Archive for month: junio, 2012

Sobrevivir a dos explosiones nucleares.

28 jun
28 junio 2012

Uno de esos momentos de la historia que será difícil de borrar son los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki en Japón; la única vez que se ha hecho uso de armas nucleares y que debería ser suficiente para que sea el último. Terminada la guerra en Europa, los presidentes de EEUU, Reino Unido y China – Harry Truman, Winston Churchill y Chiang Kai-Shek respectivamente – emiten un ultimátum a Japón, en la llamada Declaración de Potsdam, con las condiciones de su rendición. Japón lo ignoró y, como advertía el comunicado, tuvo que hacer frente a “una rápida y total destrucción”.

Little Boy fue lanzada sobre la ciudad de Hiroshima el 6 de agosto de 1945 y Fat Man sobre Nagasaki el 9 de agosto. Durante los primeros meses se calcula que el número de fallecidos, por múltiples circunstancias, fue de más de 100.000 personas en Hiroshima y alrededor de 70.000 en Nagasaki. El 2 de septiembre, Japón firmaba el Acta de Rendición a bordo del USS Missouri. A pesar del terrible número de víctimas en el mismo día del lanzamiento de las bombas, en ambas ciudades, hubo algunos casos de japoneses que sobrevivieron a las dos bombas… fueron los llamados nijyuu hibakusha.

Little Boy y Fat man

Se cree que hubo unas 165 personas que sobrevivieron a ambas bombas, pero el caso más conocido, por un libro y el documental Niju Hibaku (Dos veces bombardeado), fue el de Tsutomu Yamaguchi, reconocido como el único superviviente oficial de las dos explosiones que falleció en 2010 a los 93 años. Tsutomu Yamaguchi era un diseñador de barcos de la Mitsubishi Heavy Industries que se encontraba en Hiroshima por temas de trabajo. Aunque sufrió algunas quemaduras, su obsesión era comunicarse con su familia pero no había posibilidad, así que en cuando obtuvo el permiso para abandonar la ciudad, el 8 de agosto, regresó a su casa: Nagasaki. Al día siguiente, se incorporó a su trabajo y, mientras explicaba a sus compañero la experiencia vivida… volvió a ser testigo de otra masacre.

Tsutomu Yamaguchi

Tras la guerra muchos periodistas intentaron localizar a los nijyuu hibakusha pero, a pesar de los afortunados que fueron, sólo pudieron localizar a un puñado de ellos. Muchos sufrieron secuelas psicológicas que les traumatizaron y no querían hablar de aquellos fatídicos días y, además, la sociedad, todavía ignorante de las consecuencias de la radicación, desconfianza de ellos por miedo al contagio. No fue hasta el incidente en el atolón Bikini, en 1954, donde un atunero japonés, el Daigo Fukuryu Maru, fue contaminado por la radiación causada por la explosión de un bomba de hidrógeno de los EEUU, cuando las autoridades japonesas tomaron conciencia de este problema y aprobaron una ley que proporcionaba atención médica gratuita para los afectados por las bombas atómicas.

Cuando Tsutomu Yamaguchi perdió a su hijo por un cáncer en 2005, a la edad de 59 años, hizo pública su historia.

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El primero que se atrevió a caricaturizar a Hitler

26 jun
26 junio 2012

Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, loss aliados (Francia, Gran Bretaña y EEUU) impusieron a Alemania la reducción del número de efectivos de su ejército y de armamento, concesiones territoriales y, sobre todo, cuantiosas indemnizaciones económicas que sumieron a Alemania en una profunda crisis agudizada por la emisión de grandes cantidades de dinero, sin ningún tipo de control, que produjeron un incremento brutal de los precios. En aquellos años comienza a destacar el pintor berlinés George Grosz por la fiel representación, con trazos simples pero contundentes, del horror de la guerra y el desplome moral de la sociedad alemana tras la derrota.

A comienzos de los años 20, el discurso del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (Partido nazi), utilizando las duras condiciones impuestas a Alemania, comienza a ganar adeptos, hasta el punto de intentar un golpe de Estado el 8 de noviembre de 1923 en Múnich (Putsch de Múnich o Putsch de la Cervecería). El fallido golpe llevó a prisión a varios dirigentes nazis, Adolf Hitler y Rudolf Hess entre ellos. El caso es que George Grosz ya le debió ver las orejas al lobo porque ese mismo año ya caricaturizó a Hitler en su obra Siegfried Hitler (1923). En ella se mofa de Hitler representándolo como Siegfried, la figura legendaria de las leyendas germánicas… con la esvástica tatuada en el brazo.

Siegfried Hitler

Alguien que, como George Grosz, no escarmienta es Francisco Navarro (gasolinero), pues ha decidido editar la tercera entrega de los relatos publicados en el blog Yo tuve el ombligo frío bajo el título El Café de la Glorieta y otros relatos. Además, don Francisco, porque es de los que se merece llevar el “don” delante, ha decidido donar los beneficios, tanto en formato digital como papel, a Cáritas Interparroquial de Tomelloso, con la esperanza, como él dice, de que este mero ejercicio caligráfico sirva, al menos, para un plato de sopa caliente y reparadora, tanto para el cuerpo como para el espíritu, de quien lo necesite. Incluido cualquiera de nosotros.
Entre todos los que dejen un comentario en este post se sorteará un ejemplar en papel con dedicatoria del autor. Gracias don Francisco.

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Simón ben Kojba, el verdadero Mesías

25 jun
25 junio 2012

Nuestro archienemigo de hoy fue un hombre religioso y patriótico, una verdadera molestia para un Imperio cada vez más helenístico. Su obstinación y sedición provocó una de las represalias más sangrientas de la Historia, además ordenada por un personaje al que el paso del tiempo lo ha catalogado como más un filósofo que un militar.

