Tag Archive for: Gabriel Castelló

September

24 sep
24 septiembre 2010

Como su obvio nombre ordinal indica, desde tiempos de Rómulo así se conocía al séptimo mes del calendario romano.

Mes poco prolífico en actividades, estaba consagrado a Vulcano, dios del inframundo, el fuego y los metales. Se le representaba con su fragua y correspondía al Hefesto griego.

En las Kalendas del mes se rendía culto a Júpiter en su templo del Capitolio, solicitándole un invierno benigno y su intervención en el correcto germinar de las cosechas.

El día 3 se celebraba la Epidaura, una festividad en honor a Esculapio, Asclepio en griego, dios de la medicina. Era un rito importado del Mediterráneo oriental, básicamente desde la incorporación del mundo Egeo a la órbita romana. Los enfermos eran llevados al santuario de Esculapio, donde pernoctaban. Muchos de ellos veían en sueños al dios Esculapio afanado en sus curas. Algunos despertaban curados de sus males, quizá por la adormidera con leche que les daban los sacerdotes antes de acostarse o por simple y pura superstición. El símbolo del dios era la serpiente enroscada en la vara, nuestro actual símbolo farmacéutico.

La víspera de las nonas, el día 4, después de la vendimia y demás tareas agrícolas, comenzaban los Ludi Romani, las populares carreras de cuadrigas, uno de los grandes juegos del mundo romano en honor de Júpiter Óptimo Máximo. Pues que sea casualidad, pero la cantidad de festividades patronales que tienen lugar en estas mismas fechas aún hoy en día es notable en tierras valencianas.

En las nonas del mes comenzaban las Eleusinas, los misterios de Dionisos, el Baco romano; la noche del día 6 se realizaba el baño purificador y al día siguiente tenía lugar la ceremonia principal. Después de guardar ayuno todo el día, con la puesta de sol comenzaba el ritual místico. Los fieles acudían a la cámara sagrada del dios. Después de una copulación teatralizada entre la sacerdotisa y el hierofante, el sumo sacerdote, tras abandonar las tinieblas declamaban “La omnipotente ha parido al omnipotente”.

El ritual concluía con un brebaje sagrado, y probablemente psicotrópico, a base de cebada y poleo llamado ciceón. El compromiso de los iniciados exigía no revelar lo contemplado en el recinto sagrado. El día 10 se sacrificaba un toro y tenía lugar el pannychis, un gran banquete con música y danzas para concluir las celebraciones que se prolongaba hasta el amanecer. El emperador cristiano Teodosio I prohibió estas celebraciones en un decreto del año 392 durante su particular persecución del paganismo.

En los idus, el día 13, tenía lugar el gran banquete en honor a Júpiter enmarcado dentro de los Ludi Romani.

El 17 de Septiembre del 14 d.C. se le concedió a Augusto su divinidad… El princeps había nacido un día 23.

El día 20 se celebraba el nacimiento de Rómulo.

Con este mes concluye la revisión del calendario romano y su profusión de ceremonias religiosas. Hemos visto muchas curiosidades, ritos agrarios convertidos en festividades y adaptaciones cristianas de costumbres paganas muy arraigadas en el pueblo cuyo inicio se pierde en la noche de los tiempos. Espero que os haya gustado.

El próximo mes comenzaremos una nueva serie de artículos, ahondando más en la forma de vida de nuestros ancestros…

¿Cómo sería una visita a las termas?

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia

Share

Junio

18 jun
18 junio 2010

Este mes tan relevante, puerta del verano, debe su nombre a la diosa Juno, esposa de Júpiter y reina de los cielos. El sincretismo grecorromano cambió a la primitiva Juno de funciones dentro del panteón divino. Dentro de sus atribuciones, la diosa también era la garante de la naturaleza y el matrimonio. Otras teorías apuntan a que era el mes de los jóvenes, junior.

El mes se representaba en el calendario como una joven desnuda que señala con su índice un reloj de sol mientras porta en la otra mano una antorcha. Este simbolismo escenifica que a partir de este mes el sol comienza a bajar. La antorcha posee la gama de colores que salpican los campos en verano.

Hay otra teoría que apunta a que Junio debe su nombre al primer miembro relevante de esta gens en la Historia de Roma, Lucio Junio Bruto. Este personaje fue el primer cónsul de Roma después de la expulsión de su tío, Tarquinio el Soberbio, último rey de origen etrusco. Una vez en su nuevo cargo, ratificado por el recién creado Senado de la nueva república, realizó un sacrificio público en pos de la libertad a la diosa Carna, hacedora de la vida humana.

