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La guerra de papel entre EEUU y España

03 jun
3 junio 2013

El 15 de Febrero de 1898 a las 21:40 horas, una inesperada explosión vino a turbar el bullicio noctámbulo de La Habana. Una explosión en el acorazado estadounidense Maine lo hundió irremediablemente… dos oficiales y 266 marinos perdían la vida.

Después de 115 años, aquel episodio sigue siendo objeto de controversia y misterio, ya que no se sabe aún a ciencia cierta qué o quién produjo la explosión. Lo único seguro es que cambió el curso de la historia y que EEUU lo utilizó como excusa para intervenir en Cuba, algo que ya planeaba en su carrera para convertirse en la primera potencia militar del siglo XX. Los planes estadounidenses se vieron favorecidos por la inestabilidad económica española, la debilidad del gobierno del liberal Práxedes Mateo Sagasta y los aires de independencia que soplaban cada vez con más intensidad en Cuba.

USS Maine

Ante la inestabilidad de la isla y viendo la posibilidad de que los independentistas cubanos lograran derrocar finalmente al ejército español, y con ello perder la posibilidad de controlar la isla, el gobierno estadounidense se decide a intervenir. Con la excusa de asegurar los intereses de los residentes estadounidenses, el 25 de enero de 1898 EEUU envió a La Habana el acorazado Maine, sin previo aviso e incumpliendo las prácticas diplomáticas habituales. Para corresponder con aquel gesto de “amistad“, el gobierno español envió el crucero Vizcaya al puerto de Nueva York. A pesar de todo, las autoridades españolas de Cuba recibieron con corrección a los marinos capitaneados por Charles Segbee e incluso fueron invitados a actos oficiales, bailes, corridas de toros, etc. Pero la explosión del Maine cambió radicalmente aquel panorama… La prensa amarilla estadounidense, especialmente el New York Journal de Randolph Hearst y el New York World de Joseph Pulitzer, llevaban años utilizando los excesos cometidos por los españoles en la isla -como el caso de Evangelina Cisneros- para poner a la opinión pública estadounidense en contra de los españoles… el Maine inició la guerra del papel.

New York WorldNew York Journal

Dos días después de la explosión del acorazado, el New York Journal titulaba a toda plana “La destrucción del acorazado Maine fue obra del enemigo“, “Los oficiales de la Marina piensan que el Maine fue destruido por una mina española“. Iba acompañado de un dibujo del barco explotando sobre unas minas conectadas por cable con las fortalezas de La Habana. Cuatro días después pedía la intervención militar en la isla y llamaba “cerdos” a los que daban más importancia a la caída de sus acciones que al “asesinato de (266) marineros norteamericanos”. El entusiasmo bélico del New York Journal llevó a que se bautizara el conflicto como “The Hearst War” (la guerra de Hearst) y a situaciones tan hipócritas como el hecho de que en marzo se enviase a La Habana al dibujante Frederick Remington como corresponsal de guerra. Pasados varios días, Remington telegrafió que todo estaba en calma y que deseaba volver porque allí no iba a haber ninguna guerra. Hearst le contestó:

Quédese ahí. Usted mande los dibujos, la guerra la pongo yo.

Aunque la prensa española sabía que España no podía responder militarmente a las provocaciones de los estadounidenses, decidieron responder con sus propios medios. El Heraldo de Madrid sostenía que los soldados estadounidenses desertarían al oír los primeros disparos. Mientras tanto, la revista Blanco y Negro publicaba:

Es injusto con los cerdos
a los yanquis comparar
porque el cerdo es provechoso
y el yanqui perjudicial.

El republicano Francesc Pi i Margall tildó a estos medios de “prensa infame”, pero esta afirmación, sumada a sus peticiones de paz y a la invocación del derecho de los cubanos a su independencia, terminarían costándole su escaño por Girona en las elecciones de 1898.

