Tag Archive for: Grecia

Las tertulias y los chupitos de sobremesa, un invento de la Antigua Grecia

28 jul
28 julio 2013

Tras disfrutar de una buena comida y un café, si tenemos tiempo y la compañía se presta a ello, los digestivos en versión chupito (orujo de hierbas, pacharán y otros) suelen dar el pistoletazo de salida a amenas tertulias en las que cualquier tema se puede tratar y donde es mejor no abandonar para que no te crucifiquen. También es cierto que si la cosa se alarga, los chupitos dan paso a otras bebidas (tipo gintonic) y las amenas tertulias desembocan en exaltación de la amistad, cantos regionales, el tuteo a la autoridad y el insulto al clero. Pues bien, todo este ritual de sobremesa tan nuestro, ya lo practicaban en la Antigua Grecia… lo llamaban simposio.

El simposio era el tiempo de la bebida y la charla entre los invitados después de concluir la comida principal (deipnon). Al acabar la comida, los sirvientes despejaban las mesas, coronaban a los huéspedes con coronas de hiedra y pámpanos, derramaban sobre ellos algunos perfumes, empezaban a circular copas llenándolas de la crátera (recipientes o vasijas hechas de barro donde mezclaba el agua y el vino para los invitados) colocada en el centro de la sala y se elegía a un árbitro de las charlas… los brindis y las charlas siguientes podían prolongarse alegremente hasta la noche.

Simposio

El vino, considerado un don del dios Dionisio, animaba el festejo y la crátera aseguraba el circular festivo de los brindis que tenían mucho de ritual. Comenzaban con las libaciones del vino vertido en honor de los dioses; luego, al amparo de los dioses Dionisio y Zeus, se desplegaba el resto de placeres del simposio: perfumes, cantos, música, danzas, juegos, charlas, embriaguez… y erotismo. Los convidados eran solamente hombres, las mujeres de la casa no asistían pero sí admitían a hetairas, grandes bailarinas, excelentes flautistas y mejores amantes. Se creaba así una placentera atmósfera en la que los simposiatas comentaban sus ocurrencias y conversaban desenfadadamente, sobre todo de amor y política.

En palabras del historiador y filósofo griego Jenofonte

en los simposios se adormecen las penas y se despierta el instinto amoroso.

Colaboración Edmundo Pérez.
Fuente: Introducción a la mitología griega – Carlos García Gual.

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Un tatuaje en la cabeza, el pistoletazo de salida de las Guerras Médicas

01 ago
1 agosto 2012

Las Guerras Médicas fueron una serie de conflictos entre el Imperio Aqueménida de Persia y las ciudades-estado del mundo helénico que comenzaron en 499 a.C. y se extendieron hasta 449 a.C, y cuyo pistoletazo de salida fue un tatuaje en la cabeza.

Guerras Médicas

Darío I el Grande fue el tercer rey de la dinastía aqueménida de Persia desde el año 521 al 486 a.C., heredó el Imperio persa en su cénit, que entonces incluía Egipto, el norte del subcontinente indio y partes de Grecia pero los escitas, nómadas que ocupaban la región euroasiática desde el Danubio hasta las costas septentrionales del mar Negro, todavía seguían siendo una amenaza en la frontera septentrional. Así que, construyó un puente para cruzar el río Istros (Danubio) y se plantó en Escitia con un poderoso ejército. Ante la manifiesta inferioridad numérica, los escitas evitaron enfrentarse a los persas directamente y jugaban con ellos al gato y al ratón. Darío, cansado de aquella estrategia, decidió retirarse…. pero los griegos habían decidido destruir el puente y dejar aislados a los persas. Sólo la intervención de Histieo, tirano de Mileto, lo evitó. No por simpatía con los persas sino porque todavía no estaban preparados para enfrentarse a ellos.

Como muestra de agradecimiento, Darío se llevó a Histieo como consejero personal. Histieo sabía que no podía negarse pero consiguió que Darío nombrase a Aristágoras, familiar suyo, nuevo tirano de Mileto. Se ganó la confianza del rey persa cumpliendo su papel a la perfección y, además, le sirvió para conocer las debilidades de su enemigo. Cuando llegó el momento de levantarse en armas contra los persas, Histieo debía comunicarse con Aristágoras pero ¿cómo hacerlo sin que el mensaje fuese interceptado?
Le rapó la cabeza a un esclavo y le tatuó el mensaje:

Histieo a Aristágoras: subleva Jonia

Cuando al esclavo le creció el pelo para que el mensaje estuviese oculto lo envió a Mileto… era el momento. Aristágoras, tras volverle a rapar la cabeza y leer el mensaje, se dirigió a Esparta y Atenas para que se uniesen a la causa griega pero sólo Atenas aceptó. Mileto y Atenas habían iniciado las hostilidades que desembocarían en las Guerras Médicas.

