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El primer rey negro al estilo de Occidente

30 sep
30 septiembre 2013

Poco se sabe acerca de la niñez de Henri Christophe. La mayoría de historiadores coincide en que nació en la isla de Granada, en el Caribe, hijo de un ex esclavo. Su padre, también llamado Christophe, había llegado en un barco negrero desde África Occidental hasta Santo Domingo, la ex colonia francesa que ahora se conoce como Haití.

Henry Christophe

Henry Christophe

Cuando el pequeño Henri era aún un adolescente, se unió al ejército francés de la isla en calidad de tamborilero. Los franceses tenían un regimiento de ex esclavos a los que llamaban gens de couleur. Este regimiento de negros libres fue enviado por los franceses a los Estados Unidos para apoyar a los rebeldes independentistas en su guerra contra Inglaterra. La mayoría de ellos lucharon en los campos de Savannah, en lo que hoy es el sureño estado de Georgia. Nueve años más tarde, en 1788, Georgia se convertiría en el cuarto estado admitido en las trece colonias originales de los Estados Unidos de América.

Esclavos haitianos luchando por la Independencia de los EE.UU.

Esclavos haitianos luchando por la Independencia de los EE.UU.

Después de luchar en la revolución Americana, el regimiento de hombres de color regresó a la isla de Santo Domingo (como se llamaba en ese entonces). Henri Christophe se ganaba la vida como carpintero, albañil, salonero y cocinero. Llegó, por casualidades de la vida, a manejar el restaurante de un hotel en Cabo Francés, en ese entonces, la capital de Santo Domingo, donde atendía a su exclusiva clientela que eran los ricos franceses esclavistas de las plantaciones circundantes. Para 1789, Santo Domingo producía el 60% del café y el 40% del azúcar a nivel mundial y toda la producción era llevada a Francia y Gran Bretaña. La colonia llegó a ser la posesión más rentable del Imperio francés. Santo Domingo también albergaba a los más ricos y prósperos propietarios de plantaciones de todas las colonias del Caribe. En el censo de ese año se registraron 40000 blancos, 28000 mulatos y negros libres y casi medio millón de esclavos negros. Los esclavos negros superaban a los blancos y a los mulatos libres en una proporción de 7 a 1.

Al principio, las noticias que llegaban de La Revolución Francesa fueron muy bien recibidas en la isla. Los blancos terratenientes la vieron como una oportunidad de independizarse de Francia, lo que permitiría a la élite tomar el control de la isla y crear sus propias regulaciones comerciales para aumentar su riqueza y poder. Los esclavos empezaron a escuchar rumores de que los ricos hacendados querían independizarse por su lado y que el comercio de café con Francia estaba seriamente afectado. Aunque pueda sonar raro, la mayoría de esclavos estaban de lado de los monárquicos franceses porque creían que si Santo Domingo se independizaba, el trato que recibirían de sus capataces blancos sería incluso más severo, ya que los dueños de las plantaciones manejarían la esclavitud a su antojo y sin una mínima rendición de cuentas a sus pares franceses.

En este punto es conveniente aclarar que muchos ex esclavos habían hecho grandes fortunas con sus tierras y cosechas, pero por más dinero que tuviesen, la segregación y el trato para todos los hombres de color era denigrante.

En Francia estaba en plena ebullición la Revolución Francesa. En octubre de 1790, Vincent Ogé , un acaudalado hombre de color libre, regresó de su casa de París con la novedad de que en Francia la Asamblea Constituyente aprobó una ley que daba plenos derechos civiles a los “hombres de color que fueran ricos“. Ogé y otro grupo de ex esclavos acaudalados exigieron el derecho al voto. Cuando el gobernador de la isla se negó a escuchar sus peticiones, Ogé dirigió una breve insurgencia en Cabo Francés. Fue capturado y ejecutado brutalmente, quebrándole primero todos sus huesos “en la rueda “, antes de ser decapitado. Aunque Ogé no estaba luchando por la esclavitud, propiamente dicha, este acto motivó la famosa Rebelión de esclavos en agosto de 1791, la que dio inicio a una guerra civil que duró trece años y terminó primero con la abolición de la esclavitud y luego con la independencia de Santo Domingo, a la que su primer presidente, el mulato Jaques Dessalines, cambió de nombre, bautizándola como Haití. Arrancaron como nación independiente el 1 de enero de 1804.

Jacques Dessalines no confiaban en los franceses blancos. Decidió que lo mejor sería hacer una limpieza étnica y entre febrero y abril de 1804 hizo exterminar a casi todos los blancos que vivían en la isla, en lo que se conoce como la Masacre de Haití de 1804. Dessalines declaró a Haití una nación totalmente negra y prohibió que los blancos tuviesen tierras o propiedades allí.

Massacre_des_Blancs

Haití fue la primera nación independiente en América Latina, el primer país negro independiente del mundo y la única rebelión de esclavos que haya tenido éxito y terminado como un Estado libre.

