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Los excrementos de las aves marinas acabaron con los Rapa Nui

06 ago
6 agosto 2014

A mediados del siglo XIX el uso del guano (excrementos de aves marinas) comenzó a utilizarse como fertilizante para enriquecer las agotadas o pobres tierras de cultivo de la vieja Europa. Su recolección se hacía, casi en exclusiva, en las islas Chincha (Perú). Esta zona del Pacífico está poblada de productores de guano (gaviotas, pelícanos…) que durante años se ha ido acumulando en la superficie insular formando una capa de varios metros de espesor. Perú controlaba la producción e Inglaterra su comercio. Estados Unidos se quedaba fuera del control directo del guano y, por tanto, tenía que importarlo de Inglaterra a unos costes muy elevados.

Islas Chincha

Como es de suponer, otras muchas islas del Pacífico eran también potenciales productoras del preciado fertilizante. En 1856, para reducir costes y no depender de la importación, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Guano Islands Act (Acta de Islas Guaneras), autorizando a ciudadanos de los Estados Unidos a tomar posesión de las islas con depósitos de guano:

Cuando cualquier ciudadano de los Estados Unidos descubra un depósito de guano sobre cualquier isla, roca, o cayo, no dentro de la jurisdicción legal de cualquier otro gobierno, y no ocupada por ciudadanos de cualquier otro gobierno, y tome posesión pacíficamente, y ocupe, ya sea, isla, roca o cayo, puede, según la discreción del presidente, ser considerado perteneciente a los Estados Unidos.

Más de cien depósitos de guano fueron reclamados como estadounidenses bajo esta ley. Hoy en día, varias de estas islas todavía siguen bajo dominio estadounidense. La respuesta de Perú e Inglaterra fue aumentar la producción de las islas Chincha e intentar acaparar el mercado. Para ello necesitaban contratar más mano de obra… y barata. Se enviaron barcos a China donde prometían a los humildes campesinos trabajos bien remunerados en las minas de oro. Cuando llegaban a Perú, eran enviados a las islas para trabajar en las minas de guano en condiciones de semiesclavitud. En 1875 había más de cien mil chinos en Perú. A causa de la alta mortandad de los trabajadores chinos (suicidios, enfermedades, accidentes…) y la disminución de nuevas remesas (comenzaron a llegar a China las noticias de las falsas ofertas de trabajo, origen de la expresión “te han engañado como a un chino“) tuvieron que buscar nuevas fuentes de mano de obra.

Rapa Nui_ Moais

Para desgracia de los pascuenses, el nuevo objetivo fue la isla de Pascua. A finales de 1862, ocho barcos zarparon de Perú y tras recorrer más de tres mil kilómetros llegaron a la isla de Pascua. Tras un intercambio de baratijas y regalos, los marineros rodearon a los pascuenses y los capturaron. Algunos fueron abatidos en la huida, otros se despeñaron por los acantilados… un tercio de la población (casi todos los hombres adultos) fueron hechos prisioneros y llevados a trabajar a las minas de guano. Al final, Inglaterra y Estados Unidos entendieron que Perú se había excedido y obligaron a liberar a los prisioneros pascuenses. Cuando se repatriaron a los supervivientes de los trabajos forzados, sólo quedaban cien hombres con vida. En el trayecto de vuelta a casa, la viruela mató a ochenta y cinco. Solo quince volvieron a pisar la isla de Pascua y no todos en perfectas condiciones. Fue la puntilla de los Rapa Nui, la cultura que construyó los enigmáticos moais.

Ilustración: Ediciona

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Un antepasado de Cristóbal Colón derrotó a Mitrídates en el siglo I a.C.

11 jul
11 julio 2014

Vista la última corriente que convierte en catalanes a personajes históricos como Santa Teresa, Cristóbal Colón, Juan Sebastián Elcano (Joan Caçinera del Canós), Hernán Cortés (Ferran Cortès), Miguel de Cervantes (Joan Miquel Servent), Gonzalo Fernández de Córdoba (Joan Ramon Folc de Cardona) o Fray Bartolomé de las Casas (Bartomeu Casaus), me voy permitir frivolizar y  demostrar que Cristobal Colón era genovés. Y ya puestos, utilizando argumentos tan peregrinos como los suyos, que un antepasado suyo derrotó a Mitrídates el Grande, rey del Ponto.

Cristobal Colón

Cristobal Colón

Además, va a ser uno de los supuestos catalanes el que lo demuestre: Fray Bartolomé de las Casas, perdón Bartomeu Casaus. En su Historia de las Indias (Libro I, capítulo II) escribe:

Sus padres fueron personas notables, en algún tiempo ricos, cuyo trato y manera de vivir debió ser por mercaderías por la mar, según él mismo da a entender en una carta suya. Otro tiempo debieron ser pobres por las guerras y parcialidades que siempre hubo y nunca faltan, por la mayor parte, en Lombardía. El linaje suyo dicen que fue generoso y muy antiguo, procedido de aquel Colón de quien Cornelio Tácito trata en el libro XII, al principio, diciendo que trajo a Roma preso a Mitridates, por lo cual le fueron dadas insignias consulares y otros privilegios por el pueblo romano en agradecimiento de sus servicios. Y es de saber que antiguamente el primer sobrenombre de su linaje dicen que fue Colón; después, el tiempo andando, se llamaron Colombos los sucesores del susodicho Colón romano o capitán de los romanos; y destos Colombos hace mención Antonio Sabélico, en el libro VIII de la década 10, folio 168, donde trata de dos ilustres varones genoveses que se llamaban Colombos, como abajo se dirá. Pero este ilustre hombre, dejado el apellido introducido por la costumbre, quiso llamarse Colón, restituyéndose al vocablo antiguo, no tanto acaso, según es de creer, cuanto por voluntad divina, que para obrar lo que su nombre y sobrenombre significaba lo elegía. Suele la divinal Providencia ordenar que se pongan nombres y sobrenombres a las personas que señala para se servir conformes a los oficios que les determina cometer, según asaz parece por muchas partes de la Sagrada Escritura; y el Filósofo, en el IV de la Metafísica, dice que los nombres deben convenir con las propiedades y oficios de las cosas. Llamose, pues, por nombre, Cristóbal, conviene a saber, Christum ferens, que quiere decir traedor o llevador de Cristo, y así se firmaba él algunas veces; como en la verdad él haya sido el primero que abrió las puertas deste mar Océano, por donde entró y él metió a estas tierras tan remotas y reinos hasta entonces tan incógnitos a nuestro Salvador Jesucristo y a su bendito nombre, el cual fue digno que antes que otro diese noticia de Cristo y hiciese adorar a estas innúmeras y tantos siglos olvidadas naciones.

