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Carta de despedida de un minero poco antes de morir en el desastre de Tennessee (1902)

22 oct
22 octubre 2014

En la mañana del 19 de mayo de 1902, 216 mineros fallecían a consecuencia de una brutal explosión en la mina de carbón de Fraterville (Tennessee). La acumulación de gas metano, que se había filtrado de una mina adyacente sin ventilación, provocaba el mayor desastre minero en la historia del estado… en la ciudad quedaron cientos de mujeres viudas, un millar de huérfanos y sólo tres hombres adultos.

Aunque la mayoría falleció con la explosión inicial, 26 de ellos consiguieron sobrevivir y se refugiaron en una galería que había soportado el desastre. Sólo fue un refugio temporal… cuando el grupo de rescate llegó hasta ellos, habían muerto por asfixia. Siendo conscientes de su destino, todos quisieron tener un último recuerdo para sus familias. Esta es la carta de despedida de Jacob Vowell a su esposa Sarah Ellen y al resto de sus hijos… Elbert, de 14 años, estaba junto a él.

Carta_minero

Ellen, querida, adiós de parte de los dos. Elbert dijo que el Señor le ha salvado. Todos estamos rezando para que el aire aguante, pero cada vez se hace más difícil respirar. Ellen, yo quiero que vivas bien y vengas al cielo. Educa a los chicos lo mejor que puedas. ¡Oh, cómo me gustaría estar con vosotros, adiós! Entiérranos a Elbert y a mi en la misma tumba que el pequeño Eddie [otro hijo fallecido anteriormente]. Adiós Ellen, adiós Lily, adiós Jemmie, adiós Horace. Estamos juntos. Son las 2’25. Sólo unos pocos quedamos vivos todavía. ¡Oh Dios, una bocanada de aire más! Ellen, recuérdame mientras vivas. Adiós querida.

Fuente: Oh God, for one more breath

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Cuando el amor derrotó a la segregación racial

20 oct
20 octubre 2014

La noche del 11 de julio de 1958, el sheriff del condado y sus ayudantes irrumpieron en la habitación, enfocaron sus linternas sobre sus ojos y gritaron:

—¿Quién es la mujer que está en la cama contigo?
—Yo soy su esposa —dijo Mildred Loving.

Richard Mildred

Richard Loving señaló el certificado de matrimonio que había colgado en la pared: fue su sentencia. El 20 de marzo 1924, la Asamblea General de Virginia había aprobado la ley de integridad racial que, entre otras muchas cosas, prohibía los matrimonios entre blancos y no blancos (afroamericanos, indígenas o chinos). En la pequeña localidad de Central Point (Virginia) vivían Richard Loving y Mildred Jeter, dos jóvenes amigos sin otra particularidad que la de que él era blanco y ella afroamericana con ascendencia de nativos americanos. De la amistad pasaron al amor… y Mildred se quedó embarazada. No por obligación, sino porque querían hacerlo, decidieron casarse en secreto en Washington D.C. por la prohibición de Virginia. Pero como ocurre en todas las poblaciones pequeñas, una denuncia anónima lo puso en conocimiento de las autoridades locales. Richard pasó una noche en la cárcel y Mildred… alguna más. Ante la amenaza de cumplir una condena entre uno y cinco años y con argumentos de este tipo:

Dios Todopoderoso creó las razas blanca, negra, amarilla, malaya y roja, y las colocó en continentes separados. El hecho de que él separase las razas demuestra que no tenía la intención de que las razas se mezclasen.

Mildred Richard

Los Loving aceptaron el acuerdo que les propuso el fiscal: si se declaraban culpables, se suspendía la pena de prisión, pero debían marcharse de Virginia y no regresar juntos durante veinticinco años. Abandonaron la población y volvieron a Washington donde vivieron durante cinco años y tuvieron a sus tres hijos. Regresaban a Central Point cuando podían, pero siempre, y respetando la sentencia, por separado. En 1963, hartos de aquella estúpida prohibición, pusieron su caso en manos de la Unión Americana de Libertades Civiles. Aceptaron el caso, pero se encontraron con un problema antes de comenzar: al haberse declarado culpables habían perdido el derecho a apelar. Aun así, consiguieron sacar el caso de Virginia y llevarlo ante la Corte Suprema de los Estados Unidos en 1967: el llamado caso Loving contra Virginia. Como los Loving no pudieron testificar, Richard le dijo a su abogado: “Señor Cohen, dígale a la Corte Suprema que amo a mi esposa y que es injusto que no pueda vivir con ella en Virginia“.

Richard Mildred hijos

La Corte Suprema falló en favor de los Loving y se consiguió que se derogasen las leyes de segregación racial, aunque no todos los estados del sur lo aplicaron en aquel momento. Alabama se convirtió en el último estado en abolir estas leyes en 2000. En 2007, treinta y dos años después de la muerte de Richard y uno antes de la suya, Mildred emitió un comunicado en apoyo del matrimonio entre personas del mismo sexo:

Creo que todos los estadounidenses, independientemente de su raza, sin importar su sexo, sin importar su orientación sexual, deben tener la misma libertad para casarse.

Fuentes e imágenes: The Loving story, Grey Villet

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El periodista que recibió el Pulitzer a pesar de ocultar el genocidio ucraniano

16 oct
16 octubre 2014

Con la Revolución rusa de 1917 caía el régimen zarista y los ucranianos creyeron ver su oportunidad para conseguir la independencia. Con la llegada de los bolcheviques al poder, encabezados por Lenin, los aires de libertad en Ucrania desaparecieron cuando el Ejército Rojo recibió órdenes de devolver la oveja descarriada al redil de la hoz y el martillo. Tras más de dos años de lucha soterrada, los bolcheviques se hicieron con el control de Ucrania. Los años de guerra, la confiscación del grano de sus fértiles tierras como tributo de guerra y una pertinaz sequía provocaron en Ucrania una terrible hambruna en 1921. Lenin, ante aquel terrible panorama, suspendió la confiscación de grano y suavizó las nuevas medidas económicas de colectivización que consiguieron aliviar temporalmente el hambre en la región. La muerte de Lenin confirmó el dicho que reza “otro vendrá que bueno te hará“… y llegó Stalin.

