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September

24 sep
24 septiembre 2010

Como su obvio nombre ordinal indica, desde tiempos de Rómulo así se conocía al séptimo mes del calendario romano.

Mes poco prolífico en actividades, estaba consagrado a Vulcano, dios del inframundo, el fuego y los metales. Se le representaba con su fragua y correspondía al Hefesto griego.

En las Kalendas del mes se rendía culto a Júpiter en su templo del Capitolio, solicitándole un invierno benigno y su intervención en el correcto germinar de las cosechas.

El día 3 se celebraba la Epidaura, una festividad en honor a Esculapio, Asclepio en griego, dios de la medicina. Era un rito importado del Mediterráneo oriental, básicamente desde la incorporación del mundo Egeo a la órbita romana. Los enfermos eran llevados al santuario de Esculapio, donde pernoctaban. Muchos de ellos veían en sueños al dios Esculapio afanado en sus curas. Algunos despertaban curados de sus males, quizá por la adormidera con leche que les daban los sacerdotes antes de acostarse o por simple y pura superstición. El símbolo del dios era la serpiente enroscada en la vara, nuestro actual símbolo farmacéutico.

La víspera de las nonas, el día 4, después de la vendimia y demás tareas agrícolas, comenzaban los Ludi Romani, las populares carreras de cuadrigas, uno de los grandes juegos del mundo romano en honor de Júpiter Óptimo Máximo. Pues que sea casualidad, pero la cantidad de festividades patronales que tienen lugar en estas mismas fechas aún hoy en día es notable en tierras valencianas.

En las nonas del mes comenzaban las Eleusinas, los misterios de Dionisos, el Baco romano; la noche del día 6 se realizaba el baño purificador y al día siguiente tenía lugar la ceremonia principal. Después de guardar ayuno todo el día, con la puesta de sol comenzaba el ritual místico. Los fieles acudían a la cámara sagrada del dios. Después de una copulación teatralizada entre la sacerdotisa y el hierofante, el sumo sacerdote, tras abandonar las tinieblas declamaban “La omnipotente ha parido al omnipotente”.

El ritual concluía con un brebaje sagrado, y probablemente psicotrópico, a base de cebada y poleo llamado ciceón. El compromiso de los iniciados exigía no revelar lo contemplado en el recinto sagrado. El día 10 se sacrificaba un toro y tenía lugar el pannychis, un gran banquete con música y danzas para concluir las celebraciones que se prolongaba hasta el amanecer. El emperador cristiano Teodosio I prohibió estas celebraciones en un decreto del año 392 durante su particular persecución del paganismo.

En los idus, el día 13, tenía lugar el gran banquete en honor a Júpiter enmarcado dentro de los Ludi Romani.

El 17 de Septiembre del 14 d.C. se le concedió a Augusto su divinidad… El princeps había nacido un día 23.

El día 20 se celebraba el nacimiento de Rómulo.

Con este mes concluye la revisión del calendario romano y su profusión de ceremonias religiosas. Hemos visto muchas curiosidades, ritos agrarios convertidos en festividades y adaptaciones cristianas de costumbres paganas muy arraigadas en el pueblo cuyo inicio se pierde en la noche de los tiempos. Espero que os haya gustado.

El próximo mes comenzaremos una nueva serie de artículos, ahondando más en la forma de vida de nuestros ancestros…

¿Cómo sería una visita a las termas?

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia

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Sextilis (Agosto)

13 ago
13 agosto 2010

Sexto mes del calendario romano consagrado a la diosa cazadora, Diana. Su obvio nombre ordinal perduró hasta que, como ya había sucedido con su predecesor Cayo Julio César, un decreto del Senado dictaminó cambiar el nombre del mes por el del incuestionable princeps de la república, salvador del estado e hijo adoptivo del dictador vitalicio asesinado, Cayo Julio César Augusto.

Las causas que adujeron los padres de Roma para dicho nombramiento han llegado con claridad hasta nuestros días:

Mientras que el emperador Augustus Caesar, en el mes de Sextilis, primero fue admitido al consulado, y tres veces entró en la ciudad en triunfo, y en el mismo mes las legiones, del Ianiculum, se colocó bajo sus auspicios, y en el mismo mes Egipto fue traído bajo autoridad de la gente romana, y en el mismo mes un extremo fue puesto a las guerras civiles; y mientras que por estas razones el mes dicho está, y ha sido, el más afortunado a este imperio, él es decretado por este medio por el senado que el mes dicho será llamado Augustus

Cierto es que la vida y hechos del princeps y Sextilis estuvieron íntimamente ligados: fue el mes en que se le invistió por primera vez como cónsul, el mes en el que celebró tres triunfos, el mes en que incorporó Egipto a la república y, con ello, acabaron las guerras civiles que asolaron la vieja Roma desde tiempos de Sila y Mario hasta Marco Antonio y Cleopatra… y también fue el mes en el que Augusto murió. Se dijo tiempo después que fue Augusto quien equiparó el mismo número de días en su mes que en Iulius para no desmerecer a su antecesor, pero lo cierto es que en la reforma del calendario realizada por el sabio alejandrino Sosígenes por orden de César en el 45 a.C. el mes de Sextilis ya tenía 31 días.

El segundo día de las Kalendas de Sextilis era festivo pues conmemoraba las campañas de César en la Hispania Citerior cuando fue propretor de la provincia y se dedicó a saquear la Gallecia para recuperar fondos con los que saldar sus deudas astronómicas. Esta festividad coincidía con los Juegos Píticos en honor a Apolo Pitio. Se celebraban cada cuatro años, sin coincidir con los Olímpicos.

El día 12 estaba consagrado a Hércules. Se sacrificaba un toro al semidiós por la mañana, se le ofrendaba por la tarde y, a la luz de las antorchas, se realizaba una procesión cuyo final incluía un banquete en el que se consumía la carne y piel de la víctima. Puede ser éste el inicio de las festividades taurinas veraniegas.