Basta ya de utilizar la historia y de llamarla a declarar como testigo en cualquier proceso de nacionalización que se le ocurra al iluminado de turno. La historia es como un cebolla a la que los años le han ido poniendo capas… no hace falta que algunos le pongan más.

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Un acto de dignidad en un partido de fútbol de 1936

02 jul
2 julio 2014

El Mundial de Fútbol “Brasil 2014” transcurre en su segunda fase y a estas alturas ya es evidente que los principales beneficiarios del evento son los grupos económicos ligados a la FIFA y las élites económicas y políticas locales. Para el pueblo brasileño la celebración del Mundial en su país ha significado desalojos forzados, militarización de los barrios y represión que se cobró la vida de decenas de personas. Por eso, cuando el fútbol ha sido raptado por las corporaciones y el poder, es importante recordar un acto de dignidad que tuvo como protagonista a la selección de fútbol peruana en las Olimpiadas de 1936.

Los Juegos Olímpicos de 1936 se celebraron en Berlín (Alemania) entre el 1 y el 16 de agosto. La elección de la sede se había realizado en 1931, dos años antes de la llegada de los nazis al poder. Aunque hubo en un primer momento un intento de boicotear los Juegos por parte de varios países, finalmente optaron por participar. Sólo España, con el gobierno de la Segunda República, boicoteó los Juegos, además de organizar una competición paralela, la Olimpiada Popular de Barcelona, que debió suspenderse por la guerra. Participaron de los Juegos de 1936 casi 4.000 deportistas de 49 países en 19 disciplinas deportivas y 129 especialidades. Para el régimen alemán era una forma de mostrar la magnificencia del nazismo y para evitar dar una mala imagen ante el mundo se retiraron de las calles los carteles antisemitas.

Los Juegos Olímpicos no estuvieron exentos de controversias, pero un hecho que merece destacarse es el partido de fútbol entre las selecciones de Perú y Austria por los cuartos de final. La selección sudamericana venía de golear 7-3 a Finlandia, y ahora se enfrentaba con el país natal de Adolf Hitler en el Estadio Hertha Platz. El partido se celebró el día 8 de agosto y hasta los primeros 75 minutos de juego los austríacos se imponían por 2-0. Sin embargo, la selección peruana reaccionó en los últimos 15 minutos y logró empatar el partido con goles de Jorge Alcalde y Alejandro Villanueva. En aquel momento, un grupo de aficionados peruanos abandonaron las tribunas y bajaron al campo para alentar de cerca a su equipo. Durante el tiempo suplementario el árbitro anuló tres goles peruanos, aún así Perú se impuso por 4 a 2 con dos goles del delantero “LoloFernández. Esta humillación de la selección austríaca por parte del “Rodillo Negro” -así llamaban a la delantera peruana- no podía permitirse en unos Juegos planificados desde el III Reich para mostrar la superioridad de la raza aria. Por ello, los alemanes presentaron una protesta ante el Tribunal de Apelaciones alegando que la presencia de los aficionados peruanos en el campo de juego había intimado a los jugadores austríacos, llegando a decir que uno de ellos había sacado una pistola y los había amenazado. También se argumentó que el estadio no cumplía con las medidas necesarias para jugar un partido de fútbol. El Tribunal, compuesto exclusivamente por europeos, convocó una reunión el 10 de agosto a las 10 horas, pero la delegación peruana no llegó a tiempo porque fue retrasada por un desfile alemán que se desarrollaba en las calles. Con apoyo del Comité Olímpico y de la FIFA, se resolvió suspender el partido y ordenar que se jugara nuevamente a puerta cerrada.

Selección Perú

Perú se negó a repetir el partido por considerarlo un robo. Además, hay que tener en cuenta que el jugar a puerta cerrada podía facilitar que se cometiera un nuevo fraude. Toda la delegación olímpica peruana, compuesta por 59 deportistas, apoyó la decisión de la selección de fútbol y se retiraron de los Juegos el 12 de agosto. La delegación colombiana se sumó a la protesta en un acto de solidaridad latinoamericana y también se retiraron. Las delegaciones de Argentina, Chile, Uruguay y México expresaron su solidaridad con Perú, aunque sin abandonar la competición. En Lima la decisión del Tribunal de Apelaciones fue recibida como un insulto y decenas de personas se movilizaron ante el Consulado Alemán atacándolo con piedras. La llegada de la delegación al Puerto de Callao fue recibida por una multitud que los ovacionó como héroes. Gracias a estas maniobras, la selección austríaca llegó hasta la final donde fue derrotada por la Italia fascista de Benito Mussolini, que ya había ganado la Copa del Mundo de Italia de 1934 y volvería a hacerlo en Francia en 1938.

La selección peruana de fútbol tuvo en las Olimpiadas de 1936 un acto de dignidad al negarse a ser partícipe de aquel fraude por haber humillado en el terreno de juego al país natal del dictador Adolf Hitler. Michael Dasso, miembro del Comité Olímpico Peruano, declaró:

No tenemos fe en el deporte europeo. Hemos venido aquí y hemos encontrado un puñado de comerciantes.

Teniendo en cuenta los poderosos intereses económicos que podemos observar en las últimas Copas del Mundo, parece que su frase conserva plena vigencia.

Colaboración del escritor e historiador Luciano Andrés Valencia.