Stalin

Para Stalin, eso de la humanidad debía ser una tara de los capitalista. Aplicó su primer plan quinquenal (1928-1932) para conseguir la transformación radical de las estructuras económicas y sociales soviéticas sin ningún tipo de miramientos. Para ello, se colectivizó la agricultura expropiando las tierras, las cosechas, el ganado y la maquinaria; se reguló la producción y la mayor parte de las cosechas de cereal se destinaron a la exportación y compra de productos manufacturados para la rápida industrialización. Todas estas medidas cambiaban radicalmente la fisonomía de una sociedad mayoritariamente agrícola que debía someterse al control total del Estado. Stalin fue especialmente riguroso y estricto, al contrario que su antecesor, con la implantación de estas medidas en Ucrania, donde topó con los terratenientes ucranianos (kulak), una excusa perfecta para las futuras maniobras de Stalin en Ucrania. Los kulaks desaparecieron misteriosamente y sus tierras fueron expropiadas, las propiedades de los pequeños agricultores independientes fueron confiscadas y éstos obligados a trabajar en las granjas colectivas. Los que se negaban eran deportados a Siberia —más de ochocientos mil—, de donde la mayoría de ellos nunca regresó. Por si esto fuera poco, en 1932, Stalin ordenó incrementar la producción de las granjas colectivas de Ucrania para disponer de más grano para las exportaciones. Apenas quedaba nada para las familias e incluso se bloquearon las fronteras para que no pudiese llegar comida del exterior. El hambre y la muerte se extendieron por todo el país. Veinticinco mil personas, sobre todo niños, morían de inanición cada día. Entre 1932 y 1933, unos ocho millones de ucranianos murieron por un arma de destrucción masiva llamada hambre.

Holodomor

Stalin siempre negó el genocidio ucraniano (holodomor) e incluso llegó a contar con un aliado inesperado: el corresponsal de The New York Times en Moscú, Walter Duranty. Los informes de Duranty en esta época afirmaban:

Cualquier informe de hambruna en Rusia es hoy una exageración o propaganda maligna. No hay hambre o muertes por inanición.

Duranty

Duranty

E ironías de la vida, Walter Duranty recibió el Pulitzer en 1932. Bajo la férrea dictadura comunista todo permaneció en silencio y solo en 1991, tras el desmembramiento de la Unión Soviética y la recuperación de independencia de Ucrania, se destapó el genocidio. En 2003, y ante las miles de voces que pedían revocar el galardón concedido a Duranty, la junta del Premio Pulitzer se reunió para estudiar el caso. La conclusión final fue que el premio se le había otorgado por una serie de artículos publicados en 1931 que nada tenían que ver con el holodomor y, por tanto, no tenían por qué revocarlo. Eso sí, queriendo dejar constancia de su sensibilidad, remataron el informe con unas hipócritas palabras:

La hambruna de 1932-1933 fue horrible y no ha recibido la atención internacional que merecía. Con esta decisión -no revocar el Pulitzer-, el Consejo de ninguna manera quiere disminuir la gravedad de lo ocurrido. La junta expresa su condolencia a los ucranianos y a todos los que todavía lloran el sufrimiento y la muerte provocados por Josef Stalin.

Lógicamente, Stalin elogiaba la labor y, sobre todo, los informes de Walter Duranty

Imagen: National Review

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La oscura financiación para la construcción de la Capilla Sixtina y la Basílica de San Pedro

15 oct
15 octubre 2014

La Capilla Sixtina fue construida entre 1471 y 1483 por orden del Papa Sixto IV, al que debe su nombre. Fue el resultado de rehabilitar y ampliar la Capilla Magna, antigua aula medieval fortificada donde tenían lugar las reuniones de la corte papal y, desde aquel momento, se convertiría en la sede de la elección de cada Papa en el cónclave del Colegio cardenalicio. Y como Sixto IV era de los que pensaba que la historia le juzgaría por sus obras -de arte, que no por su forma de obrar-, encargó los frescos de la capilla a los pintores florentinos más famosos: Sandro Botticelli, Domenico Ghirlandaio, Cosimo Rosselli, Pietro Perugino… En 1483 se inauguró la capilla con una ceremonia en la que fue consagrada y dedicada a la Virgen María.

Capilla Sixtina

La tradición católica sitúa la Basílica de San Pedro sobre la tumba del primer obispo de Roma, San Pedro. La construcción del actual edificio, sobre una basílica del siglo IV en la época del emperador Constantino el Grande, comenzó en 1506 por orden del Papa Julio II, sobrino de Sixto IV, y finalizó en 1626. En el haber de Julio II también hay que añadir el hecho de que ordenase al gran Miguel Ángel la decoración de la bóveda de la Capilla Sixtina. Aunque en un principio se mostró reticente, aceptó el encargo cuando consiguió del Papa libertad creativa: un conjunto de pinturas al fresco en las que se representa la historia del mundo y del cosmos antes de Jesucristo.

Basílica San Pedro

Harto difícil cuantificar el enorme coste de estas dos emblemáticas construcciones pero, cual político español con sus proyectos aeroportuarios, nada iba a detener los aires de grandeza de tío y sobrino… y menos la financiación.

