Con una emotiva carta y una foto sexy consiguió que Franco le perdonase la vida a su marido

07 ago
7 agosto 2014

Entre los diferente grupos internacionales que tomaron parte en el Guerra Civil española, estuvo el Squadron Yankee que voló para la República. Este escuadrón lo formaba un pequeño grupo de aviadores estadounidenses que a finales de 1936 se presentaron como voluntarios buscando la aventura, derrotar a los rebeldes o por el dinero prometido (1.500 dólares al mes, más un extra de 1.000 más por avión abatido).

Componentes del Yankee Squadron

Componentes del Yankee Squadron

Uno de estos aviadores fue Harold “Whitey” Dahl -de rodillas en la foto-, y esta es su historia. Dahl, un ex aviador del Ejército de los Estados Unidos expulsado por problemillas con el juego, se encontraba en México celebrando su reciente boda con una corista llamada Edith Rogers, cuando se enteró de que la República necesitaba pilotos. Viajaron hasta Francia y desde allí, con documentación y nombre falso, llegó a España en diciembre de 1936. El 12 de julio de 1937, mientras volaba escoltando un escuadrón de bombarderos cerca de Madrid, fue derribado. Aunque pudo salvar la vida, cayó en manos de los franquistas. Un Consejo de Guerra celebrado en Salamanca lo sentenció a muerte… su suerte estaba echada, o eso pensó él. La noche antes de fusilamiento, previsto para las 8 de la mañana, una llamada había ordenado el aplazamiento.

Harold Dahl

Harold Dahl

En septiembre de 1937, Ida Dahl, madre de Harold, suplica desde los medios estadounidenses que el Secretario de Estado interceda por su hijo condenado a muerte en España. El Departamento de Estado se interesa por la situación de Harold pero advierte que “si los estadounidenses se alistan en las fuerzas armadas de gobiernos extranjeros, lo hacen bajo su propio riesgo y, al hacerlo, pierden la protección del gobierno de los EEUU“. A finales de 1937, el embajador estadounidense comenzó su labor en la sombra. Habrían de pasar dos años, hasta que en EEUU se volviese a saber algo de Edith.

Edith Rogers

Edith Rogers

Regresó de Europa y comenzó una gira por los EEUU pidiendo la ayuda del Departamento de Estado “interpretando” el papel de esposa luchadora y abnegada por su querido esposo -tipo Vivien Leigh en “Lo que el viento se llevó” con aquello de “a Dios pongo por testigo…“-. Además, desveló que ella había conseguido que Franco le perdonase la vida a su marido con esta carta:

Mi esposo no es comunista, ni siquiera de izquierdas. Estábamos recién casados. No encontraba trabajo con el que mantenerme dignamente y aceptó volar para la República, por el sueldo. Sólo llevamos casados ocho meses. No tengo otra persona en el mundo. Sé que usted es un hombre valeroso y de gran corazón. Le doy a usted mi palabra de que Harold no luchará de nuevo contra usted si tiene la compasión de liberarlo y enviármelo. Ahora que la victoria está casi a su alcance, la vida de un piloto norteamericano no puede significar mucho para usted. Yo fui actriz durante años, pero ahora he encontrado la felicidad a su lado. No la destruya. Por favor, responda a mi carta a fin de que sepa qué hacer y si puedo albergar esperanzas.

Además, incluyo junto con la carta una foto suya en traje de baño enseñando cacha -según los medios de la época era “rubia platino y rolliza“-. Al cabo de una semana, recibió respuesta: le habían conmutado la pena de muerte por prisión. La misiva se remataba con un castizo y cortés “suyo que besa sus pies“. Aquella carta no llegó a Franco, sino que fue Millán Astray el que contestó rendido ante los encantos de la chica.

Edith Rogers Dahl

Después de algunos contratiempos que retrasaron la liberación, y gracias a labor de la diplomacia estadounidense, el 18 de marzo de 1940 Harold Dahl, junto a cinco miembros de la Brigada Abraham Lincoln, llegaban a New York en el buque Exiria. Edith se tiró a sus brazos y le ofreció su mejilla “no te quiero manchar con mi lápiz de labios“.

Edith - Dahl

A pesar de los problemas de Dahl con la justicia por unos cheques sin fondos (motivo por el que se encontraban en México) y de las nulas muestras de cariño, se convirtieron en la pareja mediática del momento. Aunque aquella farsa apenas duró. Al poco tiempo se separaron. Edith había aprovechado el tirón de su “carta” y ya triunfaba en los escenarios como “la mujer que derritió el corazón de Franco” o “la rubia que encasquilló las armas del pelotón de fusilamiento de Franco“, además de tener poderosos y adinerados admiradores. Dahl se marchó a Canadá, se enroló Real Fuerza Aérea Canadiense y participó en la Segunda Guerra Mundial.

