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Trabajadores chinos del ejército Aliado, los olvidados de la Primera Guerra Mundial

09 ene
9 enero 2014

Dicen que la historia es la propaganda de los vencedores, pero ser olvidados formando parte del ejército vencedor es todavía más cruel. Esta es la historia de los 140.000 trabajadores chinos que fueron contratados por los Aliados en la Primera Guerra Mundial.

Los miles de bajas sufridas por franceses y británicos, especialmente en Somme y Verdún, durante los dos primeros años de la guerra, obligaron a los Aliados a retraer efectivos destinados en otros menesteres para cubrir las bajas en el frente de batalla. Esta solución dejó sin efectivos destinados a labores menos heroicas pero igualmente necesarias como la excavación de trincheras y letrinas, reparación de carreteras y vías férreas, carga y descarga de material… Así que, se contrataron trabajadores fuera de Francia e Inglaterra… concretamente en China. Como nación no beligerante, el gobierno chino no permitía contratar a sus ciudadanos para luchar pero sí como peones. Aunque los primeros en contratar a chinos fueron los franceses en 1916, el mayor número -unos 100.000- fue reclutado por el ejército británico creando los Chinese Labour Corps o CLC (Cuerpos de Trabajo Chinos).

CLC-Badge

Estos peones fueron reclutados de entre los campesinos de las zonas más pobres de China con la promesa de estar alejados de primera línea, de recibir un buen trato y un salario digno del que parte sería enviado a sus familias. Después de un largo y tortuoso viaje llegaban al frente occidental de Europa para trabajar durante 12 horas, los siete días de la semana, en condiciones penosas y sometidos a la estricta disciplina militar, sin ser militares. Sus condiciones de vida eran más parecidas a las de condenados a trabajos forzados que a trabajadores contratados: en sus horas de descanso debían permanecer recluidos en un campamento cercado, tenían prohibido confraternizar con el resto, eran identificados mediante un número, las cartas a sus familias debían entregarse abiertas para ser inspeccionadas… su única recompensa era un suministro abundante de cigarrillos.

CLC

Con el Armisticio de 1918 parecía que todo había terminado… pero no fue así. Más de la mitad de los trabajadores chinos -unos 80.000- permanecieron en Europa y fueron empleados en reconstruir las infraestructuras destruidas, rellenar las trincheras excavadas por ellos mismos, recuperar y enterrar los cuerpos de los soldados muertos todavía desperdigados en el campo de batalla en ocasiones plagado de minas -lo que les convirtió en detectores de minas humanos- y otras penalidades de este tipo. Según las fuentes francesas e inglesas, 2.000 trabajadores chinos murieron durante su servicio en Europa ya fuese como resultado directo de la guerra y, sobre todo, por la pandemia de la llamada gripe española; las fuentes chinas elevan este número hasta los 20.000. Se han identificado 40 cementerios repartidos por Francia y Bélgica en los que fueron enterrados sus cuerpos, siendo el más numeroso el de Noyelles-sur-Mer (Francia) en el que se han identificado más de 800 tumbas chinas. Excepto unos 5.000 chinos que decidieron quedarse en París, en 1920 todos los supervivientes habían regresado a casa.

Tumba CLC

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El diplomático español olvidado en la película 55 días en Pekín y en la historia

21 nov
21 noviembre 2013

La película 55 días en Pekín (1963) se basa en el levantamiento de los bóxers… En junio de 1900, después de varios meses de creciente violencia contra la presencia extranjera y el asesinato de varios misioneros, los boxers (“boxeadores”, llamados así por los ingleses en referencia al ritual de artes marciales que practicaban) convencidos de que eran invulnerables a las armas extranjeras, se congregaron en Pekín al grito de “exterminar a los extranjeros“. Obligaron a los extranjeros y a los cristianos chinos a buscar refugio tras las murallas del Barrio de las Delegaciones donde estaban situadas las embajadas extranjeras. La emperatriz Ts’eu-Hi parecía dubitativa, pero al final decidió usar a los bóxers como instrumento para destruir toda influencia extranjera en China y asegurar su propio poder político frente a los funcionarios con ideas reformadoras. Tras el asesinato del embajador alemán, los bóxers cercaron el barrio. Unos 500 soldados con armas ligeras y un viejo cañón al que se apodó como el “Cañón Internacional” debido a que su caña era británica, la cureña italiana, los proyectiles rusos y los artilleros a cargo de su manejo estadounidenses. Aguantaron 55 días hasta que fueron liberados por las tropas de la Alianza de las ocho naciones suscrita por Alemania, Austria-Hungría, Estados Unidos, Francia, Reino de Italia, Japón, Reino Unido y el Imperio ruso. Este sería a grandes rasgos el hecho histórico que recrea la película con algunas licencias artísticas como la de que circulase por allí una baronesa rusa (interpretada por una espectacular Ava Gardner) o el protagonismo de un Mayor del Ejército de los EEUU (Charlton Heston) en la defensa de las murallas. Sí tuvo protagonismo, en la película y en la realidad, el ministro británico para China, Claude Maxwell MacDonald (David Niven)