Sixto IV

Sixto IV fue un adelantado a su tiempo, ya que legalizó la prostitución en Roma -si entendemos por legalizar gravar la actividad con un impuesto-. Todas las prostitutas debían pagar un tributo para ejercer su profesión y, visto que aquello reportaba pingües beneficios, decidió ampliar aquel impuesto a todos los miembros del clero que mantuviesen barraganas y a los miembros de la nobleza que quisiesen tener libre acceso a la cama de alguna joven doncella. Pero todavía quedaba su obra maestra: la venta de indulgencias. Según la RAE, las indulgencias son la remisión ante Dios de la pena temporal correspondiente a los pecados ya perdonados, que se obtiene por mediación de la Iglesia; en palabras de Sixto IV…

Los que murieron en la luz de la caridad de Cristo pueden ser ayudados por las oraciones de los vivos. Y no sólo eso. Si se dieren limosnas para las necesidades de la Iglesia, las almas ganarán la indulgencia de Dios.

Se convirtió en un auténtico mercado en el que el Papa obtenía financiación y los compradores el perdón de sus pecados. Pero Sixto fue un poco más allá, también podía sacar tajada con los muertos. Hasta la fecha, los beneficiarios de las indulgencias eran los vivos, pero ahora los vivos podían comprar un pasaje en un crucero de lujo para que sus difuntos saliesen del aterrador purgatorio, donde se redimían las penas, y alcanzar el paraíso celestial. Otra ventaja de este mercado, a diferencia de anteriores Papas que vendieron reliquias más falsas que Judas u obtenidas de expoliar tumbas de santos, era que al no entregar nada a cambio era un producto inagotable. Una legión de clérigos recorrieron ciudades y pueblos vendiendo humo que los temerosos de Dios compraban en beneficio de sus difuntos.

Julio II

A Julio II, el Papa Guerrero, más que un líder de la Iglesia se le podía considerar un monarca. Gustaba vestir la armadura y beber con sus soldados; luchó contra los Borgia y sus aliados, contra Venecia y contra los franceses. Estas guerras implicaban un preciado botín que en buena parte fueron destinados a financiar las obras arquitectónicas y contratar a los mejores artistas de la época. Además, y siguiendo los pasos de su tío, también obtuvo importantes ingresos de la prostitución pero añadiendo otra fuente: creó su propio burdel. E incluso parece que Julio II era el que hacía los castings para contratar a los/las profesionales. En 1508, el día de Viernes Santo, no se permitió besar los pies del Papa por las ulceraciones que los cubrían, propias del morbo gálico o mal francés. Murió de sífilis, quizás contraída en los castings.

Fuentes: De lo humano y lo divino, Los Papas y el Sexo – Eric Frattini

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Es con el hierro, no con el oro, con lo que se libera la patria

09 oct
9 octubre 2014

Allá por el siglo IV a.C. Roma era una incipiente República, comprimida en el centro de la pení­nsula itálica, cuya única alternativa de crecimiento era absorber en su expansión a todos aquellos pueblos que la rodeaban. Etruscos, samnitas, ecuos y volcos acabaron durante aquella época bajo el yugo romano. Corrí­a el año 391 a.C. Roma mantení­a una situación tensa, y en ocasiones beligerante, con su vecino del norte, Etruria.

Pocos años atrás habí­a cruzado los Alpes una tribu gala, los senones para ser más concretos, comandada por un individuo peculiar, el rey Breno, el único jefe de tribus celtas que consiguió ceñirse una corona en la Galia antes de Vercingetorix. Se establecieron en la zona que después pasó a llamarse Galia Cisalpina (el actual valle del Po) sacando de allí­ a los umbrios que habitaban aquellas tierras. La ambición de Breno no se conformaba con aquel nuevo territorio. Ese mismo año, viendo la debilidad del vecindario y la posibilidad de agenciarse un botí­n rápido y cuantioso, los senones atacaron Etruria, asediando la ciudad de Clusium (Chiusi, en la Toscana) Los etruscos, sopesando el mal menor entre las dos temibles fuerzas que les aprisionaban, pidieron ayuda a Roma, ayuda que llegó a tiempo. El desencadenante de las hostilidades entre galos y romanos fue Quinto Fabio, uno de los enviados por Roma, el cual mató a uno de los lí­deres galos durante las negociaciones. Aquella vil intromisión romana, y la total ausencia de represalias por semejante injuria por parte del Senado, enojaron de tal modo al rey Breno que, sintiéndose insultado, levantó su campamento y se plantó frente a Roma.

Galos

La Urbe no tení­a por entonces al frente de sus legiones a ningún hombre enérgico. El único capaz de detener a Breno, Marco Furio Camilo, se encontraba ausente, exiliado voluntariamente en Ardea después de haber sido acusado por el tribuno de la plebe Lucio Apuleyo de malversar fondos del inmenso botí­n obtenido tras la rendición de la ciudad etrusca de Veyes. Según marca la tradición, el 18 de Julio del 390 a.C. los galos masacraron a las tropas romanas comandadas por Quinto Sulpicio en la batalla del rí­o Alia, muy cerca de Roma. Los flancos, ocupados por las tropas más inexpertas y peor equipadas, cedieron a la presión y la masa gala envolvió al grueso de la infanterí­a pesada. Los supervivientes de aquel desastre llegaron a Roma presos de pánico, encaramándose hacia el Palatino sin pensar en cerrar las puertas. Gracias a tamaña negligencia los galos entraron a sangre y fuego en las calles de Roma. Casi toda la documentación anterior a este dí­a se perdió para siempre devorada por el fuego y la barbarie. Tuvieron que pasar setecientos años para que pudiera repetirse agravio similar de manos de una horda bárbara…

