Corría el el 10 de julio de 1856 en Croacia (realmente en más sitios) y veía los primeros rayos de luz solar Nikola Tesla.

Curiosamente, y tal vez como presagio de su destino como ingeniero eléctrico, nació tras dar su madre a luz.

Como comentamos, estudió ingeniería eléctrica en la universidad de Praga, logrando unas discretas notas, pues su principal ocupación en esos tiempos fue el conocimiento y manejo del juego del Mus, como buen universitario.

Tras trasladarse a París, Francia, Europa, comenzó a trabajar como ‘chispas’ en una de las franquicias de Thomas Edison, concretamente en McEddie, en la calle Sobona número 23.

Asqueado de sufrir las penalidades de un mileurista y harto  de hacer horas extras (aunque cobraba por ellas, mediante una ETT), decide trasladarse en autostop a New York. Desgraciadamente, al llegar a Finisterre se vió obligado a abandonar este método de transporte y buscar otras formas de cruzar ‘el charco’.

Llegado a New York, tras casi tres horas y media de viaje, parando para tomar un café, se instala en el que será el laboratorio donde Nikola hará historia.

Pese a ser un personaje realmente vilipendiado por los libros más ortodoxos, Nikola arrastra consigo un cargamento de inventos que, por su dejadez y poca amistad hacia el papeleo y la burocracia, en pocos patentó.

Nikola, en su laboratorio, logra el gran hito de construir el motor de inducción de corriente alterna (hoy masivamente utilizado) y a su vez logra la primera transmisión electromagnética sin cables, antes que el afamado Marconi. Estos dos adelantos sí son patentados y reconocidos (en el caso de la transmisión tras litigios con Marconi) como de su autoría, sin embargo, como comentábamos, Marconi se ha llevado los honores.

Con los avances de Nikola, en 1893 se construye en las catarátas del Niágara la primera central hidroélectrica del país, alimentando de electricidad a toda la ciudad de Búfalo. Este hecho hace de Nikola Tesla el padre de la industria eléctrica.

Sin ningún sentido, tras su muerte, el Gobierno de Estados Unidos incautó todos los documentos encontrados en el laboratorio de Nikola. Hoy en día esos documentos no han sido desclasificados. Las teorías más conspiranoicas hablan de extrañas máquinas eléctricas capaces de controlar la meteorología de una extensa zona. E incluso de una sandwichera eléctrica capaz de untar las tostadas por sí misma. Estas máquinas (salvo la sandwichera) estaban ideadas para utilizar las capacidades de la Ionosfera como transmisora de electricidad en forma de ondas a cualquier lugar.

Sus últimos años los vivió como una persona uraña, totalmente obsesionada con la existencia de vida extraterrestre. Una persona desolada. Una de las mentes más brillantes de la historia de la humanidad, castigada precisamente por esa historia.

Una mente que amaneció muerta en Central Park al lado de una bolsa de migas de pan y un montón de palomas.

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