla de Bohr al Museo Histórico de Fredriksborg danés, donde se puede ver hoy en día.
Gracias por la idea a @JMNoticias
Fuentes e imágenes: Berlingske, Crescentok, NPR, Diario Vasco,
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