Los restos de la milicia y los ciudadanos que pudieron escapar a los saqueadores se refugiaron en el Capitolio, la acrópolis de la antigua Roma, mientras los galos saqueaban el resto de la ciudad a conciencia. La Curia, gracias a la doble proeza de un intrépido mensajero, reclamó a Camilo su intervención pues consideraba al antiguo dictador como único militar capaz de sacar a los galos de Roma. La leyenda reza que los romanos desbarataron un ataque galo al Capitolio gracias al aviso del ganso del templo de Juno, desde aquel dí­a animal sagrado. Camilo sólo accedió a volver a la ciudad si era el pueblo quien lo solicitaba y le ratificaba de nuevo como dictador. Así­ fue como sucedió…

Camilo reorganizó a los fugitivos y a las tropas dispersas y, con la ayuda de su magister equitum Lucio Valerio, sorprendió y cercó a los confiados galos. Breno, viéndose atrapado por la resistencia del Capitolio y el ejército de Camilo, sin ví­veres después de varios meses de cerco y rodeado de destrucción y miseria, accedió a pactar un rescate para liberar la ciudad. Aquí­ la historia se mezcla con la leyenda. Supuestamente, el rey galo trucó las pesas que medirí­an el pago del rescate, mil libras de oro (aproximadamente 327 Kg.) Alguno de los parlamentarios del Capitolio debió de percatarse de ello y recriminarle su trampa. Breno, furioso, echó su espada a la balanza y le respondió con la famosa frase “Vae Victis!” (¡Ay de los vencidos!)

Vae Victis

Camilo, en nada conforme con acceder a pagar aquel rescate, como dictador plenipotenciario desautorizó el trato y le contestó a Breno con otra fase célebre: “Non aurum sed ferrum liberanda patria est” (Es con el hierro, no con el oro, con lo que se libera la patria). Marco Furio Camilo aplastó dí­as después a los galos y entró triunfal en Roma, siendo aclamado como pater patriae y conditor alter urbis (padre de la patria y segundo fundador de la ciudad)

La amarga jornada del 18 de Julio quedó marcada en la ciudadaní­a romana durante generaciones. Cada aniversario del saqueo los perros guardianes del Capitolio eran crucificados en castigo a su negligencia. Aquellas ejecuciones tení­an unos espectadores especiales. Los gansos del templo de Juno, los únicos que alertaron al pueblo del ataque galo, eran llevados frente a las cruces y aposentados en cojines de púrpura…

Poco más se sabe de aquel rey rudo y visceral. Se dice que murió de un coma etí­lico, voluntario o forzoso, después de ingerir una cantidad indecente de vino. Una muerte muy bárbara para el primer hombre que hizo temblar a Roma.

Colaboración de Gabriel Castelló
Imagen: Breno el Galo

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Los templos sumerios daban préstamos a tipos reducidos para que los esclavos comprasen su libertad

07 oct
7 octubre 2014

Solemos tener la imagen de que en la antigua Mesopotamia se trataba a los esclavos de forma cruel. Esa es una idea que viene de los asirios y babilonios, que no escatimaban latigazos con ellos. Los sumerios, en cambio, mantenían una actitud hacia la esclavitud un tanto curiosa. Para empezar, aparte del hecho obvio de nacer de padres esclavos, había dos métodos para llegar a esa situación: por medio de una guerra o voluntariamente.

Un esclavo voluntario era aquel que aceptaba un contrato de esclavitud para liquidar una deuda. Y ojo al dato, porque se hacía mediante un contrato donde se especificaba minuciosamente el tiempo de duración del mismo, así como las posibles penalizaciones. Una vez finalizado el contrato, el individuo seguía con su vida normal. Mientras esa persona era esclava, su familia seguía siendo libre.

Los cabezas negras no eran aficionados a tomar prisioneros tras una batalla. Y no era por compasión, ya que de monjas de la caridad tenían poco y gustaban de empalar y/o despellejar al prójimo, sino una mera cuestión práctica: hacer prisioneros implica que tienes que alimentarles, aunque sea mal, y luego tienes que tratar con comerciantes de esclavos, que junto a los verdugos nunca han tenido buena imagen y no se les suele invitar a cócteles de sociedad. Una vez hechos esclavos hay que vigilarles, alimentarles (de nuevo) y curar sus enfermedades… ¡Todo un dolor de cabeza! Pero una vez que habían decidido tomarlos como esclavos, no los trataban demasiado mal. Se han conservado numerosas tablillas donde se especifican las raciones de comida que se proporcionaba al personal laboral de templos o palacios, y parece ser que los esclavos comían lo mismo que los trabajadores humildes. No se morían de hambre, aunque su alimentación era monótona: pan, cebollas, gachas de cebada, sopas de nabos…

Venta esclavos Sumeria

Otro aspecto curioso es que las leyes les otorgaban la oportunidad de manumitirse. Para ello solamente tenían que pagar a su amo el precio que había entregado por ellos. ¿Cómo conseguía un esclavo esa plata? Pues pidiendo un préstamo. Puede que para nosotros resulte chocante la idea de un esclavo solicitando un préstamo, pero para esa sociedad era algo normal. La plata la podía suministrar un prestamista, que llegaba a cobrar hasta un 22% de interés, o un templo. No hemos encontrado ni una sola tablilla donde un templo exigiera más de un 3,5% de interés.

También era habitual otorgar la libertad a concubinas. Una mujer sumeria, harta de tener hijos, podía regalarle al marido una concubina. Los hijos de la esclava eran libres y tenían todos los derechos de herencia, con lo que se producía la situación de que un heredero pudiera tener una madre esclava. Para evitar eso, era normal que se les diese la libertad. Abraham, que era de Ur y conocía esa costumbre, debió “olvidarse” de ella cuando no quiso dar la libertad a la esclava egipcia Agar. Luego algunos lectores de la Biblia se preguntan por qué Ismael estaba todo el día tan enfadado [Ironic Mode Off].

