Cinturones de castidad e infibulación

En la versión más extendida sobre los cinturones de castidad los caballeros “ponían” estos artilugios a sus damas para proteger su “más preciado tesoro” y, así, partir tranquilos a luchar contra el infiel. Estos artilugios, normalmente metálicos, se colocaban entre los muslos de la mujer y tenían dos orificios que permitían evacuar la orina, las heces y la sangre menstrual, pero impedían la entrada de osados visitantes.

Otras versiones, no tan novelescas, van tomando cuerpo y niegan la anterior basándose en los problemas de salud (úlceras, laceraciones…) que podría acarrear el uso durante largo tiempo (las guerras podían durar meses o incluso años) de estos “accesorios”. Es más, creen incluso que podrían ser utilizados, en versiones más “llevaderas” y durante cortos espacios de tiempo, por las propias mujeres para protegerse de las frecuentes violaciones sobretodo durante acuartelamientos de soldados, travesías de mar…

Y para rizar el rizo, el médico escocés John Moddie apuntaba que se utilizaban para evitar la masturbación de las mujeres. Y en este punto llegamos a este “palabro”, la infibulación.

La infibulación fue un invento del alemán S.G. Vogel en 1786 y consistía en encerrar en cajas portátiles ambas manos, con objeto de impedir la masturbación. Normal si pensamos que para este individuo la masturbación era una enfermedad.

P.D.: Según la RAE el verbo infibular significa colocar un anillo u otro obstáculo en los órganos genitales para impedir el coito y la infibulación ha derivado en la mutilación de los genitales femeninos.

Fuente: Historias curiosas de la Medicina – Luciano Sterpellone
Foto: Tienda Medieval

El mejor libro de medicina de la Historia.

Herman Boerhaave (1668 – 1738) fue un médico, botánico y humanista holandés. Considerado como una de las figuras más notables de la medicina europea, ocupó diversas cátedras en la Universidad de Leiden. Su doctrina intenta combinar las concepciones clásicas con las teorías patológicas aparecidas en el siglo XVII. Sus aportaciones se recogen en dos textos no demasiado extensos: las Institutiones medicae y los Aphorismi.

Pero lo que se desconoce es su sentido del humor, sobre todo, mortis causa.

Tras su fallecimiento, 1738, legó un libro sellado titulado “Los secretos más exclusivos y más profundos del arte médico“. Este libro, todavía sellado, se vendió en pública subasta y adquirido por 20.000 dólares en oro.  El autor de la obra y su imponente título merecían la pena.

Cuando el anónimo propietario rompió el sello se encontró con un libro completamente en blanco, salvo la primera página en la que se podía leer una nota:

Conserve la cabeza fresca, los pies calientes y hará empobrecer al mejor médico del mundo.

Esto ya me lo decía mi abuela

Fuente: El libro de los hechos insólitos – Gregorio Doval

¿Por qué los turcos no comen croissant?

Sólo es una pregunta que podría plantearse si hacemos caso a la leyenda sobre el origen del croissant.

La Batalla de Kahlenberg, o Segundo Sitio de Viena, tuvo lugar en Viena en 1683. Tras asolar los Balcanes y toda Hungría, ahora tocaba el turno a la capital imperial del Sacro Imperio Romano Germánico. Unos 150.000 soldados turcos, al mando del visir Kara Mustafá, pretendieron conquistar la ciudad como puerta de la islamización de toda la Europa Central. En 1529 ya se había producido el primer sitio de Viena por las tropas turcas al mando del sultán Süleiman I Kanuni.
El emperador Leopoldo I solicitó la ayuda al Papa. Éste llamó a cruzada y acudieron todos los países cristianos de Europa (excepto el propio rey de Francia, al que llamaron «el rey Moro»), siendo notable la presencia de polacos y alemanes. Las fuerzas cristianas derrotaron al ejército turco en una batalla librada delante de los muros de la ciudad el 12 de septiembre.

Para celebrar la victoria los pasteleros vieneses crearon el croissant, cuya forma se debe a la media luna presente en la bandera turca. Comerse un croissant representaba comerse a un turco y, por tanto, vengarse de ellos.

Remedios contra el calor… New York, 1912

En estos días de calor, bochorno, sofocos… y otros sufrimientos propios del verano, tratamos de contrarrestarlos con helados, líquidos, sombras y, sobre todo, aire acondicionado. Pero cómo soportaban estos días en la ciudad de New York, y otras, en 1912:

Niños chupando un enorme bloque de hielo en Manhattan.

Foto: EyeWitness to History

Qvintilis

Así se llamaba el quinto mes del calendario republicano hasta que Marco Antonio durante su consulado propuso al Senado cambiar de Quintilis a Iulius en honor a su idolatrado mentor el dictador Cayo Julio César.

Era el mes consagrado a Minerva, divinidad de la sabiduría asociada a la Atenea griega y una de las tres divinidades superiores del panteón romano, la tríada capitolina, junto a Júpiter y Juno.

El mes se representaba en el calendario como un mancebo bronceado cuyos cabellos asemejaban espigas debido a que era el mes en que los labradores comenzaban a segar sus campos de farro (trigo antiguo), avena y centeno.

