El más famoso de los incendios que devastó Roma fue el del año 64 d.C. en tiempos de Nerón. La leyenda sitúa al emperador Nerón en su palacio en el monte Palatino (unas de las siete colinas de Roma) contemplando el incendio y tocando su lira -y digo tocando que no logrando sacar de ella algo parecido a la música-. Roma ardió durante cinco días y los cristianos fueron acusados y perseguidos como responsables. Recomiendo la película Quo Vadis (1951) y la genial interpretación de Peter Ustinov en el papel Nerón.

incendio Roma

Los incendios eran muy frecuentes en la ciudad de Roma. Una urbe densamente poblada (unos 800.000 habitantes en el siglo I), con mucho material inflamable (paja, madera, telas, etc.), iluminación con teas y lámparas de aceite, callejuelas estrechas pobladas de tenderetes… y para hacerles frente unos cuantos esclavos situados en puntos estratégicos de la ciudad para sofocar los fuegos con cubos de agua. Las consecuencias eran terribles. Así que, tras el incendio del año 6 d.C., el emperador Augusto decidió sustituir este sistema, totalmente ineficaz, creando un cuerpo de vigiles (vigilantes) que hoy podríamos llamar el primer cuerpo de bomberos profesionales de la Historia. El cuerpo de vigiles estaba formado por los aquarii (aguadores), siffonarii (manejaban las bombas de agua llamadas sipho) y los uncinarii (con lanzas provistas de ganchos hacían los derribos controlados del inmueble quemado). Pero hubo otro cuerpo de bomberos privado y poco profesional bajo las órdenes de Marco Licinio Craso.

Marco Licinio Craso

En 60 a.C. se constituyó una alianza política en Roma, llamada Primer Triunvirato, formada por Pompeyo, Julio César y Craso. Los dos primeros aportaban su prestigio ganado en el campo de batalla y Craso aportaba… ser el hombre más rico de Roma. Entre los múltiples negocios en los que Craso se embarcó los hubo legales, ilegales y miserables, como hacer negocio con los frecuentes incendios de la urbe. Craso creó un cuerpo de bomberos privado que, lógicamente, acudían a sofocar los incendios pero, y aquí está el negocio, sólo intervenían cuando los propietarios de los inmuebles afectados aceptaban venderle su propiedad a Craso. Claro está que a un precio irrisorio. Ante la disyuntiva de quedarse sin nada o aceptar unos cuantos sestercios y poder recuperar parte de sus bienes, firmaban la venta. Los bomberos sofocaban el incendio y Craso adquiría terrenos donde construir nuevos edificios a bajo precio. Incluso se pensó que también tenía un cuerpo de pirómanos.

Para saber el fin de Craso… ¿Qué fue de la legión perdida?