Trigésima entrega de “Archienemigos de Roma“. Colaboración de Gabriel Castelló 

No se sabe con exactitud cuando nació Simón ben Kojba (שמעון בן כוסבא), también llamado ben Koziba (בן כוזיבא) en otras fuentes, quien acaudilló la gran rebelión de los judíos contra el Imperio Romano. Su nombre entró en la Historia cuando el Taná Raví Akiva ben Iosef, sabio rabínico y persona influyente del Sanedrín, le concedió el nombre de Bar Kokeba (del arameo “Hijo de una Estrella”, en referencia al versículo bíblico Números 24:17, “Descenderá una estrella de Iacob”) De esta manera, Akiva señaló a Ben Kojba como el auténtico Mesías que liberaría al pueblo judío de sus opresores.

Pero, ¿por qué el tal Akiva avivó una rebelión en toda regla contra las autoridades romanas? La explicación es sencilla: tras la toma de Jerusalén por las tropas del hijo del emperador Vespasiano, Tito, en el año 70, el delicado equilibrio entre gobierno romano y tradición judía que se había iniciado con Herodes se rompió. La ciudad fue ferozmente saqueada, el Templo incendiado y destruido y muchos de los elementos sagrados del culto judío acabaron exhibidas como botín del Flavio durante su Triunfo por las calles de Roma. A la humillación religiosa se unió el casi un centenar de millar entre muertos y esclavos que originó aquella rebelión de los sicarios. El Sanedrín no volvió a reunirse nunca más en Jerusalén, fue desplazado a Yavne y una legión, la Décima Fretensis, quedó como custodia de la provincia de Judea, con un pretor y no un prefecto como su máxima autoridad. En equivalencia a nuestros días, Roma aplicó en la zona una especie de ley marcial.

Destrucción del Templo de Jerusalén

Sesenta años después, el emperador Adriano decidió remodelar de nuevo la vieja ciudad, pero llamándola Aelia Capitolina (Aelia por su nombre, Publio Elio Adriano, Capitolina por el Gran Padre Júpiter). No contento con eso, en su línea de “civilizar” a los primitivos judíos, el emperador promulgó un decreto por el que prohibía expresamente la práctica de la circuncisión, así como el respeto del Sabbat y otras leyes religiosas. Hay que pensar que para un hombre tan “filo helénico” como fue Adriano, la circuncisión no era más que una aberrante mutilación. Nada sabían por entonces los médicos de estadísticas sobre el origen de las infecciones y su estrecha relación con la mortalidad infantil, verdadera razón por la que un prepucio limpio hacía llegar más niños a la madurez. Como último intento de llegar a un pacto, el Raví Akiva encabezó una delegación que se entrevistó con el pretor romano, Turno Rufo, pero éste desoyó la petición de los judíos. La chispa de la sedición estaba prendiendo con fuerza en la siempre díscola Judea…

Según Dión Casio, la revuelta estalló cuando Turno Rufo decidió mover la VI Ferrata a la capital de Judea para asegurarse una tranquila refundación de Jerusalén como Aelia Capitolina. Corría el año 132 cuando Akiva, indignado por la provocación romana, convocó al Sanedrín y a los elegidos para ejecutar la ansiada rebelión. En aquella reunión secreta, el Raví y sus afines decidieron como levantar la provincia entera sin caer en los errores que Simón Bar Giora cometiese en la revuelta del 60. El nuevo Simón, el presunto Mesías, fue el elegido para ejecutar los planes del Sanedrín: alzó con éxito la ciudad y provincia contra Rufo, aniquilando de paso a la X Ferrata y a la XXII Deiotariana que pretendía auxiliar al pretor desde su base en Egipto. En muy poco tiempo, Simón bar Kojba controlaba toda la Judea romana ejerciendo de caudillo militar apoyado sin condiciones por la facción más dura del sector religioso.

La noticia de la rebelión llegó pronto a Antioquía, donde casualmente se encontraba el emperador Adriano. Incapaz de reaccionar con rapidez ante aquella inesperada sedición, necesitó cerca de dos años y medio para movilizar las doce legiones que llegaron desde todo Oriente, incluso desde el Danubio, y ponerlas bajo el mando de un hombre de gran reputación en asuntos militares, Sexto Julio Severo, hasta entonces gobernador de Britania. Mientras tanto, Simón bar Kobja fue proclamado oficialmente “Nasí”, Príncipe de Israel, gobernó como un soberano toda Judea, llegando a acuñar monedas con el lema “Era de la Redención de Israel”. Con la ayuda de su aliado Akiva como líder indiscutible del Sanedrín, quien había reanudado los sacrificios y oficios del judaísmo proscritos por el gobierno de Roma, según pasaban los meses se sentía más fuerte, además de convertirse en un imán para el resto de judíos diseminados por todo el Imperio que volvían a su tierra llamados por la ilusión de su mensaje libertador.

Pero Roma nunca fue un enemigo cómodo, es más, Adriano heredó de su antecesor la mayor extensión territorial que tuvo el Imperio, por lo que no podía consentir que un sedicioso pueblo sometido desestabilizase la siempre insegura frontera oriental. Severo hizo enseña de su cognomen. Evitando siempre una batalla campal de incierto resultado, en el verano del 135 entraba a sangre y fuego en Jerusalén, con mayor crudeza y brutalidad que en el asalto de las tropas de Tito. El Raví Akiva fue apresado durante la contienda y conducido a Cesárea, base romana desde tiempos de Herodes, donde fue acusado de violar el decreto de Adriano que prohibía expresamente la enseñanza de la Torá. Los carceleros romanos en Oriente nunca se caracterizaron por su indulgencia: Akiva ben Iosef fue torturado con peines de hierro incandescentes que arrancaban la piel a tiras, llamados “uñas de gato”, hasta morir. Es uno de los diez mártires del judaísmo que se sigue venerando hoy en día.

Martirio de Akiva

Tras la caída de Jerusalén, el “Nasí” y sus más fieles huyeron a la fortaleza de Bethar (Beitar) Por órdenes directas de Adriano, Julio Severo les siguió, les rodeó y tomó Bethar al asalto sin ninguna piedad, propiciando la muerte de todos quienes allí resistían. Así lo recoge el Talmud. Además, tuvieron que pasar diecisiete años para que las autoridades romanas permitiesen enterrar los restos apilados de los rebeldes que quedaron allí como banquete para los buitres. Bar Kobja murió en Bethar, defendiendo su credo y país hasta su último aliento. Como tributo a su coraje, el primer presidente del moderno estado de Israel cambió su nombre auténtico, David Grüm, por David Ben Gurion en homenaje a uno de los aguerridos oficiales que acompañaron hasta la muerte a Simón bar Kobja. No todos los judíos secundaron aquella rebelión. Sus detractores, tanto judíos como “filo romanos”, le llamaron Simón bar Koceba (“el hijo de la mentira”), en burla a su mesiánica obstinación.