Hearst y Pulitzer

La crispación llegó a tal punto en EEUU que los medios de comunicación y los círculos políticos radicales criticaron duramente al Secretario de Estado, John D. Long, por descartar la responsabilidad española en el incidente del Maine. Theodore Roosvelt, subsecretario de Estado de la Armada, que quería enviar sus naves a Cuba de forma inmediata, afirmó que el presidente tenía “tanto carácter como una tarta de chocolate” cuando McKinley anunció a la prensa que no estaba dispuesto a declarar la guerra a España. Preocupado por las crecientes críticas de ser “un blando“, el presidente McKinley pidió al Congreso -”en el nombre de la humanidad, en nombre de la civilización, en nombre de los intereses estadounidenses en peligro de extinción“- la autorización para expulsar a las fuerzas españolas de Cuba… el resto de la historia es sobradamente conocido.

Colaboración de Edmundo Pérez.
Fuentes e imágenes: The United States Becomes an Imperial Power, Remember Maine,La guerra hispanoamericana, 1896-98 – Chidsey, Donald B.

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El día que se tomó Pamplona por culpa de una batalla de bolas de nieve

04 dic
4 diciembre 2012

En la firma del Tratado de Fontainebleau el 27 de octubre de 1807 entre Manuel Godoy, valido del rey español Carlos IV, y Napoleón Bonaparte, se acordaba la invasión militar conjunta de Portugal – aliada de Inglaterra – y, para ello, se permitiría el paso de las tropas francesas por territorio español… lo que sería el germen de la posterior invasión francesa de la Península Ibérica y de la Guerra de la Independencia.

En 1808 un contingente de 2.000 soldados francesas al mando del general D´Armagnac, atravesaba Roncesvalles y, tras una dura marcha y condiciones climatológicas adversas, el 8 de febrero llegaron a Pamplona para descansar y seguir luego camino hasta Portugal. Aunque en teoría, y según el Tratado firmado, eran aliados de los españoles, la población de Pamplona recelaba de aquella invasión pacífica y en la que, además, debían contribuir con el avituallamiento y alojamiento. Y estaban en lo cierto… D´Armagnac había recibido órdenes del mariscal Murat para tomar la Ciudadela.

Cuando D´Armagnac se entrevistó con el Marqués de Vallesantoro, Virrey y Capitán General de Navarra, para poder acantonar parte de su tropas, que ya llegaban a los 4.000 efectivos, dentro de la Ciudadela, le dio largas diciendo que para ello necesitaba la autorización desde Madrid. Visto que la diplomacia francesa no fue suficiente, D´Armagnac se decidió por la estrategia. Se reunió con el capitán Robert y planificaron el plan de ataque.

La noche del 15 al 16 de febrero, Robert y un grupo de 100 soldados, aparentemente desarmados, elegidos de entre lo mejor de las tropas francesas se dirigieron, como hacían todos los días, a recoger sus raciones de pan a las puertas de la Ciudadela. Aprovechando que la nevada caída había cuajado, la mitad de ellos comenzó un guerra de bolas de nieve. La guarnición que defendía la Ciudadela, un pequeño contingente de voluntarios poco dispuestos y menos preparados para las artes de la guerra, se mofaban de aquella inusual batalla; momento que aprovecharon el resto de franceses para desarmar a los defensores y tomar la Ciudadella sin un sólo disparo.

Ciudadela

Gracias a Aritz Iñiguez R. Fuentes: Diario de Navarra, Curiosidades de Pamplona

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La verdadera Guerra de los Cien Años… Montenegro y Japón

19 abr
19 abril 2012

Se llama Guerra de los Cien Años al conflicto bélico entre Francia e Inglaterra que, en realidad, duró 116 años, desde 1337 hasta 1453. Lógicamente, y por aproximación, sería más adecuado llamar la Guerra de los Cien Años a un conflicto bélico que duró 102 años… entre Montenegro y Japón.

La opresión del Imperio otomano sobre los pueblos eslavos de la Península Balcánica en el sureste de Europa, desencadenó varias rebeliones contra los turcos y, tras el apoyo del Imperio ruso a sus hermanos eslavos, estalló la Guerra ruso-turca (1877–1878). Tras el fin de las hostilidades y el Congreso de Berlín de 1878, a iniciativa de los británicos y presidido por los alemanes, los Balcanes se reorganizaban. Montenegro amplió su territorio y aseguró su, hasta ahora, precaria independencia. En 1904 dos imperios en expansión, el ruso y el japonés, pusieron sus ojos en los mismos territorios Corea y Manchuria (China)… comenzaba la primera gran guerra del siglo XX. Montenegro, en compensación por el apoyo prestado contra los turcos y creyendo apostar a caballo ganador, también le declaró la guerra a Japón. Los problemas internos de Rusia y el poderío de la marina japonesa decantaron el triunfo, contra todo pronóstico, del lado japonés. El 5 de septiembre de 1905, con la mediación del presidente norteamericano Theodore Roosevelt, las delegaciones rusa y japonesa firmaron el Tratado de Portsmouth (EEUU)… nadie acudió en representación de Montenegro.