Ahora volvamos con nuestro protagonista. Henri Christophe destacó en la guerra civil y con el tiempo pasó de ser un oscuro cocinero de taberna a General del ejército rebelde en 1802. Apenas dos años después de haberse constituido el nuevo país, se gestó un golpe de estado contra Jacques Dessalines y los militares alzados tomaron el control del norte del país. Entre gallos y medianoche, Henri se autoproclamó presidente del “Estado” de Haití en 1807, pero Alexandre Pétion, su principal cómplice, pronto se convirtió en su peor enemigo al declararse éste también como presidente de la “República” de Haití, pero en la parte sur del país. Así Haití, quedó dividido en dos.

Para no quedarse atrás, Henry Christophe se proclamo rey en 1811, convirtió el Estado de Haití (la parte norte) en reino y gobernó con el nombre de Enrique I de Haití. Se hizo coronar por un arzobispo y publicó un edicto con su nuevo nombre…

Enrique I por la gracia de Dios y la ley constitucional del Estado, Rey de Haití, Soberano de la Tortuga, Gonâve y otras islas adyacentes, Destructor de la tiranía, Regenerador y Benefactor de la nación haitiana, creador de su moral, política y de su ejército, Primer Monarca Coronado del Nuevo Mundo, Defensor de la fe, fundador de la Real Orden Militar de San Enrique.

Ya en su calidad de rey, Christophe creó una nobleza haitiana a su gusto, conformada por cuatro príncipes, ocho duques, veintidos condes, cuarenta barones y catorce caballeros. En Europa se burlaban de aquello, y el término “nobleza haitiana” se convirtió en sinónimo de cualquier aristocracia improvisada.

General Henry Cristophe

Con su experiencia de ex albañil, él mismo dirigió la construcción de seis castillos, ocho palacios y de la enorme Ciudadela Laferrière en la cima del monte L’Eveque a 910 m. Una colosal edificación de más de 10000 m2, cuyas murallas exteriores tenían una altura de 40 metros. Se necesitaron 20000 obreros y quince años (1805 – 1820) para darle forma. Sus muros fueron levantados con una argamasa que contenía cal, melaza, sangre de toros, chivos y sus respectivos cascos molidos, lo que según sus creencias, le añadía fortaleza y cohesión a la mezcla.

Citadelle_Laferrière_Aerial_View

Desde la fortaleza se podía divisar Cabo Haitiano (ex Cabo Francés) y controlar el Océano Atlántico. De hecho, en días despejados desde la cima, se puede divisar la costa oriental de Cuba que se encuentra a 140 km. Fue construida para que en caso de una eventual invasión extranjera o sublevación interna, su ejército pudiese quemar las cosechas y reservas de alimentos costaneras y retirarse hacia la fortaleza activando emboscadas en las faldas de la montaña.

En su calidad de monarca, Christophe ofreció al gobernador de la parte sur del país, Alexandre Petion, la oportunidad de ser absorbida por el reino, a lo que Petion se negó, haciendo que las relaciones entre ellos fueran siempre tensas.

En agosto de 1820, Christophe sufrió un derrame cerebral que le dejó inmovilizada la mayor parte de su cuerpo. Cuando la noticia de su enfermedad se difundió, todo el país se rebeló contra el tirano; el pueblo estaba ya harto de ser forzado a trabajar sin paga en sus enormes construcciones. Pero lo peor para Henri Christophe fue que la insurrección también estalló internamente, dentro de su fortaleza, entre sus mismos guardias y ejército. La guarnición militar de San Marcos encabezó un motín que provocó una revuelta. El motín coincidió con una conspiración de los mismos generales de Christophe. Algunos de sus asesores de confianza quisieron sacarlo de la Ciudadela para evitar la confrontación con los rebeldes que subían por la montaña, pero él se negó. Christophe ordenó a sus ayudantes que lo bañasen, que lo vistiesen con su uniforme militar, que lo colocasen en su sillón favorito de la alcoba y que lo dejasen solo.

Enrique I de Haití

Enrique I de Haití

Poco después de que sus asistentes lo dejaron, se escuchó un disparo. Christophe se suicidó pegándose un tiro en el corazón con una bala de plata el 8 de octubre de 1820. Sus pocos fieles seguidores sumergieron su cuerpo en cal viva y lo enterraron en uno de los patios interiores de la Ciudadela para prevenir que las hordas que llegaban mutilasen y profasen el cadáver. En la rebelión que siguió después de su muerte, su hijo, el Delfín Víctor Enrique, fue linchado por los sublevados y con él se extinguió la dinastía Christophe, ya que Enrique I había impuesto la ley sálica, que no permitía a las mujeres ascender al trono o transmitir derechos a sus descendientes.