Fuentes e imágenes: Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie – Juan Eslava Galán, Time, Yankee SquadronLIFE, Aces of WWII,

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Los excrementos de las aves marinas acabaron con los Rapa Nui

06 ago
6 agosto 2014

A mediados del siglo XIX el uso del guano (excrementos de aves marinas) comenzó a utilizarse como fertilizante para enriquecer las agotadas o pobres tierras de cultivo de la vieja Europa. Su recolección se hacía, casi en exclusiva, en las islas Chincha (Perú). Esta zona del Pacífico está poblada de productores de guano (gaviotas, pelícanos…) que durante años se ha ido acumulando en la superficie insular formando una capa de varios metros de espesor. Perú controlaba la producción e Inglaterra su comercio. Estados Unidos se quedaba fuera del control directo del guano y, por tanto, tenía que importarlo de Inglaterra a unos costes muy elevados.

Islas Chincha

Como es de suponer, otras muchas islas del Pacífico eran también potenciales productoras del preciado fertilizante. En 1856, para reducir costes y no depender de la importación, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Guano Islands Act (Acta de Islas Guaneras), autorizando a ciudadanos de los Estados Unidos a tomar posesión de las islas con depósitos de guano:

Cuando cualquier ciudadano de los Estados Unidos descubra un depósito de guano sobre cualquier isla, roca, o cayo, no dentro de la jurisdicción legal de cualquier otro gobierno, y no ocupada por ciudadanos de cualquier otro gobierno, y tome posesión pacíficamente, y ocupe, ya sea, isla, roca o cayo, puede, según la discreción del presidente, ser considerado perteneciente a los Estados Unidos.

Más de cien depósitos de guano fueron reclamados como estadounidenses bajo esta ley. Hoy en día, varias de estas islas todavía siguen bajo dominio estadounidense. La respuesta de Perú e Inglaterra fue aumentar la producción de las islas Chincha e intentar acaparar el mercado. Para ello necesitaban contratar más mano de obra… y barata. Se enviaron barcos a China donde prometían a los humildes campesinos trabajos bien remunerados en las minas de oro. Cuando llegaban a Perú, eran enviados a las islas para trabajar en las minas de guano en condiciones de semiesclavitud. En 1875 había más de cien mil chinos en Perú. A causa de la alta mortandad de los trabajadores chinos (suicidios, enfermedades, accidentes…) y la disminución de nuevas remesas (comenzaron a llegar a China las noticias de las falsas ofertas de trabajo, origen de la expresión “te han engañado como a un chino“) tuvieron que buscar nuevas fuentes de mano de obra.

Rapa Nui_ Moais

Para desgracia de los pascuenses, el nuevo objetivo fue la isla de Pascua. A finales de 1862, ocho barcos zarparon de Perú y tras recorrer más de tres mil kilómetros llegaron a la isla de Pascua. Tras un intercambio de baratijas y regalos, los marineros rodearon a los pascuenses y los capturaron. Algunos fueron abatidos en la huida, otros se despeñaron por los acantilados… un tercio de la población (casi todos los hombres adultos) fueron hechos prisioneros y llevados a trabajar a las minas de guano. Al final, Inglaterra y Estados Unidos entendieron que Perú se había excedido y obligaron a liberar a los prisioneros pascuenses. Cuando se repatriaron a los supervivientes de los trabajos forzados, sólo quedaban cien hombres con vida. En el trayecto de vuelta a casa, la viruela mató a ochenta y cinco. Solo quince volvieron a pisar la isla de Pascua y no todos en perfectas condiciones. Fue la puntilla de los Rapa Nui, la cultura que construyó los enigmáticos moais.

Ilustración: Ediciona

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De los gatos del Antiguo Egipto a los perros del 11-S, un ebook que cuesta la voluntad

02 ago
2 agosto 2014

Un mes después de lo previsto, pero ya está aquí… el ebook “De los gatos del Antiguo Egipto a los perros del 11-S“. Este ebook es un pequeño homenaje a los animales que, muy a su pesar, han sido protagonistas de la historia. Ya sabéis de mi fijación por recuperar el protagonismo de los que la historia ha olvidado.

Me gustaría agradecer la colaboración desinteresada de varios amigos que me han facilitado algunos de sus trabajos, como Guillermo Clemares (La Aldea Irreductible), Félix Casanova (Historias de nuestra Historia) y Carlos Suasnavas (Sentado frente al Mundo), así como a los ilustradores Xurxo Vázquez (La Viñeta Satírica) y Aitor López García. Y dada mi torpeza en la edición del libro, he tenido que tirar de  Joshua BedwyR 

Portada-Animales

Siempre he tenido claro que el responsable de haber tenido la posibilidad de publicar libros, colaborar en medios e involucrarme en proyectos que nunca imaginé, ha sido este blog… es la “madre de todo“. Es evidente que los blogs se “alimentan” de los comentarios de los seguidores y de compartir los artículos en las redes sociales, y aquí es donde todos vosotros tenéis vuestra cuota de responsabilidad -que es mucha, por no decir toda-. Así que, como agradecimiento a los que, de una forma u otra, habéis ayudado a que este “loco charlatán” siga escribiendo historias para que la gente recupere el interés por la Historia, podréis descargar el ebook (.pdf, .epub o .mobi) al módico precio de… la voluntad. Si el libro no os gusta, no queréis pagar nada o no podéis, tenéis el libro por 0 euros. Si por el contrario, os parece oportuno aportar alguna cantidad, podéis pagar lo que vosotros queráis a través de la plataforma Paypal. Es un libro hecho por amigos para los amigos de Historias de la Historia. Espero que paséis un rato entretenido leyendo las aventuras y desventuras de los que llamamos animales.

