Y aunque merecerían tal calificativo, a mi modo de entender, exposiciones como la de Damien Hirst y sus animales muertos o la de Guillermo Vargas Habacuc y su perro famélico atado en una esquina (claro que muchos dirán que es ARTE… yo creo que bajo el término arte se esconde mucha basura), este caso creo, aunque parezca mentira, que los supera.

El protagonista de esta macabra historia fue el anarquista José Olmeda que en tiempos de nuestra Guerra Civil llevó el odio hasta su máxima expresión. Hay un dicho que reza “en el amor y en la guerra todo vale” y día a día comprobamos las salvajadas que los humanos somos capaces de cometer.

El movimiento anarquista fue el primero en reaccionar ante el alzamiento militar contra el gobierno de la Segunda República Española. Eran milicias libertarias que, hasta su absorción por el ejército popular, actuaban libremente. Las hubo con notables éxitos como la Columna Durruti y otras… como la de José Olmeda. En Madrid tomaron la iglesia del Carmen y llegaron a profanar las tumbas. Sacaron los cuerpos y esqueletos de los curas y monjas, y los colocaron haciendo toda clase de posturas sexuales. Aquello no les debió parecer suficiente pues llegaron a dejarlos a modo de exposición y cobrar entrada por una visita macabra.

En el diario ABC en su edición del 24 de diciembre de 1936 se publicaba la condena a muerte de José Olmeda… (al final bajo el epígrafe de Justicia Popular)

Fuentes: ABC, Madrid que bien resiste, La biblioteca fantasma

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