En las kalendas de Junio tenían lugar los rituales en honor a la mencionada Carna, hermana de Diana y deidad polivalente que protegía los genitales masculinos, las digestiones y los quicios de las puertas. Era la diosa de los goznes, pues su poder abría lo cerrado y cerraba lo abierto. También ahuyentaba a los parásitos y los vampiros. Este día se comía habas con tocino, ritual que, según las creencias de entonces, mantenían la virilidad por un año. Curiosamente, había una prohibición manifiesta de casarse durante la primera quincena del mes…

El día 4 se conmemoraba la destrucción de Troya y la huída de Eneas, legendario antepasado de los fundadores de Roma.

El día 5 se invocaba a Divis Fidis, diosa de los juramentos. Éstos debían realizarse a cielo abierto, por eso el templo de la diosa tenía el techo abierto.

Este ritual estaba ligado también a Semo Sancus, el dios del juramento de origen sabino que con los años se asimiló al culto hercúleo.

El día 8 estaba consagrado a Mens y Venus. Los de Roma se erigieron para conjurar el desastre de Trasimeno frente a los cartagineses. Mens, diosa de la razón, era la encargada de dotar de buen juicio a los recién nacidos.
El día 9 tenían lugar las Segundas Vestales: El Templo circular de Vesta no podía tener ninguna reserva de agua en su interior, ya que esta es enemiga del fuego. La llama sagrada de Vesta debía estar siempre encendida y era vigilada celosamente por las vestales. Si se apagaba, debía ser encendida frotando dos trozos de madera de árbol fértil. Sólo podía apagarse una vez la año, el último día de Febrarius, para que la llama fuese renovada el primer día de Martius, último y primer día del año antiguo romano republicano.
Debido a esta prohibición de almacenar agua, las Vestales tenían que ir a diario a la fuente de las Camenas a por el agua necesaria para sus las labores rutinarias. Para ello utilizaban una vasija especial, la futile, un cántaro de boca ancha y de fondo apuntado que no se sujetaba en pie una vez lleno. Las Segundas Vestales eran especialmente celebradas por los collegium de panaderos y molineros, pues tenían estos oficios contacto directo con el fuego para la realización de sus productos. En estas festividades también participaban los asnos, animales consagrados a Vesta y usados para hacer girar la muela del molino. Se les adornaba con guirnaldas y collares de panecillos, al igual que a las muelas de los molinos, inactivas este día. Las matronas romanas acudían al templo descalzas para estar en contacto con la Tierra, identificada con la diosa Hestia / Vesta.

El día 11 se celebraban las Matrales. Este rito estaba dedicado a Mater Matuta, la diosa de la aurora y protectora de los alumbramientos. Sus atribuciones también mudaron con el tiempo, siendo en época imperial protectora de los navegantes. Las mujeres casadas una sola vez acudían a su templo del Foro Boario junto a sus sobrinos portando los testuacia, unos pastelillos dedicados a la divinidad.

Los Idus de Junio tenían lugar los quincuatros menores en honor a Minerva.
El día 23 se celebraba el matrimonio entre Júpiter y Juno. Era una fecha muy especial, el solsticio de verano. También era el día de Servio Tulio, legendario rey de Roma nacido del fuego y favorito de Fortuna hasta que fue asesinado por su propia hija. Como homenaje a este personaje se pasaba la noche en vela, prendiendo hogueras para que la luz del sol no decaiga. Para conseguir buenos augurios había que saltar estas hogueras un número impar de veces, preferiblemente tres o siete. En la costa mediterránea aún seguimos manteniendo este ritual milenario. Pero ahora se le conoce como la Noche de San Juan.
Obviamente, el día 24 estaba dedicado a Jano, dios de los cambios. Se conocía a este día como “La Puerta de los Hombres” en contraposición al invernal, conocido como “La Puerta de los Dioses”, pues desde esta fecha acorta el día.

El día 30 se consagraba a las musas. Eran nueve hermanas fruto de nueve largas noches de amor. Son las garantes de las artes en el mundo; Estos son sus nombres y sus funciones:
Calíope: poesía épica; Clío: historia; Polimnia: pantomima; Euterpe: flauta; Terpsícore: poesía ligera y danza; Erato: lírica coral; Melpómene: tragedia; Talía: comedia; Urania: astronomía.

