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El baby farming, un negocio legal que derivó en el asesinato de bebés

03 abr
3 abril 2013

Nos trasladamos a la época victoriana, más o menos coincidente con el reinado de la reina Victoria I del Reino Unido (1837-1901), que se caracterizó por el enorme desarrollo económico producto de la llamada Revolución Industrial y la expansión del Imperio colonial británico. Estos significativos cambios a nivel social, económico y tecnológico consolidaron al Reino Unido como la primera potencia de su época. A pesar de estos cambios, la sociedad victoriana se seguía rigiendo por los principios puritanos: vida discreta y ordenada, austeridad económica, metodismo religioso y conservadurismo político. El libro de cabecera de los puritanos era el Libro de etiqueta de lady Gough -una especie de manual del perfecto puritano- llegando a extremos tan absurdos como el de aconsejar no mezclar en una misma estantería los libros escritos por hombres y mujeres… sólo podían estar juntos si los autores estaban casados.

Lógicamente, y en medio de esta sociedad puritana y moralista, un hijo fuera del matrimonio era un estigma que marcaría a madre e hijo durante toda la vida. Así que, se instituyeron y legalizaron en el Reino Unido y sus colonias las Baby farming. Era una especie de institución, regida por particulares, donde los hijos nacidos fuera del matrimonio, o los de madres solteras e incluso los de prostitutas podían colocarlos y seguir sus vidas -ojos que no ven, corazón que no siente-. Sin ningún tipo de preguntas, las mujeres en estas situaciones podían entregar sus bebés en acogida en estos negocios -porque para sus regentes era un negocio- por una cantidad periódica (unos cinco chelines al mes) y poder recuperarlos en el futuro o hacer un único pago (unas 10 libras) para que los granjeros -porque actuaban como auténticos criadores de ganado- los diesen en adopción. Las adopciones se tramitaban mediante anuncios en los periódicos y en un trámite muy rápido los mediadores colocaban a los niños… y volvían a cobrar de los padres adoptivos. Un negocio en toda regla. Algunas madres -y digo madres sólo por el hecho de que parieron a sus hijos- optaron por la vía más rápida y económica… el abandono o el asesinato de sus bebés. De hecho, la primera persona ajusticiada en el siglo XX en Inglaterra fue Louise Josephine Masset por asesinar a su hijo.

Amelia Dyer

Amelia Dyer

Una de las regentes de este tipo de establecimientos fue Amelia Dyer. Amelia era una joven inglesa que tras el fallecimiento de sus padres se fue a vivir con una tía y comenzó a trabajar como enfermera. Al poco tiempo, y aunque ella sólo tenía 24 años, se casó con George Thomas de 59 años (ambos mintieron en su edad en el certificado de matrimonio). En el hospital se enteró de la existencia de este tipo de lucrativos negocios y se decidió a montar uno en su propia casa. Su posición acomodada y el hecho de ser enfermera, le sirvieron para conseguir bebés con los primero anuncios que puso en el periódico. Aunque ella prefería los bebés con pago único y posterior adopción con otro pago, la mayoría de los bebés que le llegaron fueron en acogida y pagos periódicos; aquello suponía una casa llena de niños a los que había que alimentar y cuidar. Era demasiado trabajo… dejó de alimentarlos y para tenerlos tranquilos les administraba el jarabe de la señorita Winslows -una especie de Apiretal o Dalsy de la época con la diferencia de que áquel contenía sulfato de morfina, cloroformo y heroína-. Lógicamente, muchos niños enfermaron y murieron. Gracias a las sospechas y la denuncia de un médico que certificó la muerte de varios niños, en 1879 fue detenida y condenada a seis meses de reclusión… no por homicidio sino por negligencia.