El día siguiente comenzaban las Vertumnales, las festividades mayores de Vertumno, dios de origen etrusco garante del tránsito de las estaciones y los cambios, protector de los sembrados y patrón del comercio. La noche del 13 era considerada la más calurosa del año, por ello tenían lugar en ella ritos sagrados en honor a Diana en el que las devotas de la diosa acudían al bosque engalanadas con guirnaldas, las vestales portaban su fuego sagrado a la diosa, que blandía aquella noche una antorcha en su templo provisional, y se realizaban sacrificios y exvotos en su honor. Las fiestas se prolongaban hasta el día 15, donde la juventud era purificada en las aguas y se realizaba un banquete a base de cabrito asado, vino y tortas humeadas sobre ramas de manzano repletas de fruta de temporada.

El día 17 se rendían dos cultos menores; Portuno, divinidad de las puertas y puertos cuya única aportación a nuestros tiempos es el adjetivo “inoportuno”, y Tiberino Silvio, uno de los reyes legendarios de Alba Longa en los tiempos oscuros que transcurrieron entre Eneas y Rómulo que murió luchando en el río. Sus vasallos rebautizaron aquel cauce con su nombre; el río Tíber.

El día 19 tenía lugar la Vinalia, una festividad en honor al gran padre Júpiter en la que se clamaba su protección de las viñas ante las tormentas veraniegas que podían arruinar la cosecha. Augusto murió el día 19 del 14 d.C.

El día 21 se celebraba las Consuales, las fiestas del dios Conso, protector de los silos y el grano. Este día se ofrecían al dios las primeras espigas y se realizaban competiciones de tiro a caballo, engalanados y liberados de sus tareas comunes, como aún se hace en muchas localidades de la provincia de Valencia con el tradicional “Tiro y Arrastre”.

En línea con la protección de las cosechas, el día 23 se celebraba la Vulcanalia, las fiestas del dios del fuego, Vulcano, implorando su protección ante los incendios estivales que podían devorar los trigales en un suspiro. Es curioso que antes de existir la especulación inmobiliaria los romanos ya temían a los pirómanos…

El mes concluía con dos festividades menores, las Opiconsives el día 25 y las Volturnales el día 27. Las primeras estaban dedicadas a Ops Consiva, divinidad subterránea de la abundancia agrícola, mientras que las segundas lo eran a Volturno, divinidad arcaica de los ríos y responsable de las temidas crecidas otoñales.

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia

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Qvintilis

23 jul
23 julio 2010

Así se llamaba el quinto mes del calendario republicano hasta que Marco Antonio durante su consulado propuso al Senado cambiar de Quintilis a Iulius en honor a su idolatrado mentor el dictador Cayo Julio César.

Era el mes consagrado a Minerva, divinidad de la sabiduría asociada a la Atenea griega y una de las tres divinidades superiores del panteón romano, la tríada capitolina, junto a Júpiter y Juno.

El mes se representaba en el calendario como un mancebo bronceado cuyos cabellos asemejaban espigas debido a que era el mes en que los labradores comenzaban a segar sus campos de farro (trigo antiguo), avena y centeno.

Las Kalendas de Quintilis era día nefasto. Nada bueno podía hacerse hasta el día 4: Sirva de ejemplo que en las calendas de Iulius del 31 fue nombrado cónsul un joven llamado C. César Augusto Germánico. La historia lo recordará por el apodo que le dieron los legionarios de su padre durante su infancia en Germania: Calígula (botitas)

El día 5 tenía lugar una celebración imprecisa en honor a Júpiter llamada Publifuges. También comenzaban los Ludi Apollinares, del 5 al 12, consagrados a Apolo e instaurados durante la Segunda Guerra Púnica para entretener a la ciudadanía y conjurar los peligros que azotaban la república. Era una especie de “Acción de Gracias” al ejército romano en el que tenían lugar banquetes, juegos y procesiones de las matronas hasta los templos donde realizaban un curioso ritual: Barrían los altares con su pelo suelto.

El día 7 se rendía homenaje a la muerte de Rómulo, acaecida en el 715 a.C. Era una jornada licenciosa que también coincidía con una celebración curiosa, las Nonas Caprotinas, o fiesta del higo, un ritual en honor a Juno en el que las esclavas jugaban un papel predominante.

El día después de los Idus tenía lugar la celebración de la Stella Maris, vinculada a Isis en tiempos del Imperio. Se veneraba a Sirio, la estrella más brillante del firmamento y guía de los navegantes del Mediterráneo Oriental.

Según la tradición Cayo Julio César nació el día 11 de este mes. Por ello Marco Antonio eligió este mes, y no otro, para cambiar su nombre en honor del dictador.
Pero los agasajos para César no acabaron aquí. El 18 de Iulius del 29 a.C. (fecha curiosa, no elegida al azar años después), su hijo adoptivo, Augusto, consagró un templo en dedicado al culto del Divino César, el dictador garante del bienestar del Imperio. Cada año, desde el día 20 hasta finales de mes, tenían lugar en todo el Imperio los Juegos en su honor.


El día 20 era el día grande de Minerva. Se celebraban las Panateneas, herencia directa de las grandes fiestas atenienses en honor a Atenea. Consistían en una celebración cívica y multitudinaria en la que las damas más nobles de la ciudad ofrendaban a la diosa una túnica exquisita que se llamaba paladio y que les había llevado nueve meses confeccionarlo. Esta lujosa prenda se colocaba sobre la imagen de Minerva en un ritual solemne y, posteriormente, se realizaba una procesión por las calles para que el pueblo pudiese acariciarlo o, incluso, llevarse un trozo de él. Sacerdotes con ramas de olivo, jóvenes danzantes, música y color acompañaban a la diosa. Minerva era la protectora de las ciudades y su halo de protección descendía a toda la ciudadanía. Cada cuatro años tenían lugar unas festividades mayores llamadas Grandes Panateneas. Quien haya podido ver o asistir a la procesión de la Mare de Deu dels Desamparats saliendo de la Basílica de la Virgen en Valencia no necesita más palabras para describir esta festividad.