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia

Share

Aprilis

16 abr
16 abril 2010

Abril deriva del verbo latino aperire, que significa abrir, pues en este mes es cuando se abre la tierra que posteriormente dará sus frutos. También se dice que pueda derivar de la voz griega aphril, espuma, pues este mes estaba dedicado a Venus, la Aphrodite (Aphros) griega nacida en Chipre de la espuma del mar. Jacob Grimm sostenía que el nombre del mes procedía de un dios arcaico de época etrusca llamado Aprus.

Segundo mes del calendario Juliano, Antes de la reforma cesariana contaba sólo con 29 días. Los antiguos romanos dedicaban este mes a Venus, realizando a su vez grandes festejos durante el mes en honor a Cibeles y Ceres. Era también el mes que se conmemoraba la fundación de Roma y a finales de mes se abría el primer vino del año anterior con gran solemnidad.
El día de las Kalendas de Aprilis estaba consagrado a Venus Verticordia y Fortuna Viril. Las mujeres se congregaban en algún lugar que tuviese agua corriente y quemaban incienso en honor a las dos diosas, buscando su favor. Las asistentes tomaban un brebaje sagrado a base de adormidera, leche y miel.

El día 4 comenzaban las Megalenses, las grandes fiestas en honor a Cibeles. Eran festejos muy vistosos y coloristas. Los galos, los sacerdotes castrados de Cibeles, sacaban ese día en procesión una imagen de la diosa sedente sobre un carro tirado por leones al son de címbalos, timbales y gran griterío. Había teatro y banquetes en los que no faltaban porciones de queso a las finas hierbas. El día 10 concluían las fiestas de Cibeles con una procesión que presidía una imagen de la Victoria alada.
Del día 12 al 19 se celebraba la Cerealia, la festividad de Ceres, inventora de la agricultura. El blanco era el color de la diosa, por ello los romanos se vestían de un blanco inmaculado durante estos días. La festividad acababa con una procesión ecuestre a la luz de las antorchas para bendecir en un solo acto las cosechas y los rebaños. El día de los Idus de Aprilis, el decimotercero del mes, estaba dedicado a Júpiter Víctor.

El día 15 se sacrificaban a la diosa madre tierra, Vesta, treinta vacas preñadas para asegurar una buena cosecha. Según Ovidio, el origen de este sacrificio venía de tiempos del rey Numa. Una gran esterilidad sacudió su reinado, el rey soñó que para vencerla debía de sacrificar dos vacas, pero matando sólo a una. La ninfa Egeria le dio la solución al enigma: Sacrifica una vaca preñada.

El día 21 estaba consagrado a las vestales, quizá las sacerdotisas más conocidas de la antigüedad clásica. Las sacerdotisas de Vesta eran seis mujeres de soberbia belleza, reclutadas de niñas para servir a la diosa y al estado. Debían de mantener su virginidad durante los treinta años de servicio. La pérdida de ésta conllevaba la muerte por lapidación; en cambio, dejar consumirse el fuego sagrado de la diosa, su tarea principal, estaba castigado con azotes públicos. Los pontífices estaban en contacto directo con ellas, pues de sus vaticinios proféticos dependía el devenir de la nación.

El día 22 no se realizaban actos sexuales para garantizar una buena cosecha.

El día 23 se celebraba la Vinalia, la fiesta de Júpiter, protector de las viñas. Esta festividad se remonta a los tiempos legendarios de Eneas. Según la Eneída de Virgilio, su adversario el rey de los rútulos, Turno, se había granjeado la alianza de Mecenio y los etruscos, ofrendándole la mitad del mosto de la próxima cosecha. Eneas le ofertó lo mismo a Júpiter y obtuvo la victoria.

El día 24 se conmemoraba el nacimiento de Diana y el 25 el de Apolo

El día 28 tenía lugar la Floralia, las festividades en honor a Flora, la antigua divinidad itálica arcaica de las flores, los frutales y el vino. Se prolongaban hasta el 3 de Maius y eran fiestas desenfrenadas y licenciosas que se celebraban con más brío si cabe al calor de los lupanares. El pueblo se vestía con vistosos colores emulando la incipiente primavera y las calles se iluminaban por la noche para garantizar la seguridad de los celebrantes.

Del 29 al 30 tenían lugar las primeras vestales, celebradas en especial por los colleguium (gremios de artesanos) de panaderos y horneros. Los asnos y las piedras de molino eran también partícipes de estas fiestas. Engalanados con guirnaldas de flores, descansaban junto a sus dueños ese señalado día.