Otro tema que resulta curioso, es el del matrimonio de esclavos con personas libres. Un hombre libre, o una mujer libre, podían casarse sin problemas con alguien sometido a esclavitud. El único problema es que al esclavo o esclava no se le permitía salir del recinto de trabajo, lo que es de suponer que creaba problemas en la convivencia conyugal. Si ese matrimonio tenía descendencia, dicha descendencia era libre. En la época neosumeria, el rey Ur-Nammu decretó que los hijos fueran libres salvo el primero, que se quedaba el dueño como compensación. Sin embargo, hemos encontrado tablillas que dan a entender que se aceptaba un pago, en plata o bienes, para sustituir al primogénito. Cuando se le daba la libertad a un esclavo, el acta de libertad era leída por un pregonero en una plaza pública y acto seguido un barbero le cortaba al nuevo ciudadano el aputtu, que era una especie de coleta que distinguía a los esclavos de las personas libres. Si un esclavo huía y era capturado, la costumbre era cegarle y ponerle a sacar agua de un pozo. Por alguna razón que se nos escapa los ciegos, libres o esclavos, eran los encargados de dicha labor.

Esclavos Sumeria

Finalmente, hay que señalar que los esclavos que se sometían no recibían demasiados malos tratos. Las leyes prohibían terminantemente maltratar de obra a un esclavo voluntario. Otro asunto era mentar a su familia. En cuanto a los esclavos obligados, la costumbre imponía darles un trato justo. Un proverbio sumerio dice: “Si no maltratas a tu burro, ¿por qué maltratas a tu esclavo?”. Se consideraba que los malos tratos hacían perder valor y productividad a un bien laboral. El pueblo de los cabezas negras, con ese sentido práctico que les caracterizaba, pensaban que a un esclavo había que tenerle la mayor parte del tiempo contento. Ahora ya sabéis por qué vuestro banco se empeña en regalaros una tablet.

Colaboración de Joshua BedwyR autor de En un mundo azul oscuro

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Fort Mose, el santuario español donde los esclavos fugitivos de EEUU fueron libres

02 oct
2 octubre 2014

San Agustín (Florida) es el asentamiento europeo más antiguo ocupado hoy en día en la parte continental del actual territorio de los EEUU. Fue fundado por Pedro Menéndez de Avilés el 28 de agosto de 1565, y no por motivos coloniales o económicos, sino militares. España ubicó un contingente militar para atajar los ataque de los piratas. En 1568 recibió al visita de Francis Drake, al servicio de la corona inglesa, que arrasó gran parte del asentamiento pero no consiguió echar a los españoles. En mayor o menor intensidad, los ataques de los piratas se repetían periódicamente pero nunca consiguieron su objetivo.

En 1687 llegaron a San Agustín once esclavos negros (ocho hombres, dos mujeres y un niño) huidos de los colonias inglesas. Solicitaron asilo a las autoridades españolas y se lo concedieron a cambio de bautizarse y colaborar en la construcción del Castillo de San Marcos -incluso recibieron una paga por el trabajo-. Se corrió la voz entre los esclavos y muchos se jugaron la vida para escapar de la esclavitud y llegar al santuario de la libertad. A todo esto contribuyó que en 1693 el rey Carlos II de España decretó que todos los esclavos fugitivos que alcanzasen Florida fuesen liberados… si se convertían al catolicismo y cumplían cuatro años al servicio de la corona española luchando con la milicia. En 1738, el gobernador de la Florida, el vasco Manuel de Montiano, les permitió establecer un asentamiento a unos tres kilómetros de San Agustín al que llamaron Gracia Real de Santa Teresa de Mosé -Fort Mose-. Aquel lugar se convirtió en el primer asentamiento legal de negros libres en el actual territorio de los EEUU.

Fort mose

Fort Mose estaba formado por 20 barracones y un iglesia protegidos por un muro perimetral alrededor del que se situaban los campos de cultivo. Su población, de unas 100 personas, la formaban hombres nacidos libres en África y llevados al continente como esclavos que habían conseguido escapar de las colonias británicas, junto con sus mujeres, también esclavas fugitivas, y sus hijos nacidos ya en libertad. Al frente del fuerte, que gozaba de gran autonomía respecto de San Agustín, estaba un africano bautizado como Francisco Menéndez. Como los esclavos libertos estaban obligados a permanecer cuatro años en la milicia, Fort Mose se convirtió en un bastión defensivo de San Agustín en la frontera norte. Después de algunas escaramuzas británicas que lograron repeler sin problemas, en 1740 el general James Oglethorpe atacó el fuerte con un ejército muy numeroso ante el que Francisco Menéndez y sus hombres apenas pudieron oponer resitencia. Recibieron la orden de abandonar el fuerte y refugiarse en San Agustín… los británicos tomaron Fort Mose. Poco tiempo les duró la alegría a los ingleses, porque los milicianos, apoyados por tropas españolas, lograron recuperar el fuerte en pocos días.

Toma Fort Mose

Durante más de 20 años estuvieron llegando esclavos fugitivos y repeliendo nuevas incursiones británicas, hasta que… todo se perdió en 1763. Por cuestión de un tratado de paz, en este caso el de París tras la Guerra de los Siete Años, que no son más que mercadillos del trueque, España cedía la Florida a los británicos -es verdad que, a cambio, conseguimos la Luisiana francesa que volvimos a perder en 1800-. Tanto Fort Mose como San Agustín fueron abandonados y la mayoría de esclavos libres y españoles se establecieron en la isla de Cuba. Se volvió a recuperar en 1783, tras derrotar a los ingleses en la batalla de Pensacola donde participaron milicianos y españoles, alguno incluso con sus hijos nacidos en el exilio cubano, que 20 años atrás tuvieron que abandonar el emplazamiento. Florida retornó oficialmente a manos españolas pero ya nadie volvió a las ruinas de Fort Mosé para reconstruirlo. Definitivamente, en 1821, España vendía Florida a los EEUU por 5 millones de dólares que deben estar con el oro de Moscú.

