Las Guerras Médicas fueron una serie de conflictos entre el Imperio Aqueménida de Persia y las ciudades-estado del mundo helénico que comenzaron en 499 a.C. y se extendieron hasta 449 a.C, y cuyo pistoletazo de salida fue un tatuaje en la cabeza.
Darío I el Grande fue el tercer rey de la dinastía aqueménida de Persia desde el año 521 al 486 a.C., heredó el Imperio persa en su cénit, que entonces incluía Egipto, el norte del subcontinente indio y partes de Grecia pero los escitas, nómadas que ocupaban la región euroasiática desde el Danubio hasta las costas septentrionales del mar Negro, todavía seguían siendo una amenaza en la frontera septentrional. Así que, construyó un puente para cruzar el río Istros (Danubio) y se plantó en Escitia con un poderoso ejército. Ante la manifiesta inferioridad numérica, los escitas evitaron enfrentarse a los persas directamente y jugaban con ellos al gato y al ratón. Darío, cansado de aquella estrategia, decidió retirarse…. pero los griegos habían decidido destruir el puente y dejar aislados a los persas. Sólo la intervención de Histieo, tirano de Mileto, lo evitó. No por simpatía con los persas sino porque todavía no estaban preparados para enfrentarse a ellos.
Como muestra de agradecimiento, Darío se llevó a Histieo como consejero personal. Histieo sabía que no podía negarse pero consiguió que Darío nombrase a Aristágoras, familiar suyo, nuevo tirano de Mileto. Se ganó la confianza del rey persa cumpliendo su papel a la perfección y, además, le sirvió para conocer las debilidades de su enemigo. Cuando llegó el momento de levantarse en armas contra los persas, Histieo debía comunicarse con Aristágoras pero ¿cómo hacerlo sin que el mensaje fuese interceptado?
Le rapó la cabeza a un esclavo y le tatuó el mensaje:
Histieo a Aristágoras: subleva Jonia
Cuando al esclavo le creció el pelo para que el mensaje estuviese oculto lo envió a Mileto… era el momento. Aristágoras, tras volverle a rapar la cabeza y leer el mensaje, se dirigió a Esparta y Atenas para que se uniesen a la causa griega pero sólo Atenas aceptó. Mileto y Atenas habían iniciado las hostilidades que desembocarían en las Guerras Médicas.
Fuentes e imágenes: La campaña de Darío contra los escitas, Cuéntame una Historia – Carlos Goñi
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