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia

Share

Martivs

26 mar
26 marzo 2010

Era el mes femenino del mundo romano, consagrado a la gran Diosa Madre, Magna Mater; Hasta la reforma del calendario promovida por Julio César fue el primer mes del año. El nombre del mes rememora a Mars, Marte, dios de la vegetación en sus orígenes que acabó encarnando la afición más popular y habitual del senado romano: La guerra. El dios se representaba armado como un hoplita griego y su animal sagrado era el lobo.

Era un mes muy animado; En él se iniciaban de los cargos públicos, tenían lugar los comicios republicanos y, tras ellos, comenzaban los consecuentes consulados.
En las Kalendas de Martius se celebraba la Matronalia. Era la festividad de las mujeres casadas, las matronas. Los maridos agasajaban a sus esposas con banquetes y regalos. Incluso el gran poeta Publio Ovidio Nasón, que vivió en tiempos del austero Augusto, se replanteaba unas fiestas femeninas en el mes consagrado a Marte… Pero todo tiene una explicación: Tras el rapto de las sabinas se produjo una guerra entre Roma y sus vecinos. Dicha guerra acabó este primer día de Martius y, precisamente, el fin de las hostilidades fue orquestado por las mujeres de ambos bandos. La festividad estaba dedicada a la diosa Juno Lucina, “la que va a la luz”, divinidad protectora de los partos. No había embarazada en toda la ciudad que no fuese ese día a su templo a ofrecerle algún exvoto.

Para conmemorar el final del Mare Clausum – el cierre invernal de las rutas comerciales marítimas – el día 5 se celebraba el Navío de Isis. Los sacerdotes marchaban en procesión hacia el puerto y allí se botaba un navío cargado de ofrendas. La diosa Isis, procedente de Egipto, caló hondo como divinidad de importación en la Roma imperial. Hay muchas imágenes de Isis amamantando al niño Horus, una imagen que a simple vista recuerda la temprana imaginería mariana medieval. La profunda devoción de muchas mujeres romanas a esta diosa egipcia le allanó el terreno al posterior culto a la madre del Cristo.
En la víspera de los idus de Martius, fecha inmortal por motivos ajenos a la religión romana que luego explicaré, se celebraba la Mamuralia, la fiesta del viejo Marte, Mamurius Veturius; Esta celebración consistía en que un hombre viejo vestido con pieles era empujado fuera de la ciudad a garrotazos. Los garrotes eran largos y blancos y el viejo en cuestión personificaba al invierno. Era un rito de expulsión de los fríos y bienvenida a la primavera (recordemos que Marte en los tiempos remotos de la monarquía era el dios de la vegetación)

Los idus de Martius del 44 a.C. han pasado a la Historia por ser la fecha del asesinato político de César en las escaleras del Teatro de Pompeyo, en aquella fecha lugar de encuentro y debate del Senado. El arqueólogo y escritor italiano Valerio Máximo Manfredi acaba de editar una nueva novela con este nombre en la que recrea los últimos días del dictador y la conspiración republicana que acabó con su vida y su desmedida ambición.

El 17 de Martius tenían lugar la Liberalia, conocida también como las Grandes Dionisíacas o Bacanales. Liber fue el dios de la fertilidad y el vino original del pueblo romano que poco a poco fue mudando a Baco a finales de la República. En principio la Liberalia estuvo constituida como festividad exclusiva femenina, pero con el paso de los años sus ritos se abrieron también a la población masculina. El estado siempre miró con recelo estas fiestas y fueron prohibidas en varias ocasiones ante la posibilidad de ocultar conspiraciones.
A pesar de ello, las Bacanales eran tan populares que no pudieron ser erradicadas hasta que la Iglesia las denunció como impías y carentes de moral y fueron perseguidas con dureza. Es un tópico. No eran tan impúdicas como nos podemos imaginar, pero las nuevas tendencias ideológicas del Estado chocaban con el liberalismo (¿De donde vendrá la etimología de la palabra liberal?) de las festividades paganas. Con la imposición de la fe cristiana sobre los antiguos cultos murió el tópico romano de las orgías de vino y sexo sin fin.

El 19 de Marzo era la fiesta de los artesanos, los Quincuatros. Es curioso que esta fecha corresponda con el actual San José, patrón de los carpinteros. Las matronas hacían ese día la comida y la primera jornada festiva había lucha de gladiadores en los anfiteatros como ahora hay una corrida de toros. Otra adaptación inteligente de la Iglesia a unas costumbres muy arraigadas con las que no se quería enfrentar y que era más fácil renombrar. En Valencia este día seguimos reuniendo maderas viejas y prendiendo hogueras en honor a Minerva; Ahora se llaman Fallas.