En 1994 el Estado de Florida compró los terrenos de este reducto de libertad -unos 23 acres- y declaró la zona de interés histórico: Fort Mose Historic State Park.

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Fuentes e imágenes: Fort Mose, Fort Mose

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Los últimos restos de las posesiones de ultramar españolas

29 sep
29 septiembre 2014

El Tratado de París de 1898, firmado el 10 de diciembre, ponía fin a la Guerra hispano-estadounidense -Desastre el 98- y daba la puntilla al Imperio ultramarino español. Mediante dicho tratado, España abandonó sus demandas sobre Cuba y declaró su independencia, y Filipinas, Guam y Puerto Rico fueron oficialmente cedidas a los Estados Unidos por 20 millones de dólares. Poco más tarde, nos caerían 100.000 dólares más por las islas Sibutú, Cagayán y Joló, olvidadas a la firma del tratado. Además, tras apoderarse de Guam de forma tragicómica y debido a las prisas por llegar a Manila (Filipinas), al capitán estadounidense Henry Glass se le “olvidó” tomar el resto de islas que formaban las Marianas y las Carolinas, y pudimos sacar 17 millones de marcos al vendérselas al Imperio alemán en 1899. Eran las últimas posesiones del Imperio ultramarino español… o puede que no.

Los archipiélagos de Os Guedes, As Coroas, O-Cea y Os Pescadores, situados en el océano Pacífico, fueron descubiertos y ocupados por los portugueses. Tras la Restauração de 1640, Portugal recuperaba la independencia de la monarquía hispánica de los Austrias y cedía los archipiélagos a nuestro país a cambio de una parte de las islas Molucas. Este conjunto y las islas de Ponape y Ascensión no se incluyeron en el tratado de 10 de diciembre de 1898 por lo que seguían siendo una posesión territorial de España.

palaos

Durante el franquismo, el diplomático del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Emilio Pastor y Santos descubrió que el Derecho Internacional amparaba a España y podía hacer legalmente una reclamación de soberanía sobre la llamada Micronesia española. A pesar del alto coste que habría supuesto ejercer su soberanía y el escaso valor estratégico y económico de aquellos simples atolones, la cuestión fue tratada el 12 de enero de 1949 en Consejo de Ministros, pero se desestimó cualquier reclamación al no pertenecer España a la ONU -no sería admitida hasta el 14 de diciembre de 1955- y por el temor a enfrentamientos con potencias como Estados Unidos o Japón.

Aunque no ha renunciado a su posesión de manera oficial, España nunca ha ejercido su soberanía sobre estos territorios ni los ha reclamado. En la actualidad, el atolón de Os Guedes, también conocido como la isla de Mapia, se encuentra bajo la jurisdicción de Indonesia; Os Pescadores (Kapingamarangi) y O-Cea bajo soberanía política de los Estados Federados de Micronesia, y As Coroas (Rongerik) bajo control de la República de las Islas Marshall.

Colaboración de Javier Ramos de Lugares con Historia.

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¿Queréis a Dante? No supisteis tenerlo vivo, no os lo daremos muerto

25 sep
25 septiembre 2014

Dante Alighieri, además del mayor poeta italiano, fue un hombre de acción, comprometido con su ciudad, Florencia, a la que amaba sobre todas las cosas y a la que terminó perdiendo para siempre. El destino ha querido que, ni después de muerto, haya podido retornar al abrigo de su patria.

Dante

A inicios del siglo XIII, la península italiana bullía en plena lucha por la hegemonía entre papado e imperio. Dante, que ocupó importantes cargos políticos en Florencia, se inclinaba por la facción “güelfa”, más cercana a los intereses pontificios, frente a los “gibelinos” que apoyaban al emperador. Las ansias expansionistas del papa Bonifacio VIII, un déspota ajeno a las tradiciones de autonomía de las ciudades italianas, acabaron por partir su propio partido, lanzando a muchos al exilio.

Dante Alighieri fue uno de ellos. Expulsado en 1302, fue condenado a muerte en rebeldía. Recorrió toda Italia, apoyando cualquier iniciativa que le permitiera regresar a su patria y cuando perdió definitivamente esa esperanza, peregrinó por las cortes que le ofrecieron hospitalidad, comprobando “cuan amargo sabe el pan que se recibe de otros”. Su última morada fue Rávena, al amparo de Guido Novello da Polenta, amigo y admirador de su obra, a quien sirvió en misiones diplomáticas hasta su muerte, en 1321. Dante fue enterrado, con los honores negados en su ciudad, en la Iglesia de San Francisco, al cuidado de los Hermanos Menores. Ni así cesaron sus enemigos de perseguirle. Su obra “De Monarchia”, apoyo de los imperiales, sostenía que la autoridad imperial era independiente del sucesor de Pedro. Sentó tan mal que el cardenal Bertrando di Poggetto prendió una hoguera en Bolonia, apenas ocho años después del fallecimiento de Dante, en la que arrojó el libro y, no contento con aquel acto simbólico, trató de conseguir similar venganza para los despojos del poeta. Afortunadamente, no lo consiguió y con el pasar del tiempo surgió un nuevo orgullo florentino que intentó reclamar, repetidas veces, los restos del poeta. Rávena, celosa de sus tesoros –y éste quizás era el más preciado-, respondió siempre con una frase que hería como zarzas los oídos de los florentinos: “No supisteis tenerlo vivo, no os lo daremos muerto”.