En el centro al fondo Bernardo Cólogan

En el centro al fondo Bernardo Cólogan

En este fotograma de la película se ve al fondo al protagonista de esta historia, el embajador español Bernardo J. Cólogan y Cólogan (interpretado por Alfredo Mayo) que apenas tiene algún plano más y una frase en la película. Es más, parece ser que esta referencia a Bernardo Cólogan y el plano de la compañía de infantes españoles que se ven al final de la película cuando llegan las tropas de la Alianza (este último detalle es otra licencia artística porque España no formaba parte de la Alianza), son un pequeño agradecimiento del productor Samuel Bronston por haberse rodado en España (Las Rozas – Madrid) y por los cientos de extras que participaron en ella.

Bernardo Cólogan

Bernardo Cólogan

Aunque España, tras el desastre del 98, no estaba en condiciones de mandar tropas al exterior ni para florituras, la labor de Bernardo Cólogan se ha ninguneado por la película y, lo que es peor, por la historia (algo muy propio de este país). Habría que recordar que el embajador español era el decano del cuerpo diplomático acreditado en Pekín. Gracias a sus buenas relaciones con la emperatriz Ts’eu-Hi tenía acceso a la Ciudad Prohibida imperial; acceso negado a los embajadores de naciones tan poderosas como Francia, Reino Unido o Estados Unidos. Y tal fue su influencia, que el diplomático español fue el personaje clave en la redacción del Tratado de Xinchou (1901) (también denominado Protocolo Bóxer) y el primero en firmarlo. En dicho tratado, firmado en la embajada española por la emperatriz y los representantes de las potencias extranjeras, China reconocía su culpa en la rebelión y sus consecuencias, admitiendo pagar compensaciones a la vez que establecer nuevos acuerdos con las potencias internacionales.

Bernardo Cólogan y los representantes de las potencias occidentales en la  embajada de España (1901)

Bernardo Cólogan (centro) y los representantes de las potencias occidentales en la embajada de España (1901)

Una muestra de las buenas relaciones de Bernardo Cólogan con la emperatriz son los leones que se encuentran en la entrada de la actual embajada de España en Pekín, un regalo al diplomático español tras la firma del Protocolo Bóxer.

Actual embajada de España en Pekín

Actual embajada de España en Pekín

Fuentes e imágenes: Carlos Cólogan

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Brutal secuencia de imágenes de una ejecución Ling Chi

28 oct
28 octubre 2012

A lo largo de la historia hemos demostrado nuestra sobrada capacidad para idear distintos métodos de tortura o ejecución pero creo que la muerte Ling Chi (muerte lenta o muerte por mil cortes) supera a todas por su crueldad.

El método Ling Chi era una forma de tortura y ejecución utilizado en China desde aproximadamente el año 900 hasta su abolición en 1905. La práctica consistía en hacer varios cortes en partes del cuerpo no vitales (pecho, brazos y piernas) con una cuchilla causando una prolongada agonía… Para terminar matándolo con la decapitación o la extracción de un órgano vital y posterior descuartizamiento. Se aplicaba a siervos que hubieran matado a su amo o para crímenes u ofensas contra el Emperador.

Aviso que la secuencia de imágenes es despiadada…








Imágenes: China Smack

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Los dos primeros kamikazes evitaron la invasión de Kublai Khan en el siglo XIII

12 ago
12 agosto 2012

La famosa frase no mandé mis naves a luchar contra los elementos atribuida a Felipe II, tras el desastre de la Armada Invencible en su intento por conquistar Inglaterra en 1588, bien la podría haber pronunciado Kublai Khan en sus dos intentos por conquistar Japón tres siglos antes.

Si hoy en día hablamos de un kamikaze todos pensamos que nos referimos a los pilotos suicidas de la Armada Imperial Japonesa que se lanzaban contra las unidades o instalaciones aliadas durante la II Guerra Mundial, pero la leyenda del Kamikaze, viento divino, hace referencia a dos poderosos tifones que destruyeron la flota mongola que en dos ocasiones, durante el siglo XIII , intentó conquistar Japón.