El 22 de Martius comenzaban las fiestas de Cibeles, la Madre Tierra, una divinidad importada proveniente de Frigia, en el centro de Anatolia, que también fue absorbida por el inmenso panteón romano. Ese mismo día se le llevaban violetas a los difuntos, rito conocido como Violaria.
El día 24 los sacerdotes de Cibeles se castraban voluntariamente como hizo Attis derramando su sangre consagrada a la diosa. Esa noche se celebraba la resurrección de este dios, el legendario amante eunuco de Cibeles y fiel conductor de su carroza de leones. Aquí tenemos el primer culto a una resurrección, otro concepto popular muy bien utilizado años después…
Al día siguiente había una colorida procesión que recorría la Urbe en dirección al templo de Cibeles, hoy bajo la Basílica de San Pedro en la Colina Vaticana.
Las fiestas de Cibeles culminaban el día 27 con una procesión solemne en la que una efigie de la diosa hecha en plata era paseada por las calles de Roma hasta el río Almo. El sumo sacerdote, vestido de púrpura, bañaba a la diosa y realizaba un rito para favorecer la lluvia y la fertilidad de los campos.

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia

Share

Februarivs

04 feb
4 febrero 2010

íšltimo mes del año en el calendario clásico republicano y segundo en el Juliano, era un mes dedicado a la diosa Februa, la madre de Marte y también a Februus, el antecesor etrusco de Plutón, dios de los infiernos. Mes de purificación por excelencia, los ritos en honor al dios conocidos como febraule podrí­an ser el origen etimológico del nombre del mes. Se realizaban sacrificios y ofrendas a los dioses para curarse en salud por los desagravios cometidos durante el año en una especie de confesión general destinada a no soliviantar la ira de las divinidades patrias.
En el arcaico calendario romano este mes no existí­a. Fue incluido en tiempos de Numa Pompilio. El dios predominante del mes era Neptuno y se representaba en el calendario del Foro como una mujer vestida de azul que portaba en una de sus manos un ave acuática mientras con la otra sostení­a un cántaro que vertí­a una cantidad respetable de agua, representación de las importantes lluvias que llegaban en estas fechas.

Su corta duración respecto al resto de meses tiene su motivo. Julio César, tan cautivado por la precisión egipcia como por los encantos de Cleopatra, decidió reformar el viejo e inexacto calendario lunar romano y adaptarlo a la versión solar, mucho más precisa, de 365 dí­as y 6 horas. El encargado de realizar los cálculos de aquel importante cambio fue Sosí­genes, un astrólogo alejandrino. Al ser Febrero el último mes del calendario romano no era tan largo como el resto y además necesitaba la inclusión de un dí­a cada cuatro años, entre el 24 y 25 del mes, para corregir el cómputo total. El dí­a 24 era el sextus kalendas martii, por eso este dí­a extra fue llamado bis sextus (origen de nuestro actual término bisiesto)

El segundo dí­a de las Kalendas se mantení­an encendidas antorchas durante la noche como ofrenda a Februa buscando con ello que el dios Marte, su hijo, conmovido por las ofrendas de sus devotos, les concediese la victoria en el campo de batalla. Roma, y el resto de grandes ciudades del Imperio, era una ciudad oscura por las noches, un lugar peligroso para pasear tras la puesta de sol. Esta iluminación extra permití­a que las mujeres saliesen ese dí­a en una procesión en honor a Ceres.

Del 5 al 7 del mes tení­an lugar las Anestesias, festividades en honor de Dionisos, el dios griego del vino y el teatro. El primer dí­a tení­a lugar la apertura de las primeras ánforas del vino del año anterior, embasado en Octubre. El segundo dí­a se celebraba un concurso de bebedores que consistí­a en liquidar en el menor tiempo posible un recipiente en el que cabí­a un congio de vino (¡Sólo un poco más de tres litros!) El tercer dí­a se realizaba un guiso a base de vino y pan que se vertí­a en suelo sagrado en honor de Hermes, el mensajero de los dioses, honrando el suelo en reconocimiento de las ví­ctimas del diluvio… sí­, el diluvio es común a todas las civilizaciones (hay un diluvio sumerio, maya, hebreo, griego, etc.)

Los idus de Febrarius estaban dedicados a los difuntos. Los templos estaban cerrados y no era posible casarse.