Estuvieron a punto de conseguirlo a principios del siglo XVI cuando un grupo de ciudadanos florentinos, capitaneados por el escultor Miguel Ángel, solicitaron ese favor del papa León X. El poderoso Médici, a quien rehusaban enfrentarse hasta los más valientes, fue derrotado por los más humildes, los Hermanos de Francisco, que ocultaron los despojos dentro de un hueco excavado en el muro. Cuando la comisión papal abrió la tumba, ésta estaba vacía y nada había para transportar al suntuoso monumento que esperaba en Florencia. Salvo tres huesos de un pie que debían haber olvidado los frailes. Las astutas autoridades ravenesas aseguraron que, indudablemente, Dante Alighieri, por sus muchos méritos, había sido autorizado por Dios mismo para reencarnarse anticipadamente. Ni eso explicaba que se hubiera dejado tres huesos del pie, ni, por supuesto, León X se tragó la historia, aunque nadie replicó la veracidad de una teoría que la Iglesia misma propugnaba.

Hubo que esperar más de un siglo, hasta 1677, para que, durante unas obras en el convento, se descubriera el esqueleto en una caja de madera con la inscripción, “Dantes ossa”. Después, el espíritu errante del poeta debió intervenir de nuevo, porque la caja volvió a ser escondida ante el temor al empuje de las tropas napoleónicas. El 27 de mayo de 1864 la caja reapareció. Dante Alighieri sigue reposando en Rávena y Florencia sigue reclamando los restos del poeta, penando por no tener muerto, lo que no supieron conservar en vida.

ver LOS CÍRCULOS DE DANTE en myLIBRETO

Una novela perfecta para aprender historia o conocer la faceta política de Dante por medio de una lectura amena y que verdaderamente engancha

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La tortilla francesa, la tortilla española y la tortilla de patatas sin patatas ni huevo

22 sep
22 septiembre 2014

Hoy voy a tratar del noble arte de la gastronomía buscando el origen de tres recetas tan sencillas como suculentas: la tortilla francesa, la tortilla de patatas o española y la tortilla de patatas sin patatas ni huevo. Antes de comenzar, me gustaría precisar que establecer el origen exacto de una receta es harto difícil. Así que, lo que voy a hacer es elaborar una teoría que puede que no sea completamente veraz pero sí verosímil.

El origen de la tortilla francesa tiene que ver con Francia pero no se creó en Francia, sino en España. En el transcurso de una guerra -en este caso acompañada de una invasión-, es normal que los alimentos escaseen y que haya que prescindir de algunos de ellos o sustituirlos por otros. Hablamos de la Guerra de la Independencia (1808-1814), cuando Napoleón quiso instalar en España su residencia de verano. En aquellos momentos, la tortilla de patatas o tortilla española -huevos con patatas, siendo la cebolla opcional- ya era uno de los platos preferidos del pueblo. Varios años sufriendo malas cosechas y el control que las tropas francesas tenían sobre los recursos, hacía muy difícil que algunos alimentos, como la patata, llegasen a las cocinas españolas. Así que, haciendo de la necesidad virtud, decidieron prescindir del preciado tubérculo y elaborar tortillas sin patatas. Esta sencilla receta se siguió elaborando años después y, sin nombre propio, comenzó a llamarse “tortilla de cuando los franceses” que derivó en “tortilla francesa“.

"El hambre en Madrid" de José Aparicio Inglada

“El hambre en Madrid” de José Aparicio Inglada

Hay diferentes teorías sobre el origen de la tortilla de patatas o española. Siguiendo con la teoría de la tortilla francesa, descartaremos la que atribuye la autoría de la de patatas a Tomás de Zumalacárregui durante las Guerras Carlistas por librarse éstas años después de la Guerra de la Independencia cuando ya hemos dicho que la tortilla española ya se degustaba. La teoría del científico del CSIC Javier López Linaje sitúa el origen de la tortilla española en la localidad extremeña de Villanueva de la Serena en el siglo XVIII. En su libro “La patata en España. Historia y Agroecología del Tubérculo Andino” hace referencia a documentos que hablan de la tortilla de patatas en esta localidad en 1798, y atribuye su invención a Joseph de Tena Godoy y al marqués de Robledo.

En los difíciles años de la posguerra española, de hambruna y cartillas de racionamiento, el dicho “el hambre agudiza el ingenio” se hizo demasiado popular. Las cartillas de racionamiento, vigentes hasta 1952, eran de tres clases dependiendo del poder adquisitivo. Aunque su contenido podí­a variar, con estas cartillas se tení­a derecho a 125 gramos de carne, 1/4 litro de aceite, 250 gramos de pan negro, 100 gramos de arroz, 100 gramos de lentejas o garbanzos, un trozo de jabón y un huevo. Lógicamente la cantidad de comida era insuficiente y la gente tení­a que buscarse la vida. Los gatos se degustaban por liebres (“dar gato por liebre”), patatas a lo pobre, patatas al Avión (patatas hervidas con laurel y un toque de colorante marca “el Avión”), leche aguada, guisos de castañas y bellotas, achicoria por café… Pero la más curiosa de las nuevas recetas fue la tortilla de patatas sin patatas ni huevos. Así se elaboraba…

La parte blanca de las naranjas situada entre la cáscara y los gajos (albedo) se apartaba y se poní­a en remojo a modo de patatas cortadas. Los huevos eran sustituidos por una mezcla formada por cuatro cucharadas de harina, diez de agua, una de bicarbonato, pimienta molida, aceite, sal y colorante para darle el tono de la yema.

Imagen: fotoMadrid

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La aventura colonial en Panamá que aceleró la pérdida de la independencia de Escocia

18 sep
18 septiembre 2014

Hoy se celebra el referéndum en el que los escoceses van a decidir si quieren la independencia del reino de Escocia o siguen manteniendo su status de nación constituyente y región administrativa del Reino Unido de Gran Bretaña. Vamos a echar la vista atrás hasta el siglo XVII.

