Prácticamente a la vez que Marco Polo llegaba a China, un monje chino de origen mongol, Rabban Bar Sauma, emprendía un viaje que acabaría llevándole a recorrer Bizancio y la Europa medieval y a conocer emperadores, papas y reyes. Desde el Pekín dominado por los mongoles hasta la Francia de los Capetos, Bar Sauma fue testigo de la erupción del Etna y de la elección de un papa, conoció al emperador del Imperio bizantino y pactó alianzas entre el Imperio mongol y el rey de Francia. Su fascinante historia, plasmada en un diario de viajes, quedó olvidada durante siglos debido a la expansión del Islam.

Viaje de Rabban Bar Sauma

Viaje de Rabban Bar Sauma

En la China de Kublai Khan

Rabban Bar Sauma nació hacia 1220 en Pekín, aunque entonces esta ciudad no se llamaba así sino por su nombre mongol, Khanbaliq, según Marco Polo “la ciudad más grande, más hermosa y próspera del mundo“. Era la capital del gran Imperio mongol, un imperio que en esa época dominaba más de la cuarta parte de la población mundial. Los mongoles habían llegado unos años antes a Zhongdu, la capital china de la dinastía Jin, destruyéndola por completo. Gengis Khan había atravesado la Gran Muralla al frente de un ejército de cien mil mongoles a través del paso fortificado de Juyongguan y, de hecho, en esta época aún no habían terminado su conquista de China, que sería completada por Kublai Khan, nieto de Gengis Khan, años después. El caso es que el Gran Khan ordenó reconstruir Zhongdu y establecer allí la capital de la China de los Yuan, la dinastía de los mongoles: Khanbaliq, “la ciudad del Khan”. En ese lugar y esa época nació Bar Sauma, quien más tarde, como monje nestoriano, adquiriría el título de Rabban, “Maestro”.

Viaje a Jerusalén

Bar Sauma vivió como monje desde los veinte años hasta que, empujado por los deseos de su joven discípulo Rabban Marcos de peregrinar a Tierra Santa y conocer los lugares sagrados del cristianismo, emprendió el viaje a Jerusalén. Imaginad lo que era para dos monjes ascetas en el siglo XIII realizar un viaje de Pekín a Jerusalén: más de siete mil kilómetros a través de Asia bordeando el desierto del Gobi y atravesando los altiplanos del Himalaya a través del gran Ilkanato, en guerra continua con la Horda de Oro y el Kanato de Chagatai. Se trataba de una aventura sin precedentes en la época.

Sin embargo, contaron con la inestimable ayuda de las caravanas que atravesaban la Ruta de la Seda y del propio Kublai Khan, que apoyó el viaje de los dos monjes con una provisión de fondos y los salvoconductos necesarios. No conocemos la fecha exacta de su partida, pero sí sabemos que en 1266 llegaron al Ilkanato de Persia, donde se encontraron con el Patriarca de la Iglesia del Este en Bagdad. Curiosamente muy pocos años después un comerciante veneciano, Marco Polo, viajaría en dirección contraria hasta la corte de Kublai Khan. Ambos viajeros nunca se conocieron. Y en Bagdad su viaje se retrasó tanto que, al morir el Patriarca cinco años después, Bar Sauma fue nombrado su sucesor. Así que ambos monjes se pusieron en marcha a la corte de Abaqa Khan, el gobernador del Ilkanato, para que confirmara la designación. Una decisión que cambió su destino para siempre, ya que al llegar a la corte Abaqa acababa de fallecer y le había sucedido su hijo, Arghun Khan. Y el nuevo Ilkán tenía planes muy diferentes para los dos monjes.

Rumbo a Europa

Arghun Khan quería establecer una alianza entre el Ilkanato y la Europa cristiana contra el enemigo común: los mamelucos. Y Rabban Bar Sauma era la persona adecuada para ello: era cristiano (nestoriano), hablaba persa, que era una lengua hablada por los comerciantes que hacían la Ruta de la Seda, también los europeos, y además era una persona de la confianza de los asesores del Ilkán. Y así fue como en 1287 Rabban Bar Sauma emprendió un viaje a Europa que lo llevaría a ser el primer viajero chino en pisar la Europa medieval. Acompañado de un pequeño séquito y llevando cartas del Ilkán de Persia para el emperador bizantino, el Papa y los reyes de Francia e Inglaterra, a sus 67 años atravesó Armenia y embarcó para atravesar el mar Negro y llegar a Constantinopla. Allí se entrevistó con el emperador Andrónico II, quien le manifestó buena voluntad pero ninguna promesa de alianza. Tras un breve paso por la capital bizantina, donde visitó la bellísima basílica de Hagia Sofía, embarcó rumbo a Italia para completar la segunda etapa de su viaje: entrevistarse con el Papa Honorio IV