Guerra ruso-japonesa

En 1991, durante el conflicto de los Balcanes, las repúblicas de Eslovenia, Croacia, Macedonia y Bosnia-Herzegovina se separaron de la República Federal Socialista de Yugoslavia quedando únicamente constituida por Serbia y Montenegro. Pasando en 2003 a denominarse Serbia y Montenegro. El 21 de mayo de 2006, en un plebiscito, el 55,4% de la población montenegrina apoyó la independencia de este territorio y el 3 de junio de 2006 el parlamento de Montenegro ratificó estos resultados proclamando la independencia del país, con lo que la confederación de Serbia y Montenegro dejaba de existir fragmentándose en dos estados: Serbia y Montenegro. Y en este punto es donde alguien se percató de que después de 102 años seguían en estado de guerra con Japón. A finales de junio de 2006, Akiko Yamanaka, viceministro de Relaciones Exteriores de Japón, viajó a Podgorica para firmar la paz y, así, poder reconocer a Montenegro como un estado independiente.

Montenegro

Fuentes: Daily Onigiri, History News Network, Tofugu,

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Consecuencias de dejar a tu novio cuando se va a la guerra

25 mar
25 marzo 2012

La Guerra del Rif (1911–1927), fue un enfrentamiento originado en la sublevación de las tribus rifeñas (región montañosa del norte de Marruecos) contra la ocupación colonial española. El contigente español estaba compuesto en su mayoría por soldados de reemplazo que no entendían aquella guerra y que sólo deseaban volver a sus casas.

Uno de estos jóvenes soldados tenía asombrados a todos sus compañeros del destacamento por el cariño que continuamente demostraba a su novia: escribía cartas todos los días, no paraba de hablar de ella, mostraba su foto a todo el mundo… Pero dicen que la distancia es el olvido. Un buen día recibió una carta de su novia, cuando vieron la expresión del muchacho comprendieron que eran malas noticias… le dejaba porque había conocido a otro con el que pensaba casarse y, además, le pedía que le devolviese la foto. Los comentarios de sus compañeros mejor no reproducirlos. Como tener la moral baja y la cabeza en otro sitio, en medio de una guerra, es harto peligroso, sus compañeros decidieron echarle una mano para darle un escarmiento. Reunieron las fotografías de las novias de todo el destacamento, incluída la de la susodicha, y se las enviaron en un paquete con una nota del soldado:

Haz el favor de quedarte con la tuya y devolverme el resto. Créeme que lo siento pero no recuerdo bien cuál es la tuya.

Fuente: Aprender del pasado – José Manuel Pina Piquer

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Tras ser herido 37 veces en 6 horas, al final lo salvó un escupitajo

01 mar
1 marzo 2012

Esta es la historia de Roy P. Benavidez, sargento de las Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos (Boinas Verdes), el día 2 de mayo de 1968 durante la Guerra de Vietnam.

Un grupo de reconocimiento compuesto por 3 Boinas Verdes y 9 Montagnard (pueblos indígenas de las tierras altas centrales de Vietnam de los que unos 40.000 lucharon junto a los soldados estadounidenses) fueron emboscados por los Vietcom en una zona selvática cerca del la frontera de Camboya. En la emisora de la base se repetía el mensaje desesperado “get us out of here” (sacadnos de aquí) y de fondo multitud de disparos. Sin pensárselo dos veces, y prueba de ello es que sólo llevaba un cuchillo, Benavidez saltó a bordo del helicóptero de evacuación cuando estaba despegando. Desde el aire comprobaron que la situación de sus compañeros era desesperada, pero no pudieron aterrizar cerca por la espesura de la selva y el fuego enemigo. Encontraron un claro a unos 70 metros de distancia de la posición, Benavidez cogió un botiquín y saltó del helicóptero. Mientras corría para llegar hasta sus compañeros recibió un disparo en la pierna y la metralla de una granada impactó en su cara y en la cabeza, aún así consiguió llegar. Se encontró con 4 muertos y el resto del grupo heridos de diversa consideración… recuperó los documentos clasificados, suministró morfina a los heridos, organizó la defensa y avisó al helicóptero para que se acercase a su posición. Cuando el helicóptero trataba de despegar fue derribado… junto al resto de supervivientes, con varias heridas más y llevando a los muertos, consiguieron llegar hasta los restos helicóptero donde montó un perímetro de defensa.