Escocia

El protagonista de esta historia fue el escocés William Paterson, fundador del Banco de Inglaterra en 1694. Este banquero fue el padre del proyecto Darién, que pretendía establecer una colonia comercial en Panamá. Con el beneplácito del gobierno escocés creó la Company of Scotland Trading to Africa and the Indies (Compañía de Darién) y obtuvo el monopolio del comercio con Asia, África y América, así como la potestad de establecer colonias. Los intereses de la Compañía de Darién chocaban de frente con la todopoderosa East India Company inglesa, por lo que el gobierno inglés trató de torpedear la expedición a Panamá. Así que, Paterson tuvo que recurrir al capital privado y logró obtener el dinero suficiente para fletar 5 barcos y poner rumbo a Centroamérica.

En 1698 partían los cinco barcos (Caledonia, Saint Andrew, Unicorn, Endeavolur y Dolphin) desde Leith con un contingente de 1.200 personas entre los que había religiosos, marinos, soldados, comerciantes, agricultores… Tras una travesía de 3 meses y medio llegaban a lo que ellos bautizaron como “Nueva Caledonia” (Caledonia era el nombre latino de Escocia), concretamente a la región del Darién, una barrera natural entre Panamá y Colombia. En  aquella zona zona selvática, rodeada de un cenagal infectado de mosquitos, de difícil acceso y con escasas provisiones, sólo tenían dos opciones: comerciar con los nativos o pedir ayuda a las colonias inglesas. Los nativos poco o nada les ofrecieron y las colonias inglesas había recibido la orden del rey de no ayudar a los escoceses. Tras 8 meses de hambre, enfermedades y acoso de los españoles… abandonaron la colonia y partieron hacia Nueva Inglaterra (hoy EEUU).

Pese a las noticias que llegaban a Escocia, se envió otra expedición que llegó a Nueva Caledonia en noviembre de 1699. Los españoles comprendieron que tal insistencia hacia peligrar su dominio en la zona, además Nueva Caledonia estaba situado entre la colonia española de San Andrés y el principal puerto del Caribe, Portobelo. Así que, se envió una expedición militar para echar definitivamente a los escoceses. A comienzos de 1700 los escoceses abandonaban su sueño colonizador.

Esta expedición estaba condenada al fracaso: los españoles no iban a permitir un colonia escocesa en mitad de sus dominios y los ingleses ni querían enfrentarse a España ni veían con buenos ojos las pretensiones imperialistas. Se perdieron más de 2.000 vidas y, además, la economía escocesa quedó tocada… lo que facilitó que en 1707 se firmara el Acta de Unión por la que Escocia perdía su independencia y pasaba a integrar Gran Bretaña.

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Besa, el código de honor albanés que salvó a cientos de judíos en la Segunda Guerra Mundial

16 sep
16 septiembre 2014

En estos días en los que el fanatismo religioso está demostrando lo miserable que pueden llegar a ser los llamados animales racionales -nada nuevo bajo el sol-, os traigo esta historia en la que las diferencias religiosas quedan a un lado para dejar paso a valores como el honor, la solidaridad, la compasión… y todo eso precisamente es Besa. [Besa e shqiptarit nuk shitet pazarit, el honor de un albanés no puede ser vendido o comprado en un bazar]

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Albania era una monarquía dependiente económica y militarmente de Italia. Así que, cuando los italianos la ocuparon y el rey Zog I huyó -eso sí, con todo el oro que pudo-, apenas cambiaron las cosas. En estas fechas, el número de judíos en Albania apenas llegaba a los 200… cuando terminó la guerra eran más de 3.000. Los judíos que huían de los países ocupados por los nazis encontraron refugio en Albania… un país de mayoría musulmana. Los organismos gubernamentales proporcionaron documentación falsa a las familias judías que les permitía entremezclarse entre el resto de la población y los albaneses proporcionaron sus casas y sus escasos recursos para acogerlos.

Las cosas se complicaron en 1943 cuando fueron los nazis los que, a petición de Mussolini, tomaron Albania. Al igual que hicieron en el resto de la Europa ocupada, los nazis solicitaron a las autoridades locales los listados de los judíos residentes en el país… pero obtuvieron un no por respuesta. ¿Por qué un país de mayoría musulmana se implicó en salvar a los judíos poniendo en juego su propia vida?

No hicimos nada especial. Es Besa -así responden los albaneses- .

Según el profesor Saimir Lloja, de la Asociación de Fraternidad Albano-Israel,

Besa es la regla de oro, es un código moral, una norma de conducta social, además de una antigua tradición.[...] Besa se trata, en esencia, de no ser indiferentes ante alguien que sufre o es perseguido. Es una autoexigencia moral que le pide a cada albanés que viva honestamente y que -llegado el caso- también se sacrifique.

Alí Sheqer Pashkaj, fotografiado por Norman Gershman. Su padre, también llamado Alí, salvó al joven judío Yasha Bayuhovio, de sombrero mexicano en una de las fotos

Alí Sheqer Pashkaj, fotografiado por Norman Gershman. Su padre, también llamado Alí, salvó al joven judío Yasha Bayuhovio, con sombrero mexicano en una de las fotos

Herman Bernstein, embajador de Estados Unidos a Albania en los años 30, escribió:

No hay rastro de ningún tipo de discriminación contra los judíos en Albania [...] Albania ha pasado a ser un lugar raro en Europa hoy en día, donde no existe el odio ni los prejuicios religiosos, a pesar de que los albaneses mismos están divididos en tres religiones.

Fuentes: eSefarad, WebIslam

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