 

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Los Grimaldi, una dinastía de astutos supervivientes

31 jul
31 julio 2014

La historia del Principado de Mónaco comienza en 1297, cuando Francesco Grimaldi, un buscavidas genovés, tomó la fortaleza construida a comienzos de siglo en lo alto de un promontorio rocoso. Sin asedios, sin sangrientas batallas, simplemente entró en ella disfrazado de monje y desde el interior consiguió abrir las puertas para que se infiltrasen el grupo de fieles que esperaban fuera. Hoy el escudo de Mónaco está sostenido por dos monjes blandiendo sendas espadas para recordar este hecho. Así dio comienzo una dinastía que ha llegado hasta nuestros días: los Grimaldi. Su secreto: arrimarse siempre al sol que más calienta. Ese sol ha sido casi siempre Francia, pero en otros momentos también España o el Piamonte. Como vasallo y protegido de alguno de ellos llegó hasta 1861 -con algunos paréntesis como su anexión por parte de Napoleón I-, cuando se declaró formalmente independiente. Eso sí, varios tratados firmados desde ese año han puesto a Mónaco bajo la protección de facto de su poderoso vecino.

Grimaldi

El precio que debió pagar por esa supervivencia fue la cesión a Francia de las extensas comunas de Roquebrune y Menton, lo cual suponía más del 90 % de su territorio, y de ese modo perdió casi todas sus fuentes de ingresos. El príncipe Carlos III fue el que tuvo la idea de crear el famoso casino de Montecarlo, después de rebautizar así, en su propio honor, el barrio de Spélugues. Como el juego era ilegal en los países vecinos, la idea fue un éxito y aún hoy es la primera fuente de ingresos del Principado. En 1869 se construyó el Palacio de la Ópera y el los años siguientes se crearon algunas de las señas de identidad del pequeño país, que hasta hoy han seguido dándole publicidad, atrayendo visitantes y, como no, divisas: el Instituto Oceanográfico en 1906, el rally de Montecarlo en 1911 y el Gran Premio de Velocidad en 1929.

Hasta 1911 los príncipes reinaban como monarcas absolutos, pero la Constitución promulgada ese mismo año convirtió al microestado en una Monarquía constitucional. Sin embargo, se ve supeditado a Francia en muchos aspectos. Ocurrió que durante la Primera Guerra Mundial el príncipe Luis II no tenía descendencia legítima. El trono habría pasado así a un primo suyo alemán, lo cual era inaceptable para Francia en guerra en ese momento con los teutones. Así que presionaron para que Luis II reconociese a Charlotte Louvet, una hija ilegítima habida en su estancia en Argelia mientras estuvo enrolado en la Legión extranjera. De este modo se convirtió en la princesa heredera Carlota, aunque más tarde abdicaría sus derechos en su hijo, que reinaría como Rainiero III (padre del actual soberano Alberto II).

Un nuevo tratado estipuló que en caso de que un príncipe fallezca sin descendencia Mónaco será anexionado por Francia, que es desde entonces el protector del Principado (que no tiene ejército). Mónaco a su vez no puede llevar una política exterior opuesta a los intereses de Francia. Asimismo, el jefe de gobierno (llamado Ministro de Estado) debe ser un súbdito francés designado por el príncipe entre candidatos propuestos por el gobierno francés. Aunque su defensa corresponde también a los galos, el Principado tiene una pequeña guardia ceremonial de unos 100 miembros (la Compañía de Carabineros del Príncipe). La policía la componen unos 500 agentes, siendo así Mónaco el país del mundo con más agentes de policía por habitante.