Según Dión Casio, la revuelta de Simón bar Kojba se saldó con 580.000 judíos muertos, así como el asalto de cincuenta ciudades y 985 aldeas. Como hemos visto, en el otro bando tampoco fueron pocas las bajas. Cuando el emperador envió notificación al Senado de su victoria, excluyó la frase protocolaria “Yo y las legiones estamos bien” en consideración a las defenestradas X y XXII. Además, no hubo triunfo por la gesta de Severo, siendo este el único caso conocido en el que un legado victorioso no reclamase su momento de gloria en las calles de Roma.

Adriano

Para evitar nuevas tentaciones, Adriano ordenó la quema de los libros sagrados de los judíos en la colina del Templo, se prohibió la Torá y el calendario judío. En el solar del Templo se erigieron dos estatuas, una de Júpiter y otra suya. La provincia romana de Judea desapareció, integrándose en Syria Palaestina, nombre inspirado en los filisteos, enemigos seculares del pueblo judío. Como humillación final, se prohibió a todo judío entrar en Aelia Capitolina… ¿Quizá fue un hispano, Adriano, quien inició en aquel sangriento verano del 135 la diáspora de los judíos?

Además, me congratula anunciar que nuestro amigo José Carlos Lopez Martín (Costampla) ha publicado su primer libro Compendio de Relatos, dentro de la Colección Entropía.
José Carlos consigue con un lenguaje sutil y llano encandilar desde el primer párrafo. Te atraviesa, te llega directo, no le faltan adjetivos ni riqueza en su vocabulario para recrear situaciones perfectamente comparables al “Disputado voto del señor Don Cayo” o a “Los santos inocentes” ambos del inigualable Miguel Delibes, o a la emotividad pendiente de un hilo que desprende Pío Baroja en su “El árbol de la ciencia”.
Te acercará la meseta, sus sierras y dehesas, los rigores de sus gentes y sus climas. Se abrirá paso con vivencias de generaciones que no pueden esconder lo ocurrido y te envolverán con su apasionante lectura desde el primer momento. Relatos de invierno, para disfrutar entre el calor de las mantas, o a la vera de una alimentada chimenea, resguardada a través de una ventana por la que sentirse protegido de uno mismo y de lo gélido que yace fuera.”

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El padre más prolífico de la historia

24 jun
24 junio 2012

Supongo que a nuestro protagonista de hoy, Ismail Ibn Sharif el rey guerrero, se podría nombrar como el patrón de las familias numerosas. Mulay Ismail Ibn Sharif, descendiente de Mahoma a través de Hassan ibn Ali, según sus propias palabras, fue el segundo sultán de Marruecos de la dinastía alauita que gobernó el sultanato desde 1672 hasta 1727.

Moulay Ismail

Tras la muerte de su hermano Moulay Al-Rashid, que murió después de una caída de su caballo, Ismail heredó un país debilitado por guerras tribales internas. El espejo en el que mirarse iba a ser la Francia de Luis XIV que en Europa incrementaba su poder e influencia. Trasladó la capital de Fez a Meknes donde comenzó la construcción de un palacio imitando el de Versales del rey Sol. Incluso se atrevió a enviar una delegación a Francia solicitando la mano de Marie Anne de Borbón, hija de Luis XIV.

Para atajar las luchas tribales impuso un régimen brutal y represivo. Extendió sus dominios por los territorios de las actuales Argelia y Mauritania, arrebató los puertos norteafricanos la Mamora y Larache a los españoles y Tánger a los británicos, apoyó a los piratas berberiscos que actuaban en el Mediterráneo para conseguir esclavos cristianos que se convirtieron en mano de obra de sus faraónicas construcciones o en fuente de financiación por sus rescates. Y, además, todavía tuvo tiempo de mantener y cumplir con un numeroso harem… fue padre en 867 ocasiones (525 varones y 342 hijas). Estudiosos en el tema afirman que tendría que haber mantenido unas cinco relaciones sexuales al día durante cuarenta años para alcanzar este número (sin contar los partos múltiples). Tras su muerte, los hijos se disputaron el trono…

Fuentes e imágenes: Ismail ibn Sharif (enotes), Looklex

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¿Fue Abraham Lincoln bisexual?

21 jun
21 junio 2012

Hoy en día no es noticia, o no debería serlo, la sexualidad de cada uno pero en el siglo XIX la sexualidad de Abraham Lincoln, decimosexto Presidente de los Estados Unidos y el primero por el Partido Republicano, hubiese sido un escándalo mayúsculo. Este post no pretende juzgar al Presidente estadounidense, sólo contar ciertas curiosidades y luego que cada uno saque sus propias conclusiones.

Según la biografía oficial de Abraham Lincoln, éste se casó con Mary Todd el 4 de noviembre de 1842 y tuvieron 4 hijos (Robert, Edward, William y Thomas), además…

Con 28 años de edad, el joven Abraham Lincoln llegó a Springfield (Illinois) para establecerse como abogado. Pronto entabló amistad con un joven apuesto y propietario de una tienda llamado Joshua Fry Speed, seis años menor que él. Como la economía de Lincoln no era muy boyante, Speed le ofreció compartir su casa, situada sobre la tienda, y su única cama. El hecho de compartir cama con otro hombre no implica, y muchos menos en aquella época, ser homosexual. Otra cosa es compartir cama… durante cuatro años. El 1 de enero de 1841, LIncoln se enteró de que Speed lo iba a dejar y volver a Kentucky. Lincoln quedó abatido y cayó en una depresión:

Ahora soy el hombre más infeliz del mundo.