Tifón destruyendo la flota

En 1274, y ya con el control de China, Kublai Khan decidió dar el salto y conquistar Japón. Con una poderosa flota de casi 1.000 naves y unos 40.000 soldados se presentó frente a la tierra del Sol Naciente y, aunque los primeros enfrentamientos en tierra firme fueron favorables a los mongoles, se vieron sorprendidos por un terrible tifón. Casi una tercera parte de la flota se hundió y tuvieron que desistir. Siete años más tarde lo volvieron a intentar con muchos más barcos y soldados pero el resultado fue el mismo… otro tifón les obligó a retirarse. Descubrimientos, en este siglo, de restos de barcos que parece ser que participaron en esta flota invasora, hacen creer que muchos de estos barcos eran barcazas más propias de aguas fluviales que de mar abierto. Las ansias de conquista, y el viento divino, derrotaron al Gran Khan.

Fuentes e imágenes: Mongol Invasions of JapanThe original kamikaze

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El fútbol no lo inventaron los ingleses sino los chinos

19 jul
19 julio 2012

Si hace poco descubrimos en el juego de la paganica el origen el golf, hoy descubriremos el origen del fútbol… en el siglo III a.C en China.

El fútbol moderno fue creado en Inglaterra tras la formación de la Football Association, cuyas reglas de 1863 son la base del deporte en la actualidad pero los primeros registros del cuju o tsu chu (literalmente patear una pelota) datan del siglo III a.C. Aparecen en un manual militar que incluye el juego en el programa de pruebas físicas a las que eran sometidos los soldados como entrenamiento. Los soldados se dividían en dos equipos y, sin utilizar las manos, debían meter una pelota de unos 30-40 cm. de diámetro (hecha de cuero y rellena con pieles o plumas) en la portería contraria. La portería en cuestión, que no estaba protegida por un portero, era un agujero recortado en una tela seda y colgada en lo alto de dos palos de bambú… a unos 9 metros. Por tanto, se requería una especial habilidad para practicar este juego… sólo estaba hecho para jugones.

Al principio, los partidos de tsu chu únicamente se celebraban entre militares y durante los festejos de cumpleaños del Emperador pero durante la dinastía Han, desde el 206 a. C. hasta el 220, el juego se popularizó de tal forma que se extendió por toda China y ya servía cualquier pretexto para celebrar un partidillo. En tiempos de la dinastía Ming (1368 a 1644) el tsu chu cayó en el olvido… ¿Tendría que ver que los famosos jarrones peligraban con la práctica del tsu chu?

Otra versión del origen del fútbol… el juego japonés Kemari. (Gracias Chema)

Fuentes e imagen: Origins of football, Expert Football, Macau Historia

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La ciudad protegida por un instrumento de cuerda chino

08 jul
8 julio 2012

Zhuge Liang, Dragon Durmiente, fue un militar y estratega chino del reino de Shu durante el periodo de los Tres Reinos (Shu, Wei y Wu) que se disputaron el control de China después de la caída de la dinastía Han. Además de ser un gran estratega en la disposición de las tropas y el reconocimiento del terreno, supo utilizar como nadie sus conocimientos meteorológicos y astronómicos durante la batalla.

Zhuge Liang

En el 228, las fuerzas de Wei, encabezadas por Sima Yi, consiguieron llegar a la ciudad de Jieting antes que el grueso de la tropas de Zhuge Liang. Debía defender aquel punto estratégico como fuese ya que desde aquí se aprovisionarían las tropas en sus expediciones hacia el Norte. Pero la situación no podía ser más desesperada… para defender la ciudad disponía de unos 1.000 soldados y frente a ellos las tropas de Sima Yi con unos 100.000 hombres. Así que tuvo que tirar de ingenio… ordenó a todos los soldados vestirse de civiles y empezar a desempeñar labores propias de una ciudad en tiempos de paz, como si allí no sucediese nada. Ordenó abrir las puertas de par en par para que se pudiese ver que la ciudad estaba en calma y él, junto a dos niños, se subió a la muralla y se puso a tocar el guqin (un instrumento chino de siete cuerdas). Las tropas de Sima Yi se acercaron hasta una distancia prudente desde donde se veía el interior de la ciudad. Asombrados, contemplaron como la ciudad no se había inmutado ante la presencia de las tropas enemigas. Pero Sima, que había sido derrotado en varias ocasiones por el ingenio de Zhuge Liang, desconfió y, pensado que aquella aparente normalidad escondía una trampa, huyó sin plantar batalla.