Winslows

Tras cumplir la sentencia, se mudó de Bristol a Caversham, comenzó a utilizar alias como Sra. Harding o Sra. Smith… y volvió al negocio con su hija Mary Ann (conocida como Polly) y Arthur Palmer. Ahora sólo aceptaría pagos únicos para adopción, nada de pagos periódicos en acogida. Tras recibir el pago de 10 libras y el bebé, se deshacía de éste estrangulándolo con una cinta blanca hasta asfixiarlo. Y, claro está, sin certificado médico de defunción… hacía paquetes y los arrojaba al río Támesis. En 1896, uno de esos paquetes fue encontrado por un barquero con los restos de un niño y lo denunció a la policía. Al poco tiempo apareció otro paquete y con las evidencias encontradas entre los cuerpos de los bebés llevaron a la policía hasta la Sra. Harding o Sra. Smith… Amelia Dyer. Cuando entraron en la casa, todo apuntaba a que allí se habían producido un asesinato en masa: cartillas de vacunación, un rollo de cinta blanca, ropa de bebés, recortes de anuncios en periódicos… y, sobre todo, un fuerte hedor a carne putrefacta proveniente de la despensa de la cocina. Antes las evidencias, Amelia confesó…

Reconocerán a los míos por una cinta blanca alrededor del cuello.

Durante sus tres semanas en la celda de los condenados, llenó cinco libros con su “última confesión, verdadera y única” en la que admitía toda su culpa exonerando a su hija y su yerno. El 10 de junio de 1896, con 57 años, era ahorcada en la prisión de Newgate. Aunque ni mucho menos se encontraron todos los cuerpos, pero por las pruebas encontradas y los 30 años ejerciendo esta miserable profesión, se calcula que pudo haber asesinado entre 300 y 400 niños.

Lamentablemente, no fue la única condenada por este tipo de prácticas -infanticidios-, en el Reino Unido seis granjeros más fueron ahorcados entre 1870 y 1909. También es muy conocido el caso de la neozelandesa Williamina Dean (conocida como la Bruja de Southland), la única mujer ejecutada en Nueva Zelanda, también por infanticidio como granjera. Posteriormente, las leyes de adopción se hicieron más estrictas, dando a las autoridades locales la facultad de vigilar las granjas de bebés con la esperanza de acabar con aquellas prácticas. A pesar de esto, el tráfico y el abuso de los niños no se detuvo. Dos años después de la ejecución de Dyer, los trabajadores ferroviarios encontraron un paquete abandonado en un vagón en el que encontraron una niña de menos de un mes aún con vida. Era el bebé de una viuda llamada Jane Hill que lo había entregado a una tal señora Stewart por 12 libras. Se cuenta que la misteriosa Sra. Stewart era Polly, la hija de Amelia. Nada se pudo probar… .

Fuentes e imágenes: The Independent, Daily Mail, Baby farming

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La Irlanda sometida nunca estará en paz

19 mar
19 marzo 2013

En 1858, James Stephens, Thomas Clarke, John O´leary y Charles Kickham fundaron en Dublín la Hermandad Republicana Irlandesa, una organización secreta que combatía la ocupación británica. Paralelamente, se creó al mismo tiempo una rama americana en EE UU bajo el nombre de Hermandad Feniana, los fenianos, cuyo único fin era recaudar fondos entre la numerosa colonia irlandesa pero que llegado el momento, y actuando por su cuenta, intentaron invadir la Columbia Británica, hoy Canadá. Cuando en 1915 falleció Jeremías O’Donovan, uno de los fenianos de EEUU, su viuda quiso complacer su último deseo… ser enterrado en su Irlanda natal. A través de la Hermandad se financió la repatriación del cuerpo y fue enterrado en el cementerio de Glasnevin (Dublín).

Durante el entierro uno de los miembros de la Hermandad, el poeta y escritor Patrick Pearse, pronunció un discurso ante más de 70.000 personas que terminaba así…

La vida surge de la muerte, y de las tumbas de los patriotas surgen las naciones. Ellos piensan que han pacificado Irlanda. Ellos piensan que han comprado a la mitad de nosotros e intimidado al resto. La Irlanda sometida nunca estará en paz.

Un año más tarde, 24 de abril 1916, se inició el levantamiento irlandés, el Alzamiento de Pascua, y Patrick Pearse fue proclamado Presidente del Gobierno Provisional de la República de Irlanda. Fueron cinco efímeros días de libertad que el ejército británico reprimió con dureza. El 3 de mayo, Patrick Pearse, como cabecilla de la revuelta, y otros 14 hombres más fueron ejecutados.