Fuentes e imágenes: La campaña de Darío contra los escitas, Cuéntame una Historia – Carlos Goñi

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Un paño en el culo, el gran avance que permitió la hegemonía de Atenas en el mar

24 jul
24 julio 2012

Los trirremes eran naves de guerra que aparecieron por primera vez en Jonia y se convirtieron en el buque de guerra dominante en el mar Mediterráneo desde finales del siglo VI a.C. hasta el siglo IV a. C., y posteriormente, debido a su efectividad, bajo el Imperio romano hasta el siglo IV. Estos barcos fueron los responsables de la hegemonía de la marina ateniense durante el siglo V a.C. tras la victoria en la batalla naval de Salamina frente a los persas de Jerjes.

Los trirremes eran barcos de unos 35 metros de eslora (largo) y unos 4 metros de manga (ancho), con una o dos velas, según la época, y 170 remeros en total situados en tres filas y a distintas alturas. Las velas se utilizaban para navegar y los remeros tenían especial protagonismo durante las batallas. Éstos, en su mayoría, eran hombres libres que recibían un salario y un especial entrenamiento para seguir un ritmo constante y acompasado. La tripulación completa de un trirreme podía estar compuesta por el capitán, una docena de marineros y oficiales, otra docena de soldados o arqueros y 170 remeros distribuidos de la siguiente forma a cada uno de los lados:

  • 31 en la parte superior (los mejor pagados ya que el ángulo de inclinación del remo obligaba a realizar mayor esfuerzo)
  • 27 en la parte intermedia
  • 27 en la parte baja (a pocos centímetros de la línea de flotación)

Los estrategas de Atenas dejaron a un lado los enfrentamientos cuerpo a cuerpo – por eso los trirremes apenas tenían soldados – y se centraron en embestir y hundir a los barcos enemigos. Para ello, equiparon sus trirremes con un espolón de bronce o hierro situado como una prolongación de la proa por debajo de la línea de flotación. Pero todo esto también lo tenían, por ejemplo, los persas en Salamina; entonces, ¿qué tenían que los hizo dominar el mar durante un siglo?

Hyperesion (una especie de cojín de boga)

El hyperesion es una especie de cojín hecho de piel de animal engrasada y que los remeros se ponían a modo de culera. En lugar de estar sentado fijo, con este simple paño el remero se desplaza a largo del asiento, encogiendo y estirando las piernas como en el remo deportivo hoy en día, alargando el recorrido del remo y aumentando la eficacia de cada palada. De esta forma podían navegar más rápido que sus oponentes y, lo que es más importante,  virar bruscamente para atacar el costado y embestir a las barcos enemigos. Parece ser que el inventor fue Temístocles, el estratega de Salamina.

Fuentes e imágenes: Ciencia y Técnica en el Mundo Griego – Álvaro G. Vitores Glez., El trirreme griego, Modelismo Naval

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El rey espartano que fue multado por casarse con una fea

03 jun
3 junio 2012

La guerra del Peloponeso (431–404 a.C.) fue un conflicto militar de la Antigua Grecia que enfrentó a la Liga de Delos (conducida por Atenas) con la Liga del Peloponeso (conducida por Esparta). Durante la primera parte del conflicto, hasta la paz de Nicias en 421 a.C, Esparta lanzó repetidas invasiones sobre el Ática, mientras que Atenas aprovechaba su supremacía naval para atacar las costas del Peloponeso. A estos primeros 10 años de la guerra se le llamó Guerra arquidámica por el rey espartano Arquídamo II.

Durante las negociaciones que precedieron a la Guerra del Peloponeso con Pericles, Arquídamo hizo todo lo posible para evitar, o al menos aplazar, la inevitable lucha:

será el legado que dejaremos a nuestros hijos

A pesar de todo, en 431 a.C. el ejército espartano se presentó en el Ática y arrasó los cultivos esperando que los atenienses saliesen a defender sus tierras. Tras un mes de asedio sin ninguna respuesta por parte de Pericles, Arquídamo decidió retirarse.

