La irrupción de Podemos como la cuarta fuerza más votada en las pasadas elecciones europeas, algo que para muchos era un hecho puntual y simplemente una advertencia a los partidos clásicos, ha ido tomando cuerpo hasta convertirse en una amenaza real para los “partidos de la casta” según todas las encuestas de intención de voto. Pretenden, entre otras muchas cosas, quitar el bastón de mando a los poderosos y devolvérselo al pueblo, asegurar los derechos básicos como el trabajo y el hogar… algo que ya intentaron los Gracos en el siglo II a.C.

Los Gracos

Dejando a un lado su origen -hijos del cónsul Tiberio Graco y de Cornelia, hija de Escipión el Africano-, tanto los hermanos Graco (Tiberio y Cayo), formados en el mundo de las letras, la filosofía y la política, como los representantes de Podemos, con carreras universitarias y algunos de ellos docentes, tenían/tienen, a priori, la capacidad y la formación necesarias para poder aportar algo dentro de la sociedad que les tocó vivir. Ambos, optaron por el camino más difícil: los Gracos defendiendo al pueblo como Tribunos de la plebe frente a los aristócratas -siendo, recordemos, de una familia patricia- y Podemos partiendo de cero creando su propia formación política.

Las conquistas de nuevas tierras y el trabajo gratuito de los esclavos, hicieron que el precio del trigo cayese hasta el punto de que los pequeños y medianos agricultores de Roma no pudieron competir. Ante aquella desesperada situación, se vieron obligados a vender sus pequeñas explotaciones y todo quedó en manos de unos pocos latifundistas (la mayoría de ellos miembros del Senado). Incluso muchos esclavos llegados a Roma ocuparon los puestos de los artesanos. La República, una sociedad eminentemente agrícola, estaba perdiendo a los ciudadanos libres que trabajaban sus tierras y que en tiempos de guerra se convertían en la base de sus legiones, para convertirlos en sin techo –recordemos nuestros desahucios– o, con suerte, en asalariados de los latifundistas por unas monedas –los actuales contratos basura-. Así que, el cambio de aquella sociedad decadente y corrupta –¿os suena de algo?– pasaba por una reforma agraria que devolviese el poder al pueblo y le asegurase un trabajo y un hogar.

En 133 a.C., como Tribuno de la plebe, Tiberio Graco llevó al Senado su lex agraria basada en la prohibición de acumulación de tierras y, sobre todo, en la devolución de las tierras públicas (ager publicus) vendidas o arrendadas a particulares, por la misma cantidad pagada más una pequeña compensación, que serían divididas en lotes y repartidas entre los ciudadanos pobres de Roma con la condición de no venderlas y el pago de un pequeño tributo a las arcas del tesoro.

Los animales del campo y los pájaros del cielo tienen cuevas y nidos donde refugiarse, pero los hombres que pelean y mueren por Roma solo tienen luz y aire. […] Vosotros lucháis y dais vuestras vidas para que otros naden en la riqueza y el lujo. A vosotros os llaman los amos del mundo, pero no poseéis siquiera una pequeña porción de tierra. Tiberio Graco.

Lógicamente, los miembros del Senado, en manos de quien estaban la mayor parte de las tierras, se oponían a estas medidas. Las dos facciones que se formaron, Tiberio y el pueblo contra el Senado y la aristocracia, trataron de utilizar todo tipo de artimañas políticas para conseguir sus objetivos. Terminando su mandato anual, y viendo que sus reformas se iban a quedar en papel mojado, decidió jugarse el todo por el todo: presentó su candidatura a un segundo mandato como Tribuno de la plebe (ilegal por la Lex Villia Annalis promulgada en el 180 a.C. que establecía las edades mínimas requeridas para los diferentes magistrados y el intervalo necesario de diez años entre dos magistraturas para repetir en el cargo). El día de las votaciones, Tiberio y cientos de sus partidarios fueron asesinados a golpes y su cuerpo arrojado al Tíber. A pesar de todo, y viendo lo que le había ocurrido a su hermano, Cayo Graco siguió el camino reformista emprendido por su hermano también como Tribuno de la plebe en 124 a.C. Pero fue más inteligente: además de la reforma agraria, introdujo otra serie de medidas, encaminadas a ganarse a los más ricos y poderosos, como la concesión de obras públicas y el establecimiento de nuevas colonias para incentivar el comercio. De esta forma, tuvo más recorrido y consiguió mantenerse en el cargo durante dos mandatos consecutivos (esta vez, con el favor de los poderosos no hubo problemas con la “ilegalidad”). Pero cuando quiso presentarse a su tercer mandato, todo cambió. El Senado veía que estaba perdiendo poder y acusó a Cayo de querer ejercer como dictador acaparando el poder… y volvieron los enfrentamientos entre partidarios de unos y otros. Cuando iba a ser linchado, ordenó al esclavo Filócrates que le quitase la vida, suicidándose éste más tarde.

Muerte de Cayo

Muerte de Cayo

Ambos murieron de forma violenta defendiendo sus ideas reformistas contra una sociedad decadente y corrupta. Podemos, que no morirá de forma violenta, llegará hasta donde queramos los españolitos de a pie… y hasta donde les dejen. Sólo falta saber qué harán llegado el momento, porque una cosa es ver los toros desde la barrera y otra bajar al ruedo.

Fuentes e imágenes: Imperivm, Wikipedia