Colaboración de Carlos Suasnavas
Fuentes: El Reino de este mundo – Alejo Carpentier. 1, 2, 3, 4, 5

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La repatriación del último charrúa

14 abr
14 abril 2013

A partir de la década de los noventa, varios grupos indigenistas empiezan a reclamar la repatriación de los restos de los charrúas muertos en Francia. Los gobiernos uruguayos de la época, al igual que todos quienes los antecedieron a lo largo de los 160 años de vida institucional del país, hicieron oídos sordos a los reclamos y no se involucraron en el tema. Los gobiernos franceses, por su parte, negaron sistemáticamente que esos restos estuvieran en poder de algún museo de su país.

Hubo que esperar hasta marzo el año 1997, en ocasión de la visita del presidente francés Jacques Chirac, para que las cosas empezaran a cambiar. Más de 4000 personas firmaron una carta que le fue entregada a Chirac, reclamando una vez más la repatriación de los restos de los charrúas. Esa carta reivindicaba su calidad de seres humanos sobre la de objetos de laboratorio y su destacada participación en el proceso revolucionario del Uruguay.

En septiembre del año 2000, casi 167 años después de la muerte de Vaimaca, la acción sostenida e insistente de esos grupos consigue un logro histórico: el Parlamento uruguayo aprueba la Ley 17.256, que declara en su Artículo 1º “será de interés general la ubicación y posterior repatriación al territorio nacional de los restos de los indios charrúas fallecidos en la República de Francia”; el Artículo 2º dispone que “una vez llegados al país, los restos serán inhumados en el Panteón Nacional junto a las figuras más destacadas de la historia del Uruguay”. En marzo de 2002, el gobierno francés comunica oficialmente que los restos en cuestión han sido localizados en los depósitos del Museo del Hombre y que los mismos serán devueltos a su país de origen. Quizás como reparación a los atropellos cometidos por sus conciudadanos tantos años antes, Francia pone como condición para la devolución que los mismos que NO FUERAN EXHIBIDOS EN MUSEOS NI FUERAN OBJETO DE ESTUDIOS DE NINGUNA CLASE.

El 17 de Julio de 2002, el avión que transporta los restos de Vaimaca Perú desde París aterriza en la Base Aérea Nº 1 en Montevideo y allí quedan en custodia. Dos días más tarde, una caravana de vehículos militares y particulares traslada el cajón que los contiene, envuelto en la bandera uruguaya, hasta el Panteón Nacional ubicado en el Cementerio Central.

Restos de Vaimaca

Restos de Vaimaca

Sin embargo, la odisea del viejo cacique no terminaría allí. El 27 de setiembre de 2002, un grupo de antropólogos de la Facultad de Humanidades, debidamente autorizados por el Ministro de Cultura de la época, Dr. Antonio Mercader, retiran dos muelas y una falange de los restos con el fin de realizar estudios de ADN. Los mismos grupos de descendientes de charrúas que habían luchado durante tanto tiempo por la repatriación, pusieron el grito en el cielo: ¿Para esto querían los restos de Vaimaca? ¿Para repetir lo que en vida había sufrido durante su obligado destierro en Francia? La tarea no estaba terminada… El 5 de Mayo de 2004, se consigue que el Parlamento apruebe la Ley Nº 17.767, que en su artículo único dice:

Prohíbese, desde la promulgación de esta ley, la realización de experimentos y estudios científicos en los restos humanos del Cacique Vaimaca Perú.

Hoy en día, los restos del cacique charrúa Vaimaca Perú descansan definitivamente en el Panteón Nacional.

Colaboración de Pablo Petrides

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Los últimos charrúas. Infamia a la francesa

11 abr
11 abril 2013

Lunes 25 de Febrero de 1833, Puerto de Montevideo

La chalupa abandona el viejo muelle de madera, con la última carga de pasajeros y equipaje. A golpe de remos cruza las aguas quietas de la bahía hacia el brick francés Phaeton, fondeado a poca distancia de la costa. Entre los pasajeros, Françoise De Curel, un exmilitar francés que había instalado un centro de enseñanza en Montevideo; consignados como equipaje, cuatro charrúas: el cacique Vaimaca Perú, el chamán Senaqué, el joven guerrero Tacuabé y su mujer, Guyunusa, embarazada de pocos meses.

Casi dos años antes, los cuatro habían llegado a Montevideo en calidad de prisioneros, luego de la masacre de Salsipuedes. Poco tiempo después, De Curel comenzó las gestiones para que el presidente de la joven república, el mismo General Fructuoso Rivera que había pergeñado el exterminio de la nación charrúa, se los cediera para llevarlos a Francia. De Curel sostenía que sus objetivos eran puramente científicos, aunque la realidad era otra. A Rivera, en realidad, lo mismo le daba; De Curel le ofrecía una buena excusa para quitárselos de encima, le dio su autorización redactando una hipócrita declaración que consignaba que los charrúas viajaban con él de forma voluntaria y que estaban dispuestos a permanecer con él en París durante un tiempo, a cambio de que se les proporcionara los medios necesarios para su subsistencia.

