Archive for the 'Grandes Batallas' Category

Mar 10 2008

Batalla de Villalar. La guerra de los Comuneros

La batalla de Villalar no fue una gran batalla, pero la guerra de los Comuneros tuvo una gran importancia al ser la última revolución de la baja Edad Media o la primera revolución moderna.

Tras el fallecimiento de Fernando el Católico y la regencia del cardenal Cisneros, llega a España Carlos I, nieto de Fernando, en 1517. Un monarca de 17 años criado en la Corte de Gante que desconoce el idioma y las costumbres del país que va a gobernar.

Se encuentra con un territorio sangrado económicamente para mantener el poder en el exterior. La nobleza revuelta para recuperar el poder perdido en época de los Reyes Católicos y los burgueses laneros (la lana era el recurso más importante en esta época) enfrentaba a los que querían exportar toda a Flandes y los manufactureros textiles querían que se quedara en Castilla.

La principal idea de Carlos I para Castilla era que financiase su nombramiento como Emperador del Sacro Imperio Romano, por lo que decidió subir los impuestos y rodearse de flamencos que controlan la corte. Ésto encrespó los ánimos de los castellanos. En 1920 parte hacia Aquisgrán para ser nombrado Emperador, con los bolsillos llenos para pagar favores, y deja como regente a Adriano de Utrech (nombrado arzobispo de Toledo).

Este mismo año estalla la revuelta en Toledo, pero las ciudades castellanas se unen rápidamente (Ávila, Segovia, Salamanca, Palencia, Burgos, Toro, Medina del Campo, etc.). El 29 de julio de forma en Ávila la Santa Junta donde se nombra comandante de las tropas al toledano Juan Padilla. La primera idea de los comuneros es buscar un sustituto al emperador Carlos y piensan en su madre, Juana “la loca”. Se trasladan a Tordesillas donde está recluida. Existen dos versiones de la negativa de Juana: una que se negó para evitar un derramamiento de sangre entre las dos facciones y otra que comprobaron que efectivamente estaba loca de verdad. El caso es que se negó y los comuneros pensaron en forzar una negociación con el emperador para bajar los impuestos, que los puestos de comendadores o corregidores fueran elegidos por ellos y los flamencos dejaran España. Al principio los comuneros, con un pequeño ejército, y los partidarios del emperador, desorganizados, no entablaron batallas directas si no escaramuzas.

Ocurre un hecho importante en este momento y es que los nobles deciden echar marcha atrás y se unen a los imperiales, ya que al sublevarse también los campesinos pueden perder más poder que el que intentan recuperar. Tienen un poderoso y numeroso ejército.

En diciembre los imperialistas toman Tordesillas y la Junta huye, más tarde también cae Burgos. Pero Juan Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado devuelven el golpe y toman Torrelobatón donde se fortifican. Las tropas imperialistas se agrupan y los comuneros (unos 6.000 hombres) huyen para refugiarse en Toro. El conde de Haro (al frente de las tropas imperialistas) manda su numerosa caballería para darles caza, son interceptados en Villalar (el 23 de abril) y son arrasados sin poder defenderse. Unos mil comuneros fallecen en la batalla y los tres cabecillas (Padilla, Bravo y Maldonado)  son ejecutados tras un juicio sumarísimo.

ayer era día de pelear como caballero… hoy es día de morir como cristiano

dijo Padilla a Bravo

matarme a mi el primero para no ver la muerte del caballero más grande de Castilla

contestó Bravo.

La noticia corrió por las ciudades sublevabas y van cediendo. Pero María Pacheco, mujer de Juan Padilla y llamada la Leona de Castilla, al frente de Toledo todavía resistió hasta junio de 1521. En 1522 el monarca concedió un perdón general.

Una revolución que tenía todas las de perder y que a pesar de ello, demostró la casta y el honor de los castellanos contra las injusticias. Esto hizo darse cuenta a Carlos que debía prestar más atención a España que era el germen de su gran Imperio. Aprendió el idioma, bajo los impuestos y los flamencos dejaron de ostentar el poder.

Comuneros

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Feb 05 2008

Batalla de Guadalete (II)

Unidos por el complot Don Julián, Ágila y Muza deciden que ha llegado la hora de la incursión (en principio). En el año 711 Muza envía un grupo de unos 12.000 hombres, en su mayoría bereberes, al mando de Tarik. Cruzan el estrecho con las naves de Don Julián y desembarcan en Gribaltar (Chabal Tarik, “roca de Tarik”).