Las Kalendas de Quintilis era día nefasto. Nada bueno podía hacerse hasta el día 4: Sirva de ejemplo que en las calendas de Iulius del 31 fue nombrado cónsul un joven llamado C. César Augusto Germánico. La historia lo recordará por el apodo que le dieron los legionarios de su padre durante su infancia en Germania: Calígula (botitas)

El día 5 tenía lugar una celebración imprecisa en honor a Júpiter llamada Publifuges. También comenzaban los Ludi Apollinares, del 5 al 12, consagrados a Apolo e instaurados durante la Segunda Guerra Púnica para entretener a la ciudadanía y conjurar los peligros que azotaban la república. Era una especie de “Acción de Gracias” al ejército romano en el que tenían lugar banquetes, juegos y procesiones de las matronas hasta los templos donde realizaban un curioso ritual: Barrían los altares con su pelo suelto.

El día 7 se rendía homenaje a la muerte de Rómulo, acaecida en el 715 a.C. Era una jornada licenciosa que también coincidía con una celebración curiosa, las Nonas Caprotinas, o fiesta del higo, un ritual en honor a Juno en el que las esclavas jugaban un papel predominante.

El día después de los Idus tenía lugar la celebración de la Stella Maris, vinculada a Isis en tiempos del Imperio. Se veneraba a Sirio, la estrella más brillante del firmamento y guía de los navegantes del Mediterráneo Oriental.

Según la tradición Cayo Julio César nació el día 11 de este mes. Por ello Marco Antonio eligió este mes, y no otro, para cambiar su nombre en honor del dictador.
Pero los agasajos para César no acabaron aquí. El 18 de Iulius del 29 a.C. (fecha curiosa, no elegida al azar años después), su hijo adoptivo, Augusto, consagró un templo en dedicado al culto del Divino César, el dictador garante del bienestar del Imperio. Cada año, desde el día 20 hasta finales de mes, tenían lugar en todo el Imperio los Juegos en su honor.


El día 20 era el día grande de Minerva. Se celebraban las Panateneas, herencia directa de las grandes fiestas atenienses en honor a Atenea. Consistían en una celebración cívica y multitudinaria en la que las damas más nobles de la ciudad ofrendaban a la diosa una túnica exquisita que se llamaba paladio y que les había llevado nueve meses confeccionarlo. Esta lujosa prenda se colocaba sobre la imagen de Minerva en un ritual solemne y, posteriormente, se realizaba una procesión por las calles para que el pueblo pudiese acariciarlo o, incluso, llevarse un trozo de él. Sacerdotes con ramas de olivo, jóvenes danzantes, música y color acompañaban a la diosa. Minerva era la protectora de las ciudades y su halo de protección descendía a toda la ciudadanía. Cada cuatro años tenían lugar unas festividades mayores llamadas Grandes Panateneas. Quien haya podido ver o asistir a la procesión de la Mare de Deu dels Desamparats saliendo de la Basílica de la Virgen en Valencia no necesita más palabras para describir esta festividad.

Entre el 19 y el 21 se celebraba la Lucaria, la festividad de los bosques sagrados asociada a la diosa agrícola Dea Dia.

El día 23 tenía lugar la última gran festividad del mes: la Neptunalia. Eran unas fiestas cuyo objeto era conjurar la sequía en honor a Neptuno, dios de las aguas y protector de los pescadores y navegantes. Estas festividades se realizaban cerca del mar, preferiblemente en un cabo, donde se llevaba a un buey para sacrificarlo en honor al dios y que servía de vianda para el banquete ceremonial. Los asistentes decoraban sus túnicas con elementos vegetales, se bebía a raudales y se realizaban competiciones náuticas.

Colaboración de Gabriel Castelló autor de Valentia

Aviso a chorizos de hace 27 siglos

El expolio de obras de arte y de restos de antiguas civilizaciones ha sido una constante a lo largo de la Historia y, lamentablemente, ha nutrido un importante mercado negro. Unas, como los pirámides de Egipto, fueron protegidas con “trampas” y misteriosas maldiciones; otras, como la biblioteca de Nínive, con castigos divinos. En esta última vamos a centrarnos, aunque el mensaje parece que iba dirigido a los propios asirios que no debían devolver los “libros tras cogerlos prestados de la biblioteca”.

El rey Asurbanipal (Sardanapal para los griegos) gobernó Asiria desde el 668 a. C. al  627 a. C. En el reinado de Asurbanipal, el esplendor asirio era evidente no sólo en su poderío militar, sino también en su cultura y las artes. Asurbanipal creó la biblioteca de Nínive, la cual fue la primera biblioteca que recogió y organizó el material de forma sistemática. Se cree que pudo reunir más de 30.000 volúmenes en forma de tablillas de arcilla. El juego más grande de tablillas se encuentra en el Museo Británico de Londres.

En el año 1872 los arqueólogos George Smith y Hormuzd Rassam trabajaban en las ruinas de la biblioteca de Nínive y descubrieron en los bordes de las tablillas de arcilla unas anotaciones relativas a la materia que trataban y un aviso:

Al que se llevare esta tabla, abrúmenle Asur y Belit con su ira, y borren su nombre y posteridad de la faz de la tierra.

Ahora utilizamos mensajes más directos y concretos.

Traducción: Este es tu culo o, este es tu culo en la cárcel O. ¿Alguna pregunta?

Fuente: El libro de los hechos insólitos – Gregorio Doval. Imágenes: Astrosafor, Perufreaks