Cuando fue nombrado Presidente apareció otro hombre en su vida, el comandante de su guardia personal David V. Derickson. De despachar en alguna ocasión con Lincoln, por su ocupación, pasó a convertirse en un fijo en la rutina diaria del presidente, llegando a compartir la cama. Treinta años más tarde, Thomas Chamberlain, un joven integrante de la guardia personal, recordaba estos hechos:

El capitán Derickson se ganó la confianza del presidente y en ausencia de la señora de Lincoln, que muchas veces pasaba la noche fuera, dormían en la misma cama e incluso usaba el camisón de su Excelencia.

Así lo refleja también el diario de Virginia Woodbury Fox, la esposa del subsecretario de la marina de guerra:

Un soldado de la guardia personal del Presidente, le acompaña en todo momento y cuando la señora Lincoln no está en casa, duerme con él ¿Qué cosas?

Y para rematar la faena, la madrastra de Lincoln, Sarah Bush Lincoln, tras su muerte dijo:

Él no era muy aficionado a las chicas.

Nunca sabremos a ciencia cierta si era bisexual, pero lo que podemos afirmar es que sentía verdadera pasión por compartir cama con hombres.

Fuentes: Vanity Fair, Queers in History, Abraham Lincoln Association

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La ruta de la sangre atravesó Suecia durante la II Guerra Mundial

20 jun
20 junio 2012

Aunque Suecia, en teoría, se mantuvo neutral en la II Guerra Mundial, el caso es que la industria bélica alemana dependía del mineral de hierro extraído en Suecia. Durante el verano, no había problemas en embarcar el mineral en el puerto sueco de Lulea pero en invierno las aguas del Golfo de Botnia se congelaban y gran parte del mineral debía embarcarse por Narvik (Noruega). Además, Narvik se encontraba unido por tren a Suecia, pero no así al resto del sistema ferroviario noruego. Por lo tanto, Narvik servía como puerta de entrada a las minas de hierro suecas y los Aliados entendieron que debían controlar aquel punto estratégico.

Durante la Campaña de Noruega (1940) se libraron tres batallas entre las fuerzas Aliadas y Alemania en Narvik. Hitler solicitó permiso al primer ministro sueco, Per Albin Hansson, para que tres trenes con 30 ó 40 vagones cada uno atravesasen el territorio sueco hasta Narvik. En teoría, aquello vagones sólo iban a transportar médicos, medicinas y alimentos. Tan convencido estaba Per Albin Hansson, o tanto miedo tenía a Hitler, que incluso se puso en contacto con Johan Nygaardsvold, el primer ministro noruego en el exilio, para asegurarle que aquellos trenes nunca transportarían tropas alemanas. La realidad, ahora sacada a la luz por Espen Eidum en Blodsporet, fue muy distinta… aquellos trenes llevaban tropas alemanas – algunos soldados iban disfrazados de médicos -, armamento y munición hasta Narvik para volver cargados con soldados heridos y con prisioneros noruegos que acabarían en los campos de concentración.

Aquellos tres trenes se convirtieron en un acuerdo de tránsito que se disolvería el 15 de agosto de 1943, habiendo transportado más de dos millones de pasajeros entre noruegos y militares alemanes.

Idea: @JMNoticias Fuentes: Blodsporet – Espen Eidum, VG, Daily Mail

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Simón bar Giora, el edomita rebelde

19 jun
19 junio 2012

Nuestro archienemigo de hoy fue uno de los líderes judíos que se rebelaron contra Roma a finales del principado de Nerón, provocando el mayor desastre físico, humano y espiritual que sufrió Jerusalén en toda la Antigüedad clásica. Su obstinación y fe ciega en su Dios llevó al pueblo de Israel a uno de los episodios más sangrientos de su agitada Historia.

Vigésimo novena entrega de “Archienemigos de Roma“. Colaboración de Gabriel Castelló 

En el año 66 de nuestra era, siendo por entonces emperador Nerón, Jerusalén, y toda Judea, se alzó contra Roma. Pero, ¿por qué una provincia hasta entonces anodina y tranquila osó desafiar al estado más poderoso de su época? Entendamos las causas: Judea entró en la órbita romana en una de las exitosas campañas de Pompeyo el Grande, en el 63 a.C. Tras la reordenación del Oriente romano, varios regentes títere al gusto de la República, estilo Herodes el Grande y su inoperante descendencia, gobernaron la provincia bajo la supervisión de un prefecto romano, dejando a los judíos un presunto autogobierno que mantuviese sus tradiciones, siempre y cuando se aportasen regularmente los tributos fijados para la provincia. Aquel tenso equilibrio entre tolerancia religiosa y aceptación política se truncó en la Pascua del año 66. Según nos ha dejado en sus crónicas Flavio Josefo, historiador judeo-romano partícipe en este relato, los motivos de la revuelta fueron la realización de un sacrificio a los dioses ante la Sinagoga de Cesárea, importante ciudad portuaria de Judea con numerosa población de origen griego, el latrocinio de diecisiete talentos de oro destinados al Templo por parte del procurador Gesio Floro y, quizá por ello, la decisión del mantenedor de éste, el hijo del Sumo Sacerdote llamado Eleazar ben Hanania, de no realizar ningún sacrificio más en él en honor al emperador.

Jerusalén en el siglo I

Ante la inminencia del estallido de la revuelta, el timorato Herodes Agripa II y su hermana Berenice huyeron de Judea, buscando refugio en Siria, bien pertrechada con los efectivos que Gayo Cestio Galo, legado del emperador en dicha provincia, estaba reuniendo en la costa dispuesto a atajar la sublevación. Tras unos tempranos éxitos militares de Galo en el valle de Jezreel, se vio incapacitado para tomar Jerusalén con solo la XII Fulminata. Mientras se retiraba para afianzar posiciones, fue sorprendido por Eleazar ben Simón en Beth-Horon. La matanza fue importante, pues prácticamente Galo perdió todos sus efectivos, unos 6.000 hombres más su impedimenta, teniendo que huir ignominiosamente entre cerros y barrancos hasta llegar a Antioquía. Los dioses le privaron de rendir cuentas a Nerón por aquel desastre, pues murió en Siria muy poco después, siendo sustituido en el cargo por Gayo Licinio Muciano.