Según nos cuenta Plutarco, Arquídamo se había casado con Lampito, una mujer de moral intachable pero realmente fea… los eforos, los magistrados de Esparta, le impusieron una multa porque “no engendrará reyes, sino reyezuelos”. El caso es que su hijo Agesilao, feo y pequeño, se convirtió en rey de Esparta.

Fuente: De banquetes y batallas – Javier Murcia Ortuño

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La primera mujer que tomó parte en una Olimpiada fue condenada a muerte

10 may
10 mayo 2012

En el Templo de Hera, en la ciudad de Olimpia, se enciende hoy la llama olímpica que iniciará el recorrido hasta llegar a Londres el 27 de julio y dar comienzo los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Los Juegos Olímpicos en la época clásica se disputaban en Olimpia cada cuatro años u olimpiada desde el 776 a.C. hasta que el emperador Teodosio los abolió en 394. Los hombres griegos y libres, en representación de diversas ciudades estado, competían en diferentes pruebas por la gloria; en palabras del poeta Píndaro:

el vencedor, el resto de sus días, tendrá una dicha con sabor de mieles.

Una saga de estos triunfadores la inició Diágoras de Rodas, que falleció mientras era llevado en hombros por sus hijos, Diamageto y Acusilao, celebrando el triunfo de éstos. También vencerían Dorieo, otro hijo de Diágoras, y los nietos de éste Eucles y Pisírodo.

Diágoras de Rodas

Las mujeres tenían prohibido asistir y participar en las Olimpiadas, pero Calipatira, hija de Diágoras y madre de Pisírodo, decidió que no se iba a perder el día que su hijo triunfaría. Así que, se vistió con las ropas de los entrenadores y consiguió colarse. Tal y como ella había soñado, su hijo consiguió hacerse con la victoria pero, llevada por su alegría, saltó la valla para felicitar a su hijo y la ropa se quedó enganchada… Calipatira quedó desnuda frente a todos. Según las reglas de las Olimpiadas, el castigo para las mujeres que infringiesen la ley sería ser despeñadas por el monte Tipeo.

En honor a su padre, hermanos e hijo, campeones olímpicos, los jueces le perdonaron la vida. Además, desde aquel momento se promulgó una nueva norma que obligaba a los entrenadores a ir desnudos, igual que los atletas, para que no volviese a ocurrir.

Fuente: De banquetes y batallas – Javier Murcia Ortuño

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El jurado popular… un cuento griego

12 abr
12 abril 2012

Hace unos años recibí una notificación en la que se me informaba que durante dos años iba a formar parte de la lista de candidatos a jurado… ¡Qué alegría! (pura ironía). Pasaron los dos años y, al final, no tuve que pasar por ese trago. Aunque según el artículo 125 de la Constitución de 1978 y la aprobación de la Ley del Jurado de 1995 es un derecho y un deber para los ciudadanos participar en la administración de justicia, yo lo considero una faena para el jurado y para el acusado. Pero si echamos la vista atrás, hasta la Antigua Grecia,  donde nació la democracia y la participación ciudadana en los órganos de poder, veremos que era un cuento, en este caso, griego.

En la Antigua Grecia se elegían por sorteo cada año 6.000 ciudadanos de entre los voluntarios de más de 30 años que se habían inscrito para formar parte de los tribunales de justicia. Cada día, y dependiendo del número de pleitos, se distribuían mediante un sorteo, hecho con unas máquinas llamadas cleroterias, a razón de no menos de 201 miembros por tribunal que, en algunos casos relevantes, podían llegar hasta los 2.001. Pero siempre un número impar para evitar los empates. Después de escuchar a las partes durante el tiempo marcado por la clepsidra, y sin previa deliberación conjunta,  depositaban su voto (un guijarro blanco o negro). El proceso parece limpio y ecuánime, parece…

El hecho de formar parte de un jurado estaba remunerado económicamente pero con una cantidad tan pequeña que los únicos voluntarios que se inscribían para integrar las listas eran indigentes, enfermos  que no podían trabajar, ancianos sin recursos… gentes sin oficio ni beneficio. Además, como la defensa y la acusación corrían a cargo de los propios interesados, la justicia no se basaba en las pruebas y en la verdad sino en el arte y la gracia que tuviese cada uno a la hora de pronunciar discursos e influir en el jurado. Como no todos tenían esa gracia, cobraron especial importancia los logógrafos que, previo pago, les asesoraban en su interpretación y les escribían el discurso creando, incluso, una figura literaria… la etopeya (describir las cualidades y virtudes para influir en el jurado independientemente del pleito concreto).

