Cuando decimos la palabra “maratón”, inmediatamente nos viene a la cabeza la imagen del pobre Filípides echando el pulmón ante los atenienses tras la famosa batalla contra los persas. No hay duda de que realizó toda una heroicidad, tanto si recorrió los 40 km de la versión oficial como los 240 km que le atribuye Heródoto. Pero ya antes de los griegos, hubo aficionados al deporte pedestre, tanto por razones religiosas, como los faraones egipcios que realizaban carreras ceremoniales (no demasiado largas, eso sí), como por afición al deporte en sí.

Y es en este último grupo, el de los amantes al deporte, donde encontramos el caso más antiguo conocido de un récord de ultramaratón. Y tiene bastante mérito, pues el protagonista es un rey. Se trata del segundo monarca de la III Dinastía de Ur, también conocida como período neosumerio o “renacimiento sumerio”, y su nombre es Shulgi (2094-2047 AC). Parece ser que, además de gran general, constructor de zigurats y legislador, era un hombre que se conservaba en muy buena forma física, lo que resulta gracioso pues los artistas modernos casi siempre lo representan con michelín cervecero.

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Shulgi ante el zigurat de Ur

Se ha conservado un poema-oración, escrito en su honor, en el que se define a sí mismo como un gran practicante del deporte con frases como: “soy un hombre poderoso que disfruta del uso de sus piernas”, o “yo, el corredor rápido, llamé a mi fuerza y para probar mi velocidad, mi corazón me llevó a hacer un viaje de regreso a Nippur”. Incluso, el poema describe al rey arrollándose “una faja en los lomos” y moviendo los brazos como “una paloma huyendo de una serpiente” y las piernas como “el ave Anzu levantando su mirada sobre las montañas”, lo que nos hace pensar en el uso de técnicas de carrera ya en una época tan remota. Acto seguido, los versos narran cómo el rey realiza un recorrido desde la ciudad de Nippur hasta Ur. La distancia entre ambas es de unos 160 km. No sabemos la hora a la que salió de Nippur, pero por lo visto llegó a Ur antes de que cayera la oscuridad. Allí cumplimentó al dios Nannar, se bañó, cenó y durmió, saliendo de nuevo a primera hora de la mañana en dirección a Nippur con fuerte lluvia y viento racheado. Obviamente, la carrera no fue campo a través, sino por las carreteras de la época. Aunque no sabemos la hora a la que partió de Nippur al comienzo de la hazaña, se ha calculado que pudo haber hecho esos 320 km en un tiempo total de unas 30 horas (sumando ambos trayectos).

No está nada mal para ser un rey. Por desgracia para él, aunque los sumerios disfrutaban de la cerveza, incluyendo la variedad negra, la Guinness aún no había sido fundada.

Colaboración de Joshua BedwyR autor de  En un mundo azul oscuro Imagen: deviantART

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