El dí­a 15 tení­an lugar las Lupercales, las fiestas en honor al dios Fauno. Esta festividad tiene su origen en una vieja leyenda de tiempos de Rómulo. Parece ser que las romanas no tení­an hijos y acudieron al Oráculo de la diosa Juno, el cual dictaminó que “Madres del Lacio, que os fecunde un macho cabrí­o velludo”. En recuerdo de aquello el sacerdote sacrificaba dicho animal, con su piel se hací­an tiras y con ellas se confeccionaban los látigos que habrí­an de portar los lupercos. Eran éstos chicos jóvenes que corrí­an desnudos por el Palatino, con la cara manchada con la sangre del animal y golpeando con sus látigos a las mujeres que deseasen tener descendencia. Representaban al dios Pan, nieto del lobo Licaón, de ahí­ su nombre (lupus es lobo en latí­n)

Las Fornacales se celebraban del dí­a 10 al 17. Era una celebración en la que se honraba a Fornax, protectora de los incendios y patrona de los horneros. No habí­a fecha fija para ubicarla dentro de estos dí­as, pues cada Curia podí­a cambiar el dí­a de celebración, pero si por descuido u olvido no se celebraba a tiempo y se pasaba de fecha la gente se burlaba tildando a sus participantes de participar en la stultorum festa, la fiesta de los tontos, probable origen del actual carnaval.

Los últimos dí­as del mes estaban dedicados a la Feralia y las Carí­stias, ambas dedicadas a honrar a divinidades menores relacionadas con los difuntos. Era el fin del año y ello conllevaba recogimiento moral.
El dí­a 23 se honraba a Término, el dios de las lindes y los caminos que era representado con una cabeza humana sobre un pilar. Se sacrificaba un cochinillo y con su sangre se regaban los mojones y los cercos que rodeaban las propiedades pidiendo el favor del dios para que nadie indeseable los traspasase. Aún llamamos término a nuestros lí­mites municipales.

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia.

Share

Ianuarius

14 ene
14 enero 2010

Desde la reforma del calendario promovida por Julio César en el 45 a.C. Enero pasó a ser el primer mes del año (de ahí­ que se llamase Calendario Juliano) Ianuarius era el mes dedicado al dios de los caminos, los principios y los finales, Jano. Todo aquel romano que se embarcaba en un nuevo negocio, o la llegada al mundo de un hijo o un matrimonio se consagraba a este dios autóctono romano. Se le representaba habitualmente como una divinidad bifronte, con cada rostro mirando hacia direcciones diferentes.

Uno de los rituales que un buen ciudadano debí­a de realizar a diario eran los Ianus Matutinus. El templo de Jano en Roma tení­a doce puertas, una por cada mes del año, que permanecí­an cerradas en tiempos de paz y abiertas en tiempos de guerra. Cada primer dí­a del mes se le ofrendaba al dios una torta hecha de pan amasada con aceite y vino, la triada alimenticia de la antigüedad clásica que durante muchos siglos fue nuestro sustento.

Kalendas de Ianuarius, el dí­a 1.

El primer dí­a del año era fecha de cambios, de pedir perdón y, desde tiempos de Julio César, el dí­a en que los cónsules tomaban posesión de su cargo anual y realizaban los ritos en el Capitolio en pos de la prosperidad de la Nación. Pero, además, era también el dí­a consagrado a la diosa de la salud, Strenia. Era el dí­a del aguinaldo, una tradición que se remonta a tiempos de Tacio y Rómulo, cuando los reyes recibí­an como obsequio del pueblo por el nuevo año unas ramas de verbena procedentes bosque consagrado a la diosa. Con el paso del tiempo este presente simbólico se fue modificando y enriqueciendo, pasando a conocerse como strena y anticipándose su entrega a las Saturnalia, como nuestros actuales regalos navideños. Fue el emperador Tiberio quien dispuso que estos regalos se limitasen sólo a las calendas de Ianuarius. Aún llamamos en Valencia “estrenas” al dinerillo que cada tí­o les da a sus sobrinos en Navidad.

El concepto de aguinaldo tiene también su origen romano. Significa “del año” y consistí­a en un mazapán (martius panis, pan de Marzo, que fue el primer mes del año romano hasta la reforma Juliana) con forma de serpiente circular decorada con fruta escarchada y confites… ¿Será este colorido dulce el antecesor del roscón de reyes? La verdad es que se le parece mucho… Además, se serví­a dentro de una caja muy vistosa que los niños utilizaban después para guardar sus juguetes.

El dí­a 5 de Enero se honraba a los muertos colocando ofrendas a los Manes para evocar a los espí­ritus protectores. Este rito se conocí­a como la Compitalia.