Patrick Pearse

Patrick Pearse

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La foto más famosa de Winston Churchill y el puro de la discordia

10 mar
10 marzo 2013

Yousuf Karsh (1908-2002) fue un fotógrafo canadiense de origen armenio. Nació en Mardin (Turquía) pero cuando tenía 14 años tuvo que huir a Siria, y más tarde a Canadá, huyendo de la persecución que sufrieron los armenios en Turquía. Ya en Canadá,  se instaló con un tío suyo que era fotógrafo y del que aprendió el oficio. Años más tarde, montó su propio negocio en Ottawa, cerca de la sede del Parlamento canadiense. Tuvo la suerte de que Mackenzie King, el Primer Ministro, entrase en su negocio para encargarle unas fotos familiares. Quedó tan impresionado por su trabajo que lo contrató para fotografiar a los dignatarios extranjeros que visitasen el Parlamento.

Karsh

En 1941, con motivo de la visita de Winston Churchill al Parlamento canadiense para dar un discurso, Karsh instaló la cámara y el equipo de iluminación en una pequeña habitación habilitada para fotografiar al político inglés. Cuando Churchill terminó, le invitaron a pasar a la habitación para hacerle la fotografía, cosa que disgustó al dignatario inglés porque no había sido informado. A regañadientes, accedió y pasó al improvisado estudio.

Tiene dos minutos. Y eso es todo, dos minutos.

Karsh le indicó dónde debía situarse y preparó la iluminación. Cuando se dirigía hacia la cámara, Churchill se encendió uno de sus famosos puros. Karsh le pidió que lo apagase y sólo obtuvo un no por respuesta. Se armó de valor, se acercó a él y le quitó el puro de la boca. Karsh se dio la vuelta y sintió los ojos Churchill clavados en su nuca… en ese momento pulsó el disparador que llevaba en la mano.

Churchill-Karsh

Mosqueo, indignación, sorpresa… Se hizo el silencio… Hasta que Churchill, sonriendo, se acercó a Karsh le dio la mano y le dijo:

Puede hacerme otra. Usted podría hacer que un león rugiendo posase para un foto.

Churchill-Karsh1

Esta segunda foto, en la que Churchill se muestra sonriente, pasó sin pena ni gloria; pero la primera, portada incluso de la revista LIFE, es una de las más famosas de la historia. En 1967, Karsh fue nombrado miembro de la Orden de Canadá (la orden civil de mayor rango). De las 100 personas más influyentes del siglo, según la elección de International Who’s Who en el año 2000, Karsh había fotografiado 51.

Fuentes e imágenes: Iconic Photos, Petapixel, Karsh

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Lady Juliana, de barco de convictas a burdel flotante

29 ene
29 enero 2013

Con 800.000 personas en el siglo XVIII, Londres era la ciudad más grande de Europa donde se podían encontrar las mayores fortunas del Imperio británico y los barrios más míseros en los que indigentes, raterillos, prostitutas… simplemente sobrevivían. Los delitos contra la propiedad -la maldita costumbre que tienen los pobres de comer todos los días- eran los más frecuentes en una sociedad marcada por las grandes diferencias sociales. La amenaza de las penas de muerte impuestas bajo el Bloody Code (Código Sangriento), llamado así por la gran cantidad de delitos castigados con la pena de muerte (se pasó de 50 delitos en 1688 a más 220 a finales del XVIII), tampoco hizo disminuir el número de robos. Las cárceles estaban desbordadas y había que buscar una solución… La revolución americana, y la posterior independencia de los EEUU, paralizó el envío de convictos, así que la única manera de aliviar el problema de hacinamiento de las cárceles era establecer una colonia penal en la tierra descubierta por el capitán James Cook… Australia.