Cuando las noticias de aquel descalabro llegaron a Roma, Nerón optó por encargarle el asunto a uno de sus más eficientes legados, Tito Flavio Vespasiano, el futuro emperador, quien aglutinó bajo su mando a los restos de la XII Fulminata más la V Macedonica, X Fretensis y la XV Apolinaris. Entre regulares y auxiliares, Vespasiano movilizó un montante de cerca de 60.000 hombres. Entrando en la provincia por el norte, pronto eliminó toda resistencia con semejante rodillo humano. Su avance arrollador forzó que dos hombres reñidos por asuntos internos judíos, Yohanan ben Levi, más conocido como Juan de Giscala, líder de los zelotes, y Simón bar Giora, líder de los sicarios, se replegaran hacia Jerusalén, confiando en resistir en su ciudad santa hasta el aliento final. Ambos eran unos auténticos fanáticos. Juan de Giscala encabezaba a los zelotes, enemigos acérrimos de todo lo extranjero y, por tanto, enemigos públicos del pretorio romano. Por su parte, Simón bar Giora lideraba a los sicarios junto a otros asesinos conjurados como Eleazar ben Jair, el posterior héroe de Masada, dispuestos a matar a todo judío que no se adhiriese voluntariamente a sur revuelta. Incluso el propio Talmud recoge como bloquearon los suministros de la ciudad para forzar a la población a sumarse a su revolución en vez de negociar la paz con los romanos.

Lo que no podían imaginarse Simón bar Giora y los suyos era que el estallido de una guerra civil en Roma paralizaría la campaña de Vespasiano. Tras la muerte violenta de Nerón, se sucedieron disturbios importantes en la ciudad, llegando a ocupar brevemente la púrpura hombres oscuros y de pocos escrúpulos como Otón y Vitelio hasta que, en el 69, fue Vespasiano quien prevaleció entre todo aquel embrollo de intrigas e intereses. Por dicha causa, el nuevo emperador dejó a su hijo Tito en Judea a cargo de sofocar la revuelta. Una ardua tarea para un joven de veintinueve años…

Ante la imposibilidad de tomar al asalto una ciudad tan grande y bien defendida, Tito optó por cercarla, colocando sus cuatro legiones alrededor de ella e impidiendo a los centenares de peregrinos circunstanciales que se encontraban allí durante la Pascua poder salir de la ciudad. Pensó que así habría más bocas intramuros que forzasen una rendición pactada. No salió así. El dios vengativo de los judíos no entendía de misericordia. Miles de personas murieron en Jerusalén víctima del hambre y las enfermedades, mientras Simón Bar Giora y los suyos mantenían a raya tanto a los romanos como a sus paisanos que asistían petrificados a cada represalia de los zelotes, llegando a echar desde los muros a toda persona que se mostrase propensa de llegar a un acuerdo con los romanos. El terror se apoderó de la ciudad. Mataban tanto los fanáticos como la inanición, como le sucedió al codicioso sumo sacerdote Ananías, proclive a pactar un armisticio en el que no peligrase su fortuna. Sacándole de su escondrijo, fue ajusticiado por los zelotes sin el mayor miramiento. Tito seguía esperando; la guarnición de Jerusalén rondaba las 25.000 personas, una parte bajo la autoridad del zelote Eleazar ben Simón ocupando la Torre Antonia, otra parte bajo el sicario Simón bar Giora y una tercera parte de corte idumeo bajo el control directo de Juan de Giscala. Todo intento de asalto pasaría siempre por tomar primero la torre Antonia: era una fortaleza imponente, levantada por Herodes el Grande en honor de su benefactor, Marco Antonio, de ahí su nombre. Mientras los judíos se descomponían en sus cuitas internas, Tito sacaba a sus cuatro legiones a formar ante los muros, atemorizando con su poderío a los centinelas.

Tratando de buscar una solución incruenta a la situación, el joven legado recurrió a los servicios de Yosef bar Mattityahu, quien adoptó posteriormente el nombre de Flavio Josefo en honor al nomen de sus protectores. Era éste un judío pro-romano, muy odiado por los elementos más radicales de la revuelta por su colaboración con Vespasiano tras la toma de Galilea, donde salvó su vida al predecirle que sería emperador. El caso es que Josefo entró como parlamentario en Jerusalén y les dijo a Simón bar Giora y Eleazar bar Simón:

«Que se salven ellos y el pueblo, que salven a su patria y al templo» (Guerra de los judíos V, 362); «Dios, que hace pasar el imperio de una nación a otra, está ahora con Roma» (Guerra V, 367); «Nuestro pueblo no ha recibido nunca el don de las armas, y para él hacer la guerra acarreará forzosamente ser vencido en ella» (Guerra V, 399); «¿Creéis que Dios permanece aún entre los suyos convertidos en perversos?»

Un exaltado le disparó un flechazo como respuesta a su ofrecimiento de rendición, y tuvo que ser atendido de la herida de vuelta al campamento romano. Viendo lo inútil de tratar de llegar a un acuerdo con los judíos, y más después de un contraataque que por poco no le costó la vida a él mismo, Tito pasó a la acción. En el verano del 70 desplegó un asedio proactivo de tal magnitud que llegó a derrumbar la Torre Antonia mediante zapas. Simón bar Giora y sus acólitos defendieron como lobos calle a calle, palmo a palmo, en una lucha lenta y cruenta.

Maqueta del Templo Salomon

Primero cayó la ciudadela y, poco después, el Templo fue engullido por las llamas a causa de un tizón que un legionario echó allí por casualidad. El incendio del Templo de Salomón supuso el punto sin retorno del asalto. Era un tórrido día de finales de Agosto, fecha todavía recordada amargamente por todos los judíos. Las llamas se propagaron a otras barriadas de la ciudad y las legiones tuvieron paso expedito para eliminar los focos de resistencia encabezados por Eleazar ben Simón, quien murió matando, y controlar toda la ciudad. Se considera el 7 de Septiembre como fecha en la que Jerusalén quedó completamente pacificada.