Después de 6 horas de defensa numantina consiguió marcar con botes de humo la posición del enemigo para que la aviación limpiase la zona. Cuando los helicópteros de evacuación consiguieron llegar, Benavidez cayó… había sido herido 37 veces. Ya en la base, un cuerpo inmóvil, cubierto de sangre, con múltiples heridas y con los intestinos saliendo por la herida del estómago se puso junto a los muertos… era el de Benavidez. Justo cuando estaba a punto de ser colocado en una bolsa para cadáveres, escupió en la cara de un médico para indicar que él todavía estaba vivo y fue evacuado a Saigón. Pasó casi un año en hospitales para recuperarse de sus lesiones (siete heridas de bala, dos de bayoneta y 28 fragmentos de metralla repartidos por todo el cuerpo). En 1968 se le concedió la Cruz de Servicio Distinguido y en 1973 la Medalla de Honor. Falleció en 1998, a los 63 años, por una insuficiencia respiratoria.

Fuentes e imágenes: The New York Times, Psywarrior, U.S. Navy

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¿Por qué los soldados americanos asesinaban a sus propios oficiales en Vietnam?

14 feb
14 febrero 2012

Durante la Guerra de Vietnam, entre 1964 y 1975, se produjo un curioso y peligroso fenómeno dentro del ejército americano… el llamado Fragging (acto de atacar a un superior en la cadena de mando con la intención de asustarlo o matarlo y usando, generalmente, granadas de fragmentación; de ahí su nombre). El uso de estas granadas, que nada tiene que ver con el fuego amigo, para amedrentar o matar a los oficiales se debía a las dificultades para averiguar quién había sido el autor, máxime si se produce en el fragor de la batalla, y a diferencia de utilizar una bala.

En los primeros años de la guerra de Vietnam, el ejército de los EEUU estaba totalmente convencido de la necesidad de aquella guerra y se mostraba unido y disciplinado. A medida que la guerra se prolongó, la moral y la disciplina se deterioraron. Igualmente ocurrió entre la población civil americana que contemplaba los horrores de la primera guerra retransmitida por los medios. A finales de los 60 se producen dos hechos que marcarán el progresivo decaimiento de la moral y el aumento de la irascibilidad de la tropas: primero, la Administración Nixon, buscando una salida digna para EEUU del conflicto, decide retirar las tropas progresivamente – aunque en la práctica se siguen enviando hombres y siguen muriendo soldados-; y, segundo, el asesinato de Martin Luther King desata la violencia racial. El malestar de la sociedad americana se traslada al frente de batalla: se cuestionan y desobedecen las órdenes – ¿jugarse la vida por una guerra perdida? -, comienzan las deserciones, la militancia racial hace recelar a los afroamericanos… y comienza el fenómeno Fragging. Las potenciales víctimas de este fenómeno eran oficiales incompetentes que ponían en peligro a sus subordinados, fanáticos o suicidas que buscando la gloria arrastraban a sus tropas, oficiales racistas… Al principio en forma de avisos (un pasador de granada sobre la cama) y si el oficial seguía con su actitud… se le asesinaba.

Se calcula que entre 1970 y 1971 hubo 363 casos de artefactos explosivos contra oficiales americanos en Vietnam. Aunque la mayoría de los autores nunca fueron identificados ni sancionados, se han llegado a registrar 71 casos de soldados condenados por estos crímenes. El fenómeno del fragging se produjo durante una guerra impopular, con la moral de las tropas por los suelos, el abuso de drogas, las tensiones raciales y la rebelión de la juventud americana.

Fuentes: New America Media, History, Salem News

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Los búfalos de agua echaron por tierra el olfateador de charlies de los marines.