En mayo de 1787, partía de Portsmouth la llamada Primera Flota: 11 barcos (9 cargueros y 2 buques de guerra) con 756 presos (564 hombres, 192 mujeres) y 550 personas más entre funcionarios, guardia marinas y tripulación -algunos de ellos son sus familias- al mando del capitán Arthur Philip. El 18 de enero de 1788, y después de 8 meses de navegación, llegaban a Botany Bay. Aunque, en teoría, éste era el lugar para establecer la colonia, encontraron mejores condiciones en Sydney Cove donde, al final, se establecieron. La nueva colonia tuvo problemas desde el principio: enfermedades como el escorbuto y la disentería, marineros y funcionarios metidos a campesinos sin ninguna experiencia, herramientas de construcción de mala calidad, el ganado que habían traído se moría, enfrentamientos con los aborígenes…

Arthur Philip izando la bandera en Sydney Cove

Arthur Philip izando la bandera en Sydney Cove

Las noticias que llegaban de Australia no eran muy esperanzadoras, así que el gobierno británico decidió enviar un barco de mujeres. Este envío se apoyó en la teoría de que para que la colonia -en su inmensa mayoría compuesta por hombres- prosperase, necesitaba estabilidad y sólo se conseguiría creando familias. Y de paso, limpiaban un poco más las cárceles… enviaron 255 convictas.

El 29 de julio de 1789, partía de Plymouth el buque Lady Juliana con 225 prostitutas/rateras/estafadoras… rumbo a Australia. Las mujeres dormían en la cubierta inferior, pero algunas de ellas consiguieron mejores estancias emparejándose, e incluso casándose, con algún miembro de la tripulación. Elizabeth Barnsley, una conocida ladrona y estafadora, se procuró unas buenas estancias y montó un negocio muy lucrativo: un burdel flotante. Además de los miembros de la tripulación y los guardia marina que las custodiaban, tenían muchos clientes en los puertos donde hacían escala para comprar suministros: Islas Canarias, Río Janeiro, Ciudad del Cabo… Lógicamente, esta travesía tardó dos meses más que la anterior, sólo en Río de Janeiro estuvieron 45 días..

Lady Juliana

Lady Juliana

El 6 de junio de 1790, casi 2 años y medio después de la llegada de la Primera Flota, Lady Juliana llegaba a Australia. Después de las miserias y penurias pasadas por los colonos, pensaron que les llegaría un barco de suministros:

Una carga tan innecesaria y tan poco rentable como 222 mujeres, en lugar de un cargamento de provisiones (en palabras de los colonos)

A las tres semanas de la llegada del Lady Juliana, llegaba la Segunda Flota compuesta por cuatro barcos (Justinian, Surprize, Neptune y Scarborough) con suministros… y todo se calmó. A las mujeres que llegaron a bordo del Lady Juliana, se les podría considerar como las madres fundadoras de Australia. Elizabeth Barnsley consiguió el dinero suficiente y regresó a Inglaterra.

Fuentes e imágenes: The Lady Juliana And The New World, The Second Fleet Transports – Lady Juliana, The First Fleet

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Las dos veces que se afeitó la reina de Inglaterra

28 ago
28 agosto 2012

La más conocida de todas tiene que ver con el “God save the Queen” – aquí tenéis el origen del himno británico – y el grupo punk Sex Pistols. El sencillo “God save the Queen” fue lanzado por el grupo el 27 de mayo de 1977 y fue considerado como un ataque a la Corona Británica y, en particular, a la Reina Isabel II. La letra de la canción tiene perlas como “Dios salve a la Reina y a su gobierno fascista; te han convertido en un idiota [...] no hay futuro en el sueño de Inglaterra“. Además, y para rematar la faena, parece ser que John Lydon, el vocalista del grupo, cuando actuaba en directo cambiaba una palabra de la letra de la canción: decía shave en lugar de save y convertía el “God save the Queen” (Dios salve a la Reina) en “God shave the Queen” (Dios afeite a la reina).

La segunda ocasión fue anterior y es mucho menos conocida. Tuvo lugar en el siglo XVII durante el reinado de Carlos II de Inglaterra y en esta ocasión la reina afeitada fue Catalina Enriqueta de Braganza. Con la restauración de la monarquía en 1660, en la figura de Carlos II, Inglaterra experimenta un enriquecimiento cultural (literatura, teatro…) y científico (creación de la Royal Society). El rey era un gran aficionado al teatro, de hecho fue el protector de John Wilmot, segundo Conde de Rochester, tan buen autor teatral como amante… por el número de amantes masculinos y femeninos que tuvo. Dejó escrito:

Que me den salud, riqueza, vino y alegría
y si el revoltoso amor os asedia
conozco a un hermoso paje
que al caso es mejor que cuarenta fregonas.