Martes 7 de Mayo de 1833, Puerto de Saint-Malo, Francia

El Phaeton toca puerto después de casi setenta días de travesía. Los cuatro “especímenes” se apiñan sobre el muelle de madera, demacrados y asustados, mientras su “propietario” francés hace los arreglos necesarios para trasladarlos a París. Una vez allí, manda imprimir folletos que promocionan la llegada a Francia de “…cuatro individuos que ofrecen vivientes modelos de la construcción física y los caracteres morales[...] Ellos representan los verdaderos tipos de la tercera raza de hombres, la raza cobriza”. El novel especulador del espectáculo arrienda una casa en el nº 19 de la Rue Chaussé D’Antin en donde la insólita “exposición” abre al público el 19 de junio, en el horario de 15 a 18 hs. Los asistentes debían abonar 5 francos para ver a los “salvajes”, aunque la escasa concurrencia obliga a De Curel a rebajar la entrada a solamente 2 francos por persona.

Viernes 12 de Julio de 1833, París

Luego de casi un mes de ser exhibidos como “objetos curiosos” traídos desde la salvaje América, los charrúas son sometidos a un desusado experimento, esta vez a cargo de la Academia de las Ciencias Morales. Varios músicos de la Orquesta del Conservatorio de París dan un concierto a la vista de los cuatro desterrados para que los académicos “estudien” su reacción a la música, como si de exóticos animales se tratara. Para sorpresa de todos, los “salvajes” muestran una gran sensibilidad ante la pieza interpretada, en especial ante los instrumentos de viento. En particular, son los dos hombres mayores, Senaqué y Vaimaca, quienes salen de su normal apatía y reaccionan más visiblemente ante la melodía.

Sin embargo, otros estudios a los que fueron sometidos no fueron tan delicados, ni sus conclusiones tan “humanas”. Uno de ellos, que consistió en tomar las medidas físicas de los cuatro charrúas, concluyó que el cráneo de los indígenas tenía las mismas medidas que las de muchos criminales guillotinados en Francia. Método científico, lo llamaron.

Domingo 22 de Julio de 1833, París

Senaqué, el más viejo de los cuatro, el “hombre que cura”, el chamán de su clan, se ha pasado los últimos días de cara a la pared, en un rincón, quejándose en su rústico español: “Pobre Senaqué, pobre Senaqué”. Hace días que no prueba bocado y se debilita poco a poco. Los académicos del Museo de Historia Natural resuelven internarlo en un sanatorio para intentar que recobre la salud. El dinero necesario para ello saldrá del fondo destinado al “tratamiento de animales raros”. Pero todo es inútil. Desvastado por la tristeza y por la angustia, agobiado por el encierro y debilitado por el ayuno, el viejo charrúa muere el 26 de julio, poco más de 5 meses después de haber sido arrancado de su tierra. El Museo de historia Natural se hace cargo de su cuerpo: se le quitan los órganos internos para estudiarlos, algunos de los cuales terminan siendo embalsamados. Con su piel se construye un “moulage” de tamaño natural, relleno de paja, aunque sus rasgos son “europeizados”: se le coloca cabello más corto y prolijamente peinado hacia atrás, y se le agregan unos ridículos bigotes sin tener en cuenta que los charrúas eran lampiños. Semejante obra de arte es catalogada con el número N-673. Ni este infame maniquí, ni ninguno de los órganos embalsamados de Senaqué salieron jamás de los sótanos del museo para ser expuestos en las vitrinas del museo. Hoy en día, no hay rastro de ellos.

Moulage de Senaque

Moulage de Senaque

Viernes 13 de Setiembre de 1833, París

El cacique Vaimaca Perú sobrevivió a su compañero apenas un mes y medio, y murió consumido por los mismos males que se llevaron su viejo amigo. Sus restos corrieron una suerte similar a los de Senaqué. Apenas muerto se realiza un vaciado en yeso de su cráneo, en base al cual se realiza un busto de gran fidelidad en cuanto a los rasgos se refiere. El resto de su cuerpo es objeto de diversos estudios y análisis; se emplean distintos trozos de su piel para un estudio de suma importancia: ¡determinar la cantidad de glándulas sebáceas y de folículos pilosos que tenía! El cráneo, por su parte, es trepanado y luego serrado para estudiar el cerebro. Su esqueleto se conservó y fue cedido más tarde al Museo del Hombre de París.

Vaimaca

Vaimaca

Viernes 20 de Setiembre de 1833, París

Frente a una nutrida concurrencia de curiosos y médicos, que acudieron a observar el parto como si de un raro espectáculo se tratase, Guyunusa, auxiliada por Tacuabé, da a luz a la hija de ambos. Hay indicios de que pudieran haberla llamado Micaela. El parto de silla –en cuclillas– tan común entre muchas etnias indígenas, no tuvo contratiempos y la pequeña charrúa se sumó a sus padres en su indigno destierro. Asombrados, los asistentes comprueban que el llanto de la recién nacida “es en todo similar al de nuestros niños”. Pero la opinión pública iba a jugar su papel en este drama. En principio, los parisinos veían el espectáculo montado por De Curel como una simple curiosidad venida de ultramar. Pero a medida que los charrúas morían, y que los detalles de su confinamiento se conocían, la indignación le fue ganando espacio a la curiosidad. Las protestan fueron creciendo y agravándose, hasta que De Curel es denunciado a la Policía y huyó de París… pero no solo.