El Senado quiso otorgarle al joven Tito una corona por su victoria, pero éste la rechazó diciendo: “no hay mérito en derrotar un pueblo abandonado por su propio Dios“. El resultado de la revuelta fue devastador. Según citó Josefo, cerca de 1.100.000 judíos murieron en los cuatro años de guerra, además de los 97.000 que acabaron como esclavos. Todos los elementos sagrados del judaísmo, como la Mesa de Salomón o el Candelabro de los Siete Brazos acabaron en el desfile triunfal del futuro emperador, comenzando una ruta legendaria cuya pista se perdió tras la conquista árabe de Hispania. No solo se exhibieron tesoros, Juan de Giscala y Simón bar Giora también desfilaron en el Triunfo; el primero murió en las mazmorras, mientras que su compañero de revuelta tuvo un final más rápido y sencillo. Al final del pasacalle, lo despeñaron desde la Roca Tarpeya, el lugar ancestral desde el que se ajusticiaba a los peores enemigos de Roma.

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La carta más amenazante y vejatoria

18 jun
18 junio 2012

Durante los siglos XVI y XVII los cosacos de Zaporozhia, establecidos en la zona centro y sur de la actual Ucrania, se vieron acorralados por tres poderosos imperios: el Otomano, el Ruso y la Mancomunidad de Polonia y Lituania. Sólo con una estudiada política de alianzas con unos u otros, dependiendo de la situación, y su poderío militar apoyado en expertos jinetes, maestros en el manejo del sable y mosquete y una perfecta organización, consiguieron mantener su independencia.

Cosaco Zaporozhia

En 1676, y tras sufrir varias derrotas a manos de los cosacos, Mehmed IV, sultán del imperio Otomano, decidió enviarles una carta conminándolos a someterse:

Como Sultán, hijo de Mahoma; hermano del Sol y de la Luna; nieto y virrey de Dios, gobernante de los reinos de Macedonia, Babilonia, Jerusalén, Alto y Bajo Egipto, emperador de emperadores, rey de reyes, extraordinario caballero, nunca derrotado; guardián de la tumba de Jesucristo, delegado del poder divino, esperanza de los musulmanes, gran defensor de los cristianos,… Os ordeno, cosacos zaporogos, someterse a mí, voluntariamente sin resistencia alguna, y cesar en vuestros ataques.

La respuesta de los cosacos no se hizo esperar y contestaron frase por frase mofándose de todos sus títulos y virtudes:

¡Cosacos zaporogos al Sultán turco!
Oh sultán, demonio turco, hermano maldito del demonio, amigo y secretario del mismo Lucifer. ¿Qué clase de caballero del demonio eres que no puedes matar un erizo con tu culo desnudo?. El demonio caga y tu ejército lo come. Jamás podrás, hijo de perra, hacer presos a hijos cristianos; no tememos a tu ejército, te combatiremos por tierra y por mar, púdrete.
¡Despojo babilónico, loco macedónico, cervecero de Jerusalén, follador de cabras de Alejandría, porquero del Alto y Bajo Egipto, cerdo armenio, ladrón de Podolia, catamita tártaro, verdugo de Kamyanets, tonto de todo el mundo y el submundo, idiota ante nuestro Dios, nieto de la serpiente y calambre en nuestros penes. Morro de cerdo, culo de yegua, perro de matadero, rostro del anticristianismo, folla a tu propia madre!
¡Por esto los zaporogos declaran, basura de bajo fondo, que nunca podrás apacentar ni a los cerdos de cristianos. Concluímos, como no sabemos la fecha ni poseemos calendario; la luna está en el cielo, es el año del Señor, el mismo día es aquí que allá, así que bésanos el culo!

Los cosacos Zaporogos le responden al Sultán – Ilya Repin

Fuentes e imágenes: The Cossack Letter, Zaporozh’e Cossacks writing a letter to the Sultan,

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Retógenes, el símbolo de la resistencia numantina

15 jun
15 junio 2012

Nuestro archienemigo de hoy no fue un gran caudillo militar, o un héroe admirado y loado, fue un joven guerrero, un elemento más dentro de la feroz resistencia que una sola ciudad opuso a la máquina militar mejor engrasada del mundo antiguo: Numancia. Sirva este artículo como homenaje no solo al joven Retógenes, sino a los dos mil quinientos numantinos que, todos a una como la posterior Fuenteovejuna, no dieron su brazo a torcer ante el invasor romano.

Vigésimo octava entrega de “Archienemigos de Roma“. Colaboración de Gabriel Castelló

Entremos en contexto. Numancia. Solo mentar aquella pequeña y terca ciudad en el foro de Roma provocaba sarpullido. Los hijos de los grandes hombres, en vez de alistarse para ganar fama y prestigio en su cursus honorum, trataban de eludir sus compromisos militares con tal de no acabar enrolados en el siguiente ejército que partiría hacia la indómita frontera hispana. Durante casi veinte años, las tribus celtíberas y arévacas se mantuvieron en clara hostilidad frente a Roma, desafiándola y ocasionándoles a los cónsules encargados del asunto derrotas y humillaciones como la de G. Hostilio Mancino que, como castigo por haber pactado con el enemigo, acabó desnudo ante los muros de Numancia.

Victoria sobre Roma

Aquel cúmulo de desastres perduró hasta que el Senado se hartó de aquella situación estancada y decidió encargarle al más prestigioso militar del momento, el flamante conquistador de Cartago, que atajase el problema hispano definitivamente. En el 134 a.C., Publio Cornelio Escipión Emiliano, nieto adoptivo del Escipión el Africano que tan bien nos ha recreado últimamente Santiago Posteguillo, tomó las riendas del asunto. Una vez ratificado en su cargo, y modificado el calendario para poder acometer el proyecto dentro del año que duraba el mismo, equipó 4.000 voluntarios con su propia pecunia, formando su “cohorte de amigos” con los más afines de ellos. El Senado le negó fondos para tan arriesgado proyecto, pero Escipión, con desprecio según nos dejó Plutarco, les dijo que “le bastaba el suyo y el de sus amigos”. Cuando llegó a Numancia no entró de inmediato en combate con los obstinados numantinos. Tenía mucho trabajo por delante que hacer con sus propios hombres, cuya disciplina brillaba por su ausencia tras años y años de falta de liderazgo. Empezando por expulsar del campamento a las concubinas, rameras, adivinos, buhoneros y demás parásitos del ejército que convivían con los legionarios, les aplicó marchas y maniobras con severidad, devolviéndoles a las legiones su condición de ejército. Uno de los tribunos destinados en Hispania mostró tanta entrega en recuperar la moral de las tropas que Escipión le condecoró. Se llamaba Gayo Mario. Estando en aquellas cuitas, llegó su aliado númida, el rey Yugurta, con 15.000 hombres y 20 elefantes. Aun así, sabía que no era suficiente.