Así que, según la representación de la Justicia, la balanza no estaba muy equilibrada y la venda en los ojos era traslúcida.

Fuente: De banquetes y batallas – Javier Murcia Ortuño

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La ciudad que fundaron los hijos ilegítimos de Esparta.

27 mar
27 marzo 2012

A finales del siglo VIII a. C. Esparta y Mesenia se enfrentaron en la llamada primera guerra mesenia, de las que habría dos más. Esparta crecía y necesitaba nuevas tierras donde asentar a su población… las fértiles tierras de Mesenia fueron su objetivo. En esta guerra no hubo batallas decisivas que decantasen la victoria por uno u otro bando, fue más bien una campaña de acoso y derribo por lo que se prolongó más de la cuenta para los intereses de los espartanos… 19 años.

La población de Esparta estaba compuesto por los ciudadanos con todos los derechos y los esclavos (los periecos, sometidos sin el empleo de la fuerza, y los ilotas, de tierras conquistadas por la fuerza). La proporción durante las épocas de paz eran de 20 esclavos por cada espartano, pero en épocas de guerra, como el ejército estaba compuesto solamente por espartanos, la proporción se disparaba. Como el conflicto con Mesenia se prolongó en demasía, la Gerusía (el órgano de gobierno), por miedo al posible levantamiento de los esclavos y ante la cuantiosas bajas sufridas, impuso la eunomia (igualdad de todos ante la ley). Durante este periodo de tiempo, en el que todos eran iguales, hubo muchos nacimientos de los llamados Parteni (hijos de mujeres espartanas con esclavos o con jóvenes guerreros que fueron enviados de vuelta a casa cuando el conflicto se prolongó, con el fin de procrear y evitar la escasez de futuros hombres).

Con la victoria de Esparta y el regreso del grueso del ejército se derogó la eunomia y los parteni pasaron de iguales a hijos ilegítimos. Ante tamaña injusticia se rebelaron, pero los espartanos sofocaron la revuelta y los expulsaron. En 706 a.C., y liderados por Falanto, llegaron al Sur de la península itálica y fundaron Tarento.

Fuente: The Greek cities of Magna Graecia and Sicily – Luca Cerchia, Los ciudadanos de Esparta, Licurgo y Esparta,

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El primer caso de enriquecimiento por información confidencial… siglo VI a.C.

08 ene
8 enero 2012

Solón (638 a.C. – 558 a.C.) fue un poeta, reformador y legislador ateniense, uno de los siete sabios de Grecia. Gobernó en una época de graves conflictos sociales producto de una extrema concentración de la riqueza y poder político en manos de los eupátridas, nobles terratenientes de la región del Ática.

Fue nombrado arconte con plenos poderes en 594 a.C y junto al Consejo y la Asamblea gobiernan Atenas tras la desaparición de la realeza. A pesar de ser un aristócrata se implicó en una gran cantidad de reformas dirigidas a aliviar la situación del campesinado asediado por la pobreza, las deudas (que en ocasiones conducían a la esclavitud) y un régimen señorial que lo ataba a las tierras de su señor o lo conducía a la miseria. En este campo tomó dos medidas muy importantes:

  • Prohibió los préstamos realizados con la garantía de la libertad del deudor y su familia. La nueva ley amparaba exclusivamente en lo sucesivo la retribución mediante bienes.
  • Anuló las deudas contraídas por los campesinos según las leyes anteriores (seisachteia o “supresión de cargas”). Se condonaban las deudas pendientes y las tierras embargadas por este tipo de deudas fueron recuperadas por los campesinos. Esta medida, que en principio beneficiaba a los campesinos, también fue provechosa para un grupo reducido de aristócratas… las amigos de Solón. Ya sea por exceso de confianza o por otros motivos más terrenales y perversos, el caso es que Solón comentó a sus íntimos de mayor confianza que no iba a hacer un nuevo reparto de tierras pero que iba a suprimir las deudas contraídas sobre la garantía de las tierras.

Sus amigos pidieron dinero prestado y compraron grandes lotes de terrenos que quedaron libres de cargas tras la seisachteia.

Fuente: De banquetes y batallas – Javier Murcia Ortuño

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