Colaboración: Javier Domingo

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Un ejército sin país que luchó en la Primera Guerra Mundial

29 jul
29 julio 2014

Al estallar la Primera Guerra Mundial, los territorios de lo que hoy serían la República Checa y Eslovaquia —Checoslovaquia hasta 1992— formaban parte del Imperio austrohúngaro, pero su pertenencia se debía más a cuestiones políticas que al sentimiento de identidad con los Habsburgo. De hecho, tenían más afinidad con el Imperio ruso al que muchos checos y eslovacos habían emigrado. Ya sea por demostrar su lealtad a su nueva patria o por el temor a ser encarcelados por considerarlos una quinta columna, estos emigrantes solicitaron formar su propia unidad de combate y luchar junto al ejército ruso. A su vez, el ejército astrohúngaro reclutó a checos y eslovacos para sus filas pero éstos aprovecharon los primeros enfrentamientos para rendirse ante sus hermanos que luchaban a las órdenes del zar Nicolás II. Lo que a ojos de las Potencias Centrales era una vulgar traición, a ojos de los desertores era una ocasión para debilitar a los Habsburgo y, de esta forma, colaborar en la victoria de los Aliados para conseguir su ansiada independencia y constituirse en un país. Los austríacos respondieron con una brutal represión que aumentó el sentimiento nacionalista de checos y eslovacos. A los desertores, inicialmente encarcelados en Siberia, se les permitió unirse a sus hermanos que ya luchaban con los rusos para formar la llamada Legión Checoslovaca —en 1917 llegaron a los 60.000 miembros—. Todo iba a cambiar en un abrir y cerrar de ojos… estalló la Revolución rusa.

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Un invierno especialmente duro, la hambruna provocada en parte por los recursos destinados a la guerra y el hastío por un conflicto bélico del que sólo llegaban noticias de derrota tras derrota, provocaron un estallido social que llevó a la abdicación del zar Nicolás II. Alemania, consciente de la inestabilidad interior rusa, echó más leña al fuego facilitando la llegada de Lenin a Moscú, exiliado en Suiza. Al frente de los bolcheviques, Lenin consiguió llegar al poder en noviembre de 1917 e inició las conversaciones con las Potencias Centrales para sacar a Rusia de la guerra. Con la sartén por el mango y mientras duraron las conversaciones de paz, Alemania lanzó una gran ofensiva en el frente oriental, los únicos que le hicieron frente fueron los miembros de la Legión Checoslovaca. En marzo de 1918, con la firma del Tratado de Brest-Vitovsk, Rusia abandonaba la contienda y la Legión Checoslovaca se encontraba en tierra de nadie y sin un país por el que luchar. Su única opción era salir de Rusia para unirse a los Aliados en el frente occidental, pero tanto la frontera terrestre como el Báltico estaban controlados por los alemanes… sólo podían salir de Rusia por un puerto del Pacífico. Los 60.000 miembros de la Legión Checoslovaca iniciaron un largo viaje de 9.000 kilómetros hasta Vladivostok, donde embarcarían para atravesar el Pacífico, llegar hasta los EEUU y desde allí a Francia para seguir luchando. La única opción de traslado posible era el Transiberiano.

La reciente neutralidad rusa y los acuerdos firmados entre los bolcheviques y la Legión, permitieron a ésta iniciar el viaje con los únicos contratiempos propios del traslado de un contingente tan numeroso y todo el armamento que les acompañaba. Esta relativa tranquilidad no iba a durar mucho… Rusia volvió a tambalearse con una guerra civil que enfrentó al Ejército Rojobolcheviques— y al Ejército Blancocontrarrevolucionarios—. Además, los austrohúngaros reclamaban la entrega de los miembros de la Legión para fusilarlos por traidores. El miedo a que las Potencias Centrales rompiesen el tratado de paz y la necesidad de las armas que transportaba la Legión, llevaron al Ejército Rojo a asaltar el convoy. Inesperadamente, las fuerzas checoslovacas derrotaron a los bolcheviques. Conscientes de su nueva situación —en tierra hostil y solos—, trataron de asegurar su vía de escape: la línea férrea. Montaron piezas de artillería en los vagones y fueron avanzando hacia Vladivostok manteniendo el control del Transiberiano. En su esfuerzo por asegurar su camino, tomaron un tren que, para sorpresa de todos, transportaba el oro de la reserva imperial.

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Terminada la Primera Guerra Mundial, comenzaron a llegar noticias a Occidente de un “ejército sin país” que trataba de salir de Rusia. Los Aliados, tan altruistas y misericordiosos, decidieron ayudarles a salir de aquella ratonera enviando tropas a Vladivostok para embarcarlos, pero la realidad de aquella misión de rescate era bien distinta: la Legión iba a ser utilizada para frenar a los bolcheviques y su revolución comunista apoyando al Ejército Blanco. Thomas Masaryk —el futuro presidente de la república de Checoslovaquia— trató de sacar provecho del sacrificio de sus compatriotas y negoció con los Aliados la independencia de sus territorios y la creación de un nuevo Estado… nacía Checoslovaquia. Con el control del Transiberiano y los territorios circundantes, los Aliados desembarcaron en Vladivostok para asegurar la ciudad y mantenerla hasta que llegase la Legión.

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Czech_Legion_Vlad_train

Y como tantas otras veces, todo volvería a cambiar… el avance sin tregua del Ejército Rojo amenazaba con dejar atrapados a los errantes. Así que, utilizaron el oro capturado para negociar con los bolcheviques su evacuación. En 1920, todos los supervivientes de la Legión Checoslovaca —unos 40.000— habían regresado a su patria, un país que no existía cuando se embarcaron en aquella aventura. Y aquí termina la historia de este ejército sin país… casi. Se cree que de los ocho vagones capturados con oro, los checoslovacos sólo entregaron el que había en siete de ellos. El oro procedente del octavo vagón llegó hasta Checoslovaquia y sirvió para crear Legiobanka (Banco de la Legión).