Con su “mercancía” a cuestas, De Curel viaja a su ciudad natal, Lyon, donde se desprende rápidamente de los charrúas vendiéndoselos a un empresario circense que los incorpora a su espectáculo. A efectos promocionales, le cambia el nombre a Tacuabé, llamándolo Jean Soulasol, “el Hércules de los Hércules

Martes 22 de Julio de 1834

Sin embargo, el negocio no fue tal para el hombre del circo. Poco después de llegar a Lyon, Guyunusa muere de tuberculosis en el Hospital Hotel Dieu de Lyon. En su caso, no esperaron a que muriese para raparla y hacer el vaciado en yeso de su cabeza. El busto resultante es aún más vívido que el de Vaimaca. Su cuerpo fue sepultado en una fosa común. Luego de la muerte de su compañera, el joven Tacuabé se las arregla para huir del circo llevando consigo a su pequeña hija de diez meses de edad. A partir de allí su rastro se pierde, y las especulaciones sobre su destino son fundamentalmente dos:

La primera, sostiene que Tacuabé y la pequeña, carentes de defensas naturales ante la enfermedad, habrían debido contagiarse de la tuberculosis que mató a Guyunusa, y habrían muerto poco después.
La segunda, quizás más romántica, dice que Tacuabé, eximio domador de caballos, pudo haberse ganado la vida en el medio rural francés, sobreviviendo junto a su hija.

Guyunasa

Guyunasa

En 1950, un pequeño artículo aparecido en un periódico de Lyon, sostenía que una familia radicada en la zona decía tener ancestros charrúas. Actualmente, todavía existe una calleja en esa ciudad que se conoce con el nombre de “Camino del Indio”, y la leyenda popular sostiene que se llama de esa forma porque una vez se vio un indio caminando por ese sendero, llevando una pequeña en brazos.

Continuará…. (colaboración de Pablo Petrides)

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Salsipuedes, una traición y una masacre

01 abr
1 abril 2013

Venado, el cacique charrúa, le tendió amistosamente al general Rivera el cuchillo que éste le había pedido para picar su tabaco. Sin embargo, el militar reaccionó inesperadamente; se echó hacia atrás, fingiendo sorpresa, y en el mismo movimiento desenfundó su revólver y le disparó. Esa fue la señal que el resto de sus tropas, unos mil doscientos hombres, estaba aguardando para comenzar el ataque sobre los poco más de cuatrocientos indígenas charrúas –entre hombres, mujeres y niños– que se habían reunido en las riberas del arroyo Salsipuedes, era el 11 de abril de 1831.

Fructuoso Rivera

Fructuoso Rivera

El General Fructuoso Rivera, primer presidente electo de la novel República Oriental del Uruguay, llevaba algunos meses planeando en secreto esa acción militar. Impulsado y presionado por los hacendados y terratenientes del noroeste del territorio, que denunciaban la presencia de los grupos seminómadas de indígenas en “sus” campos, Rivera decidió, a principios de 1831, poner punto final al “problema charrúa”. Y la suya sería una solución drástica y definitiva.

– Mirá, Don Frutos… ¡Tus soldados matando amigos!

A poco de comenzada la operación, otro de los caciques charrúas llamado Vaimaca Pirú, le increpó así a su viejo conocido, el General, por el inesperado ataque que su gente estaba sufriendo.

Aprovechándose de la larga relación de camaradería y respeto que mantenía con la nación charrúa, alimentada por cientos de campamentos y tolderías compartidos durante las luchas revolucionarias, Rivera convocó a todos los caciques charrúas para incorporarse a una nueva campaña militar que supuestamente comandaría contra el sur de Brasil, con el objetivo de recuperar ganado y repartirlo posteriormente entre quienes participaran de la expedición. Confiados, los caciques acudieron a su llamada, llevando consigo a sus guerreros, sus mujeres y sus niños, tal como era su costumbre, bien conocida por Rivera. En resumen, la nación charrúa entera respondía a la llamada de su viejo amigo, Don Frutos. El general Rivera, gran conocedor de la zona (baqueano), escogió el lugar de la emboscada con sumo cuidado. Sacó a los charrúas de la región de sierras y montes en las que se habían establecido y los citó en un lugar llano, que no ofrecía escondites naturales donde pudieran guarecerse. Así, recibió y agasajó a los charrúas en ese lugar con abundante comida y bebida, y dio la señal de atacar cuando estaban completamente desprevenidos.

Después de agotados todos los recursos de prudencia y humanidad, para atraer a la obediencia y a la vida tranquila y regular a las indómitas tribus charrúas [...] Se decidió poner en ejecución el único medio que ya restaba, de sujetarlos por la fuerza [...] Fueron en consecuencia atacados y destruidos, quedando en el campo más de 40 cadáveres enemigos y el resto con 300 y más almas en poder de la división de operaciones.