Aunque algunas mujeres comenzaban a despuntar en el mundo de la farándula, de hecho el rey tuvo como amante a una de las más reconocidas… Nell Gwynn, los hombres eran los protagonistas principales y muchas veces también interpretaban los papeles femeninos. En cierta ocasión, los reyes asistieron al estreno de una obra en la que uno de los papeles representados era el de la reina de Inglaterra. Tras varios minutos de espera, el rey hizo llegar un mensaje al director de la compañía preguntado la causa del retraso; como la excusa que le diron le pareció más que peregrina se presentó en persona para pedir explicaciones. El director, nervioso y sudoroso, le preguntó si podía decirle el verdadero motivo. Se lo exijo – le contestó el rey -. Se acercó a al oído, para que no le oyese la reina, y le dijo:

Es que la reina todavía se está afeitando.

Dicen que nunca vieron al rey reír tan a gusto.

Fuentes: La mujer en el teatro – Manuel V. Diago (Instituto Cervantes), Anécdotas de la Historia – Pancracio Celdrán Gomáriz

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La heroína hindú que se enfrentó a los británicos con su hijo atado a la espalda.

16 ago
16 agosto 2012

La historia de Rani Lakshmi Bai bien podría haber sido la de la princesa de un cuento de hadas con su príncipe azul, pero los avatares de la vida y la colonización británica de la India la convirtieron en una guerrera.

Manikarnika o Manu, que era su verdadero nombre, perdió a su madre a los cuatro años y su padre tuvo que encargarse de su educación. La cercanía con el poder, su padre trabajaba con el Peshwa (Primer Ministro), le permitió tener acceso a otras disciplinas como la equitación – cuentan que incluso manejaba el caballo con las riendas en la boca -, lucha, tiro con arco… además de las propias de una mujer. A los 12 años se casó con el maharajá Jhansi, Raja Rao Gangadhar Niwalkar, y cambió su nombre por Rani (reina) Lakshmi Bai. Todo era de color de rosa hasta que la alegría de tener un hijo se convirtió en pena cuando falleció a los 4 meses. Poco tiempo después el maharajá cayó enfermo y, ante la imposibilidad de tener más hijos, decidieron adoptar Rao Damodar, hijo de un primo del maharajá recientemente fallecido. Además de aliviar el dolor se aseguraban que la Compañía Británica de las Indias Orientales no pudiese anexionarse Jhansi aplicando la Doctrina de Caducidad. Según esta doctrina, si el gobernante de algún estado o territorio era “manifiestamente incompetente o moría sin un heredero directo” automáticamente dicho territorio pasaba a manos de la Compañía. A los 18 años quedó viuda y comenzó a ejercer de Rani.

Los británicos no aceptaron a Rao Damodar como el heredero legal y, aplicando la Doctrina de Caducidad, la Compañía se anexionó Jhansi. Pero Lakshmi Bai no se iba a quedar de brazos cruzados. Intentó la vía legal y contrató a un abogado británico e interpuso un recurso contra aquel atropello… su petición fue denegada. Como la vía legal no funcionó reclutó a un ejército de 14.000 voluntarios – por primer vez compuesto por hombres y mujeres – y se enfrentó a los británicos. Durante varias semanas aguantaron el ataque pero el poderío militar de los británicos doblegó a los rebeldes. Según cuenta la leyenda de esta heroína hindú, cuando se vio acorralada se ató a su hijo a la espalda y blandiendo una espada en cada mano pudo escapar, junto a un grupo de rebeldes, hasta la fortaleza de Kalpi.

Paralelamente a la lucha de Lakshmi Bai en la India había estallado la llamada Rebelión de los Cipayos. En 1857, la Compañía, con un poderoso ejército compuesto por 40.000 británicos y 200.000 cipayos (soldados locales hindúes y musulmanes), comenzó a utilizar el fusil Lee-Enfield en el que para introducir los cartuchos debían romperse por un extremo y lo que se hacía habitualmente era morderlos. Comenzó a correr el rumor de que los cartuchos estaban engrasados con grasa de cerdo y de vaca. Como para los musulmanes el cerdo es un animal impuro y para los hindúes la vaca es un animal sagrado, se negaron a utilizar los nuevos fusiles y los oficiales británicos los encerraron. Al día siguiente, los Regimientos de Caballería 10º y 20º de Bengala en Meerut, se sublevaron contra sus oficiales. Liberaron a los prisioneros y atacaron los enclaves europeos de la zona, matando a todo europeos.