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Los brutales grabados que ayudaron a crear la leyenda negra

20 jun
20 junio 2014

Leyenda negra: opinión contra lo español difundida a partir del siglo XVI (así lo define la RAE). Y de esto se encargaron ingleses, franceses y holandeses durante los reinados de Carlos I y Felipe II, curiosamente coincidentes con la época de máximo esplendor del llamado Imperio español. Aunque a veces no lo consiga -porque me he equivocado en muchas ocasiones-, nunca he tratado de juzgar la historia, sólo contarla y, por eso, no voy a calificar lo que otros países han hecho a lo largo de la historia. Eso sí, quiero dejar claro que lo que hicieron los españoles fue lo mismo que las otras potencias europeas, ni más ni menos. Y si se trata de hablar mal de los otros, todo vale… aunque tenga poco que ver con la realidad.

Pues esa leyenda negra que nos ha acompañado durante cinco siglos y que todavía hoy algunos nos echan en cara, tuvo mucho que ver Thierry de Bry, un orfebre y grabador nacido en Lieja que vivió en Estrasburgo, Londres y Frankfurt. Thierry de Bry fue un pseudohistoriador del descubrimiento de América y uno de los fabricantes iniciales más prolíficos de las leyendas negra -de españoles católicos- y blanca -de protestantes-. La imágenes de sus libros fueron editadas en diferentes entregas entre 1590 y 1634, muchas de ellas coloreadas. Se publicaron inicialmente en latín y alemán, pero su éxito obligó a sucesivas traducciones a otras lenguas. Vamos, que en el resto de Europa vendieron bien. En palabras de Carlos Fuentes pintó a España como…

brutal, sanguinaria y sádica, empeñada en torturar y asesinar a sus súbditos coloniales, en tácito contraste, sin duda, con la pureza inmaculada de los colonialistas franceses, ingleses y holandeses.

A los perros

A los perros

De_Bry

canibalismo

Saciar codicia

Los indígenas hacen tragar oro a los codiciosos españoles

Pedro Mendoza comiéndose a los ladrones

Pedro Mendoza (fundador de Buenos Aires) comiéndose a los ladrones

Hernando de Soto

Montejo

Esclavitud

Indígenas trabajando en una mina

Indígenas trabajando en una mina

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El Caballo de Troya de Pancho Villa

25 mar
25 marzo 2014

A imagen y semejanza de la artimaña utilizada por los griegos para tomar la ciudad de Troya, Pancho Villa logró introducir su caballo -en versión tren- para tomar Ciudad Juárez.

Cuando estalló la Revolución mexicana en 1910, José Doroteo Arango, más conocido por Pancho Villa, era un simple fugitivo escondido en las montañas. Ya sea por interés o convicción, decidió unirse a la lucha encabezada por Francisco Ignacio Madero contra la dictadura de Porfirio Díaz. Formó su propio ejército en el norte de México y gracias al conocimiento del terreno pronto comenzó a despuntar entre los líderes rebeldes. La toma de Ciudad Juárez en mayo de 1911 por los rebeldes fue el punto de inflexión que cambió el rumbo de la contienda; Porfirio Díaz renunció y abandonó el país. Aunque poco después fue elegido presidente de México Francisco Madero, la división entre los líderes rebeldes se agravó. Mientras hubo un enemigo común, Porfirio Díaz, los rebeldes más o menos se mantuvieron unidos, pero con su caída todo cambió. Incluso Pancho Villa estuvo en la cárcel sentenciado a muerte y sólo la intervención del propio Madero logró salvarle la vida. En febrero de 1913, el general Victoriano Huerta, un hombre que se movía como nadie entre las aguas de la lealtad y la traición, dio un golpe de Estado, ordenó ejecutar a Madero e impuso una dictadura. Pacho Villa consiguió escapar de la cárcel y huyó a Texas. Volvió a encontrarse en la misma situación que en 1910, así que…

Pancho Villa

Tras reunir un ejército de 3.000 hombres, volvió a la carga. Tomó la ciudad de Torreón donde consiguió armas y alguna pieza de artillería. Envalentonado, decide tomar Chihuahua, pero son repelidos por las fuerzas federales mucho más numerosas, mejor armadas y, sobre todo, con muchas de piezas de artillería. Pancho Villa se encontraba en una encrucijada, al frente, otra vez Ciudad Juárez, fortificada e imposible de tomar con sus tropas y sin artillería, y tras ellos Chihuahua, donde acababan de ser derrotados… estaban entre la espada y la pared. Así que, Villa decidió no mirar atrás y seguir hacia Ciudad Juárez. Mandar sus tropas en ataques frontales contra la ciudad sería un suicidio; debían idear algún plan para poder acceder a la ciudad. Y aquí salió el estratega militar que llevaba dentro: decidió tomar el tren de carbón que circulaba desde Ciudad Juárez hasta Chihuahua, vaciaron la carga y unos dos mil rebeldes se camuflaron en los vagones. Obligaron a telegrafiar a Ciudad Juárez que la vía había sido destruida por las tropas rebeldes y que debían regresar. Desde Ciudad Juárez confirmaron la orden de regreso pero se les ordenó que debían telegrafiar el paso del convoy por cada estación. Villa envió una avanzadilla que fue tomando las estaciones y al paso del tren los telegrafistas de cada estación amablemente –con el cañón de una pistola apoyado en sus sienes- confirmaban el paso. A las dos de la mañana, entraba el tren en Ciudad Juárez. Según la crónica de un periódico de El Paso (Texas)…

El ataque y la toma de Ciudad Juárez fueron una sorpresa completa [...] Poco después de las dos de la mañana, un tren de carga entró en los patios del Central Mexicano en Juárez y de él surgieron cientos de rebeldes. Prueba de que la sorpresa fue total es el hecho de que no se disparó un solo tiro hasta que los rebeldes hubieron penetrado hasta el corazón mismo de la ciudad. El tren les había permitido llegar sin interferencias [...] Tomada por sorpresa, la guarnición federal opuso escasa resistencia. El cuartel cayó a las cuatro de la mañana y para las cinco había entregado las armas el resto de la ciudad.

