GALEUZCA (sus siglas aluden a las iniciales de Galicia, Euzkadi y Cataluña) es una alianza firmada en 1933 por los nacionalistas gallegos, vascos y catalanes con el objeto de profundizar en el carácter federal del Estado español.
Tuvo una vida efímera por la desigual fuerza de los nacionalistas integrantes, por las diferencias ideológicas y por pactar (algunos) con partidos de ámbito estatal. Resurgió fugazmente en 1940 con unos postulados más independentistas, y en 1998 con la Declaración de Barcelona. Esta última, firmada por el PNV, el BNG y CIU, pretendió reforzar el proceso autonómico, pero hasta la fecha, aunque sus integrantes se han presentado unidos a las elecciones europeas de 2004, ha adolecido de la misma debilidad de su antecesora de la Segunda República.
Los nacionalistas gallegos, vascos y catalanes pensaron que, siguiendo el dicho popular, la unión hace la fuerza. Sus aspiraciones comunes (más competencias o incluso independencia, no lo sé) hacía de la Declaración de Barcelona un pacto lógico, pero el punto de partida no era el mismo para todos. Al final ha quedado en agua de borrajas, ya que cada uno busca su propio beneficio.

Ser español ya no es una excusa. Es una responsabilidad.
Este el nuevo anuncio de Gasol de apoyo a la afición española. Just do it

Yo creía, inocente de mí, que la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo (Caballeros Templarios u Orden del Temple) había sido disuelta por el Papa
Clemente V, presionado por Felipe IV de Francia, acusándolos de herejía y sodomía. El último gran maestre, Jacques de Molay, y varios caballeros fueron torturados hasta que confesaron su culpa. Si entrar en consideraciones sobre el proceso (falso, manipulado y dirigido), en 1312 desaparece la Orden (en otros países su disolución fue más lenta y menos radical). Cuál es mi sorpresa cuando leo esta noticia:
La Asociación Orden Soberana del Temple de Cristo, que asegura ser la heredera de los míticos templarios, ha presentado una demanda contra el Papa, al que exigen la rehabilitación de la orden, suspendida por Clemente V en 1307, así como el reconocimiento de sus bienes incautados, valorados en 100.000 millones de euros de 2008.
La demanda, interpuesta en los Juzgados de Madrid contra Benedicto XVI por vía de la Nunciatura Apostólica en España, solicita la revisión del proceso que terminó con la suspensión de la orden templaria hace ya 700 años.
La denuncia, formulada en contra de la persona física del Papa como sucesor de Clemente V, y no como jefe del Estado del Vaticano, deja claro que los actuales templarios no desean la restitución patrimonial de lo expoliado en el siglo XIV, que alcanzaría actualmente los 100.000 millones de euros. “No pretendemos en ningún caso producir la quiebra económica de la Iglesia Romana”, añade el escrito, “sino que el tribunal pueda hacerse una idea de la magnitud de la operación tramada contra nuestra Orden”.
Según la Asociación Orden Soberana del Temple de Cristo, legalmente inscrita en el registro de asociaciones, los templarios tenían censados 9.000 propiedades en toda Europa, sin contar los derechos sobre tierras, pastos, molinos y derechos portuarios, incluidos barcos de transporte y de guerra.
Menos mal que no piden la restitución económica porque sería la ruina para la Iglesia. Juan Pablo II ya pidió perdón por todos los pecados cometidos por los católicos y las atrocidades cometidas en su nombre.
Me surgen varias preguntas:
- ¿Cuáles son las razones que tiene esta Asociación para proclamarse heredera de la Orden de los Templarios?
- ¿Qué persiguen con esta demanda?
- ¿Revisaremos todos los procesos, injusticias e irregularidades de nuestra Historia?. Menos mal que ahora los delitos prescriben, sino la inseguridad jurídica sería terrible.
- ¿Y las atrocidades cometidas contra la Iglesia?, etc.
La dignidad y el honor (cualidades de los Caballeros del Temple) son valores que brillan por su ausencia en este mundo. Así que, que se dejen de chorradas y si de verdad se creen los herederos de tan nobles caballeros, su forma de actuar poco dice en su favor, sigan sus reglas:
pobreza, la castidad y la obediencia