Entre el 19 y el 21 se celebraba la Lucaria, la festividad de los bosques sagrados asociada a la diosa agrícola Dea Dia.

El día 23 tenía lugar la última gran festividad del mes: la Neptunalia. Eran unas fiestas cuyo objeto era conjurar la sequía en honor a Neptuno, dios de las aguas y protector de los pescadores y navegantes. Estas festividades se realizaban cerca del mar, preferiblemente en un cabo, donde se llevaba a un buey para sacrificarlo en honor al dios y que servía de vianda para el banquete ceremonial. Los asistentes decoraban sus túnicas con elementos vegetales, se bebía a raudales y se realizaban competiciones náuticas.

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia

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Junio

18 jun
18 junio 2010

Este mes tan relevante, puerta del verano, debe su nombre a la diosa Juno, esposa de Júpiter y reina de los cielos. El sincretismo grecorromano cambió a la primitiva Juno de funciones dentro del panteón divino. Dentro de sus atribuciones, la diosa también era la garante de la naturaleza y el matrimonio. Otras teorías apuntan a que era el mes de los jóvenes, junior.

El mes se representaba en el calendario como una joven desnuda que señala con su índice un reloj de sol mientras porta en la otra mano una antorcha. Este simbolismo escenifica que a partir de este mes el sol comienza a bajar. La antorcha posee la gama de colores que salpican los campos en verano.

Hay otra teoría que apunta a que Junio debe su nombre al primer miembro relevante de esta gens en la Historia de Roma, Lucio Junio Bruto. Este personaje fue el primer cónsul de Roma después de la expulsión de su tío, Tarquinio el Soberbio, último rey de origen etrusco. Una vez en su nuevo cargo, ratificado por el recién creado Senado de la nueva república, realizó un sacrificio público en pos de la libertad a la diosa Carna, hacedora de la vida humana.

En las kalendas de Junio tenían lugar los rituales en honor a la mencionada Carna, hermana de Diana y deidad polivalente que protegía los genitales masculinos, las digestiones y los quicios de las puertas. Era la diosa de los goznes, pues su poder abría lo cerrado y cerraba lo abierto. También ahuyentaba a los parásitos y los vampiros. Este día se comía habas con tocino, ritual que, según las creencias de entonces, mantenían la virilidad por un año. Curiosamente, había una prohibición manifiesta de casarse durante la primera quincena del mes…

El día 4 se conmemoraba la destrucción de Troya y la huída de Eneas, legendario antepasado de los fundadores de Roma.

El día 5 se invocaba a Divis Fidis, diosa de los juramentos. Éstos debían realizarse a cielo abierto, por eso el templo de la diosa tenía el techo abierto.

Este ritual estaba ligado también a Semo Sancus, el dios del juramento de origen sabino que con los años se asimiló al culto hercúleo.

El día 8 estaba consagrado a Mens y Venus. Los de Roma se erigieron para conjurar el desastre de Trasimeno frente a los cartagineses. Mens, diosa de la razón, era la encargada de dotar de buen juicio a los recién nacidos.
El día 9 tenían lugar las Segundas Vestales: El Templo circular de Vesta no podía tener ninguna reserva de agua en su interior, ya que esta es enemiga del fuego. La llama sagrada de Vesta debía estar siempre encendida y era vigilada celosamente por las vestales. Si se apagaba, debía ser encendida frotando dos trozos de madera de árbol fértil. Sólo podía apagarse una vez la año, el último día de Febrarius, para que la llama fuese renovada el primer día de Martius, último y primer día del año antiguo romano republicano.
Debido a esta prohibición de almacenar agua, las Vestales tenían que ir a diario a la fuente de las Camenas a por el agua necesaria para sus las labores rutinarias. Para ello utilizaban una vasija especial, la futile, un cántaro de boca ancha y de fondo apuntado que no se sujetaba en pie una vez lleno. Las Segundas Vestales eran especialmente celebradas por los collegium de panaderos y molineros, pues tenían estos oficios contacto directo con el fuego para la realización de sus productos. En estas festividades también participaban los asnos, animales consagrados a Vesta y usados para hacer girar la muela del molino. Se les adornaba con guirnaldas y collares de panecillos, al igual que a las muelas de los molinos, inactivas este día. Las matronas romanas acudían al templo descalzas para estar en contacto con la Tierra, identificada con la diosa Hestia / Vesta.

El día 11 se celebraban las Matrales. Este rito estaba dedicado a Mater Matuta, la diosa de la aurora y protectora de los alumbramientos. Sus atribuciones también mudaron con el tiempo, siendo en época imperial protectora de los navegantes. Las mujeres casadas una sola vez acudían a su templo del Foro Boario junto a sus sobrinos portando los testuacia, unos pastelillos dedicados a la divinidad.

Los Idus de Junio tenían lugar los quincuatros menores en honor a Minerva.
El día 23 se celebraba el matrimonio entre Júpiter y Juno. Era una fecha muy especial, el solsticio de verano. También era el día de Servio Tulio, legendario rey de Roma nacido del fuego y favorito de Fortuna hasta que fue asesinado por su propia hija. Como homenaje a este personaje se pasaba la noche en vela, prendiendo hogueras para que la luz del sol no decaiga. Para conseguir buenos augurios había que saltar estas hogueras un número impar de veces, preferiblemente tres o siete. En la costa mediterránea aún seguimos manteniendo este ritual milenario. Pero ahora se le conoce como la Noche de San Juan.
Obviamente, el día 24 estaba dedicado a Jano, dios de los cambios. Se conocía a este día como “La Puerta de los Hombres” en contraposición al invernal, conocido como “La Puerta de los Dioses”, pues desde esta fecha acorta el día.