Además de la sorpresa, también influyó el hecho de que los oficiales se confiaron en demasía y el ataque les pilló bebiendo, jugando a las cartas u ocupados en algún burdel. Desde aquel momento, Pancho Villa y los villistas tuvieron nombre propio.

Fuente: Caballos de Troya de la historia

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El primer rey negro al estilo de Occidente

30 sep
30 septiembre 2013

Poco se sabe acerca de la niñez de Henri Christophe. La mayoría de historiadores coincide en que nació en la isla de Granada, en el Caribe, hijo de un ex esclavo. Su padre, también llamado Christophe, había llegado en un barco negrero desde África Occidental hasta Santo Domingo, la ex colonia francesa que ahora se conoce como Haití.

Henry Christophe

Henry Christophe

Cuando el pequeño Henri era aún un adolescente, se unió al ejército francés de la isla en calidad de tamborilero. Los franceses tenían un regimiento de ex esclavos a los que llamaban gens de couleur. Este regimiento de negros libres fue enviado por los franceses a los Estados Unidos para apoyar a los rebeldes independentistas en su guerra contra Inglaterra. La mayoría de ellos lucharon en los campos de Savannah, en lo que hoy es el sureño estado de Georgia. Nueve años más tarde, en 1788, Georgia se convertiría en el cuarto estado admitido en las trece colonias originales de los Estados Unidos de América.

Esclavos haitianos luchando por la Independencia de los EE.UU.

Esclavos haitianos luchando por la Independencia de los EE.UU.

Después de luchar en la revolución Americana, el regimiento de hombres de color regresó a la isla de Santo Domingo (como se llamaba en ese entonces). Henri Christophe se ganaba la vida como carpintero, albañil, salonero y cocinero. Llegó, por casualidades de la vida, a manejar el restaurante de un hotel en Cabo Francés, en ese entonces, la capital de Santo Domingo, donde atendía a su exclusiva clientela que eran los ricos franceses esclavistas de las plantaciones circundantes. Para 1789, Santo Domingo producía el 60% del café y el 40% del azúcar a nivel mundial y toda la producción era llevada a Francia y Gran Bretaña. La colonia llegó a ser la posesión más rentable del Imperio francés. Santo Domingo también albergaba a los más ricos y prósperos propietarios de plantaciones de todas las colonias del Caribe. En el censo de ese año se registraron 40000 blancos, 28000 mulatos y negros libres y casi medio millón de esclavos negros. Los esclavos negros superaban a los blancos y a los mulatos libres en una proporción de 7 a 1.

Al principio, las noticias que llegaban de La Revolución Francesa fueron muy bien recibidas en la isla. Los blancos terratenientes la vieron como una oportunidad de independizarse de Francia, lo que permitiría a la élite tomar el control de la isla y crear sus propias regulaciones comerciales para aumentar su riqueza y poder. Los esclavos empezaron a escuchar rumores de que los ricos hacendados querían independizarse por su lado y que el comercio de café con Francia estaba seriamente afectado. Aunque pueda sonar raro, la mayoría de esclavos estaban de lado de los monárquicos franceses porque creían que si Santo Domingo se independizaba, el trato que recibirían de sus capataces blancos sería incluso más severo, ya que los dueños de las plantaciones manejarían la esclavitud a su antojo y sin una mínima rendición de cuentas a sus pares franceses.

En este punto es conveniente aclarar que muchos ex esclavos habían hecho grandes fortunas con sus tierras y cosechas, pero por más dinero que tuviesen, la segregación y el trato para todos los hombres de color era denigrante.

En Francia estaba en plena ebullición la Revolución Francesa. En octubre de 1790, Vincent Ogé , un acaudalado hombre de color libre, regresó de su casa de París con la novedad de que en Francia la Asamblea Constituyente aprobó una ley que daba plenos derechos civiles a los “hombres de color que fueran ricos“. Ogé y otro grupo de ex esclavos acaudalados exigieron el derecho al voto. Cuando el gobernador de la isla se negó a escuchar sus peticiones, Ogé dirigió una breve insurgencia en Cabo Francés. Fue capturado y ejecutado brutalmente, quebrándole primero todos sus huesos “en la rueda “, antes de ser decapitado. Aunque Ogé no estaba luchando por la esclavitud, propiamente dicha, este acto motivó la famosa Rebelión de esclavos en agosto de 1791, la que dio inicio a una guerra civil que duró trece años y terminó primero con la abolición de la esclavitud y luego con la independencia de Santo Domingo, a la que su primer presidente, el mulato Jaques Dessalines, cambió de nombre, bautizándola como Haití. Arrancaron como nación independiente el 1 de enero de 1804.

Jacques Dessalines no confiaban en los franceses blancos. Decidió que lo mejor sería hacer una limpieza étnica y entre febrero y abril de 1804 hizo exterminar a casi todos los blancos que vivían en la isla, en lo que se conoce como la Masacre de Haití de 1804. Dessalines declaró a Haití una nación totalmente negra y prohibió que los blancos tuviesen tierras o propiedades allí.

Massacre_des_Blancs

Haití fue la primera nación independiente en América Latina, el primer país negro independiente del mundo y la única rebelión de esclavos que haya tenido éxito y terminado como un Estado libre.

Ahora volvamos con nuestro protagonista. Henri Christophe destacó en la guerra civil y con el tiempo pasó de ser un oscuro cocinero de taberna a General del ejército rebelde en 1802. Apenas dos años después de haberse constituido el nuevo país, se gestó un golpe de estado contra Jacques Dessalines y los militares alzados tomaron el control del norte del país. Entre gallos y medianoche, Henri se autoproclamó presidente del “Estado” de Haití en 1807, pero Alexandre Pétion, su principal cómplice, pronto se convirtió en su peor enemigo al declararse éste también como presidente de la “República” de Haití, pero en la parte sur del país. Así Haití, quedó dividido en dos.