Zhuge Liang con el guqin

Imágenes: The three kingdoms, Dinasty Warriors

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El chino Sung Tz’u, el primer CSI de la historia… siglo XIII

28 feb
28 febrero 2012

Aunque supongo que la policía científica no estará muy contenta, por lo irreal de las investigaciones, la serie de TV estadounidense Crime Scene Investigation o CSI sobre científicos forenses se ha hecho muy popular. Tecnología de pura ciencia ficción mezclada con originales métodos de investigación y acompañado de un fanático de la entomología, Gil Grissom, que utiliza a los insectos para resolver casos. Y como aquí hemos dicho en muchas ocasiones… nada nuevo bajo el sol.

Si nos trasladamos al siglo XIII en China encontraremos el primer caso en el que se utilizó la entomología forense para resolver un caso de asesinato. En 1235 el chino Sung Tz’u (no confundir con Sun Tzu, el general, estratega militar, filósofo y autor del libro “El arte de la guerra“) escribió el libro “The Washing Away of Wrongs. Forensic Medicine in Thirteenth-Century” (El lavado de los agravios: Medicina Forense en el siglo XIII) sobre investigaciones forenses (cómo examinar el cuerpo y la escena del crimen, determinar causas de la muerte…) y en el que se detalla el primer caso de entomología forense aplicada para resolver un caso:

Un buen día apareció un campesino muerto en un arrozal y, como suele ocurrir en estos casos, nadie sabía nada. Cuando el magistrado local comprobó el cuerpo pudo determinar que el arma homicida había sido una hoz como las que utilizaban para recolectar el arroz. Reunió a todos los campesinos del pueblo, los puso en fila y les ordenó que todos pusiesen en el suelo y junto a ellos su hoz. Al cabo de un rato, señaló a uno de los campesinos como culpable del crimen… sobre su hoz estaban revoloteando las moscas. Aunque las hoces estaban todas limpias, las moscas se sintieron atraídas por los restos de sangre que ya sabemos, por la serie, que es muy difícil de limpiar.

Imagen: Alarmas

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El primer astronauta, un chino del siglo XVI

22 ene
22 enero 2012

Oficialmente el primer astronauta, en este caso cosmonauta, fue el ruso Yuri Gagarín a bordo de la nave Vostok 1. Despegó desde el cosmódromo de Baikonur el 12 de abril de 1961 y su periplo alrededor del planeta duró 108 minutos. Aunque oficiosamente podríamos nombrar a Wan Hu, funcionario imperial de la dinastía Ming en el siglo XVI, como el primer astronauta o, mejor dicho, el primer taikonauta.

Wan Hu fue un funcionario de la corte imperial que tenía cierta obsesión por las estrellas y un buen día, mientras contemplaba un exhibición de fuegos artificiales, se le iluminó la bombilla… utilizaría la propulsión de los cohetes para acercarse a las estrellas. Tras hacer los oportunos cálculos y estudios, construyó una nave espacial en la que, visto el diseño, no contempló el viaje de regreso. La nave en cuestión era un tabla de madera sobre la que fijó una silla y que sería propulsada al espacio por 47 cohetes del mismo tamaño (los más grandes que pudo conseguir).

El día del lanzamiento se vistió con sus mejores galas, la ocasión lo merecía, se subió a la silla y dispuso a 47 ayudantes, uno por cohete, para que prendiesen la mecha al mismo tiempo. Wan Hu dio la orden, encendieron los cohetes y se retiraron… tras una gran explosión, y cuando el humo se disipó, comprobaron que la nave y Wan Hu habían desaparecido. Nada se volvió a saber del primer astronauta.

Fuente: CNN, NASA, Errores, lapsus y gazapos de la historia – Gregorio Doval

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Chinos engañados y pascuenses esclavizados

08 dic
8 diciembre 2010

Como os comentaba en el post “el imperialismo yanki nació con las cagadas de pájaros” el desproporcionado aumento de la demanda de guano obligaba a buscar nuevas “minas de guano” o a aumentar la producción de las ya existentes.

Las condiciones de trabajo en las Islas Chincha (Perú) eran precarias y peligrosas. Así que, necesitaban mano de obra barata. Entre peruanos y británicos enviaron barcos a China donde prometían a los humildes campesinos trabajos bien remunerados en las minas de oro.
Cuando llegaban a Perú, eran enviados, como ganado, a las islas para trabajar en las minas de guano. Se mantenían con 4 plátanos verdes al día y eran tratados como esclavos. En 1875 había más de cien mil chinos en Perú.
Las múltiples muertes de trabajadores (suicidios, enfermedades, accidentes…) y la disminución de nuevos remesas (comenzaron a llegar a China las noticias de las “falsas ofertas de trabajo”) tuvieron que buscar nuevas fuentes de mano de obra.