Ese fue el comunicado oficial que el presidente Rivera envió al presidente del Senado al día siguiente de la matanza. Sin embargo, las cifras reales fueron otras; entre los charrúas muertos en el lugar de la emboscada, los que lograron escapar y fueron asesinados durante los meses siguientes, y los que murieron tras ser hechos prisioneros durante la larga marcha de más de 400 kilómetros a pie hasta Montevideo… más de la mitad de la nación charrúa fue aniquilada como consecuencia de la acción militar de Rivera en Salsipuedes.

Salsipuedes

Sólo unos pocos lograron escapar y perderse en los campos, evitando la muerte y la captura. Los que llegaron a Montevideo fueron repartidos entre los habitantes de la capital como servidumbre, desmembrando las familias charrúas según la conveniencia de sus nuevos “amos”, perdieron rápidamente su identidad cultural, sus tradiciones y su forma de vida. Por lo tanto, la solución final ideada por el general Fructuoso Rivera para el “problema charrúa” fue realmente efectiva. En 1833, el viejo cacique Vaimaca Pirú, su curandero Senaqué, el guerrero Tacuabé y la india Guyunusa fueron vendidos a un empresario francés que los embarcó rumbo a París para exhibirlos como objetos exóticos. Los cuatro son conocidos como Los Últimos Charrúas.

Monumento a los Cuatro Últimos Charrúas en Montevideo

Monumento a los Cuatro Últimos Charrúas en Montevideo

Durante más de 150 años, la historiografía oficial del Uruguay sostuvo que la etnia charrúa se había extinguido completamente. Sin embargo, en la década de 1990 se comenzaron a realizar estudios históricos y genéticos que comprobaron que un gran número de personas, sobre todo en las zonas Norte y Noreste del Uruguay y en las zonas limítrofes de Brasil y de Argentina, tienen ancestros charrúas en su árbol genealógico. Hoy en día, el 11 de abril es celebrado en Uruguay como el Día de la Nación Charrúa y se organiza una cabalgata hasta el lugar de la matanza donde se realiza un homenaje en honor a los caídos.

Colaboración de Pablo Petrides
Imágenes: Tlaxcala, Nación Charrúa

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Los Trece de la Fama… y los otros olvidados

27 ene
27 enero 2013

La versión oficial de los Trece de la Fama dice…

Francisco Pizarro inició la conquista del Perú en 1524 con ciento doce hombres y cuatro caballos en un sólo navío. Sus socios Diego de Almagro y Hernando de Luque se quedaron en Panamá con la misión de contratar más gente y salir posteriormente con ayuda y víveres. A finales de septiembre de 1526, cuando habían transcurrido dos años de viajes hacia el sur afrontando toda clase de inclemencias y calamidades, llegaron a la isla del Gallo exhaustos. El descontento entre los soldados era muy grande, llevaban varios años pasando calamidades sin conseguir ningún resultado. Pizarro intenta convencer a sus hombres para que sigan adelante, sin embargo la mayoría de sus huestes quieren desertar y regresar. Allí se produce la acción extrema de Pizarro, de trazar una raya en el suelo de la isla obligando a decidir a sus hombres entre seguir o no en la expedición descubridora. Tan solo cruzaron la línea trece hombres: los “Trece de la Fama“, o los “Trece caballeros de la isla del Gallo“.

Por este lado se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere.

Los Trece de la Fama

Los Trece de la Fama

Hay varias versiones sobre el nombre de aquellos trece, pero… ¿Sólo eran trece?

Como aquí nos gusta buscar esos héroes anónimos u olvidados, hemos encontrado algún protagonista más… un mulato (parece que era un esclavo que acompañaba a Alonso de Molina), según citó el historiador Antonio de Herrera y Tordesillas en la Historia general de los hechos de los castellanos en las Islas y Tierra Firme del mar Océano que llaman Indias Occidentales (1601): “13 hombres y un mulato“. Recordemos que los conquistadores utilizaron cargueros indios y esclavos africanos que, además, fueron excluidos de las narraciones por los cronistas. Según Francisco de Xerez, escribano oficial de la expedición, aunque menciona el hecho sin entrar en detalles, sí dice que fueron 16 los que se quedaron con Pizarro.

¿Por qué se da por buena la versión de trece del escritor Garcilaso de la Vega, llamado el Inca Garcilaso, “el primer mestizo biológico y espiritual de América“?

El problema fue que estos Trece de la Fama se asociaron con los trece a los que se les otorgó el título de hidalgos en la Capitulación de Toledo con Isabel de Portugal el 26 de Julio de 1529, cuando realmente aquel reconocimiento fue una justa recompensa por ser los que más sufrieron a su lado en la terrible y sacrificada espera. Así que, lo único que podemos asegurar es que, como mínimo, fueron trece. Para la historiografía no debía quedar muy bien “los como mínimo Trece de la Fama“.