Para no quedarse atrás, Henry Christophe se proclamo rey en 1811, convirtió el Estado de Haití (la parte norte) en reino y gobernó con el nombre de Enrique I de Haití. Se hizo coronar por un arzobispo y publicó un edicto con su nuevo nombre…

Enrique I por la gracia de Dios y la ley constitucional del Estado, Rey de Haití, Soberano de la Tortuga, Gonâve y otras islas adyacentes, Destructor de la tiranía, Regenerador y Benefactor de la nación haitiana, creador de su moral, política y de su ejército, Primer Monarca Coronado del Nuevo Mundo, Defensor de la fe, fundador de la Real Orden Militar de San Enrique.

Ya en su calidad de rey, Christophe creó una nobleza haitiana a su gusto, conformada por cuatro príncipes, ocho duques, veintidos condes, cuarenta barones y catorce caballeros. En Europa se burlaban de aquello, y el término “nobleza haitiana” se convirtió en sinónimo de cualquier aristocracia improvisada.

General Henry Cristophe

Con su experiencia de ex albañil, él mismo dirigió la construcción de seis castillos, ocho palacios y de la enorme Ciudadela Laferrière en la cima del monte L’Eveque a 910 m. Una colosal edificación de más de 10000 m2, cuyas murallas exteriores tenían una altura de 40 metros. Se necesitaron 20000 obreros y quince años (1805 – 1820) para darle forma. Sus muros fueron levantados con una argamasa que contenía cal, melaza, sangre de toros, chivos y sus respectivos cascos molidos, lo que según sus creencias, le añadía fortaleza y cohesión a la mezcla.

Citadelle_Laferrière_Aerial_View

Desde la fortaleza se podía divisar Cabo Haitiano (ex Cabo Francés) y controlar el Océano Atlántico. De hecho, en días despejados desde la cima, se puede divisar la costa oriental de Cuba que se encuentra a 140 km. Fue construida para que en caso de una eventual invasión extranjera o sublevación interna, su ejército pudiese quemar las cosechas y reservas de alimentos costaneras y retirarse hacia la fortaleza activando emboscadas en las faldas de la montaña.

En su calidad de monarca, Christophe ofreció al gobernador de la parte sur del país, Alexandre Petion, la oportunidad de ser absorbida por el reino, a lo que Petion se negó, haciendo que las relaciones entre ellos fueran siempre tensas.

En agosto de 1820, Christophe sufrió un derrame cerebral que le dejó inmovilizada la mayor parte de su cuerpo. Cuando la noticia de su enfermedad se difundió, todo el país se rebeló contra el tirano; el pueblo estaba ya harto de ser forzado a trabajar sin paga en sus enormes construcciones. Pero lo peor para Henri Christophe fue que la insurrección también estalló internamente, dentro de su fortaleza, entre sus mismos guardias y ejército. La guarnición militar de San Marcos encabezó un motín que provocó una revuelta. El motín coincidió con una conspiración de los mismos generales de Christophe. Algunos de sus asesores de confianza quisieron sacarlo de la Ciudadela para evitar la confrontación con los rebeldes que subían por la montaña, pero él se negó. Christophe ordenó a sus ayudantes que lo bañasen, que lo vistiesen con su uniforme militar, que lo colocasen en su sillón favorito de la alcoba y que lo dejasen solo.

Enrique I de Haití

Enrique I de Haití

Poco después de que sus asistentes lo dejaron, se escuchó un disparo. Christophe se suicidó pegándose un tiro en el corazón con una bala de plata el 8 de octubre de 1820. Sus pocos fieles seguidores sumergieron su cuerpo en cal viva y lo enterraron en uno de los patios interiores de la Ciudadela para prevenir que las hordas que llegaban mutilasen y profasen el cadáver. En la rebelión que siguió después de su muerte, su hijo, el Delfín Víctor Enrique, fue linchado por los sublevados y con él se extinguió la dinastía Christophe, ya que Enrique I había impuesto la ley sálica, que no permitía a las mujeres ascender al trono o transmitir derechos a sus descendientes.

Colaboración de Carlos Suasnavas
Fuentes: El Reino de este mundo – Alejo Carpentier. 1, 2, 3, 4, 5

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¿Sabes la diferencia entre un lepero y un lépero?

27 sep
27 septiembre 2013

Empezaremos por el lepero por ser el conocido a este lado del charco… Leperos son los habitantes del municipio onubense de Lepe en España del que, entre otras muchas cosas, se podría decir que fue cuna de un rey de Inglaterra… Juan de Lepe.

Y respecto a los léperos… Se dice que había léperos desde que la Ciudad de México era Tenochtitlán y que Hernán Cortés se sorprendió al ver tantos en las calles aztecas. Era un ser sin razón de existir, sin ambiciones, ni trabajo, ni voz, ni pretendía tenerlo. Era mestizo o indio y se decía que eran herederos de “lo peor de los españoles y lo peor de los aztecas”.

Lépero

Lépero

La mejor descripción de lo que el lépero era lo hace un soldado estadounidense durante la ocupación en 1848:

Nadie puede dar razón de la ocupación del pobre lépero. Solo Dios sabe cómo vive o de qué vive. Él siempre tiene tan poca necesidad de vestimenta como la que tenían Adán y Eva en el Jardín del Edén. Su piel bebe todo el sol por cada poro y si un edicto requiriese a los léperos usar pantalones, se extinguiría su raza. Un lépero en un completo par de pantalones bombachos dejaría de ser un lépero, porque una cosa desplaza a la otra. EL lépero es enfáticamente un hijo de la naturaleza, el sol reluciente, la sonora briza, el rostro sonriente de la naturaleza son su prerrogativa y su propiedad. Otros hombres tienen caballos, haciendas y tierras. El lépero tiene al mundo. No tiene amo, ni leyes. Come cuando tiene hambre, bebe cuando está sediento y duerme donde y cuando le llega el sueño. Otros hombres descansan de sus trabajos. El lépero trabaja cuando se cansa de descansar. Su trabajo, como quiera, nunca dura más de una hora, con frecuencia solo unos 10 ó 15 minutos, lo justo para proveer los pequeños y escasos requerimientos del día. Carga un bulto como equipaje, y en él lleva todo lo que le cae en la mano, incluso billeteras robadas y extiende la mano por caridad. La principal ocupación visible del lépero es su propia diversión. Y en la ciudad de México, en tiempos de paz nunca falta la diversión barata. Hay revistas militares, procesiones religiosas y música, que le encanta oír al lépero; bailes, corridas de toros, carreras de caballos e iglesias, a las que el lépero es muy afecto y un asiduo visitante, porque al lépero le encanta oír un buen sermón. El lépero no tiene opiniones políticas; puedes decir cuanto te plazca en su presencia sobre su país y sus leyes. No le importa si insultas al General Santa Anna, al General Bustamante, Herrera o a Paredes. Mientras no digas nada ofensivo contra la Virgen de Guadalupe estás a salvo; pero en el momento en que tocas ese tema, va en busca de su cuchillo. Durante las horas del día es tan inofensivo como cualquier criatura viviente que camina bajo el sol de Dios. No atacará a nadie a la luz del día y hasta le teme a los borrachos, especialmente a los soldados borrachos, pero de noche el lépero no teme a nadie y particularmente a los soldados borrachos; éstos son a los primeros que atacará, clavando su daga en la espalda del hombre se lanzará hacia su bolsillo y si no encuentra gran cosa en él, lo deja tirado y herido, pero si encuentra algo de valor, o una gran cantidad de dinero encima, lo mata y lo pone fuera del camino

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Algunos olvidados en la historia de México

25 sep
25 septiembre 2013

En México se celebra Septiembre como el mes patrio, el mes por excelencia dedicado a la patria mexicana en el que tuvieron lugar hechos relevantes para su historia, algunos gloriosos y otros no tanto, que cambiaron el destino no sólo de México sino también de Estados Unidos y de España… “la guerra de Independencia, la invasión de Estados Unidos a México y el triunfo ante un intento de reconquista española“.

Pero la historia, como en todos los lugares del mundo, ya sea porque no interesa, por los prejuicios o las plumas tendenciosas hace que ciertos personajes queden sepultados en el olvido… y México no iba a ser la excepción. Estos son algunos de esos personajes que han quedado en el olvido.

El Conde Claudio Linati

Este genio italiano sólo vivió dos años en México, de 1825 a 1826, pero cambió la historia de México. Junto a Fiorenzo Galli y el poeta cubano José María de Heredia fundaron el diario “El Iris”. Además, con la ayuda de los litógrafos José Gracida y los italianos Carlo Satanino y Luigi Brotti de Scagnello, creó la primera litografía del México independiente, para bien o para mal. A él se le debe la imagen del mexicano perezoso bajo un nopal, la mujer tortillera (hace o vende tortillas), el hombre llevando cargas de madera en su espalda, el oficial de los dragones (litografía del soldado mexicano de 1825), al fraile Camilo, la dama elegante y las imágenes de los padres de la patria mexicana: Hidalgo, Morelos y Moctezuma.

El 4 de Febrero de 1826 el diario Iris publicaría la primera litografía mexicana. Desafortunadamente el diario fue calificado muy pronto, por amplios grupos sociales, como una publicación subversiva, crítica y radical. Ante aquella situación, Claudio Linati decidió volver a Bélgica, de donde había llegado cuando surgió la idea de invertir en México. El periódico sólo publicó 40 números y la maquinaria pasó a manos del ingeniero Carlos Serrano y la Academia de San Carlos. Cuando regresó a Bélgica, publicó 48 litografías sobre la recién nacida República Mexicana titulado “Costumes Civils Militaires et Réligieux de Mexique dessinés d’après Nature” que captaba las esencias del arquetipo mexicano que aún perdura ante el mundo. Aquí la litografía que hizo de Moctezuma, la primera en la historia.

Litografía de Moctezuma

Litografía de Moctezuma

En 1832 regresó a México pero sólo para morir de fiebre amarilla en Tampico, Tamaulipas, donde tres años antes también padecieron de esa fiebre los españoles que intentaban reconquistar México.

Manuel de la Peña y Peña

En México, puede que uno de los personajes más odiados sea Antonio López de Santa Ana, que ha tenido siempre la fama de haber vendido medio país a Estados Unidos después de la invasión estadounidense, concretamente más de 2.400.000 kilómetros cuadrados (los actuales California, Arizona, Nevada y Nuevo México; Texas no entró en la compraventa porque ya era independiente antes de la invasión).

Pero pocos saben o quizá la historia ha olvidado que quien realmente vendió dicho territorio fue Manuel de la Peña, presidente de México en 1848 -Santa Ana había renunciado meses antes a la presidencia-. Respecto a esta venta, firmada en el Tratado de Guadalupe-Hidalgo

El que quiera calificar de deshonroso el Tratado de Guadalupe por la extensión del territorio cedido, no resolverá nunca cómo podrá terminarse una guerra desgraciada [...] Los territorios que se han cedido por el Tratado no se pierden por la suma de quince millones de pesos, sino por recobrar nuestros puertos, por la cesación definitiva de toda clase de males, de todo género de horrores, por consolar a multitud de familias [...] Demasiado sentimos ya la desorganización social, la inseguridad de las poblaciones y caminos, la paralización de todos los ramos de riqueza pública y la miseria general.

Se hizo creer que el Tratado se firmaba para terminar la guerra, la realidad es que de esta forma consiguieron no perder más territorios, Estados Unidos deseaba el istmo de Tehuantepec, Baja California y Sonora. El expansionismo colonial estadounidense quedó claro en las palabras del presidente Thomas Jefferson en 1786…

Nuestra confederación debe ser considerada como un nido desde el cual toda la América, la del Norte y la del Sur ha de poblarse. Así, tengamos buen cuidado, por el interés de este gran continente, de no expulsar a los españoles, pues aquellos países no pueden estar en mejores manos. Mi temor es que España sea demasiado débil para mantener su dominio sobre ellos hasta que nuestra población haya avanzado lo suficiente para ganarles el dominio palmo a palmo.