20 dic
20 diciembre 2011

La Guerra de Vietnam fue un conflicto bélico que enfrentó entre 1964 y 1975 a Vietnam del Sur, apoyada principalmente por los Estados Unidos, contra Vietnam del Norte, y el Vietcong (FNL, Frente Nacional de Liberación) apoyados por la URSS y China. No fue una guerra al uso con los tradicionales frentes sino una guerra de guerrillas, bombardeos indiscriminados, destrucción masiva, uso de armas químicas (napalm)…

La superioridad aérea de los americanos, bombarderos y el uso masivo de los helicópteros Cobra, obligaron a los charlies (denominación que los americanos daban a los integrantes del Vietcong) a construir redes de túneles en la selva donde refugiarse.

Estas auténticas ciudades bajo tierra eran difíciles de localizar y, además, estaban plagadas de trampas. Ante esa dificultad el ejército americano puso en marcha la Operación Snoopy que consistió en desarrollar un sistema que podía localizar la presencia humana… el People Sniffer (olfateador de personas). El sistema en cuestión, desarrollado por General Electric, detectaba la emisiones de amoníaco que produce el cuerpo humano a través de la orina o del sudor. Se construyeron dos versiones: una montada en helicópteros (XM3) y otra portátil (XM2).

Después de las pertinentes pruebas, con éxito, en 1968 se enviaron a Vietnam… y fue un fracaso. El artilugio daba continuamente falsos positivos de presencia humana, no se había tenido en cuenta otras posibles emisiones de amoníaco… como las producidas por la orina de los miles de búfalos de agua que se utilizaban en las campos de arroz.

Fuentes: Time Magazine, US Army,

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¿Qué hacía un aviador sueco luchando en Biafra?

16 ago
16 agosto 2011

Antes de contar esta historia me gustaría puntualizar que Biafra fue un estado independiente durante tres años, de 1967 a 1970, situado al sur de Nigeria.

Biafra

Biafra

El protagonista de nuestra historia no es otro que el conde sueco Carl Gustaf Ericsson von Rosen, un loco de la aviación y un adalid de las causas perdidas. En 1939, en la Guerra de Invierno, se presentó voluntario en Finlandia para luchar contra el ejército ruso, pero su gesta más importante tuvo lugar en Biafra.

Carl Gustav von Rosen

En 1967, tras un conflicto étnico entre los Hausa-Faluni y los Ibos, propio de un continente en el que las fronteras se hicieron con escuadra y cartabón, el teniente coronel Chukwuemeka Odumegwu Ojukwu, de la etnia ibo, declaró la independencia de Biafra (región sudoriental de Nigeria habitada por los ibos). El gobierno de Nigeria respondió con un bloqueo económico pensando que sería flor de un día, pero tras los éxitos iniciales de los ibos decidió enviar tropas. Poco o nada tenía que hacer el ejército de Biafra ante el poderoso ejército rival (más numeroso, mejor equipado y con los temibles MiG-17 soviéticos).

Durante el bloqueo de Biafra se buscaban pilotos, casi suicidas, que llevasen suministros médicos hasta Biafra y aquí apareció nuestro protagonista. Consiguió llegar con los suministros y cuando vio la situación desesperada de los ibos decidió quedarse para ayudar. Intentó adquirir algún caza para hacer frente a los MiG-17 pero sólo pudo conseguir algunas avionetas de hélice del modelo Malmö MFI-9.

Eran 6 pilotos (tres suecos y 3 ibos) y cinco avionetas (equipadas con cohetes anticarro 68 mm) para poner en jaque el poderío nigeriano… pues lo consiguieron. Volaban tan bajo que, entre la selva, no los detectaban hasta que estaban sobre sus cabezas y el hecho de ser lentos les permitía tener un alto porcentaje de acierto en los blancos. Consiguieron destruir varios MiG y helicópteros en tierra, aeródromos, camiones de suministro y causar cientos de bajas, pero al final, como casi siempre, un ejército de 120.000 soldados apoyados con bombardeos masivos masacró el ejército y, lo que es peor, a la población civil.

Los supervivientes ibo no corrieron mejor suerte, el hambre y la miseria fueron sus compañeros de viaje durante años.

Fuentes: Exile, Hakans aviation, Fdra

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