El día 30 se consagraba a las musas. Eran nueve hermanas fruto de nueve largas noches de amor. Son las garantes de las artes en el mundo; Estos son sus nombres y sus funciones:
Calíope: poesía épica; Clío: historia; Polimnia: pantomima; Euterpe: flauta; Terpsícore: poesía ligera y danza; Erato: lírica coral; Melpómene: tragedia; Talía: comedia; Urania: astronomía.

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia

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Maivs

17 may
17 mayo 2010

MAIVS debe su nombre a la diosa al que estaba consagrado, Maia, también conocida como la Bona Dea. Otra teoría sostiene que era el mes de los ancianos, los maiorum, pero entre los estudiosos del tema parece pesar más la primera opción. Maia era la diosa de la fertilidad, la castidad y la salud. Se la representaba sedente con una cornucopia en sus brazos, símbolo de la abundancia y primer emblema de la colonia Valentia.

A tiempos de Rómulo se remontan las festividades florares y lemurales que tenían lugar durante este mes, quizá para aplacar el remordimiento que le consumía por el asesinato de su hermano Remo. Las festividades en honor de la vida vegetal eran típicas y recurrentes en este mes, consagradas a Apolo y su luz divina, el cual se representaba mediante un hombre maduro que portaba en su testa una cesta repleta de flores.

En las Kalendas de Maius los comerciantes ofrecían sus mercaderías a la diosa Maia. En la Urbe se dedicaba este día a los Lares Tutelares, las divinidades familiares de los antepasados, en cuya memoria se levantaban floridas capillas en cada barrio… ¿Quizá sea este el origen de las cruces de Mayo?

Era la festividad urbana que marcaba el retorno a las actividades cotidianas, de ahí que esta señalada fecha se convirtiese siglos después en la fiesta del trabajo. Se encendía un fuego nuevo y esa llama simbolizaba el triunfo de la vida sobre la muerte. Al término de este ritual, que se celebraba fuera de la ciudad, preferiblemente el monte, se comía una especie de coca dulce con huevo. Para quien no sepa de donde viene la costumbre de comerse la mona de Pascua entre pinos…

El día 3 concluían las Floralia. El pueblo se vestía de colores y el día concluía con cierto libertinaje abocado a ceremonias de fecundación.

El día 7 tenía lugar un ritual curioso, la fiesta del Chivo Expiatorio. Sólo se llevaba a cabo si la ciudad había sufrido una importante calamidad. Se sacrificaba una víctima para los hombres y otra para las mujeres, la primera adornaba su cuello con brevas negras y la otra con blancas. Esto era así porque el dios tutelar de la ceremonia era Apolo, protector de las higueras.

El día 9, 11 y 13 tenían lugar las Lemuria, destinadas a aplacar los Lemures, las almas de los muertos. El Pater Familias debía de levantarse antes del alba y realizar una serie de rituales (tirarse un puñado de habas negras por la espalda, golpear un objeto de bronce, etc) para expulsar los malos espíritus.

En los Idus de Maius tenían lugar las fiestas de Mercurio, en las que los comerciantes expiaban sus remordimientos por las sisas que les hacían durante su actividad comercial a sus clientes. El día 17 comenzaban los festejos en honor a la Dea Dia, la diosa tierra. Los sacerdotes, conocidos como Arvales, se reunían frente al templo a primera hora de la mañana portando una corona de espigas secas en la cabeza. Después acudían a las termas para purificarse y cuando volvían tenía lugar un banquete en el que se consumían los primeros frutos de la cosecha. El día 19 la ceremonia consistía en que el sumo sacerdote de los Arvales sacrificara dos lechones y una vaca. En otro banquete se consumían las víctimas, se ofrecían ollas sagradas a la diosa y se cantaban himnos ancestrales a las divinidades, como este:

Nos, Lares, iuvate
Neve luem ruinam sinas incurrere in plures.
Satur esto, fere Mars!
In limen insili! Sta! Verbera!
Semones alterni advocate cunctos.
Nos, Mamers, iuvato!
Triumpe!

El día 21 concluían las festividades repitiendo el primer ritual.

El día 23 era el Tubilustrium y la Rosalia; el primer rito se consagraba a las trompetas de Vulcano y tenía lugar un concierto en su honor. El segundo consistía en llevar flores a las tumbas honrando a los difuntos.

El día 25 estaba dedicado a Fortuna. El 29 era el día del roble. Esta era una reminiscencia de tiempos muy antiguos, de origen céltico, cuando los santuarios eran los bosques. Se bailaba alrededor de un roble adornado con flores y guirnaldas y la jornada acababa plantando uno nuevo.

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia

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Aprilis

16 abr
16 abril 2010

Abril deriva del verbo latino aperire, que significa abrir, pues en este mes es cuando se abre la tierra que posteriormente dará sus frutos. También se dice que pueda derivar de la voz griega aphril, espuma, pues este mes estaba dedicado a Venus, la Aphrodite (Aphros) griega nacida en Chipre de la espuma del mar. Jacob Grimm sostenía que el nombre del mes procedía de un dios arcaico de época etrusca llamado Aprus.

Segundo mes del calendario Juliano, Antes de la reforma cesariana contaba sólo con 29 días. Los antiguos romanos dedicaban este mes a Venus, realizando a su vez grandes festejos durante el mes en honor a Cibeles y Ceres. Era también el mes que se conmemoraba la fundación de Roma y a finales de mes se abría el primer vino del año anterior con gran solemnidad.
El día de las Kalendas de Aprilis estaba consagrado a Venus Verticordia y Fortuna Viril. Las mujeres se congregaban en algún lugar que tuviese agua corriente y quemaban incienso en honor a las dos diosas, buscando su favor. Las asistentes tomaban un brebaje sagrado a base de adormidera, leche y miel.