Sitio de Numnacia

Siempre he sostenido que el arma letal del ejército romano no fue el pilum, sino la pala, así como que sus mejores generales fueron verdaderos artistas en el diseño de fortificaciones y asedios, como demostró Escipión en Numancia y replicaría un siglo después César en Alesia. Escipión, contando ya con cerca de 60.000 hombres frente a los 2.500 insurgentes, decidió no probar fortuna en un asalto de incierto resultado y cercar férreamente Numancia y reducirla por hambre y sed. Para ello se valió de una alta empalizada, fosos, un dique en el Duero y siete campamentos fortificados alrededor del collado en el que se levantaba la ciudad, muchos de ellos descubiertos por el hispanista alemán Adolf Schulten durante sus campañas arqueológicas realizadas entre 1905 y 1914.

Durante el largo sitio de Numancia es cuando el joven arévaco aparece en la Historia. Según nos dejó Apiano, el hambre ya apretaba y, quizá por orden del Consejo, un pequeño grupo de cinco guerreros capitaneado por el tal Retógenes burló el cerco romano valiéndose de unas ingeniosas escalas y buscó entre las ciudades vecinas apoyos para poder mantener las espadas en alto. Apiano habla de que huyeron a caballo, pero dudo que cinco jinetes hubiesen saltado la empalizada romana, y menos que no se los hubiesen comido tras muchos meses de cerco a base de una jugosa dieta de pan de bellotas y cuero hervido.

Los Consejos de Termes (Montejo de Tiermes) y Uxama (Burgo de Osma) le dieron calabazas y solo la juventud guerrera de Lutia (quizá Luzaga) les acogió como héroes y les prometió ayuda. Uno de los errores más comunes heredados de la educación de otros tiempos, y que sobrevive en algunos esperpentos televisivos ambientados en los nuestros, es pensar en una Iberia unida frente al invasor romano. Esa imagen idealizada del indígena confederado ante la potencia extranjera es completamente falsa. Ninguna ciudad apoyaba a la vecina per se, pues cada etnia o ciudad de la vieja Iberia velaba por sus propios intereses, con o contra Roma. Sirva este macabro ejemplo como prueba de ello: el propio Consejo de los Ancianos de Lutia, temeroso de las represalias del inflexible Escipión en cuanto se supiese la insurrección de los jóvenes, decidió anticiparse a los hechos y avisar a los romanos de las intenciones de sus impetuosos guerreros. La reacción de Escipión fue implacable. Las tropas romanas entraron en Lutia por sorpresa, antes de que la leva se movilizase, capturando a los jóvenes numantinos y sus nuevos aliados lutiakos. El castigo fue tan explícito como ignominioso: 400 jóvenes guerreros perdieron aquel día su mano derecha, inhabilitándolos para levantar su espada contra Roma… y poder morir en un combate honroso. No se sabe si Retógenes fue uno de aquellos 400 mutilados, pero es muy probable de que así fuese. Nada más se supo de él.

Guerreros numantinos – detalle en cerámica

Numancia cayó el 133 a.C. Tras la infructuosa y postrera embajada del consejero Avaros, en la que Escipión no aceptó ningún trato de favor en caso de pactar la rendición, sus indómitos habitantes prefirieron el efecto del tejo, el fuego o el hierro antes de acabar comiéndose unos a otros o cargados de cadenas arrodillados frente a aquel arrogante legado romano. Solo unos pocos desfilaron en el triunfo de Escipión Emiliano por las calles de Roma, desde entonces también llamado Numantino, y el resto fueron vendidos como esclavos. Tras la caída de Numancia, toda la Celtiberia se mantuvo en paz hasta que, setenta años después, un caballero tuerto e idealista incendiase Hispania en su rebelión contra la tiranía de Sila: hablamos de mi querido Quinto Sertorio.

Dedicado a Adrián… nadie nos pregunta cuando venimos  ni tampoco cuando nos vamos .

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El primer automovilista multado por exceso de velocidad fue atrapado por un policía en bicicleta

06 jun
6 junio 2012

Los primeros vehículos autopropulsados, con sus enormes calderas de vapor, aparecieron en el siglo XVIII; el primer vehículo automóvil por motor de combustión interna con gasolina no llegaría hasta 1885. Lógicamente, y ante aquellos nuevos protagonistas, hubo que cambiar las normativas de circulación. Ya hablamos en su momento de The Locomotive Act o de la bandera roja, promulgada en Gran Bretaña en 1865, que establecía unos límites de velocidad de 6 km/h en el campo y 3 km/h en las ciudades además de la obligación de circular, delante del vehículo autopropulsado, un hombre con una bandera o linterna rojas advirtiendo a los peatones, jinetes y carros tirados por caballos de la proximidad de una máquina autopropulsada.

El 28 de enero de 1896, Walter Arnold de East Peckham (en el condado de Kent) se convirtió en la primera persona en Gran Bretaña que fue sancionada por exceso de velocidad. Circulaba a unas 8 millas por hora (casi 13 km/h) cuando la velocidad máxima permitida en ciudad eran 2 millas (algo más de 3 km/h). La sanción que se le impuso fue de un chelín y las costas del proceso. Lo curioso es que el policía que lo detuvo, tras la correspondiente persecución, iba en bicicleta. Ese mismo año, el 17 de agosto, Bridget Driscoll se convertía en la primera víctima. Arthur Edsell conducía su flamante Roger-Benz por el barrio de Crytal Palace (Londres) cuando atropelló a Bridget, al caer tuvo la mala suerte de golpearse la cabeza y fallecer al instante. Arthur circulaba a 4 millas por hora… también con exceso de velocidad.