Si os ha gustado esta historia y todavía estáis pensando qué libro vais a leer estas vacaciones tirados en la playa o bajo la sombra de un árbol, me permito recomendaros “¡Fuego a discreción!: Historias sorprendentes de la Primera y Segunda Guerra Mundial” que he publicado junto a mi amigo Guillermo Clemares.

Fuego a discreción-Playa

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Cuando se pagaban cinco libras por la captura de un aborigen en Tasmania

25 jul
25 julio 2014

Aunque los británicos la llamaron Black War (Guerra Negra), no se declaró ninguna guerra. De esta forma, denominan los ingleses al exterminio de los aborígenes de Tasmania promovido directamente por el Imperio británico.

La isla de Tasmania —topónimo conocido por los dibujos animados de la Warner cuyo protagonista es el Diablo de Tasmania— está situada a doscientos cuarenta kilómetros al sureste de Australia. La isla estaba poblada por aborígenes de tez negra, pelo rizado, baja estatura (hombres 1,60 metros y las mujeres 1,48 metros) y de complexión delgada, dedicados a la caza y recolección con medios muy rudimentarios. Tuvieron la mala suerte de que el navegante holandés Abel Tasman Jansen arribase a sus costas en 1642. Hasta que en 1855 comenzó a denominarse Tasmania por su descubridor, se llamaba Tierra de Van Diemen por Anthony Van Diemen, gobernador general de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en aquella época. Más tarde pasaron por allí franceses y británicos que comenzaron a esclavizar a muchos aborígenes. En 1803, los británicos establecieron una colonia penal en Tasmania y la isla comenzó a recibir lo mejor de cada casa. Con estos indeseables también llegaron colonos dispuestos a conseguir terrenos donde establecerse sin respetar los territorios de caza de los aborígenes. Poco tardaron en llegar los primeros enfrentamientos entre los colonos, apoyados por el ejército británico, y los nativos del lugar que siempre llevaron las de perder: asesinatos, violaciones o secuestros se repetían sin castigo alguno para los europeos. A pesar de todo, los aborígenes tasmanos trataron de defenderse, pero poco podían hacer con piedras y lanzas contra las armas de fuego.

Genocidio Tasmania

Entre 1803 y 1830, se pasó de una población estimada de cinco mil tasmanos a unos doscientos. En 1826, el Tasmania Colonial Times lo justificaba como autodefensa (¿?):

No estamos aquí por nuestra labor filantrópica. La autodefensa es la primera ley de la naturaleza. Si el gobierno no elimina a los nativos [se planteó reubicarlos en otra isla], serán cazados como fieras.

Para acabar con aquel problema por la vía rápida, en 1828 se autorizó la caza de aborígenes estableciendo una recompensa de cinco libras por la captura de un adulto y dos libras por un niño. En 1860 murió el último hombre tasmano y, como recuerdo, el miserable George Stokell, de la Royal Society of Tasmania, ordenó que desollasen su cuerpo para hacerse una cartera. La última mujer tasmana, Truganini, murió en 1876… El genocidio había terminado.

Trugannini

Trugannini

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Una historia de amor entre un británico y una alemana en medio de la Segunda Guerra Mundial

22 jul
22 julio 2014

Dicen que en el amor y en la guerra todo vale, pues esto es una historia de amor en mitad de una guerra: la del británico Horace Greasley y la alemana Rosa Rauchbach durante la Segunda Guerra Mundial.

En la Navidad de de 1918, venían al mundo dos gemelos en un pequeño pueblo de la campiña inglesa, Ibstock (en el condado de Leicestershire, Reino Unido). Harold y Horace, que así se llamaron, decidieron quedarse en su pueblo natal para ayudar a sus padres en la granja familiar. Horace, cuando podía, también trabajaba algunas horas en la barbería del pueblo y allí se enteró de que Alemania había invadido Checoslovaquia… Todo en su vida cambió. Ante los posteriores movimientos de Alemania, el Parlamento británico aprobó en 1939 la ley de instrucción militar que obligaba a todos los hombres con edades comprendidas entre los dieciocho y cuarenta años —los hermanos tenían veintiuno— a someterse a un entrenamiento militar básico durante seis meses para luego pasar a la reserva activa. No tuvieron tiempo ni de terminar el entrenamiento, a las siete semanas fueron adscritos a la 2ª compañía del 5º batallón de Leicestershire y enviados a Francia integrados en la British Expeditionary Force o BEF (Fuerza Expedicionaria Británica) para frenar la ofensiva alemana. Aunque inicialmente la BEF tuvo cierto éxito, nada pudieron hacer ante el poderío de los panzers alemanes. En mayo de 1940, el oficial al mando, lord Gord, ordenó la retirada hacia Dunkerque para evacuar lo que quedaba de la BEF. De Harold nada más se supo y Horace… aquí comienza su aventura.