El dí­a 6 se dedicaba al dios menor de origen heleno Aión y el dí­a 9 a los Juegos Agoní­sticos en honor a los héroes y semidioses estilo Eneas, Aquiles o Hércules, de padre divino y madre mortal. En el crepúsculo del dí­a 9 los sacerdotes sacrificaban animales machos de pelaje negro en honor a estos personajes idolatrados.

El dí­a 11, y posteriormente el 15, tení­an lugar las Carmentalias, las festividades en honor de Carmenta, originariamente una ninfa de las fuentes que pasó a ser considerada una divinidad menor asociada a la adivinación y los nacimientos. Fue la patrona de las matronas. Por ello las ofrendas a esta divinidad debí­an ser incruentas, pues se honraba la vida y no la muerte; No podí­an utilizarse vestimentas con cuero o pieles durante estas festividades.

Durante los Idus de Ianuarius, el dí­a 13, se le concedió el tí­tulo de Augusto a Octavio, el primer emperador de Roma. Eran fechas relacionadas con la fecundidad femenina bajo al protección de Júpiter í“ptimo Máximo.

Hay una anécdota muy interesante relacionada con las Carmentalias, según la leyenda provocada por un juego de palabras (Carmenta / Carpenta) Parece ser que un decreto del Senado prohibió a las mujeres utilizar en sus desplazamientos el carpentum (carruaje, de ahí­ la palabra carpintero, el que fabrica carruajes) Como represalia, las mujeres de Roma optaron por una castidad tan severa con sus maridos que provocó una bajada tan alarmante la natalidad que el Senado tuvo que revocar dicha ley. En reconocimiento a la intervención de la diosa se erigió un templo a Carmenta y se le dedicó un segundo dí­a de fiestas.

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia.

Share

December

15 dic
15 diciembre 2009

El décimo mes del calendario romano era, en cuanto a festividades, el más espectacular y animado de todo el año. En este mes se conmemoraba la idí­lica edad de oro en la que Saturno reinaba sobre el resto de divinidades. También era el mes en el que se producí­a el solsticio de invierno, fecha señalada como el nacimiento de los dioses solares.

Desde las Kalendas (dí­a 1) hasta los Idus (dí­a 13) sólo cabe destacar las segundas Faunales (el dí­a 5) en conmemoración al dios Fauno y el Agonal, ritual que consistí­a en sacrificar un carnero al dios Sol (el dí­a 11) Ese mismo dí­a se celebraba sólo en la Urbe el Septimontio, las siete colinas, una festividad menor de los poblados latinos que formaron la arcaica Roma.

El dí­a 15 se celebraba las segundas Ludii Consuales, en honor al dios de los silos, Conso; El rito principal consistí­a en celebrar carreras de mulos, similares al “Tiro y Arrastre” que aún se practica en algunas localidades rurales de la Comunidad Valenciana.

El gran momento del mes, dirí­a que hasta del año, llegaba el dí­a 17. Era el dí­a en el que comenzaban las Saturnalia, las grandes fiestas en honor a Saturno. Fue una festividad tan apreciada por la civilización romana que, ante la imposibilidad de concentrar tanta actividad en un solo dí­a, se tuvieron que prolongar los festejos hasta el dí­a 23. Muy probablemente, las Saturnalia tengan su origen en el fin de las labores agrí­colas, cuando los campos se preparan para el invierno y las tareas de campesinos y esclavos se ralentizan. Recordemos que la sociedad de la antigua Roma era eminentemente agraria.

Como serí­an de importantes estas festividades para que las escuelas cerrasen, algunas conductas frí­volas femeninas y masculinas estuviesen bien vistas, se pudiese jugar a los dados en público, se invirtiesen los papeles entre amos y esclavos, corriese el vino a raudales y todos los miembros de la familia recibiesen un regalo, fuera cual fuese su condición. Además, todos los esclavos recibí­an de sus amos una generosa paga extra en moneda o vino (excepto los pobres desgraciados que tuvieron el infortunio de servir al roñoso de Marco Porcio Catón) Estas fiestas tan fraternales en las que imperan las buenas intenciones son el origen de nuestras actuales Navidades.

Desde el dí­a 17 al 23 se sucedí­an los banquetes y las procesiones desenfrenadas (que fueron el embrión para los futuros carnavales) Los plebeyos y proletarios se erigí­an en jueces, y los patricios en siervos. Se realizaba la elección del “Rey de las Burlas” y, por fin, después de tantos dí­as de júbilo, llegaba el solsticio de invierno, consagrado a Jano, el dios de los principios, fecha considerada en la antigüedad como la Puerta de los Dioses.