El día 4 comenzaban las Megalenses, las grandes fiestas en honor a Cibeles. Eran festejos muy vistosos y coloristas. Los galos, los sacerdotes castrados de Cibeles, sacaban ese día en procesión una imagen de la diosa sedente sobre un carro tirado por leones al son de címbalos, timbales y gran griterío. Había teatro y banquetes en los que no faltaban porciones de queso a las finas hierbas. El día 10 concluían las fiestas de Cibeles con una procesión que presidía una imagen de la Victoria alada.
Del día 12 al 19 se celebraba la Cerealia, la festividad de Ceres, inventora de la agricultura. El blanco era el color de la diosa, por ello los romanos se vestían de un blanco inmaculado durante estos días. La festividad acababa con una procesión ecuestre a la luz de las antorchas para bendecir en un solo acto las cosechas y los rebaños. El día de los Idus de Aprilis, el decimotercero del mes, estaba dedicado a Júpiter Víctor.

El día 15 se sacrificaban a la diosa madre tierra, Vesta, treinta vacas preñadas para asegurar una buena cosecha. Según Ovidio, el origen de este sacrificio venía de tiempos del rey Numa. Una gran esterilidad sacudió su reinado, el rey soñó que para vencerla debía de sacrificar dos vacas, pero matando sólo a una. La ninfa Egeria le dio la solución al enigma: Sacrifica una vaca preñada.

El día 21 estaba consagrado a las vestales, quizá las sacerdotisas más conocidas de la antigüedad clásica. Las sacerdotisas de Vesta eran seis mujeres de soberbia belleza, reclutadas de niñas para servir a la diosa y al estado. Debían de mantener su virginidad durante los treinta años de servicio. La pérdida de ésta conllevaba la muerte por lapidación; en cambio, dejar consumirse el fuego sagrado de la diosa, su tarea principal, estaba castigado con azotes públicos. Los pontífices estaban en contacto directo con ellas, pues de sus vaticinios proféticos dependía el devenir de la nación.

El día 22 no se realizaban actos sexuales para garantizar una buena cosecha.

El día 23 se celebraba la Vinalia, la fiesta de Júpiter, protector de las viñas. Esta festividad se remonta a los tiempos legendarios de Eneas. Según la Eneída de Virgilio, su adversario el rey de los rútulos, Turno, se había granjeado la alianza de Mecenio y los etruscos, ofrendándole la mitad del mosto de la próxima cosecha. Eneas le ofertó lo mismo a Júpiter y obtuvo la victoria.

El día 24 se conmemoraba el nacimiento de Diana y el 25 el de Apolo

El día 28 tenía lugar la Floralia, las festividades en honor a Flora, la antigua divinidad itálica arcaica de las flores, los frutales y el vino. Se prolongaban hasta el 3 de Maius y eran fiestas desenfrenadas y licenciosas que se celebraban con más brío si cabe al calor de los lupanares. El pueblo se vestía con vistosos colores emulando la incipiente primavera y las calles se iluminaban por la noche para garantizar la seguridad de los celebrantes.

Del 29 al 30 tenían lugar las primeras vestales, celebradas en especial por los colleguium (gremios de artesanos) de panaderos y horneros. Los asnos y las piedras de molino eran también partícipes de estas fiestas. Engalanados con guirnaldas de flores, descansaban junto a sus dueños ese señalado día.

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia

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Martivs

26 mar
26 marzo 2010

Era el mes femenino del mundo romano, consagrado a la gran Diosa Madre, Magna Mater; Hasta la reforma del calendario promovida por Julio César fue el primer mes del año. El nombre del mes rememora a Mars, Marte, dios de la vegetación en sus orígenes que acabó encarnando la afición más popular y habitual del senado romano: La guerra. El dios se representaba armado como un hoplita griego y su animal sagrado era el lobo.

Era un mes muy animado; En él se iniciaban de los cargos públicos, tenían lugar los comicios republicanos y, tras ellos, comenzaban los consecuentes consulados.
En las Kalendas de Martius se celebraba la Matronalia. Era la festividad de las mujeres casadas, las matronas. Los maridos agasajaban a sus esposas con banquetes y regalos. Incluso el gran poeta Publio Ovidio Nasón, que vivió en tiempos del austero Augusto, se replanteaba unas fiestas femeninas en el mes consagrado a Marte… Pero todo tiene una explicación: Tras el rapto de las sabinas se produjo una guerra entre Roma y sus vecinos. Dicha guerra acabó este primer día de Martius y, precisamente, el fin de las hostilidades fue orquestado por las mujeres de ambos bandos. La festividad estaba dedicada a la diosa Juno Lucina, “la que va a la luz”, divinidad protectora de los partos. No había embarazada en toda la ciudad que no fuese ese día a su templo a ofrecerle algún exvoto.

Para conmemorar el final del Mare Clausum – el cierre invernal de las rutas comerciales marítimas – el día 5 se celebraba el Navío de Isis. Los sacerdotes marchaban en procesión hacia el puerto y allí se botaba un navío cargado de ofrendas. La diosa Isis, procedente de Egipto, caló hondo como divinidad de importación en la Roma imperial. Hay muchas imágenes de Isis amamantando al niño Horus, una imagen que a simple vista recuerda la temprana imaginería mariana medieval. La profunda devoción de muchas mujeres romanas a esta diosa egipcia le allanó el terreno al posterior culto a la madre del Cristo.
En la víspera de los idus de Martius, fecha inmortal por motivos ajenos a la religión romana que luego explicaré, se celebraba la Mamuralia, la fiesta del viejo Marte, Mamurius Veturius; Esta celebración consistía en que un hombre viejo vestido con pieles era empujado fuera de la ciudad a garrotazos. Los garrotes eran largos y blancos y el viejo en cuestión personificaba al invierno. Era un rito de expulsión de los fríos y bienvenida a la primavera (recordemos que Marte en los tiempos remotos de la monarquía era el dios de la vegetación)

Los idus de Martius del 44 a.C. han pasado a la Historia por ser la fecha del asesinato político de César en las escaleras del Teatro de Pompeyo, en aquella fecha lugar de encuentro y debate del Senado. El arqueólogo y escritor italiano Valerio Máximo Manfredi acaba de editar una nueva novela con este nombre en la que recrea los últimos días del dictador y la conspiración republicana que acabó con su vida y su desmedida ambición.