Horace Greasley

Horace Greasley

El 25 de mayo, Horace fue capturado en Carvin, al sur de Lille. Él y el resto de los prisioneros tuvieron que caminar durante diez semanas a marchas forzadas atravesando Francia y Bélgica hasta llegar a Clervaux (Luxemburgo). Los que sobrevivieron fueron metidos en un tren, y después de un viaje de varios días en condiciones infrahumanas llegaron al campo de prisioneros Stalag XXI-D en Silesia (Polonia). Fueron días de trabajos de sol a sol, acompañados de algunas palizas, escasa comida y tener que compartir la cama con piojos y ratas. Cuando terminó el invierno de 1941, los supervivientes fueron trasladados a otro campo en Lamsdorf (Polonia), que nada tenía que ver con el anterior. Aunque tenían que trabajar durante diez horas en una cantera de mármol, podían ducharse con agua caliente, recibían varias comidas al día y dormían sobre algo que podía llamarse cama. Herr Rauchbach, el propietario del negocio, sabía que el trabajo en la cantera dependía de que la condición física de los prisioneros fuese aceptable, así que procuró asegurarles unas mínimas condiciones. Rosa, su hija de diecisiete años, trabajaba en el campo como intérprete. Horace se quedó prendado de ella nada más verla, pero, lógicamente, en su estado sabía que ella nunca se fijaría en él. Desde aquel momento, se propuso, en la medida de sus posibilidades, recuperar la imagen de lo que era: un joven de veintitrés años. Tras varias semanas, y ya con mejor pinta, comenzaron a tontear… y del tonteo a los encuentros furtivos. Cuando llevaban un año de relación y los encuentros ya eran diarios, Horace fue trasladado a un campo en Freiwaldau, cerca de Auschwitz, a unos cuarenta kilómetros de distancia de su amada. Aquello parecía el fin… pero no.

Horace y Rosa

Horace y Rosa

Las condiciones del campo eran muy parecidas al de Lamsdorf, pero sin Rosa. Horace tenía que volver a verla. Ejerciendo su antigua profesión de peluquero, se ganó la confianza de los alemanes y tuvo cierta libertad de movimientos que le permitieron conocer al detalle la seguridad del campo. Cuando tuvo preparado un plan de huida, y gracias a otros prisioneros que trabajaban en el exterior, consiguió comunicarse con Rosa para citarse con ella en el bosque detrás de la cantera. Llegado el día de la fuga, y con la complicidad de sus compañeros del campo y los que transportaban las mercancías, huyó y consiguió reunirse con Rosa. Después de los correspondientes abrazos, besos, lágrimas… y lo que se terciase, Rosa le dijo que tenía que escapar, pero ¿adónde? El lugar más cercano en el que podría sentirse seguro era Suecia —país neutral— a cuatrocientos veinte kilómetros. Se olvidaron de ese tema y decidieron que Horace huiría cuando pudiese para ir a verla… y así lo hicieron. En las siguientes citas, y para alegría de los compañeros que le ayudaban a escapar cada noche, Rosa llevaba frutas, verduras e incluso una radio que les permitió conocer día a día el rumbo de la guerra. Durante dos años y medio mantuvieron más de doscientas citas.

El 24 de mayo de 1945, los prisioneros del campo fueron liberados y Horace, sin poder encontrarse con Rosa, repatriado al Reino Unido. Volvió a Leicestershire y durante un tiempo siguieron carteándose y preparando su reencuentro hasta que Rosa dejó de escribir… falleció mientras daba a luz al hijo de Horace, nacido muerto. Horace rehízo su vida y montó una peluquería, poco más tarde una empresa de transportes en la que conoció a la que sería su esposa. Se casaron y en 1988 se trasladaron a vivir a Alicante (España).

Horace en Alicante

Horace en Alicante

En 2008 se publicó el libro Do the birds still sing in Hell? (¿Siguen cantando los pájaros en el infierno?) donde Horace cuenta sus penurias y su historia de amor. Lo que no podrá ver Horace —falleció en 2009 a la edad de noventa y un años— es la película… Silverline Productions compró los derechos del libro para adaptarla al cine y el productor Stratton Leopold ya está con los preparativos. Se rumorea que el papel de Horace lo podría interpretar Robert Pattinson.

Do the birds still sing in hell?

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La creación del Estado de Israel, el químico y las castañas

20 jul
20 julio 2014

Durante la Primera Guerra Mundial empezaría a usarse de forma masiva un nuevo tipo de pólvora que sería decisiva en la contienda; se trataba de la “cordita“: más potente, más precisa y sin humo. Solo producía una leve niebla gris azulada y permitía a los francotiradores disparar sin descubrir su posición, no ensuciaba los cañones de fusiles y piezas de artillería, y no oscurecía el campo de visión de quien manejaba una ametralladora. Compuesta por una mezcla de algodón explosivo, nitroglicerina, vaselina y como disolvente un 0,8 % de acetona, es la verdadera protagonista de esta historia.