Para desgracia de los pascuenses, el nuevo objetivo fue la Isla de Pascua. A finales de 1862, ocho barcos zarparon de Perú y tras recorrer más de 3.000 km llegaron a la Isla de Pascua. Tras un intercambio de baratijas y regalos, los marineros rodearon a los pascuenses y los capturaron. Algunos fueron abatidos en la huida, otros se despeñaron por los acantilados… Un tercio de la población (casi todos los hombres adultos) fueron hechos prisioneros y llevados a trabajar a las “minas de guano”.

Al final, la vieja Europa y EEUU entendieron que Perú se había excedido. Cuando se repatriaron a los supervivientes de los trabajos forzados, sólo quedaban 100 hombres con vida. En el trayecto de “vuelta a casa” la viruela mató a 85. Sólo 15 volvieron a pisar la Isla de Pascua y no todos en perfectas condiciones. Fue la puntilla de una cultura.

Fuente: Grandes episodios desconocidos de la Historia – Joseph Cummins

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Los poemas de la libertad

05 oct
5 octubre 2010

Entre 1910 y 1940 estuvo en funcionamiento en Angel Island, en la bahía de San Francisco (California), un centro de control, administración y “tratamiento” de los miles de inmigrantes que llegaban a la costa Oeste americana. Angel Island (también llamado el Guardián de la Puerta del Oeste) era la última parada en el viaje a América.

El tratamiento de los inmigrantes era muy distinto dependiendo de la nacionalidad y la raza. Los blancos y europeos tenían más facilidades para poder desembarcar pero los asiáticos y, sobre todo, los chinos eran enviados a Angel Island. El 97% de los allí “recluidos” eran de esta nacionalidad que, tras la ley “Chinese Exclusion Act” promulgada el 8 de mayo de 1882, tenían restringida y limitada la entrada en los EEUU.

Lo que en un principio era “simplemente” una centro de control de la inmigración se convirtió en un centro reclusión. A su llegada eran separados por sexos y encerrados como animales en barracones de madera, a la espera de ser sometidos a interrogatorios intimidatorios y a rigurosos exámenes médicos. Hasta el 30% fueron deportados.

Después de 1940, Angel Island se utilizó brevemente como un centro de detención para el internamiento de ciudadanos japoneses que regresan a Japón y para prisiones en la Segunda Guerra Mundial. En 1946, fue cerrado y abandonado.

En 1970, el forestal Alexander Weiss descubrió 135 poemas (la mayoría en mandarín y otros dialectos chinos) grabados en las paredes de los barracones de hombres (los de mujeres se destruyeron en un incendio). Hay muchos grabados haciendo referencia a fechas y nombres pero los poemas expresan una serie de pensamientos y sentimientos – nostalgia, tristeza… – describen la pobreza que dejaron atrás, las esperanzas de la familia que los acompañó en su búsqueda de una nueva vida, y la frustración de su situación. También ofrecen asesoramiento a las sucesivas generaciones de aspirantes a inmigrantes. El futuro del complejo era la demolición pero Alexander Weiss trajo a dos académicos de la Universidad Estatal de San Francisco, George Araki y Mark Takahashi, que lograron fotografiarlos y darle publicidad para conservar aquel recuerdo de la historia.

Algunos ejemplos (la traducción es “relativa”):

  • En lugar de seguir siendo un ciudadano de China, me he convertido en un buey.
  • Tenía la intención de venir a Estados Unidos para ganarme la vida.
  • Los edificios de estilo occidental son elevados, pero no tengo la suerte de vivir en ellos.
  • ¿Cómo es que nadie sabía que mi morada sería una prisión ?

  • Encarcelada día tras día en una construcción de madera,
  • Mi libertad retenida, ¿cómo puedo hablar de ello?
  • Miro a ver quién es feliz, pero sólo encuentro silencio.
  • Estoy ansiosa y deprimida y no puede conciliar el sueño.
  • Los días son largos, mi estado de ánimo triste, aun así, no desespero.
  • Las noches son largas y mi almohada fría, ¿a quién puede dar lástima mi soledad?
  • Después de experimentar la soledad y la tristeza,
  • ¿Por qué no volver a casa y aprender a arar los campos?

Posteriormente se creó la Fundación Angel Island Inmigration Station (AIIS)
que se encargó de rehabilitar el edificio y restaurar los grabados. El complejo fue declarado Monumento Histórico Nacional por el Servicio de Parques Nacionales.

Fuentes y fotos: The KQED, California State Parks, Lantern Review Blog,

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