El 17 de Martius tenían lugar la Liberalia, conocida también como las Grandes Dionisíacas o Bacanales. Liber fue el dios de la fertilidad y el vino original del pueblo romano que poco a poco fue mudando a Baco a finales de la República. En principio la Liberalia estuvo constituida como festividad exclusiva femenina, pero con el paso de los años sus ritos se abrieron también a la población masculina. El estado siempre miró con recelo estas fiestas y fueron prohibidas en varias ocasiones ante la posibilidad de ocultar conspiraciones.
A pesar de ello, las Bacanales eran tan populares que no pudieron ser erradicadas hasta que la Iglesia las denunció como impías y carentes de moral y fueron perseguidas con dureza. Es un tópico. No eran tan impúdicas como nos podemos imaginar, pero las nuevas tendencias ideológicas del Estado chocaban con el liberalismo (¿De donde vendrá la etimología de la palabra liberal?) de las festividades paganas. Con la imposición de la fe cristiana sobre los antiguos cultos murió el tópico romano de las orgías de vino y sexo sin fin.

El 19 de Marzo era la fiesta de los artesanos, los Quincuatros. Es curioso que esta fecha corresponda con el actual San José, patrón de los carpinteros. Las matronas hacían ese día la comida y la primera jornada festiva había lucha de gladiadores en los anfiteatros como ahora hay una corrida de toros. Otra adaptación inteligente de la Iglesia a unas costumbres muy arraigadas con las que no se quería enfrentar y que era más fácil renombrar. En Valencia este día seguimos reuniendo maderas viejas y prendiendo hogueras en honor a Minerva; Ahora se llaman Fallas.

El 22 de Martius comenzaban las fiestas de Cibeles, la Madre Tierra, una divinidad importada proveniente de Frigia, en el centro de Anatolia, que también fue absorbida por el inmenso panteón romano. Ese mismo día se le llevaban violetas a los difuntos, rito conocido como Violaria.
El día 24 los sacerdotes de Cibeles se castraban voluntariamente como hizo Attis derramando su sangre consagrada a la diosa. Esa noche se celebraba la resurrección de este dios, el legendario amante eunuco de Cibeles y fiel conductor de su carroza de leones. Aquí tenemos el primer culto a una resurrección, otro concepto popular muy bien utilizado años después…
Al día siguiente había una colorida procesión que recorría la Urbe en dirección al templo de Cibeles, hoy bajo la Basílica de San Pedro en la Colina Vaticana.
Las fiestas de Cibeles culminaban el día 27 con una procesión solemne en la que una efigie de la diosa hecha en plata era paseada por las calles de Roma hasta el río Almo. El sumo sacerdote, vestido de púrpura, bañaba a la diosa y realizaba un rito para favorecer la lluvia y la fertilidad de los campos.

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia

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Februarivs

04 feb
4 febrero 2010

íšltimo mes del año en el calendario clásico republicano y segundo en el Juliano, era un mes dedicado a la diosa Februa, la madre de Marte y también a Februus, el antecesor etrusco de Plutón, dios de los infiernos. Mes de purificación por excelencia, los ritos en honor al dios conocidos como febraule podrí­an ser el origen etimológico del nombre del mes. Se realizaban sacrificios y ofrendas a los dioses para curarse en salud por los desagravios cometidos durante el año en una especie de confesión general destinada a no soliviantar la ira de las divinidades patrias.
En el arcaico calendario romano este mes no existí­a. Fue incluido en tiempos de Numa Pompilio. El dios predominante del mes era Neptuno y se representaba en el calendario del Foro como una mujer vestida de azul que portaba en una de sus manos un ave acuática mientras con la otra sostení­a un cántaro que vertí­a una cantidad respetable de agua, representación de las importantes lluvias que llegaban en estas fechas.

Su corta duración respecto al resto de meses tiene su motivo. Julio César, tan cautivado por la precisión egipcia como por los encantos de Cleopatra, decidió reformar el viejo e inexacto calendario lunar romano y adaptarlo a la versión solar, mucho más precisa, de 365 dí­as y 6 horas. El encargado de realizar los cálculos de aquel importante cambio fue Sosí­genes, un astrólogo alejandrino. Al ser Febrero el último mes del calendario romano no era tan largo como el resto y además necesitaba la inclusión de un dí­a cada cuatro años, entre el 24 y 25 del mes, para corregir el cómputo total. El dí­a 24 era el sextus kalendas martii, por eso este dí­a extra fue llamado bis sextus (origen de nuestro actual término bisiesto)

El segundo dí­a de las Kalendas se mantení­an encendidas antorchas durante la noche como ofrenda a Februa buscando con ello que el dios Marte, su hijo, conmovido por las ofrendas de sus devotos, les concediese la victoria en el campo de batalla. Roma, y el resto de grandes ciudades del Imperio, era una ciudad oscura por las noches, un lugar peligroso para pasear tras la puesta de sol. Esta iluminación extra permití­a que las mujeres saliesen ese dí­a en una procesión en honor a Ceres.

Del 5 al 7 del mes tení­an lugar las Anestesias, festividades en honor de Dionisos, el dios griego del vino y el teatro. El primer dí­a tení­a lugar la apertura de las primeras ánforas del vino del año anterior, embasado en Octubre. El segundo dí­a se celebraba un concurso de bebedores que consistí­a en liquidar en el menor tiempo posible un recipiente en el que cabí­a un congio de vino (¡Sólo un poco más de tres litros!) El tercer dí­a se realizaba un guiso a base de vino y pan que se vertí­a en suelo sagrado en honor de Hermes, el mensajero de los dioses, honrando el suelo en reconocimiento de las ví­ctimas del diluvio… sí­, el diluvio es común a todas las civilizaciones (hay un diluvio sumerio, maya, hebreo, griego, etc.)