Chaim Weizmann

Chaim Weizmann

La producción de acetona de la época estaba sostenida por una obsoleta industria química con técnicas de preguerra mediante destilación destructiva de madera, y la necesidad de acetona a escala masiva en la industria militar acaparó la atención del por entonces ministro de Municiones británico, Winston Churchill. Churchill recurrió a Chaim Weizmann, un joven y prometedor químico judío emigrado del Imperio ruso, para que aplicase su técnica de invención propia en la fabricación de acetona basada en la fermentación de maíz por la bacteria anaerobia Clostridium acetobutylicum, familia del patógeno que produce el botulismo. El proceso funcionó durante unos años hasta que la escasez de grano se sumó a la ofensiva submarina alemana que amenazaba con cortar el suministro de maíz norteamericano. Había que sustituir el maíz por un producto autóctono y el método de Weizmann se aplicó con éxito a las castañas. La recolección de castañas se encomendó a escolares. La recogida fue masiva y los diarios de la época recogen cartas de lectores que hablan de vagones de tren llenos de castañas pudriéndose en las estaciones por los problemas del transporte provocados por la guerra. El asunto incluso llegó a una consulta en la Cámara de los Comunes por la sospecha de que alguien se estuviese enriqueciendo con el trabajo de los niños. Ante la pregunta por el uso de las castañas, el asunto se despachó con un “ciertos propósitos” por parte de Winston Churchill.

El emplazamiento de las fábricas era secreto por motivos de seguridad y los escolares enviaban sus paquetes a las oficinas del gobierno en Londres, pero los empleados postales ya sabían que debían ir directamente a las fábricas para su procesamiento. Se había asegurado la producción de cordita y, agradecido, el gobierno concedió a Weizmann acceso directo al secretario de relaciones exteriores británico, Arthur James Balfour. Cuenta la leyenda que Balfour le ofreció, como recompensa por los servicios prestados, lo que él quisiera… Weizmann pidió un estado judío.

Leyenda o realidad, el caso es que el 2 de noviembre de 1917, Arthur James Balfour, envió una carta a Lionel Walter Rothschild, un líder de la comunidad judía en Gran Bretaña, para su transmisión a la Federación Sionista. La Declaración Balfour, que así se llamó, es considerada como el primer reconocimiento de una potencia mundial de los derechos del pueblo judío.

Estimado Lord Rothschild:

Tengo el placer de comunicarle, en nombre del Gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía hacia las aspiraciones de los judíos sionistas que ha sido sometida al Gabinete y aprobada por él.

El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará todo lo posible por alcanzar este objetivo, quedando bien entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, ni los derechos y estatus político del que gozan los judíos en cualquier otro país.

Le quedaré agradecido si pudiera poner esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista.

Sinceramente suyo,
Arthur James Balfour.

Balfour_declaration

Y para rizar el rizo, el 1 de febrero de 1949, Chaim Weizmann fue elegido el primer presidente de Israel, además de conseguir que el gobierno de Estados Unidos reconociese al recién creado Estado de Israel.

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El chiste más antiguo de la humanidad

14 jul
14 julio 2014

Dicen que el sentido del humor es algo inherente al ser humano, y tal vez sea verdad, pues la Arqueología ha encontrado muestras abundantes del afán del hombre por tomarse las cosas con buen rollito y diversión.

En Sumer, nos topamos con algunos de los ejemplos más antiguos de humor de la humanidad. Los sumerios eran aficionados a escribir tratados morales que también constituyen las formas más primitivas de filosofía encontradas hasta el momento. Uno de los más famosos es el Tratado del Justo Sufriente, en el que un buen tipo es acosado por los dioses que le infligen toda clase de desgracias, mientras él las sufre con paciencia y sumisión a la divinidad (¡Ya empezamos con los malditos déjà vu! ¿De qué me suena esa historia?). En este caso no está muy claro si el sentido del humor está en el pobre diablo o en los mismos dioses. En general, en ese tipo de tratados, las frases sesudas y morales se juntan con otras en las que se percibe una fina ironía: “Al pobre le prestan plata y preocupaciones”, o esta otra: “Al pobre más le valdría morirse; si tiene pan, no tiene sal; si tiene sal, no tiene pan; si tiene carne, no tiene cordero; si tiene un cordero… no tiene carne.”

Dioses_sumerios

Otras veces encontramos proverbios y refranes de lo más jocoso: “Es tan sucio, que no se sabe quién es el asno y quién el palafrenero”, “El criado siempre lleva el faldellín sucio”, o “Digas mentiras, o digas verdades, otros las contarán como mentiras”. En una fábula popular, un zorro da un pisotón a un buey. Se vuelve hacia él y le dice: “¡Uy, perdona! ¿Te hice daño?”. Hay que especificar que en las fábulas sumerias, el zorro representa el papel del astuto, chulo, fanfarrón y, a veces, un poco cobarde.

