En cualquier momento, en cualquier momento mientras fui una esclava, si me hubieran ofrecido un minuto de libertad, y me hubieran dicho que debía morir al final de ese minuto, lo habría tomado, solo por saber cómo era ser libre – Elisabeth Freeman


Elisabeth, hija de esclavos de la granja de Pieter Hogeboom en Claverack, Nueva York (EE.UU), nació alrededor de 1744 y la bautizaron con el nombre de Bett. Cuando la hija de Hogeboom, Hannah, se casó con John Ashley, un rico terrateniente del condado de Sheffield, Massachusetts (EE.UU), su padre les “regaló” a Bett.

Elisabeth Freeman

Aunque trabajadora y diligente durante toda su vida, tenía que hacer de tripas corazón para no estallar ante el trato vejatorio que Hannah dispensaba a los esclavos, hasta que un día no pudo más y tuvo que intervenir. Llegó a la cocina y se encontró a Hannah Ashley gritando a una esclava, apenas una adolescente, y blandiendo un recogedor de brasas metálico. Corrió hacia ella para protegerla y levantó su mano para detener el golpe que impactó violentamente en su brazo, rompiéndolo y abriendo una profunda herida. Bett salió corriendo y juró que nunca más volvería a aquella casa.

Elisabeth Freeman

Bett tenía claro cuál iba a ser su siguiente paso. En las reuniones que tenía su amo con otros terratenientes de la zona, también propietarios de esclavos, había notado la preocupación por la aprobación de la Constitución de la Comunidad de Massachusetts (1780), sobre todo por su artículo primero:

Todos los hombres nacen libres e iguales, y tienen ciertos derechos naturales, esenciales e inalienables entre los que se pueden contar el derecho a disfrutar y defender sus vidas y libertades…

Aunque analfabeta, Bett entendía perfectamente lo que aquellas palabras significaban: ella también era libre. Tras el incidente con su ama, huyó a la cercana ciudad de Stockbridge y se dirigió a la casa del abogado Theodore Sedgwick, un conocido abolicionista y futuro senador de los EE.UU., para pedirle que le representara en una demanda contra su amo para conseguir la libertad. Sedgwick era la persona adecuada, ya llevaba un tiempo preparando una causa legal contra la práctica de la esclavitud y Bett le dio el empujón definitivo. Durante este tiempo, Bett se alojó en la casa de Sedgwick y aunque la herida del brazo ya había curado ella trataba de llevar la manga subida para mostrar la cicatriz. Junto al caso de otro esclavo llamado Brom, el 21 de agosto de 1781 se presentó la demanda ante el Tribunal de Causas Comunes de Massachusetts -el caso Bett y Brom vs. Ashley-. Lógicamente, con la nueva normativa se falló a favor de los demandantes y Bett se convirtió en la primera mujer afroamericana en ser liberada. Además, este caso sirvió como precedente en la Corte Suprema para poner fin a la práctica de la esclavitud en Massachusetts.

Casa de John Ashley

Bett y Brom fueron liberados y recibieron 30 chelines por daños. John Ashley le suplicó a Bett que regresara a su casa como sirvienta pagada, pero ella se negó. Como mujer libre, Bett se cambió el nombre por el de Elizabeth Freeman. Trabajó como empleada de hogar e institutriz de los hijos de Sedgwick -los niños la llamaban cariñosamente Mum Bett (Mamá Bett)- hasta 1808, cuando tuvo el dinero suficiente para comprarse una casa en Stockbridge.

Elizabeth Freeman murió el 28 de diciembre de 1829 a los 85 años.