Los idus de Febrarius estaban dedicados a los difuntos. Los templos estaban cerrados y no era posible casarse.

El dí­a 15 tení­an lugar las Lupercales, las fiestas en honor al dios Fauno. Esta festividad tiene su origen en una vieja leyenda de tiempos de Rómulo. Parece ser que las romanas no tení­an hijos y acudieron al Oráculo de la diosa Juno, el cual dictaminó que “Madres del Lacio, que os fecunde un macho cabrí­o velludo”. En recuerdo de aquello el sacerdote sacrificaba dicho animal, con su piel se hací­an tiras y con ellas se confeccionaban los látigos que habrí­an de portar los lupercos. Eran éstos chicos jóvenes que corrí­an desnudos por el Palatino, con la cara manchada con la sangre del animal y golpeando con sus látigos a las mujeres que deseasen tener descendencia. Representaban al dios Pan, nieto del lobo Licaón, de ahí­ su nombre (lupus es lobo en latí­n)

Las Fornacales se celebraban del dí­a 10 al 17. Era una celebración en la que se honraba a Fornax, protectora de los incendios y patrona de los horneros. No habí­a fecha fija para ubicarla dentro de estos dí­as, pues cada Curia podí­a cambiar el dí­a de celebración, pero si por descuido u olvido no se celebraba a tiempo y se pasaba de fecha la gente se burlaba tildando a sus participantes de participar en la stultorum festa, la fiesta de los tontos, probable origen del actual carnaval.

Los últimos dí­as del mes estaban dedicados a la Feralia y las Carí­stias, ambas dedicadas a honrar a divinidades menores relacionadas con los difuntos. Era el fin del año y ello conllevaba recogimiento moral.
El dí­a 23 se honraba a Término, el dios de las lindes y los caminos que era representado con una cabeza humana sobre un pilar. Se sacrificaba un cochinillo y con su sangre se regaban los mojones y los cercos que rodeaban las propiedades pidiendo el favor del dios para que nadie indeseable los traspasase. Aún llamamos término a nuestros lí­mites municipales.

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia.

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Ianuarius

14 ene
14 enero 2010

Desde la reforma del calendario promovida por Julio César en el 45 a.C. (calendario Juliano), el primer mes del año pasó a tener 31 días. Ianuarius era el mes dedicado al dios de los caminos, los principios y los finales, Jano. Todo aquel romano que se embarcaba en un nuevo negocio, o la llegada al mundo de un hijo o un matrimonio se consagraba a este dios autóctono romano. Se le representaba habitualmente como una divinidad bifronte, con cada rostro mirando hacia direcciones diferentes.

Uno de  los rituales que un buen ciudadano debí­a de realizar a diario eran los Ianus Matutinus. El templo de Jano en Roma tení­a doce puertas, una por cada mes del año, que permanecí­an cerradas en tiempos de paz y abiertas en tiempos de guerra. Cada primer dí­a del mes se le ofrendaba al dios una torta hecha de pan amasada con aceite y vino, la triada alimenticia de la antigüedad clásica que durante muchos siglos fue nuestro sustento.

Kalendas de Ianuarius, el dí­a 1.

El primer dí­a del año era fecha de cambios, de pedir perdón y, desde tiempos de Julio César, el dí­a en que los cónsules tomaban posesión de su cargo anual y realizaban los ritos en el Capitolio en pos de la prosperidad de la Nación. Pero, además, era también el dí­a consagrado a la diosa de la salud, Strenia. Era el dí­a del aguinaldo, una tradición que se remonta a tiempos de Tacio y Rómulo, cuando los reyes recibí­an como obsequio del pueblo por el nuevo año unas ramas de verbena procedentes bosque consagrado a la diosa. Con el paso del tiempo este presente simbólico se fue modificando y enriqueciendo, pasando a conocerse como strena y anticipándose su entrega a las Saturnalia, como nuestros actuales regalos navideños. Fue el emperador Tiberio quien dispuso que estos regalos se limitasen sólo a las calendas de Ianuarius. Aún llamamos en Valencia “estrenas” al dinerillo que cada tí­o les da a sus sobrinos en Navidad.

El concepto de aguinaldo tiene también su origen romano. Significa “del año” y consistí­a en un mazapán (martius panis, pan de Marzo, que fue el primer mes del año romano hasta la reforma Juliana) con forma de serpiente circular decorada con fruta escarchada y confites… ¿Será este colorido dulce el antecesor del roscón de reyes? La verdad es que se le parece mucho… Además, se serví­a dentro de una caja muy vistosa que los niños utilizaban después para guardar sus juguetes.

El dí­a 5 de Enero se honraba a los muertos colocando ofrendas a los Manes para evocar a los espí­ritus protectores. Este rito se conocí­a como la Compitalia.

El dí­a 6 se dedicaba al dios menor de origen heleno Aión y el dí­a 9 a los Juegos Agoní­sticos en honor a los héroes y semidioses estilo Eneas, Aquiles o Hércules, de padre divino y madre mortal. En el crepúsculo del dí­a 9 los sacerdotes sacrificaban animales machos de pelaje negro en honor a estos personajes idolatrados.

El dí­a 11, y posteriormente el 15, tení­an lugar las Carmentalias, las festividades en honor de Carmenta, originariamente una ninfa de las fuentes que pasó a ser considerada una divinidad menor asociada a la adivinación y los nacimientos. Fue la patrona de las matronas. Por ello las ofrendas a esta divinidad debí­an ser incruentas, pues se honraba la vida y no la muerte; No podí­an utilizarse vestimentas con cuero o pieles durante estas festividades.

Durante los Idus de Ianuarius, el dí­a 13, se le concedió el tí­tulo de Augusto a Octavio, el primer emperador de Roma. Eran fechas relacionadas con la fecundidad femenina bajo al protección de Júpiter Óptimo Máximo.