En Kalpi, Lakshmi Bai se unió a Tatya Tope uno de los líderes rebeldes y se enfrentaron en Gwalior al general británico Sir Hugh Rose que la había perseguido desde Jhansi. En el transcurso de la batalla, Lakshmi Bai recibió un disparo en la espalda y murió. Las palabras de Sir Hugh Rose dejan clara la valentía de la reina:

De los amotinados el más valiente y el más grande fue la Rani.

En 1858, con 22 años, Lakshmi Bai se convirtió en un icono de la rebelión y en casi todas las representaciones (esculturas, pinturas, grabados…) aparece en un caballo y con su hijo a la espalda.

Fuentes e imágenes: I love India, Maps of India, I Am Woman

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El primer automovilista multado por exceso de velocidad fue atrapado por un policía en bicicleta

06 jun
6 junio 2012

Los primeros vehículos autopropulsados, con sus enormes calderas de vapor, aparecieron en el siglo XVIII; el primer vehículo automóvil por motor de combustión interna con gasolina no llegaría hasta 1885. Lógicamente, y ante aquellos nuevos protagonistas, hubo que cambiar las normativas de circulación. Ya hablamos en su momento de The Locomotive Act o de la bandera roja, promulgada en Gran Bretaña en 1865, que establecía unos límites de velocidad de 6 km/h en el campo y 3 km/h en las ciudades además de la obligación de circular, delante del vehículo autopropulsado, un hombre con una bandera o linterna rojas advirtiendo a los peatones, jinetes y carros tirados por caballos de la proximidad de una máquina autopropulsada.

El 28 de enero de 1896, Walter Arnold de East Peckham (en el condado de Kent) se convirtió en la primera persona en Gran Bretaña que fue sancionada por exceso de velocidad. Circulaba a unas 8 millas por hora (casi 13 km/h) cuando la velocidad máxima permitida en ciudad eran 2 millas (algo más de 3 km/h). La sanción que se le impuso fue de un chelín y las costas del proceso. Lo curioso es que el policía que lo detuvo, tras la correspondiente persecución, iba en bicicleta. Ese mismo año, el 17 de agosto, Bridget Driscoll se convertía en la primera víctima. Arthur Edsell conducía su flamante Roger-Benz por el barrio de Crytal Palace (Londres) cuando atropelló a Bridget, al caer tuvo la mala suerte de golpearse la cabeza y fallecer al instante. Arthur circulaba a 4 millas por hora… también con exceso de velocidad.

Fuentes: Speed history, The Victorians

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El mayor espectáculo de Londres… el manicomio

18 mar
18 marzo 2012

Antiguamente, la locura se identificaba con males sobrenaturales, propios de posesiones demoníacas o como castigos divinos por los pecados cometidos. Posteriormente se comenzó a identificar como la pérdida de la razón cuyo único remedio era el confinamiento y los salvajes experimentos, más propios de la tortura, a los que los enfermos eran sometidos. En el siglo XIV, lo que había sido un convento de la Orden de la Estrella de Belén en Londres, se convirtió en el Bethlem Royal Hospital, también llamado Bedlam, y fue el primero en acoger pacientes con enfermedades mentales.

Lamentablemente el hospital no se hizo famoso por ser pionero en tratar enfermedades mentales sino por el brutal maltrato dispensado a los pacientes (los considerados violentos o peligrosos eran atados y encadenados). De hecho, el término Bedlam ha quedado como sinónimo de caos, confusión, alboroto…

Y para rematar la faena, durante el siglo XVIII y parte del XIX, Bedlam se convirtió en una atracción turística. Por el módico precio de un penique – el primer martes de cada mes era gratis – se podía contemplar el espectáculo que brindaban los pobres dementes. Además, si el espectáculo de aquel día no había cumplido con las expectativas se podían llevar palos para azuzar a los dementes y elevar el nivel del show. Algunos también les daban alcohol para ver cómo actuaban borrachos. En 1814 se registraron más de 96.000 visitas.

Fuentes e imagen: BBC,

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