Fuentes: Mentiras más comunes en la Historia de Perú, El mito de los trece de la isla de Gallo, La identidad del sujeto afroperuano

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Barretinas catalanas en Alaska en el siglo XVIII

20 nov
20 noviembre 2012

La bula menor Inter caetera otorgada por el papa Alejandro VI en 1493 adjudicaba a los reyes de Castilla y León todas las tierras halladas y por hallar al oeste del meridiano que dista cien leguas al oeste de las islas Azores y Cabo Verde. Posteriormente sería modificado, por le Tratado de Tordesillas, para que Portugal pudiese tomar la posesión de Brasil.

Tuvieron que pasar casi tres siglos, y alguna sospecha de que los rusos deambulaban por allí, para que los españoles decidiesen tomar la posesión de las tierras – la propiedad ya la tenían concedida por la bula papal – del continente americano más allá del paralelo 60° Norte… Alaska. En 1774, desde el virreinato de Nueva España, se envió una expedición al mando del capitán Juan José Pérez Hernández. Lamentablemente, la enfermedad de varios marineros le obligó a regresar sin llegar a su objetivo pero, aún así, todavía se pudo tomar posesión de la isla Nutka y otras a la altura de los 50° Norte. Posteriores expediciones, bordeando la costa californiana, fueron llegando más Norte: estuario del río Columbia, islas Kayak, la sierra de San Elías, la península de Kenai… En 1789, se ordenó ocupar la isla de Nutka por la presencia de rusos y cuando llegaron los españoles – ¡Oh, sorpresa! – merodeaban por la zona los ingleses. Esteban José Martínez, al mando de la fragata Princesa, no se dejó intimidar y apresó a los ingleses. El cambio de virrey en Nueva España, al regreso del capitán, supuso que en lugar de una honrosa felicitación recibiese una dura reprimenda ante el temor de que aquel episodio supusiese el inicio de una guerra con Inglaterra.

Mientras la diplomacia española e inglesa negociaban la salida de aquella situación, siempre con los ingleses con la sartén por el mango por su superioridad naval, desde Nueva España se volvía a enviar otra expedición al Norte compuesta por cincos naves. Entre los componentes de aquella expedición figuraba la Primera Compañía Franca de Voluntarios de Cataluña (cuerpo del ejército colonial español formado por voluntarios catalanes creado en 1767) que ya había participado en la exploración de California. Parte de esta Compañía se quedó fortificando la isla de Nutka y el resto se repartió entre los barcos para seguir explorando: fundaron Cordova (topónimo hispano más al Norte en la actualidad) y tomaron posesión de otras tierras.

Fuerte de San Miguel – Nutka

Tras la firma de los tratados de San Lorenzo, los españoles debían devolver todo lo capturado a Inglaterra, se les concedía el comercio en el Pacífico Norte y, además, se fijaban los límites de las posesiones españolas más al Sur. Castellanos, extremeños, gallegos, catalanes… sufrieron las duras condiciones climatológicas de Alaska y el acoso de rusos e ingleses pero aguantaron en sus posiciones y mantuvieron las posesiones conquistadas. Todo lo que consiguieron juntos, se perdió por los políticos… ¿Os suena?

De las barretinas que se citan en el título, tenemos constancia por las anotaciones de la expedición Malaspina cuando en 1791 llegó a Nutka.

Fuentes: Conquista española del Canadá, Antes que nadie – Fernando Paz

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Los esclavos olvidados de América, los irlandeses

15 nov
15 noviembre 2012

Cuando hablamos de esclavos y de América, la primeras imágenes que nos vienen a la cabeza son las enormes plantaciones de algodón donde los esclavos traídos de África trabajan de sol a sol. Pero hubo otros esclavos, en este caso blancos y casi olvidados por la historia, que sufrieron las mismas penalidades… los irlandeses.

En el siglo XVI, los españoles fueron los primeros europeos en utilizar esclavos africanos en el Nuevo Mundo (islas de Cuba y La Española). Más tarde, portugueses, holandeses, franceses y británicos hicieron lo propio en sus respectivas colonias (Brasil, Antillas, Norteamérica…). Las colonias británicas en Norteamérica también fueron utilizadas para el destierro penal de criminales convictos desde principios del siglo XVII hasta la independencia, y posteriormente a Australia entre 1788 y 1868. Además de estos criminales, los ingleses enviaron a sus colonias norteamericanas a los irlandeses, sobre todo católicos, que se rebelaron contra la opresión inglesa… vendidos a los colonos como mano de obra.