Un campo donde vemos muestras de humor, y que resulta de lo más moderno, es en el de las bodas. En la fiesta de cualquier boda sumeria, aparte de un buen convite, los invitados debían recitar poemas en honor de los recién casados. Cuando los asistentes ya habían hecho un buen consumo de cerveza, los poemas se tornaban jocosos: “Para el placer, matrimonio… pensándolo mejor, divorcio”, o bien “Un corazón alegre: la novia; un corazón afligido: el novio”.

Y ya para terminar, llegamos al campo más descarado de los chistes. En otras civilizaciones, como la egipcia, se han conservado en papiros chistes escritos por alumnos y escribas aburridos. Lo malo es que los sumerios escribían en tablillas de barro y en las escuelas reutilizaban esas tablillas. Por desgracia, solamente ha llegado a nuestros días un único chiste, pero dicha muestra de humor disfruta del honor de ser el chiste más antiguo de la humanidad. Su texto es el siguiente:

Lo nunca visto en las tierras de los cabezas negras (sumerios); que una tierna jovencita, se ventosee sentada en las piernas de su amado.

Es el chiste más antiguo… y es escatológico. ¿Quién dijo que la humanidad ha cambiado en 4000 años?

Colaboración de Joshua BedwyR autor de  En un mundo azul oscuro

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Un antepasado de Cristóbal Colón derrotó a Mitrídates en el siglo I a.C.

11 jul
11 julio 2014

Vista la última corriente que convierte en catalanes a personajes históricos como Santa Teresa, Cristóbal Colón, Juan Sebastián Elcano (Joan Caçinera del Canós), Hernán Cortés (Ferran Cortès), Miguel de Cervantes (Joan Miquel Servent), Gonzalo Fernández de Córdoba (Joan Ramon Folc de Cardona) o Fray Bartolomé de las Casas (Bartomeu Casaus), me voy permitir frivolizar y  demostrar que Cristobal Colón era genovés. Y ya puestos, utilizando argumentos tan peregrinos como los suyos, que un antepasado suyo derrotó a Mitrídates el Grande, rey del Ponto.

Cristobal Colón

Cristobal Colón

Además, va a ser uno de los supuestos catalanes el que lo demuestre: Fray Bartolomé de las Casas, perdón Bartomeu Casaus. En su Historia de las Indias (Libro I, capítulo II) escribe:

Sus padres fueron personas notables, en algún tiempo ricos, cuyo trato y manera de vivir debió ser por mercaderías por la mar, según él mismo da a entender en una carta suya. Otro tiempo debieron ser pobres por las guerras y parcialidades que siempre hubo y nunca faltan, por la mayor parte, en Lombardía. El linaje suyo dicen que fue generoso y muy antiguo, procedido de aquel Colón de quien Cornelio Tácito trata en el libro XII, al principio, diciendo que trajo a Roma preso a Mitridates, por lo cual le fueron dadas insignias consulares y otros privilegios por el pueblo romano en agradecimiento de sus servicios. Y es de saber que antiguamente el primer sobrenombre de su linaje dicen que fue Colón; después, el tiempo andando, se llamaron Colombos los sucesores del susodicho Colón romano o capitán de los romanos; y destos Colombos hace mención Antonio Sabélico, en el libro VIII de la década 10, folio 168, donde trata de dos ilustres varones genoveses que se llamaban Colombos, como abajo se dirá. Pero este ilustre hombre, dejado el apellido introducido por la costumbre, quiso llamarse Colón, restituyéndose al vocablo antiguo, no tanto acaso, según es de creer, cuanto por voluntad divina, que para obrar lo que su nombre y sobrenombre significaba lo elegía. Suele la divinal Providencia ordenar que se pongan nombres y sobrenombres a las personas que señala para se servir conformes a los oficios que les determina cometer, según asaz parece por muchas partes de la Sagrada Escritura; y el Filósofo, en el IV de la Metafísica, dice que los nombres deben convenir con las propiedades y oficios de las cosas. Llamose, pues, por nombre, Cristóbal, conviene a saber, Christum ferens, que quiere decir traedor o llevador de Cristo, y así se firmaba él algunas veces; como en la verdad él haya sido el primero que abrió las puertas deste mar Océano, por donde entró y él metió a estas tierras tan remotas y reinos hasta entonces tan incógnitos a nuestro Salvador Jesucristo y a su bendito nombre, el cual fue digno que antes que otro diese noticia de Cristo y hiciese adorar a estas innúmeras y tantos siglos olvidadas naciones.

Basta ya de utilizar la historia y de llamarla a declarar como testigo en cualquier proceso de nacionalización que se le ocurra al iluminado de turno. La historia es como un cebolla a la que los años le han ido poniendo capas… no hace falta que algunos le pongan más.

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