Fuentes: Speed history, The Victorians

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Cargo, un dios estadounidense llegado del cielo

05 jun
5 junio 2012

Las Nuevas Hébridas, nombre que recibió el archipiélago de las islas Vanuatu en el Pacífico Sur durante la época colonial, fueron colonizadas por los europeos en el siglo XVIII,  pero no fue hasta 1880 cuando Francia y Reino Unido reclamaron regiones del archipiélago. Para solucionar aquel conflicto, en 1906 se firmó un acuerdo de condominio para que cada uno gobernase su parte bajo su propio sistema legal. La colonización conllevó la prohibición de las costumbres y rituales religiosos propios de estas comunidades tribales, e impuso las de la civilización europea.

A finales de los años 30, un nativo, al que llamaban John Frum y del que se desconoce su existencia real, lideró un movimiento entre los nativos para volver a sus costumbres originarias, echar a los europeos y disfrutar de sus privilegios, pero en los años 40 todo cambio… la llegada a las islas de los soldados estadounidenses por aire y mar. Los marines establecieron una base en el archipiélago durante la Segunda Guerra Mundial. Para ello, reclutaron a los nativos como mano de obra para la construcción de hangares, pistas de aterrizaje, carreteras, puentes… pero lo que más llamaba la atención era lo que los estadounidenses llamaban cargo y que ellos interpretaban como la generosidad del cielo y sus dioses por volver a las antiguos rituales. Cargo eran los suministros en forma de cajas llenas de ropa, tiendas de campaña, armas, herramientas, alimentos enlatados, medicamentos, Coca-Cola… que los aviones traían en sus panzas.

Tal como llegaron, y sin previo aviso, los estadounidenses se marcharon y dejaron de llegar los suministros del cielo. Los nativos pensaron que no había problema, habían estado observando a los estadounidenses en sus rituales de convocatoria para que llegasen los regalos del cielo: ellos copiarían esos rituales. Limpiaron el terreno para las pistas de aterrizaje, construyeron con madera una torre de control, antenas de bambú y se situaron en la pista de aterrizaje imitando las señales que los estadounidenses hacían cuando llegaban los aviones. Los sacerdotes y profetas del culto de John Frum, los mensajeros, profetizaron el regreso de los aviones y barcos con los suministros escoltados por el propio John Frum.
Si preguntas a los nativos por esta creencia religiosa, ellos contestan:

vosotros lleváis esperando más de 2000 años a vuestro mesías, nosotros sólo llevamos 70

Cada año, el 15 de febrero, los nativos de la República de Vanuatu celebran el John Frum Day parade. Se visten con vaqueros, se pintan USA en el pecho y la espalda y desfilan descalzos ante la bandera americana con sus fusiles de bambú al hombro.

Fuentes e imágenes: John Frum and the Cargo Cults, John Frum Day

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¿Cómo colaboraron los estudios de Hollywood en la defensa de EEUU?

04 jun
4 junio 2012

Tras el ataque de la Marina Imperial Japonesa contra la Flota del Pacífico de los EEUU en Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, se produjo otro hecho que extendió el pánico por toda la costa Oeste americana. El 23 de febrero de 1942 el submarino I-17 de la Marina Imperial japonesa, que había participado en el ataque a Pearl Harbor, bombardeaba la costa americana causando daños en una refinería de petróleo en Santa Mónica (California). Antes de que el ejército pudiese reaccionar el submarino se sumergió y desapareció. Los japoneses habían atacado en suelo americano…

Ante aquella nueva situación, el ataque de una fuerza extranjera en suelo americano, John L. De Witt, Comandante en Jefe de Defensa Occidental, ordenó al coronel John F. Ohmer proteger todas las instalaciones vitales a lo largo de la costa del Pacífico. Ohmer había viajado en 1940 a Gran Bretaña para comprobar las técnicas de camuflaje y engaño que los ingleses pusieron en práctica ante los bombardeos de la Luftwaffe. Ayudado por los estudios de cine en Hollywood ( MGM, Disney, 20th Century Fox, Paramount y Universal), organizó un equipo de ingenieros, escenógrafos, pintores, paisajistas, carpinteros, expertos en iluminación… para camuflar 34 bases aéreas, además de las fábricas y plantas de ensamblaje que, en teoría, serían los objetivos japoneses en la costa del Pacífico. Su trabajo comenzó en la fábrica de aviones Lockheed-Vega en Burbank (California):

Lockheed antes

Lockheed después

La vista aérea de la fabrica de aviones aparecía como un inocente barrio residencial. En este nuevo barrio se recreaban las situaciones cotidianas de una pacífica comunidad rural: coches de goma fabricados por Goodyear Tire; árboles y arbustos falsos construidos con alambre y cubiertos de plumas pintadas de verde para proporcionar una textura de hoja; conductos de aire camuflados como bocas de incendio; edificios, granjas y silos que eran simples estructuras de madera… Además, cada día los trabajadores de Lockheed salían por unas trampillas ocultas y movían los coches para darle vida al engaño.



Para comprobar la eficacia de su trabajo, Ohmer invitó a un miembro del Departamento de Guerra, ajeno a la misión de Ohmer, a sobrevolar la zona para ver si era capaz de localizar la planta de Lockheed-Vega… fue incapaz de hacerlo. Ante el éxito de su trabajo, Ohmer camufló otros complejos y plantas aéreas en California: North American Aviation en El Segundo , Vultee en Downey, Northrop en Hawthorne, Consolidated en San Diego y Douglas Aircraft en Long Beach e incluso el enorme complejo de Boeing en Seattle (Washington).
Tras la Batalla de Midway, en junio de 1942, donde los estadounidenses derrotaron a la marina japonesa, se descartaron los posibles ataques en suelo americano y, por tanto, se paralizaron los camuflajes.

Fuentes e imágenes: The disguise of California, Magic Makeover

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