Hay una anécdota muy interesante relacionada con las Carmentalias, según la leyenda provocada por un juego de palabras (Carmenta / Carpenta). Parece ser que un decreto del Senado prohibió a las mujeres utilizar en sus desplazamientos el carpentum (carruaje, de ahí­ la palabra carpintero, el que fabrica carruajes). Como represalia, las mujeres de Roma optaron por una castidad tan severa con sus maridos que provocó una bajada tan alarmante la natalidad que el Senado tuvo que revocar dicha ley. En reconocimiento a la intervención de la diosa se erigió un templo a Carmenta y se le dedicó un segundo dí­a de fiestas.

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia.

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December

15 dic
15 diciembre 2009

El décimo mes del calendario romano era, en cuanto a festividades, el más espectacular y animado de todo el año. En este mes se conmemoraba la idí­lica edad de oro en la que Saturno reinaba sobre el resto de divinidades. También era el mes en el que se producí­a el solsticio de invierno, fecha señalada como el nacimiento de los dioses solares.

Desde las Kalendas (dí­a 1) hasta los Idus (dí­a 13) sólo cabe destacar las segundas Faunales (el dí­a 5) en conmemoración al dios Fauno y el Agonal, ritual que consistí­a en sacrificar un carnero al dios Sol (el dí­a 11) Ese mismo dí­a se celebraba sólo en la Urbe el Septimontio, las siete colinas, una festividad menor de los poblados latinos que formaron la arcaica Roma.

El dí­a 15 se celebraba las segundas Ludii Consuales, en honor al dios de los silos, Conso; El rito principal consistí­a en celebrar carreras de mulos, similares al “Tiro y Arrastre” que aún se practica en algunas localidades rurales de la Comunidad Valenciana.

El gran momento del mes, dirí­a que hasta del año, llegaba el dí­a 17. Era el dí­a en el que comenzaban las Saturnalia, las grandes fiestas en honor a Saturno. Fue una festividad tan apreciada por la civilización romana que, ante la imposibilidad de concentrar tanta actividad en un solo dí­a, se tuvieron que prolongar los festejos hasta el dí­a 23. Muy probablemente, las Saturnalia tengan su origen en el fin de las labores agrí­colas, cuando los campos se preparan para el invierno y las tareas de campesinos y esclavos se ralentizan. Recordemos que la sociedad de la antigua Roma era eminentemente agraria.

Como serí­an de importantes estas festividades para que las escuelas cerrasen, algunas conductas frí­volas femeninas y masculinas estuviesen bien vistas, se pudiese jugar a los dados en público, se invirtiesen los papeles entre amos y esclavos, corriese el vino a raudales y todos los miembros de la familia recibiesen un regalo, fuera cual fuese su condición. Además, todos los esclavos recibí­an de sus amos una generosa paga extra en moneda o vino (excepto los pobres desgraciados que tuvieron el infortunio de servir al roñoso de Marco Porcio Catón) Estas fiestas tan fraternales en las que imperan las buenas intenciones son el origen de nuestras actuales Navidades.

Desde el dí­a 17 al 23 se sucedí­an los banquetes y las procesiones desenfrenadas (que fueron el embrión para los futuros carnavales) Los plebeyos y proletarios se erigí­an en jueces, y los patricios en siervos. Se realizaba la elección del “Rey de las Burlas” y, por fin, después de tantos dí­as de júbilo, llegaba el solsticio de invierno, consagrado a Jano, el dios de los principios, fecha considerada en la antigüedad como la Puerta de los Dioses.

Esta cadena de conmemoraciones concluí­a el dí­a 25. En Asia se conocí­a esta fecha como el “Dí­a del Sol Invicto”. Fue una festividad menor hasta que el emperador Aureliano, en el año 274, se valió de ella para relanzar el damnificado culto imperial, proclamándose representante de la “luz divina”. Curiosamente, Mithra, el dios persa del cielo y la luz que adoptó como suyo medio ejército romano, nació este mismo dí­a… que casualidad… como también lo hizo el prí­ncipe Shirdarta (más conocido para nosotros como Buda) y también el dios Dionisos. ¿A qué se debe esta “casualidad”? Como casi todo, tiene una explicación: En el año 325 tuvo lugar el Concilio de Nicea (hoy Iznik, Turquí­a), la primera reunión eclesiástica cristiana posterior a la gran persecución de Diocleciano convocada por el emperador Constantino para ordenar las corrientes religiosas que convulsionaban la nueva fe recién tolerada. Fue en este concilio donde los obispos allí­ congregados decidieron colocar el impreciso nacimiento de Jesús en esta fecha del 25 de Diciembre, despachándose de paso con este movimiento al molesto Mithra y a la encarnación imperial de la “Luz Divina” *

* En mi opinión, y que no se me ofendan los más devotos cristianos creyentes a pies juntillas en los textos sagrados, es muy difí­cil de entender que hace dos mil años un señor cincuentón con su joven mujer embarazada de casi nueve meses se atreviese a cruzar sólo y en burro las peligrosas estepas de Samaria, y más en invierno. Además, el edicto de empadronamiento imperial tendrí­a lugar, como otros que conocemos de la jurisprudencia romana, a principios de primavera, por lo que es más lógico pensar que el hijo de Marí­a y José naciese después de su difusión en Judea, entre Marzo y Abril. Ahora, que cada uno que crea en lo que quiera, que para eso está la libertad de credo.

El dí­a 26 se celebraba una festividad de origen heleno, el Háloa. Estaba dedicada la fertilidad, representada por Ceres, y sólo participaban en ella mujeres, las cuales se desinhibí­an en una pí­cara procesión ostentando sí­mbolos fálicos y actitudes lésbicas.

El dí­a 31 era la ví­spera de las Strenas. Hogueras enormes y bullicio callejero acompasaban la última noche del año… Ya veremos en Januarius en que consistí­an aquellas curiosas festividades en honor a la diosa Strenia.

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia.

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