Mujeres y niños esclavos

El comercio humano comenzó cuando James II, rey de Inglaterra, vendió 30.000 prisioneros políticos irlandeses como esclavos al Nuevo Mundo. A mediados del siglo XVII, los irlandeses se convirtieron en la principal fuente de ganado humano para los comerciantes ingleses… el 70% de la población total de las islas Antigua y Montserrat eran esclavos irlandeses. En la década de 1650 más de 100.000 niños irlandeses, entre 10 y 14 años, fueron separados de sus padres y vendidos como esclavos en las Indias Occidentales, Virginia y Nueva Inglaterra; 52.000 más, en su mayoría mujeres y niños, fueron vendidos a Barbados y Virginia; 2.000 niños se vendieron a Jamaica… Ni eran criminales ni tampoco, como se ha tratado de vender, tenían contratos de servidumbre.

SLAVES

Además, eran más baratos que los africanos (en el XVII, un esclavo africano costaba unas 50 libras esterlinas y un irlandés no más de 5) y los hijos nacidos de esclavos blancos seguían siendo esclavos incluso en el caso de que su madre obtuviese la libertad, así que las madres permanecían con ellos. Los colonos, para maximizar sus recursos, decidieron utilizar a las mujeres/niñas irlandesas – además de para su beneficio propio – para cruzarlas con africanos y criar mulatos. Estos nuevos esclavos rompieron el mercado… se podían vender por un precio superior a los irlandeses y salían más baratos que los africanos. Esta práctica de mestizaje esclavo se extendió hasta que en 1681, por las presiones de la Royal African Company a la que la Corona británica había concedido el monopolio sobre las rutas del comercio de esclavos africanos, se aprobó la ley “Forbidding the practice of mating Irish slave women to African slave men for the purpose of producing slaves for sale” (Prohibida la práctica de acoplamiento de esclavas irlandesas y esclavos africanos con el fin de producir esclavos para la venta).

En 1807 el Parlamento Británico aprobó la Ley para la Abolición del Comercio de Esclavos, bajo la cual los capitanes de buques de esclavos podían ser severamente penados por cada esclavo transportado. Esta fue superada por la Ley Abolicionista de 1833, que liberó todos los esclavos del Imperio Británico.

Fuentes: The forgotten white slaves, The Irish slave Trade, Irish Blog

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Hasta 1537 no se conocía ningún ser humano en el continente americano

30 may
30 mayo 2012

Antes de que me linchéis sólo os pido que leáis el post entero y luego… Aunque el título de este post pueda parecer ofensivo es lo que, lamentablemente, se pensaba.

Aunque existen diversas teorías sobre otros que llegaron al continente americano antes que Colón, independientemente de los nativos del lugar, creo que el título de descubridor, con todo lo que conlleva (explorar, investigar… y dar a conocer), se lo podemos adjudicar a Cristobal Colón. En 1493, cuando Colón regresó de su primer viaje a las Indias y a petición de los Reyes Católicos, el Papa Alejandro VI, el valenciano Rodrigo Borgia, les otorgó la Breve Inter caetera que junto con la Bula menor Inter caetera, la Bula menor Eximiae devotionis y la Bula Dudum siquidem constituyen las llamadas Bulas Alejandrinas.

En breve Inter caetera, otorgado el 3 de mayo de 1493 en favor de Fernando e Isabel, el Papa concede:

el dominio sobre cada una de las tierras e islas ya citadas, así las desconocidas como las hasta ahora descubiertas por vuestros enviados y las que se descubran en adelante [...] el monopolio del comercio con las nuevas tierras, prohibiendo a todos los cristianos navegar a ellas sin licencia de los Reyes Católicos, bajo pena de excomunión.

En contrapartida, les impuso a los reyes la obligación de enviar misioneros para convertir a las poblaciones descubiertas a la fe católica. En estos momentos se planteaban muchas dudas sobre los nativos que poblaban aquellas tierra: ¿eran seres humanos o sólo tenían apariencia humana? ¿tenían alma?

Paulo III

El 9 de junio de 1537, el Papa Paulo III ponía luz ante tanta oscuridad; en la Bula Sublimis Deus los declaraba hombres:

Nos, que aunque indignaos, ejercemos en la tierra el poder de Nuestro Señor, y luchamos por todos los medios para traer el rebaño perdido al redil que se nos ha encomendado, consideramos sin embargo que los indios son verdaderos hombres y que no sólo son capaces de entender la fe católica, sino que, de acuerdo con nuestras informaciones, se hallan deseosos de recibirla (¿?)

También hacía referencia a su libertad pero esta parte parece que se olvidó por el camino:

Deseando proveer seguros remedios para estos males, definimos y declaramos por estas nuestras cartas, o por cualquier traducción fiel, suscrita por un notario público, sellada con el sello de cualquier dignidad eclesiástica, a las que se les dará el mismo crédito que a las originales, no obstante lo que se haya dicho o se diga en contrario, tales indios y todos los que más tarde se descubran por los cristianos, no pueden ser privados de su libertad por medio alguno, ni de sus propiedades, aunque no estén en la fe de Jesucristo; y de sus propiedades, y no serán esclavos, y todo cuanto se hiciere, será nulo y de ningún efecto.

Fuente: Las hemorroides de Napoleón – José Miguel Carrillo

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