Rabban Bar Sauma

Rabban Bar Sauma

En Europa Occidental

Su ruta por el Mediterráneo le llevó a la isla de Sicilia, donde se encontraba cuando el Etna entró en erupción el 18 de junio de 1287. No sólo fue testigo de este suceso en la isla sino que, seis días después, también pudo ver la gran batalla naval en la bahía de Sorrento entre las flotas de Carlos II de Nápoles y de Jaime II de Aragón, rey de Sicilia, durante el conflicto de las Vísperas sicilianas. Unos días después atracó en Nápoles y, mientras se dirigía a Roma por tierra, supo de la muerte del Papa Honorio IV, que había fallecido dos meses antes. Aún así decidió dirigirse a Roma, donde llegó en mitad de una epidemia de peste, y se reunió con los pocos cardenales que se hallaban en la ciudad para el cónclave y que no habían muerto o huido ante la enfermedad (el de 1287-1288 fue el cónclave más mortífero de la historia, con seis de los dieciséis electores muertos). Sin embargo, éstos parecían menos interesados en su misión diplomática que en sus creencias (el nestorianismo había sido declarado herejía en occidente en el siglo V, en el Concilio de Éfeso), y cuando el debate se puso tenso Bar Sauma cambió su discurso de monje por el de diplomático, pidiendo permiso para continuar su viaje tras visitar Roma.

Así continuó el sabio nestoriano hacia Francia a través de los Alpes, y tan pronto como las noticias llegaron a oídos de Felipe IV envió tropas que lo escoltasen hasta París, donde conoció al joven rey (Felipe el Hermoso contaba entonces con veinte años de edad) y le entregó los regalos enviados por el Ilkán, joyas y sedas persas. Felipe IV era joven e impetuoso, pero no estúpido, y tras recibir a Bar Sauma con todos los honores y manifestando su voluntad de alianza con el Ilkanato le expuso la situación en Francia que le obligaba a luchar para mantenerse en el trono por la oposición política local, haciéndole ver lo imprudente que en su situación sería enviar tropas a lugares tan lejanos y le asignó un noble para que le acompañara en su viaje de regreso a territorio mongol. En pocas palabras, también le dio largas.

Extracto de la carta de Arghun Khan a Felipe IV

Extracto de la carta de Arghun Khan a Felipe IV

Así que de nuevo Bar Sauma retomó su viaje habiendo recibido muy buenas intenciones pero sin alianzas concretas. Pero antes de salir de Francia se dirigió a Gascuña, feudo entonces de la corona de Inglaterra, donde se reunió con Eduardo I en su castillo de Burdeos. Allí Eduardo Piernas Largas se sintió halagado de recibir a tan alto dignatario… y le manifestó su imposibilidad de alianza debido a las guerras en Gales y las revueltas en Escocia. Tras la negativa del rey de Inglaterra, a Bar Sauma ya sólo le quedaba pendiente la entrevista con el Papa.

Tras el invierno la epidemia de peste en Roma había remitido, y los cardenales supervivientes habían elegido en cónclave al nuevo papa, Nicolás IV, el primer papa franciscano de la historia. Nicolás IV recibió a Rabban Bar Sauma en Roma en marzo de 1288, entregándole una carta para el Ilkán donde le manifestaba su deseo de retomar Tierra Santa… algo que desgraciadamente no estaba en sus manos. El papado ya no era tan fuerte como un siglo atrás, y Nicolás IV no contaba con poder el político necesario para unir a los reyes europeos en una Santa Cruzada. Y así, con promesas y voluntades pero ninguna alianza, Rabban Bar Sauma emprendía el viaje de vuelta a Bagdad con las manos vacías, tras haber sido el primer diplomático oriental en entrevistarse con papas y monarcas europeos.

Muerte y olvido

Arghun Khan, sin embargo, se manifestó satisfecho con el resultado del viaje, quizá esperando que las promesas de alianza contra los mamelucos en Tierra Santa se materializaran más adelante. Eso, claro está, nunca ocurrió. El Ilkán murió en 1291 sin haber atacado Jerusalén. Rabban Bar Sauma, por su parte, se trasladó al monasterio de Maraghe, en el norte de Persia, donde invirtió los años que le quedaban en llevar una vida sosegada y en escribir el relato de sus maravillosos viajes. Allí murió en 1294, a la edad de 74 años, sin haber regresado a su tierra natal.

La consolidación y el auge del Islam, sin embargo, llevó a un rápido declive de la iglesia nestoriana en Asia, que prácticamente desapareció durante el siglo XIV, sobre todo debido a las conquistas genocidas de Timur Lenk, más conocido en Occidente como Tamerlán. Y la historia de Rabban Bar Sauma, el primer viajero chino en la Europa medieval, cayó en el olvido durante siglos.

Epílogo

En el siglo XIV, en la época de las conquistas de Tamerlán, el patriarca de la Iglesia del Este se refugió junto con algunos de sus seguidores en las montañas de Hakkari, en la parte oriental de Anatolia, lo que hizo que recibiera el nombre de “Patriarcado de las Montañas”. Allí establecieron su sede, fundando la pequeña ciudad monástica de Qodshanes. En la pequeña biblioteca de Qodshanes se encontraron a finales del siglo XIX, entre los apenas sesenta volúmenes que la conformaban, dos libros únicos. Uno de ellos era la única copia superviviente conocida del hasta entonces desaparecido Liber Heraclidis, escrito en el siglo V por Nestorio, el obispo de Constantinopla fundador de la doctrina del nestorianismo, el otro era un manuscrito autobiográfico del siglo XIII de un personaje olvidado hacía siglos. Su título era Historia de Rabban Bar Sauma.

Colaboración de Enrique Ros de Apuntes de Historia