Orden del Temple

La devotio ibérica es una costumbre de los pueblos prerromanos (iberos, celtas, cántabros, celtíberos, lusitanos, etc) común a otras zonas europeas (Galia o Germania). A través de ella un guerrero (devotus) engrosaba la clientela de un personaje importante (patronus) mediante un contrato por el que se comprometía a defender a aquél y a no sobrevivirle en el combate. Se cree que existía algún tipo de ritual o ceremonia para su consagración, pero se desconoce en qué consistía. El honor y la lealtad son los principios que rigen esta figura (como ahora, jajaja).
Los devotus debían defender a su patronus hasta la muerte y si fracasaban se quitaban la vida. Claros ejemplos de la puesta en práctica de esta figura son Sagunto, Numancia y las guerras cántabras. Los cartagineses y lo romanos sufrieron sus consecuencias, pero más tarde supieron aprovecharse de la devotio ibérica. Sabían que matando a los caudillos tenían ganadas las batallas o utilizándolos como rehenes tenían la lealtad de sus súbditos. Así que las tribus hispanas se aliaban con unos u otros.

Nos enteramos por nuestra amigo Senovilla, que ha nacido la Asociación Cultural Juan Antonio Cebrián (ACJAC).
Era necesario que existiera esta Asociación para aglutinar, con “fuerza y honor”, a todos aquellos que quieren formar parte activa de esta aventura como socios numerarios, buscando tres claros objetivos, tal como se definen en los Estatutos de la misma:
- Conservar y difundir la figura y el legado cultural de Juan Antonio Cebrián.
- Fomentar actividades culturales en general.
- Fomentar la comunicación, el intercambio de ideas y la cooperación entre asociados y ciudadanos en general.
Desde este enlace os podéis hacer socios.
Fuerza y Honor amigo.Â


Biac-Na-Bató fue un pacto firmado por las autoridades españolas y los rebeldes filipinos el 14 de diciembre de 1897, tras cinco meses de negociaciones.
Se nombró a Pedro Alejandro Paterno, estadista filipino, como mediador entre Fernando Primo de Rivera, Capitán General de Filipinas, y Emilio Aguinaldo y Fany (cabecilla de los rebeldes).

El pacto obligaba a las autoridades españolas a pagar una cantidad de dinero a los insurrectos y a acometer ciertas reformas. Por su parte, los rebeldes se comprometían a poner fin a la lucha armada y exiliarse a Hong Kong. Se acordó el pago de una indemnización de 800.000 dólares que debía hacerse en tres cuotas:
- 400.000 dólares cuando Emilio Aguinaldo y otros 25 insurrectos abandonasen el país rumbo a Hong Kong (hasta que se pagó esta parte los rebeldes mantuvieron como rehenes a dos oficiales españoles)
- 200.000 dólares cuando el número de armas entregadas ascendiese a 800.
- el último pago se haría cuando las armas entregadas llegasen a 1.000 y se declarase la amnistía general.
Este acuerdo beneficiaba a ambas partes, los españoles podían centrarse en Cuba y los filipinos se tomaban un respiro (las disputas internas estaban minando su “revolución”). El último pago nunca se llegó a realizar y tampoco se declaró la amnistía general (las pequeñas refriegas nunca cesaron).
Miguel Primo de Rivera, sobrino y secretario personal de Fernando, envió una carta a Emilio Aguinaldo prohibiéndole regresar a Manila. Los acuerdos no cumplidos y la carta provocaron la ira de los exiliados. El dinero de la indemnización se utilizó para comprar armas y volver a revelarse contra los españoles.