Don Rodrigo está en el Norte sofocando la enésima revuelta de los vascones, cuando es avisado del desembarco. Cruza la península a uña de caballo reclutando por el camino todas la tropas que puede, incluidos los partidarios de Ágila y Sisberto (hermano de éste). El número de las tropas godas era cercano a los 40.000 hombres.

Se encuentran en las cercanías del río Guadalete, cuando Tarik ya ha conquistado alguna plaza. Confiado en su superioridad numérica Don Rodrigo lanza su caballería pesada contra los musulmanes y deja las alas del ejército al mando de Ágila y Sisberto. En un principio la caballería goda hace retroceder a los invasores, pero tras unos momentos de euforia, la caballería de Tarik, más ligera y maniobrabable, logra zafarse de su enemigo. El rey ordena el ataque de las alas de su ejército, pero para su sorpresa, los partidarios de Ágila abandonan el campo de batalla.

La venganza de Don Julián estaba tomando cuerpo. Los arqueros a caballo musulmanes empiezan a hacer estragos en las filas godas y tras varios días de batalla el rey es derrotado. Se cree que Don Rodrigo falleció en el combate aunque su cuerpo nunca se encontró, pero quien pudo escarpar fue Pelayo (en otra historia hablaremos de él). Los musulmanes obtuvieron la victoria y un preciado botín, el tesoro real. Ágila y los suyos ya se frotaban las manos pensando en recuperar el trono, ya que el acuerdo consistía en que Tarik y los suyos tomarían el preciado botín y tras alguna escaramuza más regresarían al Norte de África. Pero Muza tenía otros planes, conquistar la península y llegar hasta Damasco rodeando el Mediterráneo.

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Feb 04 2008

Batalla de Guadalete (I)

La batalla de Guadalete (río), próximo a la actual Jerez, tuvo lugar en el año 711 y enfrentó al ejército del rey visigodo Don Rodrigo y a los musulmanes (en su mayoría bereberes) del Norte de África capitaneados por Tarik, lugarteniente del gobernador Muza.

En el año 710 fallece el rey visigodo Witiza, se produce un enfrentamiento entre dos facciones de los visigodos: por un lado Ágila, hijo de Witiza, apoyado por sus hermanos y su tío Oppas, arzobispo de Sevilla, descendientes de Wamba, y por otro lado Don Rodrigo, duque de la Bética, descendiente de la familia de Chindasvinto. Las guerras civiles eran frecuentes entre los godos, ya que su monarquía era electiva y no hereditaria. Tras un breve batalla vencen las huestes de Don Rodrigo, proclamándose rey en Toledo.

En este punto, tenemos que hacer un paréntesis para intercalar algo de “leyenda” . Existen dos leyendas en torno a los antecedentes de la entrada de los musulmanes en la península.

  1. El conde Don Julián, gobernador de la plaza de Ceuta, mantenía a raya a los musulmanes en el Norte de África. Tenía una hija llamada Florinda, la Cava para los musulmanes, que envió a la corte de Toledo para su educación. En Toledo Don Rodrigo se prendó de ella, pero como no fue correspondido, la forzó. Florinda, ultrajada, volvió a Ceuta donde contó lo ocurrido a su padre, éste juró venganza contra el rey. Contactó con Muza y le propuso la entrega de la plaza y facilitar el acceso a la península con barcos de transporte. El gobernador musulmán lo comunicó a Damasco, capital del califato Omeya, y el califa le ordenó hacer una incursión antes de lanzarse a la conquista. Se envió a Tarif con un pequeño grupo en 2 barcos godos - desembarcaron en Tarifa, de ahí su nombre-, el resultado de la incursión confirmó todo lo contado por Don Julián. También contactaron con Ágila, enemigo de Don Rodrigo, para que se implicase en este complot a cambio del trono toledano.
  2. Existía un cueva en Toledo en la que, según la tradición visigótica, cada nuevo monarca debía añadir un candado para que no fuese profanada, ya que en su interior albergaba una maldición. La curiosidad de Don Rodrigo pudo más que la tradición y ordenó abrir la cueva para comprobar lo que contenía. Para sorpresa de todos, no existía tesoro alguno o reliquia, sólo había un arcón enterrado. En su interior, un pedazo de tapiz en el que se mostraban unos guerreros a caballo, ataviados como los musulmanes, cortando cabezas y arrasando todo. En el margen inferior una leyenda “quien ose profanar este arcón será el culpable de la pérdida del reino”. Se ordenó cerrar el arcón y taponar la entrada a la cueva.

Para no hacer más largo este post, mañana la resolución de la Batalla de Guadalete.

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