Imagínate que aparece una grieta en un puente, en un túnel o en la pared de tu casa… y que nadie tiene que venir a arreglarla. No hay obreros, no hay ruido, no hay factura. Solo pasa el tiempo, cae un poco de agua… y la grieta desaparece. Como si el material tuviera vida propia y dijese «mejor me apaño yo antes de tener que soportar a estos obreros que ensucian todo, hacen ruido, no terminan en fecha y luego emiten factura«. Así que, me apaño yo. Pues aunque no lo parezca, no es ciencia ficción. Al lío.
En los últimos años, varios equipos de investigación europeos han desarrollado lo que suena a titular de película barata pero es pura ingeniería: hormigón con bacterias. La idea, explicada para tipos como nosotros, pierde magia pero es algo así: se introducen en la mezcla unas bacterias capaces de sobrevivir en condiciones extremas, acompañadas de su alimento, todo ello encapsulado para que no moleste mientras el material está sano. Y ahí se quedan, dormidas, como quien guarda una caja de herramientas para una emergencia que quizá nunca llegue. Pero… llega. Porque el hormigón, por muy moderno que sea, se agrieta. Siempre. Da igual que sea un rascacielos o una acera. Las tensiones, los cambios de temperatura, el paso del tiempo… todo acaba pasando factura. Y en cuanto aparece una fisura, el agua encuentra el camino. Es entonces cuando empieza el verdadero problema: corrosión, debilitamiento, mantenimiento… dinero que se va por una grieta cada vez más grande. Y aquí es donde entra en escena ese pequeño ejército invisible. Cuando el agua penetra en la fisura, despierta a las bacterias. Se activan, se alimentan y, como quien no quiere la cosa, producen carbonato cálcico. Es decir, piedra. Esa piedra se deposita dentro de la grieta y la va sellando poco a poco, como si alguien estuviera rellenando la herida desde dentro con una paciencia infinita. No es una reparación milagrosa ni instantánea, pero sí lo bastante eficaz como para detener el deterioro antes de que sea irreversible.
Uno escucha esto y piensa: ahora sí, ahora hemos dado con algo verdaderamente nuevo. Hormigón que se repara solo. Materiales inteligentes. El futuro… Y entonces aparece Roma y te da un golpecito en el hombro: «perdona, hace dos mil años, sin bacterias y sin microscopios ya lo hicimos nosotros«.
Pongamos el caso del Panteón. Una cúpula de más de 40 metros de diámetro, levantada en el siglo II bajo el mandato de Adriano, sigue en pie con una tranquilidad que roza la chulería. No tiene acero oculto, no tiene refuerzos modernos, no ha pasado por quirófano estructural cada veinte años. Simplemente… aguanta. Durante mucho tiempo se pensó que el secreto estaba en la mezcla: cal, agua y ceniza volcánica. La famosa puzolana. Y sí, eso es parte de la historia. Pero no toda. Porque cuando los científicos modernos empezaron a analizar ese hormigón con lupa, se fijaron en algo que durante siglos había pasado por defecto: pequeños fragmentos blancos dispersos por la masa, como si alguien hubiera mezclado mal los ingredientes. Y no, no era una chapuza. Esos fragmentos eran trozos de cal viva introducidos a propósito: cuando el hormigón se agrieta y el agua se cuela por la fisura, esos fragmentos reaccionan. Se hidratan, liberan calcio y acaban formando carbonato cálcico que rellena la grieta. Exactamente el mismo resultado que hoy buscamos con bacterias… pero conseguido únicamente con química y tiempo.
Roma no tenía prisa. Y eso, en construcción, es medio milagro, porque mientras hoy diseñamos materiales para cumplir plazos y costes, ellos diseñaban para durar generaciones. Y en ese empeño, dieron con soluciones que no solo resistían el paso del tiempo, sino que reaccionaban ante él.
Creemos que avanzar es dejar atrás el pasado, pero a veces avanzar es exactamente lo contrario: volver sobre nuestros pasos, mirar con atención… y reconocer que alguien, hace dos mil años, ya había entendido el problema mejor que nosotros.

[…] Full reading at Historias de la Historia 2298 ♥ […]
Dentro de 50 años la generación post-humana probablemente dirá “el hormigón nos está matando”