El aguador

Es de los personajes más pintorescos del México de los siglos XVIII y XIX, un personaje que con una vestimenta muy particular -casi siempre indígena- con recipientes de agua, iba de un lado a otro de las ciudades y pueblos de México para limpiar fuentes, mitigar incendios y llevar agua a las casas. Los novios le usaban de cartero para confiarle las cartas de amor…

Aguador

Según Jules Leclercq

es un personaje que no he visto en otro sitio, ya que en cada ciudad mexicana los hay diferentes [...] Lleva unos pantalones de tela blancos y unas chaparreras de terciopelo o piel que no bajan más allá de la rodilla. Encima de la camisa se pone una chaqueta de cuero provista por detrás de un cojín destinado a sostener el chochocol, un cántaro de barro rojo que contiene la mercancía del aguador. Se cubre con una gorra de cuero y, con la ayuda de una correa que le pasa por la frente sostiene el voluminoso cántaro que le cuelga sobre la espalda, mientras que otra correa adaptada a la nuca sostiene el cántaro más pequeño que cuelga sobre el estómago; así los dos cántaros se equilibran. Imagino que el aguador llevaba su mercancía de la misma manera en tiempos de Moctezuma. Es uno de esos personajes que persisten a través de los siglos y evocan una antigua civilización.

El aguador tenía mucha confianza en la gente; para cobrar dejaba como muestra de deuda una semilla de flor de boj en la casa donde dejaba agua, para después, a la semana, contarlas y saber la cuenta en esa casa. El avance de la tecnología lo dejó en el olvido… y sin trabajo.

Pedro de Ampudia

Quizá no sea tan relevante pero es la muestra de lo que fueron algunos soldados y generales mexicanos durante la invasión de Estados Unidos. Pedro de Ampudia lideró la defensa de la ciudad de Monterrey, una batalla que comenzó el 21 de Septiembre de 1846, un día después de que la ciudad celebrara 250 años de su fundación y que en el último mes había tenido cuatro gobernadores debido a múltiples problemas políticos -justo reflejo de cómo era México en aquella época-.

Pedro de Ampudia entregó la ciudad al ejército estadounidense liderado por el General Zachary Taylor -el que luego sería el 12º presidente de Estados Unidos-. Cuando el ejército estadounidense entró en Monterrey se encontró en cada casa una trinchera, había fortines por toda la ciudad y la voluntad de sus gentes para seguir luchando… sin los soldados, Monterrey sólo pudo aguantar cuatro días. Pedro de Ampudia dijo más tarde que lo hizo para mantener la dignidad de sus hombres, pues dejaron la ciudad rumbo a la vecina Saltillo sin muchas bajas. En 1848 los estadounidenses se marcharon de Monterrey cuando México les cedió los territorios actuales del sureste estadounidense.

Hubo muchas batallas en esa guerra que se perdieron de esa forma, incluso algunas del carismático general Santa Ana. En algunas batallas parecía como si los generales desearan ser derrotados, algo que se comprobó después: muchos generales mexicanos deseaban pertenecer a Estados Unidos y la ayuda entre Estados dejó mucho que desear por el centralismo del gobierno.

Colaboración de Edmundo Pérez (un mexicano de Monterrey)

Fuentes: A Perfect Gibraltar: The battle for Monterrey – Christopher  Dishman, Notes of the Mexican War, 1846-47-48 – J. Jacob Oswandel

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El baile de los 41 maricones en 1901

17 sep
17 septiembre 2013

El baile de los cuarenta y uno” o “de los cuarenta y un maricones“, fue el escándalo más sonado de los siglos XIX y XX en México. El detonante del escándalo fue una redada realizada el 18 de noviembre de 1901, a una casa particular donde se celebraba un baile, una fiesta. Esto sucedió durante el mandato del General Porfirio Díaz.

Baile 41

Los prensa de la época registra que en aquella casona se dieron cita 42 individuos, todos del sexo masculino. La mitad de los asistentes vestía de mujer, ataviados con coquetas pelucas, aretes, amplias y frondosas caderas postizas además de rostros embellecidos de colores llamativos, mientras que la otra mitad vestía prendas masculinas.

Fiestas gays se han dado en todas las épocas y culturas, lo que este guateque tenía de especial, aparte de realizarse hace más de un siglo, bajo un gobierno militar y en medio de una sociedad ultra machista, era uno de los invitados que encontraron disfrazado en la fiesta:  Ignacio de la Torre y Mier, yerno del Generalísimo Díaz, esposo de Amanda Díaz, su hija mayor y consentida.

Ignacio de la Torre y Mier

Ignacio de la Torre y Mier

Según las pesquisas policiales, en aquella bacanal –uno de las tantas organizadas por Ignacio de la Torre-, se incluía también la rifa de un agraciado joven conocido bajo el mote de “El Bigotes”. Las crónicas añaden que los gendarmes hicieron una redada llevándose detenidos a todos los participantes del singular festín: 41 hombres fueron trasladados a prisión. El número 42, se supo más tarde, fue Ignacio de la Torre y Mier, al que su suegro salvó para cuidar la reputación familiar y la honra de su hija.

Aunque los periódicos de la época no lograron documentarlo, más tarde se supo que un gran número de los concurrentes pertenecían a las familias más prominentes del gobierno, algo así como un “círculo rosa” del Porfiriato. Los nombres de los más influyentes también fueron borrados gradualmente, y claro, no sufrieron las consecuencias de los menos afamados. Éstos, después de pasar por la cárcel, fueron confinados en campos de concentración militares como castigo a su “deshonrosa” actuación.

A pesar de los intentos del dictador de silenciar a la prensa e impedir un escándalo familiar, la noticia corrió como pólvora. Un ejemplo de esto fueron los ejemplares de la Gaceta Callejera, una hoja suelta que se repartía de mano en mano en esos días. Aquella edición especial se tituló: “Los 41 maricones encontrados en un baile de la calle de La Paz el 20 de noviembre de 1901“, y una caricatura mostraba a un grupo de hombres, todos con bigote acicalado, bailando alegremente en parejas, mientras que el editor Venegas Arroyo echaba más leña al fuego con un corrido subtitulado, “Aquí están los maricones, muy chulos y coquetones”, que incluía una irónica composición.

