Publio Virgilio Marón (70 a. C. – 19 a. C.), Virgilio, fue un poeta romano, conocido por ser el autor de la Eneida.

Se cuenta que Virgilio preparó un funeral a su mascota digno de emperadores… Su “mascota”, según él, era una mosca. La ceremonia se celebró en su mansión, amenizada por músicos, a la que fueron invitados los personalidades más relevantes como Cayo Mecenas, su protector, se despacharon los mejores vinos y las viandas más exquisitas, y fue enterrada en un mausoleo construido para tal fin en sus tierras. Todo este derroche supuso más de 800.000 sestercios para los bolsillos del apesadumbrado Virgilo. ¡Vaya disparate!

Nada más lejos de la realidad. Eran los tiempos del Segundo Triunvirato en la república de Roma, una alianza por cinco años realizada entre Marco Antonio, César Octaviano y Marco Emilio Lépido, tras el vacío de poder originado por el asesinato de Julio César. Llegó a oídos de Virgilio que el Triunvirato pretendía promulgar un decreto por el que se expropiarían las tierras de los terratenientes y repartirlas entre los soldados “jubilados”. De este decreto se excluirían los terrenos en los que hubiera tumbas al considerarlos sagrados.

Con esta pequeña artimaña las tierras de Virgilio se libraron de la expropiación.

Fuente: El libro de los hechos insólitos – Gregorio Duval

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