Esta cadena de conmemoraciones concluí­a el dí­a 25. En Asia se conocí­a esta fecha como el “Dí­a del Sol Invicto”. Fue una festividad menor hasta que el emperador Aureliano, en el año 274, se valió de ella para relanzar el damnificado culto imperial, proclamándose representante de la “luz divina”. Curiosamente, Mithra, el dios persa del cielo y la luz que adoptó como suyo medio ejército romano, nació este mismo dí­a… que casualidad… como también lo hizo el prí­ncipe Shirdarta (más conocido para nosotros como Buda) y también el dios Dionisos. ¿A qué se debe esta “casualidad”? Como casi todo, tiene una explicación: En el año 325 tuvo lugar el Concilio de Nicea (hoy Iznik, Turquí­a), la primera reunión eclesiástica cristiana posterior a la gran persecución de Diocleciano convocada por el emperador Constantino para ordenar las corrientes religiosas que convulsionaban la nueva fe recién tolerada. Fue en este concilio donde los obispos allí­ congregados decidieron colocar el impreciso nacimiento de Jesús en esta fecha del 25 de Diciembre, despachándose de paso con este movimiento al molesto Mithra y a la encarnación imperial de la “Luz Divina” *

* En mi opinión, y que no se me ofendan los más devotos cristianos creyentes a pies juntillas en los textos sagrados, es muy difí­cil de entender que hace dos mil años un señor cincuentón con su joven mujer embarazada de casi nueve meses se atreviese a cruzar sólo y en burro las peligrosas estepas de Samaria, y más en invierno. Además, el edicto de empadronamiento imperial tendrí­a lugar, como otros que conocemos de la jurisprudencia romana, a principios de primavera, por lo que es más lógico pensar que el hijo de Marí­a y José naciese después de su difusión en Judea, entre Marzo y Abril. Ahora, que cada uno que crea en lo que quiera, que para eso está la libertad de credo.

El dí­a 26 se celebraba una festividad de origen heleno, el Háloa. Estaba dedicada la fertilidad, representada por Ceres, y sólo participaban en ella mujeres, las cuales se desinhibí­an en una pí­cara procesión ostentando sí­mbolos fálicos y actitudes lésbicas.

El dí­a 31 era la ví­spera de las Strenas. Hogueras enormes y bullicio callejero acompasaban la última noche del año… Ya veremos en Januarius en que consistí­an aquellas curiosas festividades en honor a la diosa Strenia.

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia.

Share

November

06 nov
6 noviembre 2009

November es el noveno mes del calendario romano, si pudiésemos clasificar los meses por su importancia y relevancia en la vida religiosa y festiva romana, éste serí­a sin dudas el último. Era un mes poco dedicado a celebraciones, pues era el mes de la siembra, y por ello la mayor parte del tiempo quedaba hipotecada para las labores agrarias que garantizarí­an una buena cosecha. La sociedad romana, en su origen, era eminentemente agrí­cola. Así­ pues November era el mes de roturar los campos y sembrar. La diosa del mes era Feronia, protectora de la fertilidad y la abundancia, compañera de panteón de Diana, Ceres, Fortuna y Flora

Desde poco después de las calendas de November (el dí­a 4 aproximadamente hasta el dí­a 17) tení­an lugar los Ludi Plebeii, los juegos plebeyos, ya comentados desde tiempos de Tito Livio y que fueron creados para reconciliar las dos grandes clases de la roma antigua, los plebeyos y los patricios.

El dí­a 8 era considerado como el último dí­a en que la puerta del mundo subterráneo estaba abierta, el mundus patet.

Durante los juegos, el dí­a 13, tení­a lugar el Epulum Iovis, el banquete de Júpiter, una festividad popular en la que se engalanaban las estatuas de las deidades capitolinas, se las colocaba a la mesa en mullidos divanes, a Júpiter recostados y a Juno y Minerva sentadas, y se les atendí­a como a invitados. La comida era frugal y sencilla.

Se conocí­a aquel dí­a como la festividad de las Pulvinaria. Todo este ritual lo montaban los epulones, septemviri epulonum, un colegio formado por los siete sacerdotes que se encargaban de organizar los ritos religiosos. Uno de los adminí­culos de los epulones que ha sobrevivido a los tiempos es la patena, recipiente aún utilizado a dí­a de hoy por los sacerdotes católicos.

El 22 de noviembre tení­a lugar la festividad en honor a Proserpina y Plutón, los dioses del mundo subterráneo.

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia.

Share

Switch to our desktop site