Grabado 41

Por su parte, Amada, la hija favorita del dictador Porfirio Díaz, anotaba en su diario:

Un día mi padre me mandó llamar al despacho en su casa. Me quería informar que Nacho había sido capturado por la policía en una fiesta donde todos eran hombres pero muchos estaban vestidos de mujer. Ignacio -me dijo mi padre- fue dejado libre para impedir un escándalo social, pero quise prevenirte porque tienes derecho a saber del comportamiento con la persona con que vives.

Ignacio y Amanda

Del famoso yerno, se dice que era un caballero de ambiguas costumbres sociales. En 1906 conoce a Emiliano Zapata, “recargado bajo la sombra de los cacahuates que rodeaban el corral de la hacienda de San Carlos Borromeo“. Ignacio quedó impactado y pidió referencias de aquel hombre “callado, moreno, orgulloso“. Muchos historiadores han reseñado que estos señores vivieron un fogoso romance, otros dicen que el revolucionario supo aprovecharse de la debilidad de Ignacio para sacar partido de su cercanía al poder.

Emiliano Zapata

Emiliano Zapata

El primero de octubre de 1918, Ignacio de la Torre y Mier falleció en Nueva York mientras le practicaban una cirugía de hemorroides. En México, no faltó quien dijo que aquella enfermedad fue producto de sus andanzas, de la vida disoluta que llevaba.

Colaboración de Carlos Suasnavas
Fuentes: 1, 2, 3, 4

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El trato a los indocumentados mexicanos, un ejemplo para los nazis

21 jun
21 junio 2013

La ley de Inmigración de los Estados Unidos de 1924 sirvió de inspiración a los nazis en su macabra idea de torturar y asesinar a todo un pueblo bajo la excusa de la superioridad de la raza aria. Al amparo de esta ley, se elaboró un manual para no permitir la entrada en los Estados Unidos de “imbéciles, idiotas, personas débiles mentales, personas de inferioridad constitucional psicopática, vagos, defectuosos físicos, alcohólicos crónicos, polígamos, anarquistas, homosexuales, enfermos contagiosos, las prostitutas, los mayores de 16 años que no sabían leer…“. Se debía inspeccionar y desinfectar en los pasos fronterizos a los inmigrantes que ellos consideraban que podrían ser portadores de enfermedades… les rapaban la cabeza, les desnudaban y bañaban con gasolina o queroseno para desinfectarlos. Hitler alabó dicha ley e importó el uso de dichas técnicas.

Despiojar

En la cárcel de El Paso (Texas) en 1916, obligaban a los presos (inmigrantes ilegales) a desnudarse y bañarse en bidones llenos de gasolina, formaldehído y vinagre. El 5 de marzo de de ese mismo año, en pleno proceso de desinfección, alguien encendió una cerilla… murieron 26 presos. Los medios dijeron que fue un accidente y que todos estaban en sus celdas. Sólo años después se supo la verdad de lo ocurrido. Para facilitar aquel control, se crearon centros de desinfección y sólo en la frontera de El Paso con Ciudad Juárez se inspeccionaron 127.000 mexicanos hasta 1929. En 1920, en esta misma frontera, comenzó a usarse el Zyklon B como desinfectante para eliminar pulgas, piojos, garrapatas… [El Zyklon B es un pesticida a base de cianuro que se usaba para exterminar insectos y roedores, tan eficaz que con apenas 4 gramos se puede causar la muerte de una persona]. Se establecieron varios “campos de cuarentena” donde a los mexicanos ilegales se les afeitaba la cabeza y se desinfectaban con el Zyklon B. Además, eran sometidos a diversas pruebas de inteligencia, como “sumas simples” o montar puzzles, para asegurarse que el inmigrante no era imbécil.

Gasear

El periodista Paul Spike escribió en el diario británico The First Post

Los productos químicos utilizados para desinfectar y despiojar en la frontera con México fueron responsables de la muerte de miles de personas, malformaciones en los fetos, cáncer…

Según el Dr. John Tappan

Familias enteras fueron exterminadas por el Zyklon B en las fronteras mexicano-estadounidenses.

¿Cómo llegó a la Alemania de Hitler?

El uso del Zyklon B inspiró al Dr. Gerard Peters para producir en masa este gas con el fin de “eliminar plagas”. En 1938, Peters se convirtió en presidente de la firma DEGESCH, que comercializaba dicho producto, y publicó un artículo del uso del gas en los inmigrantes mexicanos en la revista alemana “Anzeiger für Schädlingskunde” con fotografías de policías “limpiando” a inmigrantes mexicanos. Sólo fue cuestión de tiempo que los nazis llevasen aquellas prácticas a sus campos de exterminio. Peters fue juzgado en Nüremberg y condenado, pero en un segundo juicio en 1955 fue absuelto.

Una nota de Hitler, fechada en 1924, decía:

En comparación con la vieja Europa, que ha perdido una cantidad infinita de su mejor sangre a través de la guerra y la emigración, la nación [Estados Unidos] aparece como un pueblo joven y de raza selecta. La propia nación, motivado por las teorías de sus propios investigadores raciales, establece unos criterios específicos y selectivos para la inmigración [...] Que un inmigrante pueda pisar suelo estadounidense depende de los requisitos raciales específicos, así como de un cierto nivel de salud…

En Europa, cerca de 6 millones de judíos fueron asesinados con el Zyklon B en los campos de exterminio a imagen y semejanza de los métodos utilizados por Estados Unidos en la frontera con México. Lamentablemente, apenas se tienen datos del número de víctimas mexicanas.

Colaboración de Edmundo Pérez.
Fuente e imágenes: An Underground Cultural History of El Paso and Juarez, 1893-1923

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